EL PERIODISTA NEIL STRAUSS, EN SU ENSAYO autobiográfico sobre las teorías de la seducción (el best seller The Game , o El
método ), define un arma letal con las mujeres: un "nega". Es una suerte de observación descalificadora de apariencia accidental e inofensiva tendiente a socavar la autoestima del interlocutor mediante un elogio. Ejemplo: "¿Son postizas las pestañas? ¡Te quedan bárbaras!". O: "Hermosa esa pollera nueva, ¿Que marca es? Vi un montón en la última semana". El esquema, que-desde ya-también sirve en las altas esferas del management y se aplica en teorías de la negociación, es el favorito de Pergolini, alguien que ha hecho un verdadero arte y oficio de su incontinencia verbal. En las últimas tres entrevistas que le hice, me recibió con algún "nega". Nada agresivo. Puede ser hasta cálido y confidente, pero busca poner al interlocutor (yo) periodístico (siempre un potencial enemigo, Mario lo sabe: él mismo lo es en tevé, donde siempre se guarda la última palabra tras los informes) en cierto incómodo lugar de debilidad. Es como esa trompada inicial que el campeón busca impactarle al retador en los primeros segundos de pelea.
Son las 8:30 AM y él toma café, deambula, come medialunas, hojea diarios, teclea cosas en su laptop. De la Puente y Gantman hacen lo mismo, casi en silencio. Pocos minutos después, ya en el aire de Cual Es? , Pergolini sincera alguna preocupación: "Estoy un poco nervioso. Voy a dar una nota y hace como dos años que no lo hago... Hace dos años que no fumo, que no tengo mail y que no doy notas. Y...Le tengo miedo a mi boca...A la estúpida autonomía de mi boca. Yo sé de las cosas que es capaz".
Eso no me lo dice a mi, insisto, no directamente a mí, que estoy mirando detrás del vidrio de los operadores en el Control. Se lo dice a sus compañeros. Al micrófono. A los millones que están al otro lado y poco o nada saben...pero entienden. Habla al aire. Días después, mi pregunta se vuelve afirmación, soy yo el que le aplica un "nega":
- Siento que al aire decís más verdades que en las entrevistas. Que, curiosamente, sos más sincero delante del micrófono...
[Silencio, el más profundo de la entrevista.] ¿Sabés que cada vez hablo menos fuera del aire? Cuando el micrófono se apaga, soy bastante hermetico... En casa también, cada vez más. Me estoy volviendo un poco fóbico. No tengo vida social. Nada. A veces me doy cuenta de que al aire digo muchas cosas porque en realidad no las digo en ningún otro lado, y las pienso.
Un buen ejemplo. Fuera del aire me dice sin ninguna señal de desprecio: "¿Viste lo de Beto Casella, pobre?". "No, ni idea". "Lo internaron, está jodido. No trascendió porque pidió que no trascienda. Pobre." Menos de un minuto después, con la luz roja encendida y sin que nadie se lo pregunte, se despacha con un arsenal de bromas pesadas sobre el estado de salud de Casella, sobre el juicio que le inició el propio Pergolini al sentirse injuriado y sobre el pedido de discreción del convaleciente, para rematar con total ironía: "Ojalá vuelvas pronto. Igual, si no estás, nadie se da cuenta".
Nuevamente fuera del aire, me mira fijo. Trata de darle severidad a sus frases, pero me cuesta creerle más que cuando, como cualquier oyente o televidente, lo consumo al aire. Esa, parece, es su magia, su gran secreto. Y su gran aporte: el hecho de que su straight talking , su charla sin filtro, no sea una cuestión de forma y se transforme en contenido, en su identidad; que esta espontaneidad de barra de amigos, clonada hasta el hartazgo por otros programas, semantenga inalterada. Una frase tajande del sociólogo Zygmunt Bauman, de su reciente libro "VIDA DE CONSUMO", puede aportar cierta claridad entre el Pergolini on y el off : "En la sociedad de consumidores, nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en objeto". Mario lo entendió pronto (ya en 1992 su alter ego Linipergomo) y su creación profesional de conductor full-time no deja lugar a distracciones: "Es muy raro comprender la forma de actuar que tenemos con Eduardo [De la Puente] y Marcelo [Gantman]; entre nosotros casi no tenemos charlas fuera de aire, llegamos y estamos callados hasta que se prende la luz. Es un pacto. Para no perder espontaneidad. Tampoco tenemos vida social aparte, todo eso lo aplicamos al programa. Y no es que no seamos amigos. Qué se yo... nos vemos cuatro horas todos los dias desde hace quince años... ¿Vos a tus amigos los ves cuatro horas por día? Sin embargo, yo no conozco la casa de Eduardo, él no conoce a mi hija. A Nacho Goano, que trabajó quince años con nosotros y fue un pilar fundamental de este programa, y lo amo, no lo vimos nunca más desde que dejó de ser el productor. Me encantaría que viniera a conocer el estudio nuevo...Pero nadie lo va a llamar...Y él tampoco...Porque también entiende esto, que así se formó la dinámica de este grupo humano. Es muy raro. Así vivo yo.
Puazo.-