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Mitología Guaraní popular del Paraguay, aprendete algo

Mitología Guaraní popular del Paraguay, aprendete algomitos

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Por mitología guaraní se entiende las creencias del pueblo guaraní que habita la región de Paraguay, Noreste de Argentina, este de Bolivia y suroeste de Brasil. Se trata de las creencias religiosas, costumbres y demás sobre los guaraníes antes de la llegada de los españoles que los conquistaron y antes de la llegada de jesuitas a la región.

En general, cuando se habla de mitología guaraní, se piensa solamente en Tau y Kerana y sus 7 hijos malditos. Es más diverso ya que también se hablan de dioses y destrucciones de la tierra.

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Tau y Kerana, el origen de todo

En la mitología guaraní, TAU representa al espíritu del Mal.
Este monstruo se enamoró de una hermosa doncella.
TAU, que tenía poderes infernales, con el propósito de conquistar a KERANA, así se llamaba la doncella, se transformó en un apuesto y gallardo joven. La visitó asiduamente siete días. Finalmente intentó secuestrar a la hermosa joven. Pero fue defendida por el espíritu del bien llamado ANGATUPYRY.
Ambos, el bien y el mal, se trabaron en feroz cómbate durante siete días.
Finalmente TAU con sus poderes sobrenaturales, venció al espíritu del bien ANGATUPYRY y se llevó a KERANA.
Este acontecimiento produjo honda tristeza a la raza. ANGATUPYRY maldijo al endemoniado TAU para que sus descendientes se convirtieran en monstruos.
Y así sucedió.

Nacieron:



· TEJU JAGUA,

· MBÓI TU’Ĩ,

· MOÑÁI,

· JASY JATERE,

· KURUPI,

· AO AO y

· LUISÕ.




Todos fueron sietemesinos. El más temible es Luisõ: Hombre-lobo.



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TEJU JAGUA

TEJU JAGUA fue el primer hijo de TAU y KERANA; tenía la forma de un enorme lagarto con cabeza de perro. Se le consideraba el dominador de las cavernas.

Su guarida la tenía en uno de los abismos del legendario cerro de Yaguarón.

Muchos creen que llevaba a su víctima hasta la caverna para devorarla.

Pero también se conjetura que no pudo hacer gran esfuerzo por la pesadez de su cuerpo. También se creía entre los moradores del cerro Yaguarón, que TEJU JAGUA sólo se alimentaba de frutas y miel silvestre.

Los nativos lugareños lo consideraban como el que dominaba las grutas y el que tenía por misión cuidar y proteger árboles y frutas.

También se le consideraba el monstruo que protegía los tesoros ocultos de la raza guaraní. Por haberse revolcado sobre polvo aurífero (Itaju), su piel brillaba como oro y piedras preciosas.

Asimismo los nativos afirmaban que de tarde en tarde, en época de verano, su hermanito JASY JATERE le llevaba del collar de oro y diamante, a mojarse y a beber en los arroyos de la comarca, como Ypacaraí, Avay o el legendario arroyo Ypoá. Diversas misiones le atribuye la fantasía popular.



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MBÓI TU’Ĩ

Desde antaño, se cuenta que en la selva de Tobatí, cerca del cerro Cavaju, existía una víbora de tamaño muy grande con una cabeza semejante a la del loro. Se decía que este monstruo se arrastraba por la tierra y también podía volar a baja altura.

Es el temible MBÓI TU’Ĩ segundo hijo de TAU y KERANA.

Vivía entre rocas y peñascos, pero su real dominio se extendía por los grandes esteros.

No obstante su temible presencia, los estudiosos afirman que MBÓI TU’Ĩ es protector de los animales acuáticos, del rocío, de la humedad y de las flores.

Esta colosal víbora-loro se alimentaba solamente de fruta y del rocío.

