Hoy les traigo un post de esta femme fatal oriental, que escandalizó su época con sus amoríos. Pero veamos cómo era Carlota, esta belleza que volvió locos a muchos hombres llevándolos incluso al exilio, la locura y la muerte:
En 1881 el consagrado pintor uruguayo Juan Manuel Blanes recibió en su estudio la visita de una mujer de mediana edad, quien con algunas fotografías le encargó un retrato de su difunto primer marido. No se sabe si Blanes hizo el retrato del difunto, en cambio se hizo amante de la visitante, llamada Carlota Ferreira, y la usó como modelo para pintar este otro cuadro:
Para ese entonces Ferreira, nacida en 1838 o 1840, según distintas, fuentes, ya había volteado dos muñecos. En 1872 enviudó de un ministro de Hacienda uruguayo, y en 1881 se casó con Ezequiel de Viana y Oribe en Buenos Aires, de quien enviudó al poco tiempo.
Pero a Blanes, viejo mejicano que le había robado la mujer a un tipo años antes, casándose y teniendo dos hijos con ella, lo esperaba una sorpresa mayúscula: En 1886 Nicanor Blanes, hijo menor del pintor huyó con la amante de su padre, 22 años mayor que él, para casarse con ella en Buenos Aires, haciénose pasar por su hermano.
Seis meses después del matrimonio, Carlota pidió la anulación del matrimonio y Nicanor tuvo que volver, triste y cabizbajo, como cualquier taringuero, a la casa de sus padres. Tiempo después la situación se volvió tan insostenible que Nicanor viajó a Europa, donde desapareció para siempre sin dejar rastros. El pintor viajó tras él a buscarlo, pero murió en Pisa en 1891 sin haberlo encontrado.
Pero Carlota todavía iba a tener otra víctima. En 1895 se casó con el médico polaco Dr. Jurkowski, con quien se mudó a Salto, Uruguay. Allí Carlota pasaba las tardes inyectándose morfina en los jardines de la clínica de su marido.
En 1898 el joven Horacio Quiroga se enamoró de la hija de Jurkovsky, pero Carlota se opuso terminantemente a la relación, porque quería para la nena un esposo judío. Quiroga se vengó escribiendo sobre ella:
“De ella sólo quedaban los ojos, aunque más hundidos, y ya apagados. El cutis amarillo, con tonos verdosos en las sombras, se resquebrajaba en polvorientos surcos. Los pómulos saltaban ahora, y los labios, siempre gruesos, pretendían ocultar una dentadura del todo cariada. Bajo el cuerpo demacrado se veía viva la morfina corriendo por entre los nervios agotados y las arterias acuosas” (Una estación de amor, en “Cuentos de amor, locura y muerte”)
Finalmente, Jurkowsky se volvió adicto a la morfina por influencia de su esposa. Abandonó a Carlota por una enfermera de su clínica y con ella se fue a vivir a Misiones, donde murió de sobredosis en 1913.
No se sabe qué fue de Carlota después de que Jurkowsky la abandonó. Podría haber permanecido en Salto o haber ido tras él a Misiones, donde una leyenda cuenta que la llamaban "la loca", por subir desnuda a los árboles cantando óperas italianas, y que acabó suicidándose.
¿le das??
En 1881 el consagrado pintor uruguayo Juan Manuel Blanes recibió en su estudio la visita de una mujer de mediana edad, quien con algunas fotografías le encargó un retrato de su difunto primer marido. No se sabe si Blanes hizo el retrato del difunto, en cambio se hizo amante de la visitante, llamada Carlota Ferreira, y la usó como modelo para pintar este otro cuadro:
"Demonio mundo y carne" Juan Manuel Blanes
Para ese entonces Ferreira, nacida en 1838 o 1840, según distintas, fuentes, ya había volteado dos muñecos. En 1872 enviudó de un ministro de Hacienda uruguayo, y en 1881 se casó con Ezequiel de Viana y Oribe en Buenos Aires, de quien enviudó al poco tiempo.
Pero a Blanes, viejo mejicano que le había robado la mujer a un tipo años antes, casándose y teniendo dos hijos con ella, lo esperaba una sorpresa mayúscula: En 1886 Nicanor Blanes, hijo menor del pintor huyó con la amante de su padre, 22 años mayor que él, para casarse con ella en Buenos Aires, haciénose pasar por su hermano.
La familia Blanes. El jefe de familia le había robado la mujer a otro, pero el más chiquito de sus hijos le terminó pagando con la misma moneda
Seis meses después del matrimonio, Carlota pidió la anulación del matrimonio y Nicanor tuvo que volver, triste y cabizbajo, como cualquier taringuero, a la casa de sus padres. Tiempo después la situación se volvió tan insostenible que Nicanor viajó a Europa, donde desapareció para siempre sin dejar rastros. El pintor viajó tras él a buscarlo, pero murió en Pisa en 1891 sin haberlo encontrado.
Pero Carlota todavía iba a tener otra víctima. En 1895 se casó con el médico polaco Dr. Jurkowski, con quien se mudó a Salto, Uruguay. Allí Carlota pasaba las tardes inyectándose morfina en los jardines de la clínica de su marido.
Carlota era fea, puta y drogadicta, como a mí me gustan
En 1898 el joven Horacio Quiroga se enamoró de la hija de Jurkovsky, pero Carlota se opuso terminantemente a la relación, porque quería para la nena un esposo judío. Quiroga se vengó escribiendo sobre ella:
“De ella sólo quedaban los ojos, aunque más hundidos, y ya apagados. El cutis amarillo, con tonos verdosos en las sombras, se resquebrajaba en polvorientos surcos. Los pómulos saltaban ahora, y los labios, siempre gruesos, pretendían ocultar una dentadura del todo cariada. Bajo el cuerpo demacrado se veía viva la morfina corriendo por entre los nervios agotados y las arterias acuosas” (Una estación de amor, en “Cuentos de amor, locura y muerte”)
no conviene caerle mal un escritor del calibre de Quiroga
Finalmente, Jurkowsky se volvió adicto a la morfina por influencia de su esposa. Abandonó a Carlota por una enfermera de su clínica y con ella se fue a vivir a Misiones, donde murió de sobredosis en 1913.
No se sabe qué fue de Carlota después de que Jurkowsky la abandonó. Podría haber permanecido en Salto o haber ido tras él a Misiones, donde una leyenda cuenta que la llamaban "la loca", por subir desnuda a los árboles cantando óperas italianas, y que acabó suicidándose.