Parte 2: Sartre y A Puerta Cerrada
Al analizar la obra A Puerta Cerrada, de Jean-Paul Sartre, la lectura se hallará enriquecida si es tomada en cuenta la doctrina del Existencialismo, en palabras del propio Sartre, refiriéndose al momento de su escritura:
He querido decir: el infierno son los otros. Pero ́el infierno son los otros ́siempre ha sido mal comprendido. Se ha creído que yo quería decir con ello que nuestras relaciones con los otros estaban siempre envenenadas [...] Nos juzgamos con los medios que los otros tienen, que nos han dado para juzgarnos [...] Y hay mucha gente en el mundo que está en el infierno porque dependen demasiado del juicio ajeno.
El Existencialismo propone una ruptura con los cánones filosóficos de la antigua Grecia asentando, al contrario del Platonismo, que no existe esencia previa al acto de existencia. Un ejemplo de la aplicación del pensamiento existencialista puede ser la siguiente reflexión sobre los sentimientos: ¿Debería hacer tal cosa por X si le amo? El razonamiento existencialista dirá que, ya que la esencia no puede preceder a la existencia, es el acto quien construye la realidad del sentimiento, no que el sentimiento construye la realidad del acto. La esencia de un hombre es cuantificable únicamente a través de sus actos, en tanto que son estos quienes existen. El hombre no es más que su proyecto, él sólo existe en la medida en la que él se realiza, entonces él no es otra cosa que el conjunto de sus actos, no es otra cosa más que su vida.
Podemos afirmar que para el hombre no existe otra realidad que la que él ha construído, esta condición humana es quien lo inscribe al conjunto del resto de los individuos. Ésta es propuesta como realidad universal a todos los hombres, inmutablemente libres para elegir y responsables de sus actos. Por el contrario, aunque pudiera parecerlo a priori, este precepto no aísla a los individuos sino que, por medio de esta subjetividad, los interrelaciona a los unos y a los otros. El hombre se define por sus actos, pero la regla para medirlos es el otro, es imposible comprenderse sin el otro; los valores que cada uno toma como propios, donde cada uno fija su moral, es el punto cero desde el cual se miden las acciones, propias y ajenas, y de allí se valorarán negativas o positivas, una manera cartesiana si se quiere. Este punto cero varía de hombre a hombre, y al mismo tiempo es reubicable según la interacción con los otros, de ahí que Sartre defienda al Existencialismo como una forma de Humanismo, y que sólo pueda reconocer la subjetividad del hombre como cimiento para la construcción de éste.
A Puerta Cerrada nos presenta con tres personajes principales: Garcin, Inés y Estelle. La acción se desarrolla en una “habitación de hotel” ubicada en el infierno, cada personaje se halla allí por las acciones que han cometido durante su vida. Lo llamativo y que es de importancia es que todavía pueden parcialmente ser perceptivos de cosas que suceden en la Tierra.
En el caso de Garcin, al principio, pareciera que su pecado ha sido el de torturar a su mujer.
Garcin: Durante cinco años. Por supuesto, todavía sufre [...] Yo volvía borracho como un cerdo, oliendo a vino y a mujer. Ella me esperaba toda la noche; no lloraba. No lamento nada. Pagaré, pero no lamento nada. Escena V, página 46. A Puerta Cerrada, Editorial Losada.
Pero más adelante observaremos que lo que Garcin reconoce, a través de la interacción con Estelle e Inés, como su pecado no es el haber sido un mal esposo sino el haber huído de la persecución política a la cual estaba sometido. Hacia el final de la obra Estelle está dispuesta a entregar su cariño y aprobación a Garcin mientras que Inés sólo expresa rechazos hacia él.
Garcin: ¿Iba yo a entrar en el despacho del general para decirle: “Mi general, yo soy”? ¡Qué tontería! Me habría metido en chirona. ¡Yo quería ser una prueba, una prueba! No quería que sofocaran mi voz. (A Estelle.) Tomé... tomé el tren. Me pescaron en la frontera.
Garcin: A ti es a quien debo convencer: eres de mi raza. ¿Te imaginabas que me iría? No podía dejarte aquí, triunfante, con todos esos pensamientos en la cabeza; todos esos pensamientos que me conciernen. Página 75.
Podemos ver que Garcin reconoce en Inés a alguien con su misma condición, sintiendo que sólo por medio de su aprobación podrá purgar su pecado. Aquí podemos definir “los otros” de la frase el infierno son los otros; los personajes están a merced del juicio ajeno sobre sus acciones, independientemente de lo que arguyan o busquen sentir sobre su propio juicio. Es sólo a través del
desarrollo de la obra, en las etapas últimas, que lo que realmente atormenta a Garcin es el haber sido
“cobarde”. Y es por esto que busca desesperadamente la aprobación de Inés en aquel pequeño cosmos de tres canapés, una estatua de bronce y un cortapapel, mientras Inés reconozca su acto
como cobarde él no podrá evitar reflejar su pensamiento en el de ella.
Me gustaría haberme explayado más hacia el análisis de los otros personajes y sus historias, pero teniendo en vista que este texto es concerniente al a relación entre el Existencialismo y A Puerta Cerrada, concentrarse en el caso de Garcin para desenvolver mejor la teoría pareció lo más apropiado, pero cabe todavía lugar para desarrollar la noción del “infierno” en la frase el infierno son los otros. Como bien se dijo más arriba, los personajes continúan teniendo percepciones de la Tierra hasta un momento determinado, en el caso de Estelle la última “transmisión” es de un baile entre su joven pretendiente, Pierre, y una mujer de la cual ellos se mofaban.
Olga: Lo daría todo en el mundo para volver a la tierra un instante [...] Ya no oigo muy bien. Han apagado las lámparas como para un tango [...] ¡Qué lejos está! Ya... Ya no oigno absolutamente nada [...] Nunca más. La Tierra me ha abandonado. Página 60.
Sartre dice: Lo que yo he querido indicar precisamente es que mucha gente está atrapada en una serie de hábitos, de costumbres, y que sufren juicios sobre estos, pero que igualmente no buscan cambiarlos [...] He querido mostrar por medio del absurdo la importancia que reside en nuestra libertad, es decir: la importancia de cambiar los actos por medio de otros actos. Podemos concluir que para Sartre el infierno es la incapacidad de ejercer la libertad, la impotencia de cambiar nuestros actos, mientras somos víctimas del juicio ajeno.