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(Relato) Sos un pelotudo (mi primer 15)

Cuando era chico era bastante boludo. Pero no hablo de cuando tenía 8 o 9 años. Hablo de cuando tenía 14 15 16 años (ahora también, pero antes no me percataba de eso). Sí, ya sé, me vas a decir que todos éramos unos boludos a esa edad. Pero la realidad es que para lo que es esa edad está bien serlo, digamos que es lo normal. Decimos que éramos boludos porque lo comparamos con el presente, pero yo era un nabo cosechado. Es decir, dentro de esa normalidad yo era un… adivinen… sí, un boludo. Si me pongo más estricto y lógico podría decir que era un iluso. No veía esas cosas simples de la vida, lo básico de lo básico, tales como hablar con una persona. Como que no había evolucionado, todavía me faltaban un par de niveles. Mientras los demás jugaban el pokemon cristal yo estaba tratando de instalar el pokemon rojo. Un boludo en fin. Yo sé que me entienden. Es como si ahora yo estaría actuando como alguien de 16 años. De todas formas mi situación no era tan mala como la pinto; aun así estaba en mis cabales con ciertas cuestiones y situaciones que me alejaban del bowling (?) de mis compañeros. Volvamos al ruedo. La época de las fiestas de 15 ya se asomaba por el horizonte. Las compañeras de mi primaria ya empezaban a flashear vestidos y suvenires pedorros para la única noche que le da sentido a una mujer en su vida (hasta que los cumplen, claro está). Las fiestas de 15 ya estaban llegando y yo me hacía el canchero pijalarga porque ya había ido a varias fiestas anteriormente (sí, la de mi hermana, la de mi prima, la de la hermana de un amigo hacía 5 años y alguna que otra más). La primera llegó en Agosto. Un saco prestado de acá, una corbata de por allí, unos pantalones de por allá, y un peinado Ricky Ricon de quien sabe dónde. No recuerdo mucho de aquella noche. Sólo algún que otro vago recuerdo, y no muy bueno que digamos. Todo empieza cuando llego al lugar. El “patovica” me pregunta el nombre y chequea si yo me encontraba en la lista. No estaba en la lista. “¿Cómo que no estoy en la lista?” le dije “pedazo de gato” y le escupí un pollo al espiedo con papas a la crema en la hoja. Y me fui como el capo de la noche abrazando a la quinceañera. Aunque no lo crean, en realidad eso no pasó. Yo estaba en la lista, pero la hoja tenía a mi apellido con una sola C, siendo que mi apellido lleva dos C. Eso me molestó. Pasé a la antesala donde me encontré con algunos viejos compañeros y con mi mejor amigo. Acto siguiente estoy sentado en la mesa que me corresponde esperando a que entre la cumpleañera. Lágrimas, llantos, risas, abrazos, besos, tiros, apuñaladas, fierrazos, botellas rotas volando. La barrabrava de chicago había entrado. Pero todo eso terminó con la llegada de la quinceañera, que dejo todo eso a un lado para dar paso a la entrada triunfal de la querida princesa. Pasado el momento de excitación colectiva la compañera saluda a todos en todas las mesas hasta llegar a la nuestra. Antes de propiciarle saludo alguno, tal como “Hola! feliz cumple” o “Que linda que estás! (te parto)” solo atiné a decirle “Che (nombre de la chica), ¿por qué en la lista mi apellido está con una sola C?” dándomela de cogedor, pijalarga del barrio, ganador de gran hermano y del premio nobel. Evidentemente mi "angustia" de que mi apellido estuviera mal escrito le ganaba a cualquier evento fuera de mi persona. No recibí respuesta de su parte, sólo movió la cabeza ignorándome completamente al estilo “Pibe, me chupas un huevo”. Pero sí recibí respuesta de un amigo, de esos que te tiran la posta en la cara de vez en cuando, que estaba en la mesa escuchando. “Sos un pelotudo” me dijo, lisa y llanamente. Me quedé inmóvil por un rato. No, no era por el pase de merca que estábamos pegando. Por primera vez me había dado cuenta de que era un boludo, un salame ,y no de paladini. Y no me gustó. Y encima los ñoquis eran horribles. Pero la fiesta siguió. No me echaron del lugar después de eso por suerte. Llego el vals. Llego mi turno en el vals. Me acerco, la tomo de la cadera, empezamos a bailar, nos movemos hacia un lado y hacia el otro, le guiño el ojo al DJ, él me entiende la indirecta y pone “Es la que va” de los Nota Lokos. En eso me empieza a perrear zarpado y me deja la japi al mango con kiwi. La doy vuelta, le tiro la boca. Adentroooo Ahí nomás me fui al telo con la quinceañera Hablando en serio, la tomé de la cintura y bailamos alrededor de 10 segundos. Aproveché para compensar mi comentario anterior y le dije “Que lindo vestido”. La realidad es que el vestido nunca me gustó, pero sentí que todo valió la pena cuando sonrió y me dijo “gracias”. Podía sentir la mirada de mi amigo clavada sobre mí expectante a que no dijera ninguna pelotudez como la de hacía unos instantes. El momento pasó, me fui a sentar, ésta vez con la consciencia un poco más tranquila que antes, y el resto de la fiesta transcurrió sin penas ni glorias. Hechos como esos me han sucedido variadas veces pero en distintas tonalidades. Y no quiero recordarlos todos, pero tampoco puedo olvidarlos. Están allí porque alguna vez fui así, y fueron parte de mí y me llevaron a ser lo que soy ahora (un boludo consciente?). Eso es todo, aunque todavía estoy esperando un cumple de 15 para mi revancha personal. Sobre todo con los ñoquis.
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