Esos horribles y hermosos unicornios de Marco Polo La prensa nos trae la buena noticia de que se ha logrado filmar —en su ambiente natural— a dos crías de unos de los mamíferos en extremo peligro de extinción: el rinoceronte de Java. Es una noticia feliz. Pero, para mi más, porque ellos son los primos de los unicornios que conoció el legendario explorador veneciano Marco Polo, a los que reconoció como unicornios: el rinoceronte de Sumatra (Dicerorhinus sumatrensis) y que vemos aquí abajo. Marco Milione, Marco el exagerado Marco Polo (1254/51 - 1324), nació en Venecia. Acompañó a su padre y tío explorando las rutas de comercio al oriente, siendo ellos de los primeros occidentales que recorrieron la Ruta de la Seda. Vivieron diecisiete años en China que estaba bajo el dominio mongol. En sus recorridos llegó hasta la isla de Java y allí tiene un encuentro prodigioso: "Y cuando se parte del reino de Ferlec (*), se entra en el reino de Basmán (**), que está a la salida de Ferlec. Este Basmán es un reino por sí mismo. Tienen lenguaje propio, pero son gentes que no tienen ninguna ley sino la de los animales. Dicen depender de la soberanía del Gran Can, pero no le pagan ningún tributo porque están tan lejos que las gentes del Gran Can no podrían ir hasta allí. E incluso todos los de la isla se dicen súbditos suyos: a veces sólo le hacen regalo de cosas extrañas, elefantes, unicornios u otros, y sobre todo una especie de azores negros, por mediación de los que pasan por allí. Tienen muchos elefantes salvajes y bastantes unicornios, que apenas son más pequeños que un elefante; tienen el pelo de búfalo, el pie como el del elefante, un cuerno en mitad de la frente, muy gordo y negro. Y os digo que no hace ningún daño a los hombres y a los animales con su cuerno, sino sólo con su lengua y las rodillas, porque su lengua tiene espinas muy largas y agudas. Cuando quiere destruir un ser, lo pisotea y lo aplasta en el suelo con las rodillas, luego le inflige los males que hace con su lengua. Tiene la cabeza como jabalí salvaje, y el porte siempre inclinado hacia tierra; permanece gustosamente entre el barro y el fango en lagos y bosques. Es un animal vil de ver, y repugnante. No es del todo como nosotros, los de aquí, decimos y describimos cuando pretendemos que se deja atrapar por el pecho de una doncella. Es todo lo contrario de lo que creemos... " (*) Ferlec: Del malayo Perlak; es la ciudad de Peureulak, en la actual provincia de Atjeh; en esa época era un reino musulmán. (**) Basmán: El reino de Pasei, confundido por Polo con el de Sumatra; se hallaba cerca de la actual ciudad de Lhokseumawe. En un texto lúcido, Umberto Eco se fija en este fragmento y nos da cuenta de la maravilla en la mirada de Polo. Como decíamos, Polo se encuentra con una bestia desconocida, a la que "reconoce" como un unicornio. Pero bastante distinto «a esos corzos graciosos y blancos, con un cuerno en espiral, que aparecen en el blasón de la corona inglesa». Animal que, como hemos visto arriba, Polo describe despiadadamente a pesar de su virtuoso linaje. Se le aparece como un animal indecente a la vista y que no se dejaría coger por una virgen como se asegura en Europa. Con esa descripción Polo duda, pero no sobre la existencia del unicornio, lo que posiblemente sería muy difícil para un medieval, sino que sobre su sentido. Ese que estaba expresado en La Leyenda de los Tapices, donde se ve que para capturar a tan magnífico animal, «había que exponer en el bosque a una virgen inmaculada». Pues, como decía Brunetto Latini (1220-1294), treinta años antes que Polo: «cuando el unicornio ve a la doncella, su naturaleza es tal que en cuanto la ve, se acerca y depone toda su fiereza...». Algo imposible para Polo por ser el unicornio, tal como sus ojos lo veían, un animal tan repugnante y fiero. Polo vuelve a Venecia a los 41 años, dos años después es tomado prisionero de guerra por Génova y en prisión dicta sus conocimientos a Rustichello da Pisa, quien era autor de cuentos de caballeros de la mesa redonda. Por eso, el tono de lo que se lee es, en momentos, como leer un cuento de aventuras medievales. Pero, Polo, trata —como dice Eco— de dar cuenta de las rutas y hechos que a otros comerciantes pudiera interesarles. Y, a pesar de la pretendida objetividad de Polo, él ve unicornios (no puede dejar de verlos), porque le es imposible substraerse a su propia cultura. A