Don Ramón Elías, luego de recorrer diversas localidades del interior y estudiar afanosamente las leyendas de nuestra tierra, modeló la estampa del MBÓI TU’Ĩ, que actualmente adorna el Museo Mitológico de Capiatá.



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MOÑAI

MOÑÁI es el tercer hijo de TAU y KERANA, los nativos guaraníes le consideraban señor de los campos, de la tierra y de los vientos.

Se cuenta que habitaba en los arroyos más profundos y en lugares pantanosos. Uno de sus escondederos estaba cerca de Yaguarón y otro en el Lago Ypoá. Existen varias zonas del Paraguay con la denominación de MOÑAIKUARE, pues la gente del campo cree que esta monstruosa víbora tenía su madriguera en esos lugares horripilantes.

MOÑÁI es una horrible serpiente de dimensión extraordinaria, tiene en la cabeza dos púas y dientes puntiagudos.

Sin embargo, muchos estudiosos de la mitología guaraní afirman que MOÑÁI no es una serpiente devoradora de animales y de seres humanos, sino más bien es protectora de animales silvestres, de los vientos y de los pájaros.

De todos modos, también pintan a MOÑÁI como un ladrón de cultivos, saqueador de cosechas y rapiñero de cocinas. En los cerros más altos guarda parte de sus fechorías como trofeos, y también en las grutas, lejos de vista. Así como se constituye desde lo alto en señor para los labradores, también es quebranto para éstos.



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JASY JATERE

Este niño-genio de las siestas calurosas que transita alegremente por las selvas y valles guaraníes, es el señor de las siestas campesinas.

De cabellos dorados y de ojos azules, tiene una gracia extraordinaria y una belleza que cautiva. Lleva en la mano derecha un bastón de oro que tiene poder. Si este cetro se le pierde desaparece su fuerza y se torna en niño lloroso.

JASY JATERE casi siempre anda invisible lanzando al viento un agudo silbido.

JASY JATERE es un duendecillo desnudo, simpático y travieso, cuyos rubios cabellos descansan sobre sus hombros, es amigo de los niños que vagan por los campos y espesuras en las siestas estivales. La gente del campo también le considera protector de las aves, de frutas silvestres y de los animales.

Mientras tanto, JASY JATERE trajina vigilando las frondas guaraníes y emitiendo en alas del viento su agudo silbido Jasy Jatere.. . tere.. . tere...

Los antiguos habitantes de estas tierras aseguran que Jasy Jatere se esconde durante la siesta en el hueco de algún árbol seco y desde allí lanza su silbido de diversos tonos, imitando a los pajaritos. Este silbido es mágico, porque cuanto más fuerte se oye, es cuando JASY JATERE está más lejos del lugar. Pero si su chiflido nos llega de leguas de distancia, hay que saber que JASY JATERE puede estar mirándonos la espalda. Le gusta mucho la compañía de los niños. Para acercarse a ellos, a veces se desfigura en pájaro chochi por la siesta. Pía como esos pajaritos y come con ellos, y por eso es difícil saber cuáles son los verdaderos. Para pillarlo, hay que fijarse cuál es el más lento y mimoso, porque JASY JATERE suele hacerse el más manso de entre los pajaritos para cautivar al niño. Este se acerca y cuando está a punto de atraparlo, el pajarito se le muda a otra rama, y el niño, sin darse cuenta se irá introduciendo en el bosque detrás de él. Cuando está lo suficientemente lejos de sus mayores, se le aparece JASY JATERE. Desde que ve al rubito, el niño no puede dejar de mirar sus ojos y lo sigue por donde quiera que vaya. Con su encanto, JASY JATERE lo llevará de la mano hasta la profundidad de la selva donde le inventará los juegos que jamás imaginó el chico. En la cola de la camisa le cargará guavira, pakuri, guaviju, lima ombligo y espigas frescas de guembe. En los claros de los bosques, JASY JATERE se convierte en mariposa y abre y cierra sus alas acompasadamente con los capullos de las flores, para divertir a su nuevo amigo. Montará con él en los tapires, en los jaguares y en los venados, o irán juntos a columpiarse en algún brazo de ysypo sobre la barranca. Los dos se vestirán del barro de la virtud y se volverán invisibles para meter el dedo en el nido de las abejas y chupar miel. Se burlarán del león y buscarán nidos de pájaros, y JASY JATERE hará surgir pichones de los huevos, con solo golpearlos con el bastón mágico. Así tienen más compañía para jugar.

