La pasión por etiquetar y "auto-etiquetarse" está presente desde hace mucho tiempo en la sociedad humana. Definir a algo como partidario de o inclinado hacia, ayuda en muchos casos a lograr una mayor organización de lo observado. Por muchos filtros solemos pasar los datos que nos llegan, con el fin de conseguir un entendimiento (siempre parcial) de aquellos datos que observamos. La categorización, entonces, es una herramienta de mucha utilidad, además de haber estado presente por un largo tiempo en nuestra forma de ver las cosas.
La etiqueta más usada en política actualmente (y desde, aproximadamente, el siglo XVIII) es la clásica dualidad izquierda y derecha, cuyo origen nos ha sido relatado incontables veces en libros de historia. Una feliz casualidad ocurrida en París, durante la instancia de la Asamblea Nacional, aquel 11 de septiembre de 1789, sigue siendo una fuente de referencia para la categorización ideológica, hoy, más de doscientos años después. Últimamente, se habla de la obsolescencia de esta dupla definitoria para categorizar los complejísimos fenómenos políticos contemporáneos. Si bien esto no está alejado para nada de la realidad, sí lo está pensar que esta inutilidad es reciente. Para citar ejemplos, podemos hablar de los modelos socio-económicos (y de la ideología en general) de movimientos como el Nacionalsocialismo Alemán o el Peronismo clásico, o de la siempre presente ambigüedad de la real diferencia entre los partidos Demócrata y Republicano en los EEUU. De todas formas, este no es el tema central del post.
Yendo al grano, vemos como, actualmente, la proliferación de diversos movimientos político-sociales e ideológicos, buscan convertir todo en una lucha entre contra partes. Este es el clásico "O estás conmigo o contra mí". Vemos casos como el ala más radical del Movimiento Feminista Internacional como ejemplo más claro. Al usar esta retórica tan dual, el Movimiento consigue una cada vez mayor adhesión a sus ideologías. Esto quiere decir que más gente se declara (en este caso) feminista, traduciéndose esto en mayor cantidad de personas en las marchas, concentraciones, huelgas, entre otras cosas. El ejemplo más reciente es el Paro Internacional de Mujeres, al cual adhirieron en 47 países el 8 de marzo pasado.
El caso es que una adhesión tan repentina a un movimiento, sea por la razón que sea, genera un pseudo-entendimiento del mismo por parte de sus adhirientes, basado en el simple hecho de que una velocidad tal para una declaración de pertenencia, no deja una investigación y reflexión apropiada sobre lo que uno adhiere o deja de adherir.
Entonces, vemos como una masa medianamente desinformada adhiere a algo que no ha podido terminar de entender. Esto hace que el mismo movimiento actúe como formador, por medio de conversaciones entre partidarios, mítines, publicaciones escritas, entre otros medios. Esto aliena a los nuevos partidarios, haciendo que renieguen o repudien aquello que se contraponga o, incluso, que no llegue a alinearse con los intereses del movimiento. El nuevo partidario, tal vez emocionado por este nuevo círculo que le abre la mente a una nueva visión del mundo y a una nueva misión en su vida, tal vez siguiendo una suerte de "inercia social", tal vez obedeciendo cualquier otra motivación "x", no reniega ni cuestiona lo que cae de la cúpula ideológica de la corriente. De esta forma, lograsé lo que yo llamo la ideologización de la personalidad, una instancia en la que la personalidad e intelectualidad del sujeto se corresponde completamente con lo relativo a o lo perteneciente a un conjunto de ideas.
Recapitulando, podemos decir que siempre hubo una tendencia a categorizar. A esto, hay que sumar la proliferación de algunos movimientos sociales poderosamente magnéticos, los cuales aplican una lógica dualista de división social (la típica de "amigo/enemigo"
. Esta lógica logra una adhesión de una gran cantidad de gente con un mínimo grado de simpatía al movimiento previamente nombrado. Al haber sido esta adhesión tan abrupta, muchas personas terminan de formar su opinión acerca del movimiento en el seno del propio movimiento. Esto lleva a los flamantes adhirientes a organizar sus pensamientos, comportamientos, modismos varios, entre otros aspectos en favor del movimiento al que ahora pasaron a formar parte. El conjunto de ideas es ahora la personalidad del sujeto. No habrá un solo aspecto de su vida, un solo atisbo de su comportamiento que no se relacione con lo relativo al movimiento al que acaba de entrar. Se ha llevado a cabo la "ideologización de su personalidad".
