Aburrida, dilatando una semana más mi decisión de suicidarme, a ver si el tabaco hace de las suyas de una vez por todas, se me ocurrió traducir este texto escrito por el ex-bajista (y el mejor que escuché a mi gusto) de Interpol. En él Carlos Dengler reflexiona sobre los inicios de la banda y el proceso creativo que desembocó en un disco que mejor expresa el nuevo paradigma de la escena musical en el siglo XXI.
Turn on the Bright Lights no es más que el producto maduro y estructurado, con un formato muy fino y elegante, de todos los proceso revolucionarios de las décadas de los 80's y los 90's.
Sólo quiero que sepan que, mientras hacía esta traducción, estuve tomando café robusta importado de Nicaragua y fumando Particulares 30, todo comprado con dinero de sus impuestos. God Bless the Conicet
Mais, il faut qu'on commence!
Nota de la traductora: la traducción no es mala, Carlos D es de abusar de los adjetivos rebuscados y los adverbios innecesarios.
Carlos D
HISTORIAS DE EXCESO
Hay un momento en Rumours, (la genial obra maestra de Fleetwood Mac, tan fácil de escuchar y que vendió cuarenta millones de copias en todo el mundo ) en el que en cuestión de segundos una brillante y simple canción de soft rock vira hacia un territorio extraño y desconocido. Alrededor del tercer minuto en "The Chain" las cosas parecen estar llegando a su fin. Pero entonces, súbitamente, el ominoso, "post-punky", fraseo de diez notas de un bajo irrumpe violentamente desde el abismo, adentrándose en el asalto de una lúgubre harmonía vocal y en el ostinato crepitante de una guitarra. Si escucho atentamente, incluso puedo oír a The Cure circa Seventeen Seconds.
Aquel melancólico momento existencial -fácilmente el más oscuro de un álbum, por lo demás rigurosamente alegre- cataputal a Rumours fuera de su periodo, la era "Carter"; desde el ambiente del "megarock" hasta el status de clásico. (Una banda folk de los 70', capaz de apelar a tu "punk de cada día", es una banda que ha trascendido los géneros). Ocurre justo en el medio de la lista de temas del disco, un oscuro agujero negro alrededor del cual el resto del álbum se revuelve. El hecho que "The Chain" sea la única canción que acredita a todos los miembros como compositores no parece ser una coincidencia; pareciera que toda la banda se juntó para un momento decisivo.
La infamia destructiva es casi siempre el contrapunto lógico del ascenso de una banda a la fama mundial, y para Fleetwood Mac Rumours fue el inicio de un fin que se mostraba como inevitable. Sus historias, como muchas otras, terminan en clínicas y separaciones (aunque por suerte sin suicidios ni demandas legales). Incluso sin las drogas, había suficiente drama tóxico como para filmar un largometraje documental : divorcios (los McVie), separaciones (Stevie Nicks y Lindsey Buckingham), y ligues intragrupales (Nicks y el Fleetwood mismo). Era todo una gran ópera de jabón, un nuevo giro en las historias usuales de drogas y sexo "groupie".
¿Cómo hizo esta gente para salir de sus camas, mas todavía para componer uno de los álbumes más grande de todos los tiempos? No puedo hablar por sus rituales matutinos, pero de acuerdo con la sabiduría común del proceso de grabación, todo ese conflicto proveniente de la ópera de jabón de alguna manera se infiltraba en la composición, casi como sexo de reconciliación. Las sesiones de grabación se enriquecían de la tensión interpersonal de la banda; el estudio como una operación de minería profunda. Con suficiente energía, habría diamantes de potencial en bruto para ser encontrados. Es una explicación persuasiva, pero hasta el día de hoy me maravillo ante tal hazaña.
Aquí hay un nivel de perversidad que debiera sentirse alienante. No deberíamos tolerar excesos o irresponsabilidad por parte de nuestros pilotos de aerolíneas ni de nuestros enfermeros, pero las reglas siempre han sido distintas para la música rock. En todo caso, siguiendo con la línea de la sabiduría, la locura ayuda con la composición (y promueve las ventas). La efímera serie de televisión de HBO Vinyl es un ejemplo testimonial del fenómeno: Su materia de importancia no era tanto la ingeniosidad musical de los talentoso rockeros en el centro del espectáculo, como si lo eran los puteríos que ocurrían por fuera de los cuartos de ensayo. Mirá el comercial y verás un montón de semidioses tatuados y enjoyados logrando contratos épicos y estampándose contra el mobiliario. La controversia logra un drama más grande que la música en sí.
Esto no es, por supuesto, cómo la mayoría de la gente en realidad experimenta la música rock: oís riffs y frases de bajo, no líneas de merca. Para aquellos de nosotros que fuimos introducidos a la experiencia antes del surgimiento del MP3, el acto de poner un disco, especialmente durante las horas fantasmales de la noche, se sentía cargado, ceremonial, incluso eclesiástico. (Mis propias misas dominicales con The Cure incluían incienso). Estos ritos sofisticados no podían ser llevados a cabo sin música de calidad: Me envejezco diciendo esto, pero la era dorada del gran disco de rock, hoy una forma de arte muerta, reinó desde el primer álbum de Led Zeppelin hasta Desintegration de The Cure. Yo no los escuchaba por la controversia; con la música bastaba.
Pero las historias de exceso persisten por una razón; no sólo por HBO llenándole el culo de humo a sus consumidores. Como cofundador de la banda Interpol (toqué el bajo con la banda de 1998 a 2010), no puedo hacer otra cosa más que asentir, aunque de manera reticente, con aquellos que prefieren inflar el mito de la música rock y la mística por sobre la composición de canciones. Juzgando desde mi propia experiencia, pareciera ser que Rumours funcionó tan bien de la manera en que lo hizo, precisamente, a causa de todo el insano menjunje de drogas y sexo que acompañó la producción del disco.
