Los cartoneros sacan un 5% del circuito de la basura
Actualmente en la provincia de Buenos Aires hay alrededor de seis mil cartoneros o cirujas, quienes todas las noches recorren las calles en busca de cartón, papel, y vidrio con la sola finalidad de obtener un beneficio económico para subsistir.
El problema de la basura es tu tema recurrente en todas las grandes urbes del
mundo. Generalmente, intentando dar respuesta a la demanda de la población, éstas
cuentan con un sistema formal de recolección y disposición de residuos.
Paralelamente, en especial en los “países del tercer mundo”, miles de personas recurren
a la recolección informal como forma de ganarse la vida. La actividad tiene distintos
nombres según el país.
En cada país, y dentro de cada uno de éste, en cada región, la actividad está configurada
de manera diferente, en función de los propios procesos históricos en relación
al manejo de residuos, a las políticas sociales y a las trayectorias de los distintos
actores presentes en la actividad. En la ciudad de Buenos Aires recibe el nombre de
cirujas o cartoneros.
Las transformaciones sociales ocurridas durante los noventa en Argentina y la
devaluación de la moneda nacional a comienzos de 2002, fueron procesos que contribuyeron
a la aparición masiva de cirujas por las calles de la ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, si bien desde entonces adquiere visibilidad, la actividad cuenta con una
prolongada historia que, como dice Schamber “ha coexistido, con diferentes niveles
de rechazo, reconocimiento e integración, con los distintos mecanismos empleados
por el estado para la disposición y eliminación de las basuras”
Algunas definiciones sobre el cirujeo
Se entiende por cirujeo/cartoneo la actividad de recolección de materiales de la
basura que pueden ser reciclados, ya sea a nivel industrial o doméstico. Además de la
recolección, la actividad está compuesta por muchas otras acciones como son la separación
y clasificación de algunos materiales, la limpieza de otros, el preparado de los
medios de trabajo, etc. Existen diferentes formas de vender lo recolectado. Muchos
de los productos que tienen valor de reciclado (como el cartón, papel, vidrio, metales,
plástico, telgopor, etc.) son vendidos a acopiadores. También se recolectan elementos
para uso personal (ropa, alimento) y otros que pueden ser vendidos o cambiados
(ropa, electrodomésticos, muebles, etc.). Generalmente, de la actividad participa
todo el grupo familiar. Muchas veces sale el grupo entero y se dividen tareas: los
chicos y madres piden alimentos, monedas y los hombres revisan bolsas. Otras veces,
sólo algunos de los integrantes salen a cirujear. Sin embargo, a la hora de la separación,
limpieza y venta, toda la familia presta su trabajo.
Existe una puja en torno al sentido del cirujeo. Durante el trabajo de campo,
notamos que las personas que realizan la actividad utilizan en su discurso el cirujear
o cartonear indefectiblemente pero muchos prefieren que se los reconozca como recuperadores
(término que ha impulsado el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
desde 2002), cartoneros, botelleros o carreros. Schamber (2006) da cuenta de los significados
con que se la ha asociado. En un diario porteño1 se relaciona a la palabra (y
la actividad) con la “vagancia” y con las personas en situación de calle. En este caso,
prosigue, se lo equipara al de “linyera”, “atorrante” o “croto”.
De la calle a la “Quemas”, la recolección formal
El camión pasaba por la calle Lacarra una y otra vez, lleno de olores, colores, elementos
de distintos tamaños. Una vez, cargado y otra, vacío. Un chofer y cuatro peones
transitaban la misma ruta varias veces por día yendo de los barrios a la Quema.
Dos hombres arriba del camión recibían la basura, mientras otros dos abajo, uno de
cada lado, corrían por la ciudad alcanzando los tachos, cajones de verdura o fruta a
los de arriba. Como recuerdan, “antes no había bolsita”; el camión constaba de dos
compuertas corredizas en el techo que se iban llenando de atrás (el más cercano a la
cabina) hacia adelante. “No eran camiones que compacten la basura” recuerda Pepe8,
como son los de ahora. Solamente se arrojaban los contenidos de los “sucios tachos”
dentro del camión. Mientras recorrían la ciudad los de arriba solían ir cirujeando,
separando en bolsones todo lo que pudiese luego ser vendido9. Después se repartía la
mercadería recolectada. Claro que debían dejar la carga diferenciada antes del control
municipal, “antes de llegar a la balanza”.