La etiqueta más usada en política actualmente (y desde, aproximadamente, el siglo XVIII) es la clásica dualidad izquierda y derecha, cuyo origen nos ha sido relatado incontables veces en libros de historia. Una feliz casualidad ocurrida en París, durante la instancia de la Asamblea Nacional, aquel 11 de septiembre de 1789, sigue siendo una fuente de referencia para la categorización ideológica, hoy, más de doscientos años después. Últimamente, se habla de la obsolescencia de esta dupla definitoria para categorizar los complejísimos fenómenos políticos contemporáneos. Si bien esto no está alejado para nada de la realidad, sí lo está pensar que esta inutilidad es reciente. Para citar ejemplos, podemos hablar de los modelos socio-económicos (y de la ideología en general) de movimientos como el Nacionalsocialismo Alemán o el Peronismo clásico, o de la siempre presente ambigüedad de la real diferencia entre los partidos Demócrata y Republicano en los EEUU. De todas formas, este no es el tema central del post.
Yendo al grano, vemos como, actualmente, la proliferación de diversos movimientos político-sociales e ideológicos, buscan convertir todo en una lucha entre contra partes. Este es el clásico "O estás conmigo o contra mí". Vemos casos como el ala más radical del Movimiento Feminista Internacional como ejemplo más claro. Al usar esta retórica tan dual, el Movimiento consigue una cada vez mayor adhesión a sus ideologías. Esto quiere decir que más gente se declara (en este caso) feminista, traduciéndose esto en mayor cantidad de personas en las marchas, concentraciones, huelgas, entre otras cosas. El ejemplo más reciente es el Paro Internacional de Mujeres, al cual adhirieron en 47 países el 8 de marzo pasado.
El caso es que una adhesión tan repentina a un movimiento, sea por la razón que sea, genera un pseudo-entendimiento del mismo por parte de sus adhirientes, basado en el simple hecho de que una velocidad tal para una declaración de pertenencia, no deja una investigación y reflexión apropiada sobre lo que uno adhiere o deja de adherir.
Entonces, vemos como una masa medianamente desinformada adhiere a algo que no ha podido terminar de entender. Esto hace que el mismo movimiento actúe como formador, por medio de conversaciones entre partidarios, mítines, publicaciones escritas, entre otros medios. Esto aliena a los nuevos partidarios, haciendo que renieguen o repudien aquello que se contraponga o, incluso, que no llegue a alinearse con los intereses del movimiento. El nuevo partidario, tal vez emocionado por este nuevo círculo que le abre la mente a una nueva visión del mundo y a una nueva misión en su vida, tal vez siguiendo una suerte de "inercia social", tal vez obedeciendo cualquier otra motivación "x", no reniega ni cuestiona lo que cae de la cúpula ideológica de la corriente. De esta forma, lograsé lo que yo llamo la ideologización de la personalidad, una instancia en la que la personalidad e intelectualidad del sujeto se corresponde completamente con lo relativo a o lo perteneciente a un conjunto de ideas.
Recapitulando, podemos decir que siempre hubo una tendencia a categorizar. A esto, hay que sumar la proliferación de algunos movimientos sociales poderosamente magnéticos, los cuales aplican una lógica dualista de división social (la típica de "amigo/enemigo"

. Esta lógica logra una adhesión de una gran cantidad de gente con un mínimo grado de simpatía al movimiento previamente nombrado. Al haber sido esta adhesión tan abrupta, muchas personas terminan de formar su opinión acerca del movimiento en el seno del propio movimiento. Esto lleva a los flamantes adhirientes a organizar sus pensamientos, comportamientos, modismos varios, entre otros aspectos en favor del movimiento al que ahora pasaron a formar parte. El conjunto de ideas es ahora la personalidad del sujeto. No habrá un solo aspecto de su vida, un solo atisbo de su comportamiento que no se relacione con lo relativo al movimiento al que acaba de entrar. Se ha llevado a cabo la "ideologización de su personalidad".