Lo malo viene cuando a JASY JATERE se le ocurre darle un beso a su amigo en la boca. Aquel beso quema y destruye como el fuego. Ningún ser humano puede soportarlo. Entonces el niño pierde el habla y siente languidecer el entendimiento. JASY JATERE, al ver muda y sin risa la boca que besó, deja al amigo enredado entre las lianas del bosque, y él pasa de largo a buscar por el mundo otro niño para otro encantamiento.



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KURUPI

KURUPI es el mito de la reproducción. Señor de a sensualidad, dominador de los bosques centenarios y de los animales de la selva.

Se presenta en forma humana, de baja estatura y fealdad extraordinaria. KURUPI tiene la inclinación de secuestrar mujeres y criaturas para su alimentación, pues es un duende carnívoro y glotón. Este monstruo pequeño tiene el miembro viril demasiado largo, con el que enlaza a las mujeres jóvenes, especialmente doncellas, para poseerlas. Su impresionante falo lo lleva enroscado a la cintura. Pero se cree que KURUPI no es un genio malo. Es protector de los animales silvestres y de las plantas que dan frutos.

Ayuda a la persona que no le molesta, es fiel a la amistad y protege a los necesitados.

La misión de KURUPI es fecundar a las mujeres jóvenes, proteger a sus amigos, a los animales y árboles frutales de los bosques.

En los montes de Villarrica y Caazapá existe una liana denominada por los lugareños Kurupi rembo.

KURUPI es el quinto hijo de TAU y KERANA. Este duende tiene una fama siniestra y su nombre causa miedo a los nativos guaraníes.

El KURUPI además de ser protector del bosque, de los árboles frutales, de las cosechas abundantes y de la lluvia bienhechora, deja siempre a su paso por los llanos y los bosques la magia de levantar las simientes escondidas que a su tránsito despiertan y hacen saltar sus brotes a la luz del sol. Entonces también las rocas se cubren de lindo verde y las flores se abren llenas de polen. De igual manera, cuando pasa caminando en cuatro patas por alguna capuera o se acuesta a descansar en ella, nace el anuncio de que allí los cultivos crecerán con suma abundancia. Si toca el vientre de alguna vaca preñada, hará nacer terneros mellizos que enseguida correrán con fuerza saludable por los bosques y los campos. Tiene los pies al revés para despistar a los que tratan de seguirlo. Anda de siesta -de ahí el nombre de KURUPI LADOCE- o al atardecer. La única manera que tienen sus víctimas de salvarse de él es cortándole el inmenso miembro o subiendo a un árbol frutal.



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AO AO

AO AO es un monstruo parecido a la oveja, es una bestia terrible con grandes y potentes garras.

Se cuenta que este animal carnívoro devoraba sin compasión alguna a toda persona que anduviera por los bosques; no obstante, ésta podía salvar su vida si lograba subir a la planta de un pindó, porque la palmera es una planta sagrada que se utiliza siempre en Semana Santa. Si la persona perseguida subía a otro árbol, éste era cavado por AO AO con sus uñas hasta derribarlo, y el que se hallaba trepado en el mismo era devorado por esta bestia terrible.

Se cree que los AO AO vivían en las serranías y selvas espesas.

AO AO es el dios de la fecundidad; los nativos guaraníes orientales, especialmente, aseveran que éste procreó demasiado y que sus descendientes son numerosísimos. Como ya dijimos, este animal muy feo dominaba los cerros y las montañas de la vasta comarca guaraní.

