os homínidos (Hominidae) son una familia de primates hominoideos, que incluye al hombre y sus parientes cercanos, orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos

Amplitud de la familia

En la clasificación tradicional, la familia Hominidae estaba compuesta exclusivamente por primates bípedos (géneros Homo, Australopithecus, Paranthropus, etc.). Actualmente, según la taxonomía cladística cuyo uso se está imponiendo en primatología, los Hominidae incluyen además a los grandes simios (gorilas, chimpancés y orangutanes) anteriormente clasificados en la familia de los póngidos. En la mayor parte de los trabajos científicos actuales, los homínidos bípedos son ahora clasificados en la subtribu Hominina.
Por tanto existe una cierta confusión de términos:
Hominidae: castellanizado como homínidos, antes incluía sólo los primates bípedos y ahora también a los grandes simios.
Hominina: castellanizado como homininos, solo incluye a los Hominidae bípedos. Por tanto, este es el término más adecuado para designar a los seres humanos actuales y todos los fósiles de nuestra propia línea evolutiva, desde que se produjo la separación con la línea del chimpancé hace unos seis millones de años; así, todas las especies que caminaron de forma erguida reciben el nombre de homininos.
Estudios realizados con técnicas moleculares del ADN indican que los chimpancés, gorilas y humanos forman un clado, con los orangutanes un poco más separados filogenéticamente. Salvo por el orangután (nativo de Asia, específicamente Borneo y Sumatra), los actuales simios homínidos; humanos, chimpancés, gibones y gorilas son originarios de África (si bien en el caso del humano se extendió por todo el mundo). Sin embargo se han encontrado fósiles de homínidos en Europa y diversos lugares de Asia y África, procedentes del Mioceno (cerca de 20 millones de años antes del presente). No existen evidencias físicas de que haya ningún tipo de homínido nativo de América, y el único simio homínido que cruzó de Eurasia a América de forma natural fue el homo sapiens.
Excepto por humanos y gorilas, la mayoría de los homínidos son ágiles para trepar a los árboles y son omnívoros. Además conforman las más complejas redes sociales y tienen un comportamiento sexual elaborado que no necesariamente está sujeto a fines reproductivos, sino en muchos casos, por placer, algo que los diferencia de otras especies animales.
Morfología



Cráneos de un orangután y un gorila.
Los homínidos son los primates más grandes, con un peso que oscila de 48 kg a 270 kg. En general, los machos son mayores que las hembras, con cuerpos robustos y brazos bien desarrollados. Tienen numerosas diferencias con respecto al esqueleto de los otros primates, especialmente relacionadas con su porte vertical.
Se caracterizan por su adaptación a la postura y marcha erectas, acortamiento de las extremidades superiores y evolución de la mano hacia una mayor funcionalidad; la regular proporción en las dimensiones de sus dientes, yustapuestos sin diastemas, describiendo un arco parabólico corto, con premolares inferiores homomorfos, bicuspidado el primero; y, en fin, el incremento progresivo de la capacidad craneana y la complejidad del cerebro, alojado bajo una bóveda cada vez más elevada.
Todos los miembros de esta familia tienen cerebros relativamente grandes y complejos. Tienen las narinas próximas una de otra y orientadas hacia el frente y hacia abajo. La fórmula dental es la misma en todos los miembros de este grupo: 2/2, 1/1, 2/2, 3/3 = 32.
Los homínidos son omnívoros, pero la base de su alimentación suelen ser los vegetales. Otra característica es la complejidad de su comportamiento social, expresión facial y vocalización compleja. Todos construyen nidos o refugios y cuidan mucho a sus crías durante un largo período; las hembras tienen generalmente una cría en cada gestación.
Clasificación

Especies actuales


Diferencias entre pares de bases del ADN de los homínidos.


Árbol filogenético de los homínidos.
Las siete especies vivientes de grandes simios se clasifican en cuatro géneros. La siguiente clasificación es la más aceptada:1
Familia Hominidae: humanos y otros grandes simios; géneros y especies extintas excluidos.1
Subfamilia Ponginae
Género Pongo
Pongo pygmaeus - orangután de Borneo
Pongo pygmaeus pygmaeus
Pongo pygmaeus morio
Pongo pygmaeus wurmbii
Pongo abelii - orangután de Sumatra
Subfamilia Homininae
Tribu Gorillini
Género Gorilla
Gorilla gorilla
Gorilla gorilla gorilla
Gorilla gorilla diehli
Gorilla beringei
Gorilla beringei beringei
Gorilla beringei graueri
Tribu Hominini
Género Pan - chimpancés
Pan troglodytes - chimpancé común
Pan troglodytes troglodytes - chimpancé central
Pan troglodytes verus - chimpancé africano occidental
Pan troglodytes vellerosus - chimpancé de Nigeria
Pan troglodytes schweinfurthii - chimpancé oriental
Pan paniscus - bonobo
Género Homo
Homo sapiens - ser humano

Pongo pygmaeus



Pongo abelii



Gorilla gorilla



Gorilla beringei



Pan troglodytes



Pan paniscus



Homo sapiens

Especies extintas
Adicionalmente a las especies y subespecies anteriores, los arqueólogos, paleontologos, y antropólogos han descubierto numerosas especies de grandes simios extintas. La siguiente lista contiene algunos de los géneros de estos descubrimientos.
Subfamilia Ponginae (o Pongidae)
Gigantopithecus†
Sivapithecus†
Lufengpithecus†
Ankarapithecus†
Ouranopithecus†
Subfamilia Homininae (o Hominidae)
Homo – Antecesores directos del los humanos modernos
Homo habilis†
Homo rudolfensis†
Homo ergaster†
Homo georgicus†
Homo erectus†
Homo cepranensis†
Homo antecessor†
Homo heidelbergensis†
Homo rhodesiensis†
Homo neanderthalensis†
Homo sapiens
Homo sapiens idaltu†
Homo floresiensis†
Australopithecus†
Australopithecus anamensis†
Australopithecus afarensis†
Australopithecus garhi†
Australopithecus africanus†
Australopithecus bahrelghazali†
Paranthropus†
Paranthropus aethiopicus†
Paranthropus robustus†
Paranthropus boisei†
Ardipithecus† (status como homínino altamente discutible)
Ardipithecus kadabba†
Ardipithecus ramidus†
Oreopithecus†
Sahelanthropus†(estatus como homínido altamente discutible)
Orrorin†
Kenyanthropus†
Referencias

↑ a b Wilson, D. E. & Reeder, D. M. (editors). 2005. Mammal Species of the World. A Taxonomic and Geographic Reference (3rd ed).
Goodman, Morris, D. A. Tagle, D. H. A. Fitch, W. Bailey, J. Czelusniak, B. F. Koop, P. Benson, and J. L. Slightom. 1990: "Primate evolution at the DNA level and a classification of hominoids". Journal of Molecular Evolution 30: 260-266.
Bailey, W.J. 1993: "Hominoid trichotomy: a molecular overview"; Evolutionary Anthropology 2: 100-108.
Shoshani, Jeheskel; Colin P. Groves; Elwyn L. Simons and Gregg F. Gunnell 1996:
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Ruvolo, Maryellen 1997: "Genetic diversity in hominoid primates"; Annual Review of Anthropology 26: 515-540.
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La evolución del ser humano





La Era de los mamíferos

Se calcula que hace 180 millones de años, cuando aún dominaban los reptiles el planeta, aparecieron los primeros mamíferos sobre la Tierra. La multitud de especies de mamíferos que comenzaron a desarrollarse a partir de entonces eran muy diferentes a las que actualmente conocemos y muchas de ellas han desaparecido por completo.