Camiones provenientes de todos los barrios de la ciudad confluían en una larga
cola para ser pesados. Sólo el chofer se quedaba en él, los peones se bajaban y aprovechaban
para dormir o tomar un poco de vino.
Uno de los choferes recuerda que una vez llegado al siempre movedizo límite de
la quema “había un tronco grande que obligaba al camión, que no permitía que vaya
más para atrás. Volcaba, volcaba y chau.” Una vez tirada la carga, funcionaban máquinas
que esparcían lo volcado y a la vez hacían una fosa para ser completada por la descarga
de otros camiones. El camión luego salía, buscaba a los peones y comenzaba
nuevamente el proceso.
El cierre de la Quema,desaparición de los residuos
Durante la última dictadura militar, la Ciudad de Buenos Aires fue objeto de una
fuerte intervención en cuanto a su concepción espacial y social. Esta importante preocupación
por modificar el espacio no es menor en tanto se intentó crear un nuevo
orden más duradero. Como plantea Balandier “la topografía simbólica de una gran
ciudad es una topografía social y política” (1994: 26) que establece marcas duraderas
a partir de concepciones de “usos del espacio urbano” (Oszlak, 1991; Topalov,
1979; Kowaric, 1996), centrales a la hora del control social (Foucault, 2003). La
intervención del espacio debe ser siempre pensada dentro de un contexto políticoeconómico
que estructura formas de simbolizarlo, de imaginarlo, de recordarlo, y, porende, de vivirlo. (Gupta y Ferguson, 1992)
Para el gobierno militar la ciudad se debía “merecer” vivirla, transitarla y usarla.
(Oszlak, 1991; Torres, 1993). Así lo manifestaba un ex funcionario municipal:
“No puede vivir cualquiera en ella. Hay que hacer un esfuerzo efectivo
para mejorar el hábitat, las condiciones de salubridad e higiene.
Concretamente, vivir en Buenos Aires no es para cualquiera sino para
el que lo merezca, para el que acepte la pauta de una vida comunitaria
agradable y eficiente. Debemos tener una ciudad mejor para la mejor
gente” (Dr. Del Cipo, Competencia, 1980. En Oszlak, 1991: 78)
A su vez se produjeron nuevas alianzas de tipo corporativas entre el Estado y sectores
privados. Producto de ambos procesos se interviene sobre el sistema de recolección
de residuos, y por lo tanto, sobre los cirujas.
Como vive hoy un ciruja
Las declaraciones del ex titular de la comisión municipal de la vivienda y luego
intendente de la ciudad resumen parte de la concepción subyacente a las acciones que
se llevaron adelante durante los siete años de gobierno de facto. Para ello se estableció
un nuevo Código de Planeamiento urbano como marco normativo-jurídico
donde todas las políticas municipales encontraron su anclaje legal e ideológico.
Además, se sancionó una nueva ley de viviendas que hizo subir el precio de los
alquileres. Como resultado se produjo una serie de desalojos y mudanzas. Muchos
optaron por instalarse en casas de parientes (donde aumentaban las condiciones de
hacinamiento), trasladarse a villas de emergencia (de la provincia de Buenos Aires),
regresar a sus provincias o países de origen o ubicarse en hoteles y pensiones.
También se produjo una explícita política de erradicación de villas. Se desarrolló una
doble estrategia: por un lado, hacia los villeros y, por el otro, hacia el resto de la población
de la ciudad de Buenos Aires, buscando crear una visión negativa de la población villera.
Otro elemento, que puede parecer menor, pero que no lo es, fue el plan de
Autopistas. No sólo porque se desalojó a cientos de personas que luego no pudieron
comprar casas (gracias al régimen de desalojos y los precios pagados por el municipio)
sino porque privilegiar una forma de transporte como las autopistas por sobre otras
(como los subtes o trenes que fueron descartados por la municipalidad) marca una postura
sobre el “tipo” de gente que tiene la capacidad de circular e ingresar a la ciudad.
Por último es preciso mencionar la creación del Cinturón Ecológico del Área
Metropolitana Sociedad del Estado, luego rebautizado como Coordinación Ecológica
Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE).