AO AO es el sexto hijo de TAU y KERANA, señor de la procreación. En la localidad de Mbuyapey se le aseveró al escultor Ramón Elías que en esa zona lo llamaban OVECHA KA’AGUY, por ser muy parecido a la oveja. Varios estudiosos de leyendas y mitos guaraníes creen que este animal existe, y que continúa devorando gente por la serranía de Ybytyruzú y Caazapá.

Los transmisores orales de las mitologías guaraníes aseguran también que los hijos de AO AO son todos caníbales y feroces como él. Y cuentan, como ya dijimos, que salen en manadas para atormentar a los caminantes a quienes persiguen sin dilación y aunque éstos traten de salvarse trepando a las altas copas de la floresta, los AO AO van a rodearlos en círculo y a los gritos de ¡ao-ao-ao-ao! cavan las raíces de los árboles, los derriban a fin de devorar a sus víctimas. Como aparece más arriba, la salvación contra este engendro es ascender a una planta de pindó, que en este caso se constituye en el emblema sagrado del Calvario, bendecido por TUPÃ por ser la única planta que alimentó al niño Jesús por los duros caminos de Egipto.



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LUISÕ

En las noches campesinas, los moradores del interior del país sienten terrible pánico de este hombre-lobo llamado LUISÕ.

Ninguna persona se atreve a pasar por la cercanía de un cementerio, pues teme encontrarse con este hombre que en noches de plenilunio, especialmente los días martes y viernes, se convierte en un enorme perro negro de cabeza grande y ataca como un tigre al viandante para devorarlo.

LUISÕ es el séptimo hijo de TAU y KERANA, pero es el más temible y peligroso de los monstruos conocidos en la comarca aborigen.

En las noches obscuras y de tormenta, se cuenta que esta bestia salvaje se esconde en las sombras del cementerio agazapado en los matorrales queriendo asustar o herir a los que por allí transitan. También en las noches de luna llena camina lentamente por los senderos sombríos seguido de lejos por una jauría de perros. Se dice que LUISÕ vive en los cementerios y que se alimenta exclusivamente de la carne de los muertos. En este sentido, este hombre-lobo se transforma en dueño de la noche y es compañero de la muerte.

Los indígenas aseguraban que el séptimo hijo varón consecutivo de la familia siempre se convierte en LUISÕ cada martes y viernes, antes de las doce de la noche, si al nacer no es bautizado en siete iglesias y apadrinado por el presidente de la nación. Si le queda el maleficio, cuando le llega la hora de la transformación huye lejos de los hombres, se pone a sacarse la ropa y a maldecir; araña la tierra, le falsea la voz, da tres vueltas carneros sobre los pastizales, de derecha a izquierda, hasta que entra en trance y de los ojos le sale fuego y las uñas le crecen como cortaplumas.

Rápidamente le cubre un cuero de pelambre negra y se vuelve irreconocible. De su escondite sale con una cabeza de porongo grande, olvidado de su nombre, la lengua caída y un cuerpo enorme que podría aplastar a un ternero vivo. Tiene un olor repugnante y una cabellera sucia. Nadie le mira sino de reojo. Cuando cruza la vecindad, todos los perros aúllan y lo siguen de lejos con la cola entre las patas. Llega al cementerio y desentierra los muertos, los más nuevos, y se revuelca sobre ellos. Al salir los deja desparramados, con los cajones abiertos, y se lleva una tajada para comer. Si alguien se le aproxima y LUISÕ está en peligro de ser reconocido, puede atacar. No mata porque no le está permitido matar a los bautizados, pero nadie se salva de sus colmillos. No reconoce ni a sus propios parientes. Y a veces puede tocar, en la oscuridad de la noche, alguna parte del cuerpo de un cristiano. Si una mano fría, húmeda y viscosa, palpa el lomo o la pierna de alguien, es LUISÕ quien ya le anuncia que su fin está muy cerca. O si llega a pasar por entre las piernas de alguien, o le llega a lamer en la frente, le deja la maldición. Ningún arma blanca le hace daño, salvo el cuchillo que tenga la guarnición en cruz o el machete bendecido. Tampoco existe bala que pueda herirlo, salvo las balas bendecidas y con la punta marcada en cruz. Se lo puede atrapar salpicándole el cuerpo con aceite untado en ramas de ruda, repitiendo varias veces su nombre al revés. Cuando es vencido, cae y duerme vomitando espuma. Entonces hay que dejarlo dormir hasta que amanezca, sin memoria, hasta que vuelva a ser persona y descubrir de quién se trata, para expulsarlo de la comunidad.