Las cerca de 5 mil especies de mamíferos conocidos en la actualidad se agrupan en órdenes, como son: cetáceos, carnívos, marsupiales, roedores, desdentados, entre otros. De los distintos órdenes, los seres humanos, así como sus ancestros más lejanos, pertenecen al de los primates.

Los primates

Para losel punto de inicio de la historia de la humanidad empezó con la aparición de los primates, hace unos 65 millones de años. Los primeros de ellos eran unos pequeños seres que empezaron a vivir en los árboles en lugar de permanecer en el suelo, como la mayoría de los mamíferos. Entre las especies que pertenecen a los primates están, además del ser humano, los simios, monos y musarañas. Durante su desarrollo evolutivo, estos primates se hicieron de ciertos rasgos especiales: buena visión, manos con las que se pueden sujetar firmemente objetos y un cerebro relativamente grande.

Por pertenecer a la misma familia, las diferentes especies de primates, en especial monos y simios, guardan similitud con el ser humano. Según algunos estudiosos, el último ancestro común entre el ser humano y el chimpancé, nuestro primo más cercano, existió hace 6 ó 7 millones de años. Después de esta separación apareció el primer , el llamado Australopithecus, que posteriormente dio lugar al Homo habilis, el primer especímen del género Homo, al que pertenecemos los seres humanos modernos.

Los cambios en la biología de los primates que desembocaron en los primeros homínidos se dieron en África: en el Este y en el Sur. El cañon de Olduvai, en Tanzania, el noreste de Africa, es uno de los lugares donde se han encontrado los fósiles más antiguos que aportan datos sobre la historia evolutiva del ser humano.

Homínidos

Los límites que señalen el comienzo y el final de los distintos homínidos no son exactos, se calcula que aparecieron hace 4.5 millones de años y se extinguieron hace unos 2 millones de años. Durante mucho tiempo debieron coexistir diferentes tipos, y el final de una especie se entremezcló con las generaciones de otra en el transcurso de miles de años.

Los científicos distinguen entre varias especies de homínidos. Todos ellos comparten algunas características básicas:

Pueden mantenerse erguidos y caminar en dos pies
Tienen un cerebro relativamente grande en relación con el de los monos
Su mano tiene un dedo pulgar desarrollado que les permite manipular objetos.

Australopithecus

El Australopithecus es el homínido más antiguo que se conoce. Australopithecus quiere decir "simio sudafricano" y se estima su antigüedad hasta en 4 millones de años.

En 1925, el paleontólogo Raymond Dart descubrió el cráneo de un Australopithecus en Taung, al sur de África. El descubrimiento de este fósil, ancestro del ser humano e íntimamente relacionado con el mono, provocó polémica porque se encontró en África y hasta entonces se había fundado el origen del ser humano en Europa. En lugares cercanos a este descubrimiento se encontraron otras especies de Australopithecus (afarensis, africanus, robustus, boisei), que confirmaron el origen del hombre en África.

Sus restos demostraron que estos homínidos medían más de un metro de estatura y que sus caderas, piernas y pies se aparecían más a los de los seres humanos que a los de los simios. El cerebro se asemejaba al de estos animales y tenía un tamaño similar al del gorila. La mandíbula era grande y el mentón hundido. Caminaban erguidos y podían correr, a diferencia de los simios. Sus largos brazos acababan en manos propiamente dichas, con las yemas de los dedos planas, como las de los seres humanos. Se cree que estos seres eran carnívoros, pues a su alrededor se han encontrado huesos y cráneos que habían sido machacados para extraer el tuétano y los sesos.

Quizá la especie más famosa de Australopithecus es la Australopithecus afarensis, gracias al descubrimiento, en 1974 en Hadar, Etiopía, de los restos de , una joven mujer de la que se encontraron 52 huesos de un esqueleto semicompleto, con una edad aproximada de 3.2 millones de años. Esta especie trepaba árboles pero también podía caminar en dos pies. Durante mucho tiempo se pensó en Lucy como la abuela de la humanidad. Sin embargo, esta especie pudo haberse extinguido sin que a partir de ella se continuaran las ramas de la evolución humana.

Un descubrimiento reciente: El Kenyanthropus platyops

El género Homo

La mayoría de los científicos aceptan que hay dos grandes grupos, o géneros, de homínidos en los últimos 4 millones de años. Uno de ellos es el género Homo, que apareció hace 2.5 millones de años y que incluye por lo menos tres especies: Homo habilis, Homo erectus, Homo sapiens. Uno de los grandes misterios de los estudiosos de la prehistoria es cuándo, cómo y dónde el género Homo remplazó a los Australopithecus.


Arbol genealógico que representa la posible evolución del hombre. Hace algún tiempo, el diagrama hubiera sido una línea recta, pero en la actualidad los especialistas piensan que la situación fue más compleja.
Homo habilis y Homo erectus

En zonas del este de África se encontraron restos de otros homínidos que existieron al mismo tiempo que los Australopithecus, lo que viene a demostrar que esta especie de homínidos no era la única sobre la Tierra hace dos o tres millones de años. Como los homínidos que se encontraron parecen mucho más "hombres", se les ha puesto el nombre de Homo. La primera especie del género Homo apareció hace 2.5 millones de años y se dispersó gradualmente por Africa, Europa y Asia.

En sus primeras manifestaciones se le conoce como Homo habilis, y tenía una capacidad craneana de 680 cm3 y su altura alcanzaba el metro y 55 cms. Era robusto, ágil, caminaba erguido y tenía desarrollada la capacidad prensil de sus manos. Sabía usar el fuego, pero no producirlo, y se protegía en cuevas. Vivía de recolectar semillas, raíces, frutos y ocasionalmente comía carne.

La especie que se desarrolló posteriormente a esta se denomina Homo erectus, hace 1.5 millones de años. La diferencia fundamental del Homo erectus y los homínidos que lo antecedieron radica en el tamaño, sobre todo del cerebro. Su cuerpo es la culminación de la evolución biológica de los homínidos: era más alto, más delgado, capaz de moverse rápidamente en dos pies, tenía el pulgar más separado de la mano y su capacidad craneana llegó a ser de 1250 cm3. También fabricó herramientas, como el hacha de mano de piedra, y aprendió a conservar el fuego, aunque no podía generarlo. Los científicos creen que esta especie se propagó hacia el Norte, por Europa (hasta Francia) y Asia, durante 4 000 años. Esta especie duró diez veces más tiempo de la que lleva sobre la tierra el ser humano moderno. Entre los Homo erectus que se han encontrado restos están el "Hombre de Java" (700 mil años) y el "Hombre de Pekín" (400 mil años).

