Para destruir el poderío naval estadounidense que representaba una amenaza para los intereses expansionistas japoneses, a los que Estados Unidos habían puesto continuas trabas en forma de embargos comerciales. El 26 de noviembre (once días antes del ataque), Estados Unidos había entregado a Japón un ultimátum que exigía la retirada de todas las tropas de China e Indochina y la anulación de su tratado tripartito con Alemania e Italia.
Por otra parte, tampoco se puede hablar de ataque <<por sorpresa>> tal como lo demuestra el texto que Frank Knox, secretario norteamericano de estado para la Marina, envió el 27 de noviembre a sus subordinados: <<Este telegrama debe considerarse un aviso de guerra. Las negociaciones con el Japón para estabilizar la situación en el Pacífico han cesado; hay que prepararse para una agresión japonesa en los próximos días>>.