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Otras Leyendas


MALAVISIÕ

Los nativos guaraníes afirmaban que la conocida MALAVISIÕ no es otra cosa sino el ÃNGUE, es decir el alma vagabunda de los que en vida no cumplieron la enseñanza de Tupã o de su enviado el Profeta Tume Arandu.

MALA VISIÓN recorre los caminos solitarios, vestida de blanco y lanzando al un viento agudo silbido.

Este duende aparece en la cercanía de algún bosque en horas de la noche, buscando a alguna persona que transita en la misma dirección suya, para asustarla o llevarla. El indio presiente cuando por allí cerca camina Malavisiõ y huye despavorido de aquellos lugares.




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KUARAHY RA’Y

KUARAHY RA’Y, según la mitología guaraní, representa al hijo del Sol. Recibió de su padre el poder de proteger al Universo. Es un niño pequeño y rubio como su padre.

Los guaraníes sostienen que KUARAHY RA’Y transita por todos los senderos y sube con suma agilidad a las cimas de los árboles para dorar sus frutos.

También baja como un felino los barrancos para dorar el TUJUTI (arcilla blanca). Con este material modela el indígena las urnas funerarias. Asimismo se cuenta que este duende del mundo guaraní brinda el color rojo a las flores del ceibo y da la fuerza acerada a los lapachos y urunde’y de las selvas milenarias.



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POMBÉRO

POMBÉRO es el duende más conocido en Paraguay, especialmente en la zona del Guairá y Caazapá. Es el genio de la noche que silba en los vientos y puede remedar exactamente a numerosos animales, como al caballo, al perro, a la gallina, a la vaca y, especialmente, a los pollitos.

Algunos escritores y estudiosos paraguayos como Darío Gómez Serrato, Gumercindo Ayala Aquino, Mauricio Cardozo Ocampo, Pedro Segundo y otros, llegaron a afirmar públicamente la existencia real del POMBÉRO.

Pero el pueblo de antaño y hogaño cree que el POMBÉRO es un indígena que al caer la noche viene a visitar los ranchos campesinos en forma invisible. Pero hay quienes aseveran haberle visto como un indio de estatura baja, fornido y de piel cubierta de vello. Se cuenta que camina como el hombre y puede trasladarse con rapidez de un lugar a otro. Ama y defiende a los animales y vive siempre invisible cerca de las personas.

Es un genio travieso, pero malo con los que se burlan de él. Como venganza persigue a los animales de la casa, caballos, perros, vacas, gallinas.



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KA’AGUY PÓRA



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MBÓI JAGUA



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Todas la imágenes corresponden a esculturas del MUSEO MITOLÓGICO RAMÓN ELÍAS, llamado así en honor a su fundador, está ubicado a orillas de la ciudad de Capiatá, Paraguay, a escasos 19 km de Asunción, la capital de la República, y sobre la Ruta Mariscal Estigarribia.

Este museo, al tiempo de evocar la memoria histórica de los antepasados del Paraguay, es un llamado a mantener vigente en la cultura del pueblo, la mágica presencia de los mitos que forman parte del acervo cultural de este país.



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