Homo sapiens neanderthalis

Una o más subespecies del Homo erectus evolucionaron hasta llegar al Homo sapiens, un nuevo tipo físico. Los restos más antiguos del Homo sapiens tienen una edad entre 250 mil y 50 mil años. En sentido estricto se le denomina Homo sapiens neanderthalis: el hombre de Neanderthal. Recibe este nombre por el lugar dónde se encontró el primer cráneo que demostraba la existencia de su especie, en el valle de Neander, en Alemania.

Los hombres de Neanderthal tenían el cerebro de mayor tamaño y el cráneo distinto que del Homo erectus. Su mentón estaba hundido y su constitución era muy gruesa. Esta especie se encontró desde Europa occidental y Marruecos hasta China, pasando por Irak e Irán.

Los neanderthales estaban más capacitados y eran mentalmente más avanzados que ningún otro ser que hubiera habitado en la Tierra anteriormente. Esta especie humana vivió la última glaciación y se adaptó a ella construyendo hogares excavados en el suelo o en cavernas y manteniendo hogueras encendidas dentro de ellos. Los neanderthales que vivían en las zonas del norte de Europa fueron cazadores y se especializaron en atrapar a los grandes mamíferos árticos: el mamut y el rinoceronte lanudo, cuyos restos llevaban arrastrando hasta la entrada de sus cuevas, en donde los cortaban en pedazos.

Los hombres de Neanderthal se cubrían con pieles y disponían de mejores útiles de piedra que sus antepasados. Además realizaban una actividad novedosa: enterraban a sus muertos con gran esmero (p.e. en Asia se encontró un niño de Neanderthal enterrado entre un círculo de cuernos de animales). Los muertos no sólo eran enterrados cuidadosamente, sino que también el muerto era provisto de utensilios y comida. Es posible que los enterramientos y los vestigios de rituales en los que aparecen animales señalen los inicios de la religión. Tal vez creían ya en una especie de continuación de la vida después de la muerte.

El hombre de Neaderthal desapareció bruscamente, su lugar fue ocupado por los hombres modernos, hace unos 35 mil años.

Homo sapiens sapiens

Después del Neanderthal vino el Homo sapiens sapiens, que es la especie a la cual pertenecemos los seres humanos modernos. Se han encontrado restos de los primeros miembros de esta rama en el Cercano Oriente y los Balcanes, fechados entre el 50 mil y el 40 mil antes de Nuestra Era. Quizá avanzaron hacia el norte y occidente a medida que retrocedía el hielo. Estos seres humanos también cruzaron el estrecho de Bering, penetrando así en el continente americano y llegaron a Australia hace unos 25 mil años.

Los Homo sapiens sapiens se extendieron por la Tierra más que ninguno de los primates anteriores. Un grupo prehistórico de esta especie fueron los hombres de Cro-Magnon (32 mil años), llamados así por la cueva cercana a la aldea de Les Eyzies, Francia, donde fueron hallados sus restos óseos. Los cro-magnones vivieron la última glaciación y aunque su cerebro no era mayor que el del hombre de Neanderthal, le dieron nuevos usos pues, entre otras cosas, hicieron y mejoraron muchos instrumentos y armas. Los cro-magnones son también los artistas más antiguos. El hombre actual no difiere básicamente ni en capacidad cerebral, ni en postura, ni en otros rasgos físicos, del modelo que la evolución había logrado en el hombre de Cro-Magnon.

Para los biólogos, todos los seres humanos formamos parte de la misma especie (Homo sapiens sapiens) aunque hay distintas razas. Las líneas generales de distribución racial se iniciaron en la Prehistoria. Desde el punto de vista físico se pueden reconocer por lo menos cuatro categorías raciales fundamentales: negroide, caucasoide, mongoloide, australoide.

Lo que dio al hombre moderno su control sobre la Tierra no fue su físico, sino su capacidad de aprovechar y transmitir a sus descendientes la información cultural por medio de su inteligencia.

Un cerebro para sobrevivir




No se puede culpar a los creacionistas del siglo XIX por insistir en que los humanos fueron creados por Dios separadamente de los animales. Después de todo, entre nosotros y las otras especies animales existe la infranqueable brecha del lenguaje, del arte, de la religión, de la escritura y de las máquinas complejas. No hay que maravillarse, pues, de que a mucha gente la teoría de Darwin según la cual hemos evolucionado desde los grandes monos, les pareciera absurda.


Por supuesto, desde los tiempos de Darwin hasta ahora han sido descubiertos los huesos fosilizado s de centenares de criaturas intermedias entre los monos y el hombre: ahora ya no es posible, para una persona razonable, negar que lo que en un tiempo parecía absurdo es lo que realmente pasó, de una manera o de otra. En realidad, el descubrimiento de muchos "eslabones perdidos" no ha terminado de resolver el problema, sólo lo ha hecho mucho más fascinante. La pregunta es: ¿Cuándo y cómo adquirimos aquellas características exclusivamente humanas de las que hablábamos en el primer párrafo?

Sabemos que nuestra estirpe surgió en Africa, separándose del linaje de los gorilas y chimpancés en algún momento situado entre hace 6 y 10 millones de años. Durante la mayor parte de este tiempo no fuimos más que un glorioso puñado de monos.

Hace tan sólo 35.000 años la Europa Occidental estaba aún poblada de Neanderthal, seres primitivos para quienes el arte y el progreso prácticamente no existía. Y entonces se dio un violento cambio. En Europa apareció gente anatómicamente similar a la gente moderna, y junto con ellos apareció la escultura, los instrumentos musicales, las lámparas, el comercio y la innovación. En pocos miles de años más, ya no quedaban Neanderthal. Si es que realmente existió un momento preciso en el cual podamos decir que nos hicimos humanos, ese momento fue el de este Gran Salto Adelante, hace 35.000 años.



Representación de un Homo Sapiens de Neanderthal
A partir de entonces solamente necesitamos tres docenas de milenios -una fracción de tiempo trivial en una historia de 6 a 10 millones de años- para domesticar a los animales, desarrollar la metalurgia y la agricultura, inventar la escritura. Sólo un paso más nos separaba de aquellos monumentos de la civilización que nos distinguen de todos los demás animales, monumentos como La Gioconda y la Novena Sinfonía, la Torre Eiffel y el Sputnik, los hornos de Dachau y el bombardeo de Dresde.
¿Qué fue lo que ocurrió en ese mágico instante de la Evolución? ¿Qué fue lo que hizo posible el Gran Salto Adelante, y por qué fue tan brusco? ¿Qué fue lo que les pasó en ese momento a los Neanderthal, y qué fue de
ellos a partir de entonces? ¿Llegaron a conocerse los Neanderthal y los hombres modernos? Y si fue así, ¿cómo se comportaron los unos con los otros? Nosotros compartimos, ahora mismo, un 98 % de nuestros genes con los chimpancés. ¿Cuáles son, dentro del 2 % restante, esos genes tan importantes que tuvieron tan tremendas consecuencias?
Entender el Gran Salto Adelante no es sencillo; tampoco lo es escribir sobre ello. Las pruebas más inmediatas provienen de detalles técnicos en los huesos que se han preservado o en los instrumentos de piedra. Los informes de los antropólogos están llenos de expresiones horrorosas como "torus occipital transverso", "arco cigomático recesivo" y "cuchillos con mangos chatelperronianos". Lo que nosotros realmente queremos entender -la forma de vida de nuestros diversos antepasados y su forma de ser humanos- no se ha preservado directamente, sino que sólo puede interpretarse a partir de aquellos detalles técnicos. Muchas de esas huellas se han perdido, y los antropólogos con frecuencia están en desacuerdo acerca del significado de las que se han conservado hasta nuestros tiempos.




