Cuando se dio "oficialmente" a conocer que en 1825 el zar Alejandro I, el mismo que se habia enfrentado en contra de Napoleón en la campaña de 1812, habia muerto de tifus.
Desde el primer momento se pensó que el Zar habia fingido su propia muerte para huir de las obligaciones como "autocrata de todas las Rusias".
El cadaver expuesto del Zar era totalmente irreconocible para todos los que lo vieron. Para alimentar más la leyenda pocos años después entró en escena el ermitaño Fiódor Kuzmich, también conocido como Fiódor de Tomsk. Este ermitaño y monje (starets mejor dicho, que es como un "jefe de monasterio" ), además de por su existencia ascética se hizo famoso por el refinamiento de sus modales, su gran formación política y por el conocimiento de datos que solo alguien muy cercano al gobierno podría conocer.
No solo eso, un funcionario del gobierno que estaba de paso por Tomks, Siberia, al ver a Fiodor Kuzmich, pudo notar por descuido de este ultimo y por relatos de los pobladores que Kuzmich hablaba perfectamente frances, idioma que manejaba a la perfeccion la nobleza rusa y cuyo aprendizaje era improbable que se diera para un simple monje de Siberia como Kuzmich.
Hubo incluso quién llegó a reconocerle, como un veterano soldado, que no conocía al ermitaño, y se arrodilla ante él cuando se lo cruza en un camino y le rinde honores de soberano, acción ante la cual Fiódor responde enojado diciéndole “Solo soy un vagabundo”. Fiódor falleció en 1864, canonizado en 1984, y gozó siempre de gran veneración por parte de la familia imperial, que incluso llegó a visitarle asiduamente en vida, hechos estos que alimentaron aún más la hipótesis de que este ermitaño se trataba realmente de Alejandro I.
40 años después de la muerte “oficial” de Alejandro I, su sobrino-nieto Alejandro III mandó abrir la tumba de su antepasado en San Petersburgo, quería con esta acción acallar los rumores sobre si Alejandro I había muerto o no, pero se quedó con un palmo de narices ya que la tumba la encontraron vacía. También se volvió a abrir la tumba en 1926, con evidentemente el mismo resultado y así sigue. Conclusión, que realmente no se sabe que ocurrió con Alejandro I, pero la creencia de que se tratara de Fiódor el ermitaño no es del todo descabellada.