Después de morir

Al morir, no dejaré más que una masa indómita de carne inútil, clara y vencida que pronto será unida en relación íntima con la naturaleza. No será una descomposición sino un enriquecimiento de lo natural.
Pero mi alma, más vivaz y consciente que nunca
ascenderá instantáneamente de su breve letargo,
se separará para siempre de mi mortal coraza cárnea enterrada bajo seis pies
cruzará la madera y la despedirá para siempre
atravesará la porosidad entre los granos de limo y arena
surcará las raíces de la hierba y las acariciará a cada paso
Como quien se despierta en una mañana cálida desde la costa y divisa el mar presa de la satisfacción,
mi alma recorrerá todo el espectro con sus ojos, con vivo entusiasmo e ilusión
antes que nada, secará las lágrimas de mi madre, de mi padre, de mis hermanos y de mi hermana
con una tonta soberbia y llena de esperanzas, rodeará con sus brazos los brazos de mis amigos y amigas y les dará un calor tan real que llegarán a sentirlo a viva piel y se preguntarán, desconcertados, sobre su origen.
Se unirá a la vana pena del resto de mis familiares y conocidos y
con los ojos abiertos y una mirada general prometerá con inocencia y sinceridad concretar algún día aquellos gestos de cariño
Llenará de color, aunque nadie lo sepa, el pequeño recoveco en el que se encontrarán todos y los colores de mi alma contrastarán con dureza con la oscuridad de sus tristes ropajes
Se alejará del grupo con solemnidad, sin quitarles los ojos de encima sonriendo con inocencia y dejando caer una lágrima que evidenciará su sensibilidad

Con determinación caminará y caminará sin parar
contemplará el paisaje
no sentirá hambre ni cansancio
saludará con jovialidad a otras almas tan bienaventuradas como ésta

De día recibirá con regocijo los suaves rayos de sol y éstos acariciarán su piel
De noche la luna y las estrellas le otorgarán su frescura y su luz, alumbrando un camino plateado
No tendrá necesidad de apañarse del frío ni de socavarse por el calor

De repente, sentirá que lo consumirá la ansiedad y, sin poder aguantar un minuto más, comenzará a correr
Correrá progresivamente con más ligereza y más vitalidad que un niño dando sus primeros pasos rodeado de la admiración de sus padres
No agachará la cabeza bajo ningún concepto ni claudicará
Correrá muy deprisa, atravesará las paredes de las casas

Repartirá serenidad en cada visita pues no quiere ser sólo un huésped entrometido
Colmará de comida los platos
Aprovisionará de pacifismo a los furiosos
Otorgará amor a todo aquel corazón carenciado
Al necesitado le dará esperanzas de igual manera que apaciguará al iracundo
Silenciará los sufrimientos de todo macho y hembra
Sólo será culpable de tornar en bellos resultados las empresas ajenas
A los bebés y a los niños pequeños acunará cantando una canción o leyendo una prosa de Stevenson
Se regocijará del encuentro con cada ser vivo

Sentirá irrefrenables deseos de correr más deprisa
Tendrá la necesidad de volar
Y lo hará, correrá con tanto vigor que sus pies levantarán vuelo y se alejarán del asfalto
Y sus brazos, antes flexionados, estarán extendidos y planearán con mucha eficacia
Atravesará las nubes que no se darán por enteradas
Fondeará las montañas, los bosques, los ríos, los lagos, los pantanos, los mares y los valles
Cruzará las cúpulas de las iglesias, las antenas de teléfono y los edificios inteligentes
Invadido por la ilusión, volará con más ligereza en contra y a favor de la migración de numerosas especies de aves
Pasará a través de los glaciares y observará con curiosidad el exterior teñido de celeste

Y, por fin, por Dios, al fin, llegará hasta tu cuarto donde te hallarás sollozando o dormida con los ojos hinchados y empapados
Se acostará a tu lado,
Te besará en la mejilla,
Te dará un abrazo que durará por los siglos de los siglos,
Llorará de felicidad al contemplar tu expresión tranquila y nefelibata
Con la punta de sus dedos, rozará con dulzura tu tersa piel desde tu frente, pasando por tus mejillas, bordeando tu cuello, surcando tu cuerpo lozano
No dejará de apreciarte con ojos maravillados
Y en el momento de mayor sosiego,
Con la mano aun posada sobre tu cintura, acercará lentamente sus labios a tu oído
Y en un encanto sublime, te susurrará con infinito amor y dulzura:
“Duerme, que nuestra vida apenas ha comenzado”.
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