Para situarnos rápidamente en escena, recordemos que la vida se originó en la Tierra hace miles de millones de años, que los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones, y que hace entre 6 y 10 millones de años nuestros antepasados y los antepasados de los chimpancés y gorilas tomaron caminos diferentes. Todos ellos siguieron viviendo en África durante millones de años.



En un principio, nuestros antepasados hubieran podido ser clasificados meramente como una más entre las especies de grandes monos, pero una secuencia de tres cambios los lanzó en la dirección de los humanos modernos.

A.- El primero de estos cambios ocurrió hace alrededor de 4 millones de años: la estructura de los fósiles de huesos largos de las extremidades demuestra que, a diferencia de los gorilas y chimpancés, aquellos seres camonaban habitualmente erguidos en dos patas. Esa posición erecta liberó sus brazos y les permitió usarlos para hacer otras cosas, de las cuales la construcción de herramientas demostró la larga ser la más importante.

B.- El segundo de esos grandes cambios ocurrió hace alrededor de 3 millones de años, cuando nuestros antepasados se dividieron en dos ramas.

En una rama estaba un hombre-mono con un sólido cráneo y unas muelas muy grandes, que probablemente se alimentaba exclusivamente con comida de origen vegetal: se lo conoce como Australopithecus robustus, es decir "el robusto gran mono del Sur".
En la otra rama estaba un hombre-mono con un cráneo un poco más delicadamente construido y con dientes más pequeños, que muy probablemente tenía una dieta omnívora: era el Australopithecus africanus (el gran mono sureño de Africa".
Es posible que nuestro linaje haya sufrido una división así de radical al menos una vez más, en la época del Gran Salto Adelante. Pero no nos adelantemos.

Hay bastante desacuerdo entre los científicos acerca de qué ocurrió en el siguiente millón de años, pero la hipótesis que yo encuentro más convincente es la de que el A. africanus evolucionó hacia un ser con mayor tamaño cerebral, al que ahora llamamos Homo habilis, que en latín quiere decir "el hombre habilidoso". Para complicar más las cosas, entre los huesos fósiles generalmente atribuidos al H. habilis hay a veces tantas diferencias, sobre todo en cuanto a tamaño del cráneo y de los dientes, que posiblemente haya habido otra bifurcación histórica en nuestro linaje, que llevó por un lado al H. habilis propiamente dicho y por el otro a un misterioso "Tercer Hombre". Así, pues, hace aproximadamente 2 millones de años había al menos dos y quizás tres especies protohumanas distintas.

C.- Pero habíamos dicho que eran tres los grandes cambios que empezaron a hacer a nuestros antepasados más humanos y menos monos: el tercero de esos cambios fue el inicio del uso habitual de herramientas de piedra.
Hace alrededor de 2,5 millones de años empezaron a aparecer grandes cantidades de toscas herramientas de
piedra en diversas áreas de Africa Oriental ocupadas por protohumanos.



Ahora bien, puesto que existían dos o tres especies de protohumanos ¿cuál de ellas fue la que construyó esos instrumentos? Muy probablemente la o las de cráneo más liviano, puesto que ambos -los cráneos menos bastos y las herramientas- persistieron y evolucionaron.
(Existe, sin embargo, la inquietante posibilidad de que al menos algunos de nuestros robustos parientes también supieran fabricar herramientas, tal como sugiere el análisis anatómico de huesos de la mano encontrados en la cueva Swartkrans, en Sudáfrica.)





La evolución de los cráneos sigue de cerca la evolución del hombre y de sus antepasados. De izquierda a derecha: Australopithecus; Homo habilis, Homo sapiens (Neanderthal) y Homo sapiens (CroMagnon). Sin embargo, la capacidad craneana y el desarrollo cerebral no bastaron para explicar "el gran salto". El surgimiento del Cro-Magnon parece haberse debido a una mutación que sólo afectó su capacidad de hablar.
Puesto que sólo una especie humana ha sobrevivido hasta hoy, siendo que había dos o tres hace unos pocos millones de años, eso significa que una o dos especies debieron extinguirse. ¿Cuál fue la especie que logró sobrevivir y convertirse en nuestra antecesora, cuálew desaparecieron, y cuándo ocurrió la catástrofe.

El ganador fue aquel hombre-mono de cráneo comparativamente delicado y ligero, el Homo habilis, quien siguió adelante aumentando tanto el tamaño de su cerebro como el de su cuerpo.
El homo habilis había ganado, quizá incosncientemente la carrera de la evolución. Pero hace alrededor de 1,7 millones de años las diferencias acumuladas ya eran tan grandes que a los nuevos ejemplares los antropólogos los consideraron como una nueva especie, a la que llamaron Homo erectus, es decir "el hombre que camina erguido". Esta denominación es un tan to equívoca, porque hace pensar que justo entonces el hombre se irguió sobre sus piernas;lo que pasa es que los fósiles de H. erectus fueron descubiertos antes que todos los demás, y los antropólogos no podían saber que el erectus no era el primer protohumano erguido. En cuanto a nuestro primo el A. robustus, se extinguió por completo hace 1,2 millones de años, y el misterioso Tercer Hombre -si es que existió- debe haber desaparecido más o menos por la misma época.






En cuanto a la pregunta de por qué H. erectus sobrevivió y en cambio A. robustus no, sólo podemos arriesgar especulaciones, no lo sabemos con entera certeza. Una posibilidad es que entre ellos no había competencia posible: H. erectus comía tanto carne como vegetales, y su cerebro más grande le permitía poner más ingenio en la búsqueda de esa comida vegetal de la cual el A. robustus dependía por completo. También es posible que, además de dejarlo sin comida, el erectus ayudara al robustus a rodar hacia la extinción por el sencillo expediente de matarlo para comérselo.
Esta enorme conmoción dejó al erectus como el único actor protohumano en el gran teatro africano, un escenario en el cual nuestros parientes vivientes más cercanos (gorilas y chimpancés) aún siguen confinados. Pero hace alrededor de un millón de años el H. erectus comenzó a expandir sus horizontes: sus huesos y sus herramientas de piedra muestran que llegó a Cercano Oriente, luego a Lejano Oriente (donde está representado por los famosos fósiles conocidos como hombre de Pekín y hombre de Java), en algún momento a Europa. Siguió evolucionando en nuestra dirección: su cerebro era cada vez más grande y su cráneo cada vez más redondeado.