La parte segunda la subiré hoy o mañana.
Turn on the Bright Lights no es más que el producto maduro y estructurado, con un formato muy fino y elegante, de todos los proceso revolucionarios de las décadas de los 80's y los 90's.
Sólo quiero que sepan que, mientras hacía esta traducción, estuve tomando café robusta importado de Nicaragua y fumando Particulares 30, todo comprado con dinero de sus impuestos. God Bless the Conicet
Mais, il faut qu'on commence!
Nota de la traductora: la traducción no es mala, Carlos D es de abusar de los adjetivos rebuscados y los adverbios innecesarios.
Carlos D
HISTORIAS DE EXCESO
Hay un momento en Rumours, (la genial obra maestra de Fleetwood Mac, tan fácil de escuchar y que vendió cuarenta millones de copias en todo el mundo ) en el que en cuestión de segundos una brillante y simple canción de soft rock vira hacia un territorio extraño y desconocido. Alrededor del tercer minuto en "The Chain" las cosas parecen estar llegando a su fin. Pero entonces, súbitamente, el ominoso, "post-punky", fraseo de diez notas de un bajo irrumpe violentamente desde el abismo, adentrándose en el asalto de una lúgubre harmonía vocal y en el ostinato crepitante de una guitarra. Si escucho atentamente, incluso puedo oír a The Cure circa Seventeen Seconds.
Aquel melancólico momento existencial -fácilmente el más oscuro de un álbum, por lo demás rigurosamente alegre- cataputal a Rumours fuera de su periodo, la era "Carter"; desde el ambiente del "megarock" hasta el status de clásico. (Una banda folk de los 70', capaz de apelar a tu "punk de cada día", es una banda que ha trascendido los géneros). Ocurre justo en el medio de la lista de temas del disco, un oscuro agujero negro alrededor del cual el resto del álbum se revuelve. El hecho que "The Chain" sea la única canción que acredita a todos los miembros como compositores no parece ser una coincidencia; pareciera que toda la banda se juntó para un momento decisivo.
La infamia destructiva es casi siempre el contrapunto lógico del ascenso de una banda a la fama mundial, y para Fleetwood Mac Rumours fue el inicio de un fin que se mostraba como inevitable. Sus historias, como muchas otras, terminan en clínicas y separaciones (aunque por suerte sin suicidios ni demandas legales). Incluso sin las drogas, había suficiente drama tóxico como para filmar un largometraje documental : divorcios (los McVie), separaciones (Stevie Nicks y Lindsey Buckingham), y ligues intragrupales (Nicks y el Fleetwood mismo). Era todo una gran ópera de jabón, un nuevo giro en las historias usuales de drogas y sexo "groupie".
¿Cómo hizo esta gente para salir de sus camas, mas todavía para componer uno de los álbumes más grande de todos los tiempos? No puedo hablar por sus rituales matutinos, pero de acuerdo con la sabiduría común del proceso de grabación, todo ese conflicto proveniente de la ópera de jabón de alguna manera se infiltraba en la composición, casi como sexo de reconciliación. Las sesiones de grabación se enriquecían de la tensión interpersonal de la banda; el estudio como una operación de minería profunda. Con suficiente energía, habría diamantes de potencial en bruto para ser encontrados. Es una explicación persuasiva, pero hasta el día de hoy me maravillo ante tal hazaña.
Aquí hay un nivel de perversidad que debiera sentirse alienante. No deberíamos tolerar excesos o irresponsabilidad por parte de nuestros pilotos de aerolíneas ni de nuestros enfermeros, pero las reglas siempre han sido distintas para la música rock. En todo caso, siguiendo con la línea de la sabiduría, la locura ayuda con la composición (y promueve las ventas). La efímera serie de televisión de HBO Vinyl es un ejemplo testimonial del fenómeno: Su materia de importancia no era tanto la ingeniosidad musical de los talentoso rockeros en el centro del espectáculo, como si lo eran los puteríos que ocurrían por fuera de los cuartos de ensayo. Mirá el comercial y verás un montón de semidioses tatuados y enjoyados logrando contratos épicos y estampándose contra el mobiliario. La controversia logra un drama más grande que la música en sí.
Esto no es, por supuesto, cómo la mayoría de la gente en realidad experimenta la música rock: oís riffs y frases de bajo, no líneas de merca. Para aquellos de nosotros que fuimos introducidos a la experiencia antes del surgimiento del MP3, el acto de poner un disco, especialmente durante las horas fantasmales de la noche, se sentía cargado, ceremonial, incluso eclesiástico. (Mis propias misas dominicales con The Cure incluían incienso). Estos ritos sofisticados no podían ser llevados a cabo sin música de calidad: Me envejezco diciendo esto, pero la era dorada del gran disco de rock, hoy una forma de arte muerta, reinó desde el primer álbum de Led Zeppelin hasta Desintegration de The Cure. Yo no los escuchaba por la controversia; con la música bastaba.
Pero las historias de exceso persisten por una razón; no sólo por HBO llenándole el culo de humo a sus consumidores. Como cofundador de la banda Interpol (toqué el bajo con la banda de 1998 a 2010), no puedo hacer otra cosa más que asentir, aunque de manera reticente, con aquellos que prefieren inflar el mito de la música rock y la mística por sobre la composición de canciones. Juzgando desde mi propia experiencia, pareciera ser que Rumours funcionó tan bien de la manera en que lo hizo, precisamente, a causa de todo el insano menjunje de drogas y sexo que acompañó la producción del disco.
La parte segunda la subiré hoy o mañana.