la influencia de libros que quizá no leyó (Polo inició su viaje a los diecisiete años y cuando regresó a Venecia, tenía cuarenta y uno). Pero, esos libros le enseñaron lo que debía ver. Libros que se basaban confiadamente en «una cadena ininterrumpida de doctísimas enciclopedias relativas a las maravillas del mundo». Conocimiento que, a su vez, «se basaba en los venerables textos de Plinio (23-79), Solino, Isidoro de Sevilla (570-636) y en las diversas enciclopedias del siglo XII, el Speculum Mundi de Vincent de Beauvais o el Trésor de Brunetto Latini». En esos textos, «los diversos países, ya fueran verdaderos o legendarios, estaban habitados por animales fantásticos y por seres muy extraños, cuyas características no eran, sin embargo, arbitrarias»: Esos seres tenían exactamente las características que servían para transformarlos en ejemplos vivos, en alegorías legibles: así, el patriarca de esos tratadillos enciclopédicos, el Fisiólogo, aparecido entre los siglos II y III de nuestra era, contaba que el león tenía la costumbre de borrar con la cola sus huellas para despistar a los cazadores, pero esa característica era "necesaria" para que el león pudiese funcionar como símbolo del poder de Cristo, que borra nuestros pecados. Y decía que el fénix cada ciento cincuenta años llegaba a Heliópolis y se consumía en el fuego del altar, para resurgir (como es sabido) tres días después desus cenizas; y esa propiedad era "necesaria" para que el fénix fuera el símbolo del Salvador. Y en este sentido, el león era tan "verdadero" como el fénix. (Umberto Eco) El unicornio, por su parte, fue durante la Edad Media un motivo simbólico muy difundido que guardaba relación con el poder, la pureza, la energía espiritual y el elemento divino y creativo y simbolizaba también la palabra de Dios en la Virgen María. De allí su docilidad ante una virgen casta, por lo que también fue símbolo de poder, castidad y dignidad real. Sin embargo, y esto es lo valioso, a pesar de todo este peso cultural, Polo reflexiona lo que ve, poniendo en duda —en suspenso— lo que su cultura le permite ver y distinguir para dar cuenta de lo desconocido. Actitud que hace al testimonio de Polo —como dice Eco— un documento extrañamente objetivo. El Libro de las Maravillas El mundo de Polo, el mismo de donde venían las imágenes que permiten ver lo desconocido, reaccionó ante sus narraciones como si sólo fueran fantasías. A Marco Polo lo llamaban Marco Milione (milione = millón), es decir, Marco Exagerado. Por eso el nombre original del Libro de las Maravillas, como ha sido corrientemente traducido al castellano, es Il Milione o también: Libro de Monsieur Marco Polo, ciudadano veneciano, apodado milione, en el que se describen las maravillas del mundo. Las maravillas, eso sí, de un hombre —como escribe Eco— en cierto sentido escéptico y realista como Maquiavelo y que habla como un técnico a los técnicos. Ya que «a diferencia de cualquier enciclopedia medieval, no alegoriza ni moraliza, registra para quienes lo siguen por esas rutas, que son rutas comerciales». Algo que en pleno positivismo también fue reconocido. Leamos a M. Abel en su introducción a la traducción al inglés del libro de Marco Polo, allá en 1818: «De tous les voyageurs qui antérierement au quinzième siècle ont visité les parties orientales de notre ancient continent, Marc Pol est le plus célèbre et le plus généralement estimé. Loin que sa réputation diminue par le progrès de la géographie positive, on trouve de nouvelles raisons d'admirer son exactitude, et d'être persuadé de sa sincerité, à mesure qu'on apprend à mieux connaître les pays qu'il a décrits. Ses contemporains avaiente taxé d'exagération des récits alors inovis de la grandeur et de la puissance d'un empire situé à l'extremitè du monde. Ce n'est que peu à peu qu'on a pu se convaincre qu'observateur non mois scrupuleux que crédule, il n'a pas inventé une seule des fables qu'il mêle à sa narration, et qu'i; a tousjours comme Hérodote, rapporté avec la même fidélité les choses qu'il avait vues lui-même et celles qu'on lui avait contées.» El primer paso para conocer es intentar ver el límite de lo que creo saber. Se cuenta que en su lecho de muerte su familia le pidió a Polo que confesara que había mentido en sus historias, Marco se habría negado diciendo: ¡Sólo he contado la mitad de lo que vi!
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