Hace alrededor de 500.000 años esos seres ya eran tan parecidos a nosotros y tan diferentes de los anteriores erectus, que los antropólogos comienzan a considerarlos una especie diferente... La nuestra. Les llaman Homo sapiens "<el hombre sabio", si bien todavía tenían algunas diferencias anatómicas con nosotros, como los cráneos más gruesos y los arcos superciliares (esos rebordes óseos que se palpan por debajo de las cejas) mucho más prominentes que hoy día.
¿Fue nuestro meteórico ascenso al nivel de sapiens, hace medio millón de años, el brillante clímax de la historia de la Tierra, el glorioso momento en que el arte y la tecnología más sofisticada finalmente estallaron en nuestro hasta entonces aburrido planeta? De ningún modo: la aparición del H. sapiens fue un suceso sin pena ni gloria. El Gran Salto Adelante, tal como lo proclamarían en el futuro las pinturas rupestres, las primeras viviendas y los arcos y flechas, aún debió esperar centenares de miles de años. Las herramientas de piedra siguieron siendo casi tan bastas como las que el H. erectus había estado usando durante un millón de años, y el aumento del tamaño de su cerebro no tuvo de momento ningún efecto dramático sobre su modo de vida. Ese largo vagabundear del erectus y de los primeros sapiens fuera de su Africa natal fue un período de cambios culturales casi insignificantes.

¿Cómo era la vida durante el millón y medio de años que duró el emerger del erectus y luego del sapiens? Las únicas herramientas de esta época que se han conservado hasta nuestros tiempos son implementos de piedra a los que, caritativamente, podría calificarse de muy bastos. Las primeras herramientas de piedra varían en su forma y tamaño, y los antropólogos han utilizado estas diferencias para clasificarlas y darles diferentes nombres, tales como "hacha de mano", "cuchillo" o "raspador". Pero estos nombres disimulan el hecho de que ninguna de esas herramientas mantenía una forma o un tamaño consistente que permitiera adjudicarles una función específica. Las marcas en esos instrumentos demuestran que eran usados para cortar carne, huesos, pieles, madera u otras partes de las plantas, y quizás un determinado instrumento fuera usado preferentemente para una tarea, pero considerando el conjunto, tal parece que casi cualquier herramienta de casi cualquier forma y tamaño era usada para casi cualquier tarea, de modo que las categorías de clasificación de los científicos apenas son una división arbitraria dentro de una colección continua de formas de piedra.

Las pruebas en sentido negativo también son significativas. Todas las herramientas de piedra primitivas estaban hechas para ser sostenidas directamente con la mano, y no muestran ningún signo de haber sido montadas sobre otros materiales para darles mayor comodidad, efectividad o aumentar su brazo de palanca, como sucede ahora cuando montamos la cabeza de acero de un hacha sobre un largo mango de madera. Tampoco se han encontrado en esta época restos de instrumentos de hueso, ni de cuerdas con las que se pudieron construir redes de pesca, ni de anzuelos.
¿Qué tipo de comida podían conseguir nuestros antepasados contando tan sólo con esas herramientas tan primitivas, y cómo se las arreglaban para obtenerla? Para contestar a estas preguntas, los textos de Antropología usualmente insertan un largo capítulo titulado "El hombre cazadon o cosa por el estilo, que se centra en un hecho comprobado: los babuinos, chimpancés y otros primates cazan pequeños vertebrados sólo de vez en cuando, pero en cambio las tribus actuales que parecen supervivientes directos de la Edad de Piedra -como los bosquimanos- se dedican habitualmente a la caza de grandes animales.




No hay dudas de que nuestros remotos antepasados también comían carne. La cuestión importante es cuánta carne comían realmente. ¿La habilidad para cazar grandes animales se fue desarrollando lentamente durante el último millón y medio de años, o fue sólo desde el Gran Salto Adelante -hace apenas 35.000 añosque esa carne pasó a formar una parte importante de nuestra dieta?

Los antropólogos habitualmente responden a esto diciendo que desde hace mucho tiempo hemos sido buenos cazadores de animales grandes, pero la verdad es que no tenemos ninguna prueba contundente de nuestras habilidades cazadoras hasta hace unos 100.000 años, y parece que aún entonces los humanos eran cazadores mediocres. De modo que parece razonable suponer que los cazadores anteriores a ellos eran aún menos efectivos y conseguían peores resultados. Aún así, la mística del Gran Abuelo Cazador está ahora tan arraigada en nosotros que se hace difícil abandonar nuestra antigua creencia en su trascendental importancia. Se supone que la caza de grandes animales fue lo que indujo a los machos protohumanos a cooperar unos con otros, a desarrollar el lenguaje y cerebros más grandes, a reunirse en pandillas y a compartir el alimento conseguido gracias al esfuerzo en común. Incluso las mujeres habrían sido moldeadas por la cacería: suprimieron los signos externos de ovulación mensual -tan conspicuos en las hembras de chimpancé- de modo de no empujar a los hombres a un frenesí de competencia sexual que arruinaría el sano espíritu de cooperación para la caza.

Pero los estudios de las actuales tribus cazadoras-recolectoras, que cuentan con armas mucho más efectivas que las del primitivo H. sapiens, demuestran que la mayor parte de las calorías que ingiere una familia proviene de los vegetales que recogen las mujeres. Los hombres atrapan ratas y otra caza menor por el estilo, que ellos no consideran digna de ser mencionada jamás en los heróicos relatos de campamento que cuentan en torno de las hogueras. Ocasionalmente consiguen algún animal grande, que contribuye significativamente a mejorar la cantidad de proteínas en la dieta. Pero sólo en el Artico, donde es muy difícil conseguir alimentos vegetales, la caza mayor constituye la principal fuente de alimentos. Y los humanos no llegaron al Artico hasta hace unos 30.000 años. Pero volviendo a nuestra historia, recordemos entonces que el H. sapiens se convierte en figura central de la escena hace medio millón de años, tanto en Africa como en Cercano Oriente, Lejano Oriente y Europa. Hace unos 100.000 años los humanos se habían establecido en al menos tres tipos de población distintos, que ocupaban diferentes partes del Viejo Mundo. Estos fueron los últimos humanos que podemos llamar realmente primitivos. Consideremos, entre ellos, aquellos cuya anatomía nos es mejor conocida, y que se han convertido en un símbolo de brutalidad: los Neanderthal.

¿Dónde y cuándo vivieron? Su nombre proviene del valle de Neander, en Alemania, donde se encontraron los primeros esqueletos (en alemán, thal significa "valle". Su área geográfica se extendía desde Europa Occidental, pasando por el Sur de la Rusia europea, hasta alcanzar el Uzbekistán, en el Asia Central, cerca de Afganistán. En cuanto a la fecha de su origen depende de cómo los definamos, pues algunos viejos cráneos muestran características que se anticipan a la forma Neanderthal hecha y derecha. Los más antiguos ejemplares indiscutiblemente Neanderthalianos son de hace 130.000 años, pero la mayor parte de los especímenes conocidos son de hace aproximadamente 74.000 años. Pero si su fecha de origen es un tanto arbitraria, en cambio su final es abrupto: el último de los Neanderthal murió hace unos 32.000 años.

Durante el tiempo en que florecieron los Neanderthal, Europa y Asia estaban en medio de la última glaciación (la cuarta, llamada de Würm) , así que los Neanderthal debieron ser gente bien adaptada al frío, aunque sólo hasta cierto punto: ellos no llegaron a cruzar, hacia el Norte, una frontera climática que unía el Sur de Gran Bretaña, el Norte de Alemania, la actual ciudad rusa de Kiev y el Mar Caspio.

La anatomía de la cabeza de los Neanderthal era tan peculiar que si ahora mismo apareciera uno de ellos vestido de traje y corbata por la calle, todos los demás H. sapiens nos daríamos la vuelta para mirarle, sorprendidos. Imagínese que una cara humana fuera de arcilla blanda, y entonces uno cogiera la parte inferior de la cara, desde el puente de la nariz hasta la mandíbula, y apretando los dedos, al mismo tiempo tirara hacia adelante: cuando la arcilla endureciera, sería aproximadamente el aspecto de un Neanderthal. Además sus cejas descansaban sobre prominentes protuberancias óseas, sus ojos estaban hundidos en cuencas profundas, y su frente era baja e inclinada, muy distinta de nuestra frente vertical. Su mandíbula inferior estaba inclinada hacia atrás, y no tenía mentón. A pesar de todos estos rasgos tan primitivos, el tamaño del cerebro del Neanderthal era ¡un 10 % más grande que el nuestro! Eso no significa que fuera más inteligente; obviamente no lo era.

Un dentista que hubiera examinado los dientes de un Neanderthal habría quedado tanto o más impresionado que alguien que se lo cruzara por la calle, camino de su oficina. En los Neanderthal adultos los incisivos estaban gastados en la superficie externa, de una forma que es imposible encontrar en los humanos actuales. Evidentemente esta manera de desgastar los dientes era la consecuencia de que usaba los dientes como herramientas, aunque no está claro cómo
lo hacía exactamente. Es posible que los usara habitualmente como tenazas. También es posible que mordisquearan las pieles duras de los animales para ablandar el cuero o que royeran la madera para tallarla y hacer sus toscos instrumentos.

Y si un Neanderthal en traje y corbata (o en vestido de noche) llamaría la atención, para qué hablar de uno (o una) en bañador (o bikini). Los Neanderthal eran mucho más musculosas, sobre todo en el cuello y los hombros, que el más fornido culturista de hoy día. También los huesos de sus extremidades, que debían sostener toda la fuerza de esas masas musculosas al contraerse, eran mucho más gruesos que los nuestros. Sus brazos y piernas nos habrían parecido demasiado gruesos y rechonchos, porque las partes inferiores de sus cuatro extremidades eran comparativamente más cortas que las nuestras. Hasta sus manos eran más fuertes; si nos hubieran estrechado la mano podrían habernos roto un hueso. Si bien su altura media era de 1,60 metros, pesaban en promedio unos 10 kilos más que un humano moderno de esa altura, y ese exceso de kilos no era grasa, sino huesos y músculos.

Hay otra posible diferencia anatómica que causa cierta intriga, si bien su realidad así como su interpretación son dudosos, pues las pruebas fósiles aún no permiten una respuesta definitiva. Pero el hecho es que el canal de parto de una mujer Neanderthal parece haber sido más ancho que el de una mujer moderna, lo que permitía que un bebé alcanzara más tamaño dentro del vientre de su madre antes de nacer. De ser así el embarazo de una Neanderthal puede que durara un año, en lugar de los actuales 9 meses.

Aparte de sus huesos fósiles, la mayor fuente de información acerca de los Neanderthal son los instrumentos de piedra que han dejado. Al igual que las herramientas de piedra de los humanos anteriores a ellos, las de los Neanderthal parecen haber sido piedras que se sostenían a mano, sin ningún tipo de empuñadura, y no eran de una forma bien definida según la función a cumplir; tampoco existían los instrumentos de hueso, ni se habían inventado el arco y las flechas.

Algunas de las herramientas de piedra fueron usadas para tallar otras herramientas en madera, de las que casi ninguna se ha conservado. Una notable excepción es una jabalina o lanza arrojadiza: de 2,40 metros de largo, encontrada clavada en las costillas de una especie de elefante que se extinguió hace mucho tiempo, en una excavación arqueológica realizada en Alemania.


A pesar de este afortunado hallazgo, es probable que los Neanderthal no fueran muy buenos en materia de caza mayor: incluso los contemporáneos africanos de los Neanderthal, pese a ser anatómicamente más modernos y evolucionados, eran cazadores más bien mediocres.

Si usted hace la prueba de preguntar a sus amigos con qué asocian la palabra Neanderthal, la mayoría le contestarán "hombre de las cavernas". Si bien es verdad de que la mayor parte de los restos fósiles de Neanderthal proviene de cuevas, esto seguramente se deba a que en las cuevas se conservaron mejor esos restos, pues los depósitos que quedaron al aire libre sufrieron mayor erosión y se destruyeron más rápidamente.

Es posible que construyeran algún tipo de refugios en otras partes, aparte de las cuevas, para defenderse del frío, pero debieron ser muy toscos y precarios: todo lo que queda de ellos son agujeros para postes y algunos montículos de piedra. Hay una larga lista de cosas típicas o representativas de los humanos modernos de las cuales los Neanderthal carecían. En primer lugar no dejaron nada que se pueda considerar inequívocamente como objeto de arte.

Deben haber usado algún tipo de vestimenta para protegerse del frío ambiente, pero esa ropa debió ser muy tosca, pues carecían de agujas y no hay pruebas de que supieran coser.


Parece demostrado que no construían embarcaciones; pues no existe ningún resto de asentamiento Neanderthal en las islas del Mediterráneo, ni tampoco en el Norte de Africa, pese a la corta distancia entre la Península Ibérica -donde los Neanderthal fueron numerosos- y la otra costa del Estrecho de Gibraltar. Tampoco hubo ningún tipo de tráfico de bienes: las herramientas de los Neanderthal están hechas siempre con piedras disponibles a pocos kilómetros del asentamiento.

Hoy en día damos por sentado que entre la gente que habita diferentes áreas deben existir ciertas diferencias culturales. Cada población humana moderna tiene su característico estilo de vivienda, sus implementos típicos y su propio arte. Si a usted le muestran un par de palillos para comer arroz, una botella de vino tinto espumoso y una cerbatana, y le piden que asocie cada objeto con uno de los siguientes tres lugares: China, Italia y la selva amazónica, seguramente no tendrá la menor dificultad en hacerla correctamente. Entre los Neanderthal no parece haber existido tal diversificación cultural, y sus herramientas siempre son las mismas, no importa dónde uno las encuentre. También damos por sentado que debe existir cierto progreso cultural. Nos parece obvio que los utensilios que se encuentren en una villa de la antigua Roma, en un castillo medieval y en un piso de Manhattan de 1989 deben ser diferentes. Y no hay que ir tan lejos: acostumbrados a las calculadoras electrónicas, mis hijos miran hoy con asombro la regla de cálculo que yo usaba en la década de 1950. Pero las herramientas de los Neanderthal de hace 100.000 y de hace 40.000 años son iguales. Para decirlo en pocas palabras, sus herramientas no mostraban ninguna variación ni en el tiempo ni en el espacio como para sugerir la más humana de las características: la innovación.



Los Neanderthal ya enterraban a sus muertos, pero no se sabe si tenían una verdadera religión, aunque los antropólogos suelen vincular ambos hechos



Lo que ahora consideramos vejez debe haber sido muy rara entre los Neanderthal. Sus esqueletos dejan muy a las claras que los adultos llegaban hasta la treintena de años y algunos a los cuarenta, pero que no superaban los 45. Piénsese en cómo sufriría la capacidad de nuestra sociedad para acumular y transmitir conocimientos e información si no supiéramos escribir y además nadie viviera más allá de los 45 años. A pesar de todos estos rasgos subhumanos, hay sin embargo tres cosas en las que los Neanderthal se mostraban realmente humanos. Ellos fueron los primeros que han dejado pruebas concluyentes de que usaban el fuego en forma regular, todos los días: prácticamente todas las cuevas de Neanderthal bien preservadas muestran algún rincón con cenizas y restos carbonizados que indican un lugar donde habitualmente se hacía fuego. Los Neanderthal también fueron los primeros hombres que enterraron regularmente a sus muertos, aunque si esto significa o no que tenían una religión es algo puramente especulativo. En tercer lugar, los Neanderthal cuidaban habitualmente a sus enfermos y a los más viejos. La mayor parte de los esqueletos de los Neanderthal más viejos muestran signos de severas minusvalías, tales como brazos paralizados, huesos rotos ya soldados, pero que los incapacitaban, mandíbulas a las que les faltaban dientes y artritis severas. Sólo el cuidado de los Neanderthal más jóvenes pudo haberles permitido a los más viejos sobrevivir hasta el punto de invalidez al que llegaron. Después de haber pasado revista a todo lo que les faltaba de humanidad a los Neanderthal, también es justo reconocerles todo esto a esas extrañas criaturas de la Edad de Hielo, humanas pero aún no cabalmente humanas.
¿Pertenecían los Neanderthal a la misma especie que nosotros? Eso depende de si, de haber tenido oportunidad, nosotros nos hubiéramos unido con una mujer o un hombre Neanderthal para tener hijos y para criarlos. A las novelas de ciencia-ficción les encanta imaginar este tipo de situaciones: "Un grupo de exploradores se topa, en un remoto valle escondido entre altas montañas, en lo más profundo del África Central, con una tribu de gente increíblemente primitiva, viviendo de la misma manera que nuestros antepasados de la Edad de Piedra lo hacían hace miles de años. ¿Puede considerárselos gente de nuestra misma especie?" Naturalmente, sólo hay una forma de averiguarlo, pero... ¿quién de entre los intrépidos exploradores -todos ellos varones, por supuesto- ha de prestarse a hacer la prueba? A estas alturas, una de las cavernícolas mascahuesos es descrita, con palabras llenas de un primitivo erotismo, como hermosa y sexy, así que podemos aceptar que el valiente explorador se halla frente a un verdadero dilema: ¿tendrá o no relaciones sexuales con ella?

Créase o no, algo parecido a este experimento realmente llegó a tener lugar. Ocurrió repetidamente hace alrededor de 36.000 años, hacia la época del Gran Salto Adelante. Pero tendrá usted que ser paciente y esperarse un poco más.



Recordemos que los Neanderthal de Europa y de Cercano Oriente eran sólo una de las tres clases de poblaciones, al menos, que ocupaban diversas áreas del Viejo Mundo hace unos 100.000 años. Los pocos fósiles que se han encontrado de esa época provenientes de Extremo Oriente bastan para mostrar que la gente de allíera diferente tanto de los Neanderthal como de nosotros, los humanos modernos, pero se han encontrado tan pocos esqueletos que no se ha podido describir a estos antiguos asiáticos con mucho detalle.

Los más caracterizados contemporáneos de los Neanderthal eran africanos, y algunos de ellos tenían un cráneo decididamente moderno. ¿Significa esto que fue en Africa, hace 100.000 años, donde dimos el Gran Salto Adelante? Aunque nos sorprenda, la respuesta es, una vez más, negativa. Las herramientas de piedra de esos africanos de aspecto tan moderno eran similares a las herramientas de los nada modernos Neanderthal, así que nos referiremos a ellos como "africanos del Paleolítico Medio". Aún carecían de instrumentos de hueso, de arcos y flechas, de arte y de diversidad cultural. A pesar de sus cuerpos modernos, aún les faltaba algo indispensable para dotarlos con una conducta moderna
Algunas cuevas de Sudáfrica ocupadas por humanos hace 100.000 años nos han proporcionado, por primera vez en la historia de la evolución humana, con una información detallada acerca de lo que la gente comía. Entre los huesos hallados en esas cuevas había muchos de foca y de pingüino, así como conchas de mariscos, tales como las lapas; los africanos del Paleolítico Medio fueron la primera gente de la que sabemos con seguridad que obtenía comida del mar. Sin embargo, las cuevas contienen muy pocos huesos de pescado o de aves voladoras, indudablemente porque esa gente aún carecía de anzuelos o de redes.

Entre los huesos de mamíferos los hay de varias especies de tamaño medio, especialmente de un antílope llamado eland (género Taurotragus). Los huesos de las cuevas son de elands de todas las edades, como si los humanos se las hubieran arreglado para atrapar a una manada entera y liquidar a todos sus componentes. Pero quizás el secreto de tanto éxito cazador consiste en que los elands no son nada desconfiados y es fácil reunirlos en manadas. Es probable que los cazadores de vez en cuando se las arreglaran para empujar a una manada entera hacia un barranco, arrinconándola: esto explicaría la distribución de edades en los huesos hallados en las cuevas, que se corresponde con la distribución de edades normal en una manada.

En cambio, con los animales más peligrosos, tales como búfalos, cerdos salvajes, elefantes y rinocerontes, la situación era muy distinta. Los huesos de búfalo son en su mayor parte de ejemplares muy jóvenes o muy viejos, y los de jabalí, elefantes o rinocerontes son escasísimos, todo lo cual viene a decir que si bien los africanos del Paleolítico Medio practicaban la caza mayor, no se los puede llamar aún grandes cazadores: evitaban todo lo posible las presas peligrosas, o bien se limitaban a meterse con las crías o con los ejemplares viejos y debilitados.

Esta elección no era cobardía sino prudencia: sus mejores armas aún eran las lanzas arrojadizas pues carecían de arcos y flechas, y andar provocando a un búfalo o a un rinoceronte adulto con una lanza es, que yo sepa, la manera más fácil de suicidarse. Así que, al igual que sucedió con otros hombres primitivos (y aún sucede hoy en día con los pueblos que todavía viven en el Paleolítico), supongo que estos cazadores vivían principalmente de las plantas que recogían y de la caza menor. Eran mucho más efectivos consiguiendo algo de carne que los babuinos u otros monos omnívoros pero aún no tenían la sabiduría ni la destreza que hoy tienen bosquimanos o pigmeos.

Así, pues, la escena que el mundo de los hombres presentaba hace entre 130.000 y 50.000 años era la siguiente: el Norte de Europa, Siberia, Australia y toda América estaban deshabitados. En el resto de Europa y en la parte occidental de Asia vivían los Neanderthal; en Africa había gente parecida anatómicamente a nosotros, y en Asia oriental gente distinta tanto a nosotros como a los Neanderthal, pero de los cuales sabemos poco pues casi no se han encontrado fósiles. Las tres poblaciones eran aún muy primitivas en lo que hace a sus herramientas, su conducta y su limitadísima capacidad de innovación. La escena estaba preparada para el Gran Salto Adelante, pero". ¿cuál de esas tres poblaciones habría de dar ese salto?

Las pruebas de un cambio abrupto -¡por fin!- son más evidentes en Francia y España, y muestran que ese cambio ocurrió cuando ya estaba finalizando la última glaciación, hace 35.000 años. Donde antes habían habido Neanderthal aparecieron entonces hombres que en el aspecto anatómico eran completamente modernos, y a los que suele llamarse Cromagnon, en homenaje al lugar de Francia donde encontraron por primera vez sus huesos.

Si algunos de estos caballeros o damas se pasearan, correctamente vestidos, por los Campos Elíseos, en nada se distinguirían de los demás habitantes de París. En cuanto a las herramientas de los Cromagnon, son tan impresionantes como sus esqueletos: tienen formas muy diversas, cada una adecuada a una función específica, algo como nunca antes se había visto en restos arqueológicos más antiguos. Esto sugiere que la anatomía moderna iba unida a una conducta innovadora también moderna.

Muchas de las herramientas aún eran de piedra, pero estaban hechas desprendiendo de un golpe una delgada laja de una piedra más grande, lo que permitía tener, a igualdad de peso, un instrumento 10 veces más afilado. Por primera vez aparecen utensilios de hueso y de cuero. También aparecen las primeras herramientas hechas de varias partes separadas unidas entre sí, tales como puntas de lanza atadas a varas de madera, o cabezas de hacha encajadas en mangos de madera.


Herramientas de hueso y piedra

Las herramientas se pueden clasificar ya en varias categorías cuya función es con frecuencia obvia, tales como agujas de coser, punzones para perforar cuero o morteros con sus pilones. Las primeras cuerdas, indispensables para tejer redes o armar lazos y trampas, explican la abundancia de huesos de conejo, comadreja y zorro en los asentamientos Cro-Magnon. Las cuerdas también sirven para atar arpones, y esto, junto con las redes y los anzuelos, explica la abundancia de restos de peces y aves voladoras en Sudáfrica en esa misma época. También aparecen armas más sofisticadas, aptas para matar grandes bestias peligrosas... manteniéndose a una razonable distancia: arpones con púas para evitar que el arma se desprenda, dardos, venablos cortos, y por fin arcos y flechas. Las cuevas de Sudáfrica aparecen llenas de huesos de presas tan difíciles como el cerdo salvaje y el búfalo, y en Europa rebosan de huesos de bisonte, reno, alce, caballo e íbex.

Son muchas las pruebas de que esa gente de fines de la última glaciación eran, ahora sí, grandes y eficaces cazadores de caza mayor. Vérselas con algunas de estas presas debe haber exigido métodos de cacería comunitarios, basados en un conocimiento minucioso de las costumbres y conducta de cada especie. Además, los asentamientos de Cro-Magnon son más numerosos que los de los Neanderthal o de los africanos del Paleolítico Medio, lo que indica que aquéllos tuvieron más éxito a la hora de conseguir comida.

Numerosas especies animales que habían sobrevivido a las anteriores glaciaciones se extinguieron a fines de la última, así que es posible pensar que no acabó con ellas el frío, sino la creciente habilidad cazadora del hombre. Entre las posibles especies de esa lista pueden incluirse, entre los animales europeos, el rinoceronte peludo y los ciervos gigantes; entre los africanos el búfalo gigante y el gran caballo del Cabo, y -una vez que las mejoras tecnológicas permitieron a los humanos ocupar nuevas regiones y continentes-, los mamuts de Norteamérica y los canguros gigantes de Australia.

A propósito de Australia, este continente fue ocupado por humanos hace alrededor de 50.000 años, lo que
implica que para entonces ya existían embarcaciones capaces de atravesar los 100 kilómetros que separan la costa australiana de las islas indonesias más cercanas.

La ocupación del Norte de Rusia y de Siberia, hace al menos 20,000 años, necesitó de muchos avances: ropa cosida -como lo evidencian las agujas con ojos encontradas, las parkas (anoraks de piel) representadas en las pinturas rupestres y ciertos ornamentos en las tumbas que parecen haber sido rudimentarias camisas y pantalones-, pieles abrigadas (se han hallado muchos esqueletos de zorro y de lobo a los que les falta la quijada, que era quitada antes de desollarlos y arrojada a una pila aparte), viviendas más apañadas (con suelos alisados y paredes sostenidas por huesos de mamut) y dotadas de un lugar especial para el fuego, y lámparas de grasa para iluminar las largas noches del Artico.

La ocupación de Siberia llevó a su vez, hace 11.000 años, a la ocupación de Norteamérica y luego de Sudamérica.
Mientras que los Neanderthal obtenían sus materias primas siempre a corta distancia de sus hogares, los Cro-Magnon y sus contemporáneos recorrían largas distancias por toda Europa, buscando materiales no sólo para sus herramientas, sino también para hacer "inútiles" adornos. Se han encontrado herramientas de obsidiana, jaspe y pedernal a centenares de kilómetros de donde se pueden encontrar estas piedras. El ámbar del Báltico llegó hasta el Sudeste de Europa, en tanto que conchas de mariscos del Mediterráneo se han hallado en regiones muy alejadas del mar, en el interior de España, Francia y Ucrania.


El evidente sentido estético reflejado en el tráfico de materiales de adorno de fines de la Edad de Hielo se vincula con ciertos logros que son los que más admiramos en los Cro-Magnon: los de su arte. Las pruebas más conocidas de ese arte son las pinturas rupestres de Lascaux y Altamira, con sus policromos dibujos de animales hoy extinguidos. Pero igualmente impresionantes son los bajorrelieves tallados, los collares y pendientes, las figuras de barro cocido, las esculturas llamadas genéricamente Venus)) por los antropólogos e historiadores del Arte y que representan mujeres de gran busto y enormes caderas y nalgas, los instrumentos musicales que iban desde flautas hasta una especie de castañuelas.

A diferencia de los Neanderthal, muy pocos de los cuales superaban los 40 años, algunos Cro-Magnon llegaban a los 60. Estos 20 años adicionales pueden haber significado una gran ventaja que contribuyó al éxito de esta gente, Estamos tan acostumbrados a obtener información del papel escrito, la radio o la televisión, que no nos damos cuenta del lugar tan importante que uno o dos viejos pueden tener en una tribu de gente analfabeta.
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