Bibliografía
Balandier, Georges
1994. El poder en escenas. De la representación del poder al poder de la representación.
Barcelona: Paidós Studio.
Bernández, M.
1899. “La quema de las basuras” En: Revista Caras y Caretas. Buenos Aires.
Basualdo, Eduardo
2001. Sistema político y modelo de Acumulación en la Argentina. Notas sobre el transformismo
argentino durante la valorización financiera (1976- 2001). Bernal: UNQ.
1992. “Beyond “culture”: Space, Identity, and the Politics of Difference”.
En: Cultural Anthropology, Vol 7, Nº.1: 6-23.
Kowarick, Lucio
Oszlak, Oscar
1991. Merecer la ciudad. Los pobres y el derecho al Espacio Urbano.
Buenos Aires: CEDES-HUMANITAS.
Saludos y si comenta hagalo dignamente
Actualmente en la provincia de Buenos Aires hay alrededor de seis mil cartoneros o cirujas, quienes todas las noches recorren las calles en busca de cartón, papel, y vidrio con la sola finalidad de obtener un beneficio económico para subsistir.
El problema de la basura es tu tema recurrente en todas las grandes urbes del
mundo. Generalmente, intentando dar respuesta a la demanda de la población, éstas
cuentan con un sistema formal de recolección y disposición de residuos.
Paralelamente, en especial en los “países del tercer mundo”, miles de personas recurren
a la recolección informal como forma de ganarse la vida. La actividad tiene distintos
nombres según el país.
En cada país, y dentro de cada uno de éste, en cada región, la actividad está configurada
de manera diferente, en función de los propios procesos históricos en relación
al manejo de residuos, a las políticas sociales y a las trayectorias de los distintos
actores presentes en la actividad. En la ciudad de Buenos Aires recibe el nombre de
cirujas o cartoneros.
Las transformaciones sociales ocurridas durante los noventa en Argentina y la
devaluación de la moneda nacional a comienzos de 2002, fueron procesos que contribuyeron
a la aparición masiva de cirujas por las calles de la ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, si bien desde entonces adquiere visibilidad, la actividad cuenta con una
prolongada historia que, como dice Schamber “ha coexistido, con diferentes niveles
de rechazo, reconocimiento e integración, con los distintos mecanismos empleados
por el estado para la disposición y eliminación de las basuras”
Algunas definiciones sobre el cirujeo
Se entiende por cirujeo/cartoneo la actividad de recolección de materiales de la
basura que pueden ser reciclados, ya sea a nivel industrial o doméstico. Además de la
recolección, la actividad está compuesta por muchas otras acciones como son la separación
y clasificación de algunos materiales, la limpieza de otros, el preparado de los
medios de trabajo, etc. Existen diferentes formas de vender lo recolectado. Muchos
de los productos que tienen valor de reciclado (como el cartón, papel, vidrio, metales,
plástico, telgopor, etc.) son vendidos a acopiadores. También se recolectan elementos
para uso personal (ropa, alimento) y otros que pueden ser vendidos o cambiados
(ropa, electrodomésticos, muebles, etc.). Generalmente, de la actividad participa
todo el grupo familiar. Muchas veces sale el grupo entero y se dividen tareas: los
chicos y madres piden alimentos, monedas y los hombres revisan bolsas. Otras veces,
sólo algunos de los integrantes salen a cirujear. Sin embargo, a la hora de la separación,
limpieza y venta, toda la familia presta su trabajo.
Existe una puja en torno al sentido del cirujeo. Durante el trabajo de campo,
notamos que las personas que realizan la actividad utilizan en su discurso el cirujear
o cartonear indefectiblemente pero muchos prefieren que se los reconozca como recuperadores
(término que ha impulsado el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
desde 2002), cartoneros, botelleros o carreros. Schamber (2006) da cuenta de los significados
con que se la ha asociado. En un diario porteño1 se relaciona a la palabra (y
la actividad) con la “vagancia” y con las personas en situación de calle. En este caso,
prosigue, se lo equipara al de “linyera”, “atorrante” o “croto”.
De la calle a la “Quemas”, la recolección formal
El camión pasaba por la calle Lacarra una y otra vez, lleno de olores, colores, elementos
de distintos tamaños. Una vez, cargado y otra, vacío. Un chofer y cuatro peones
transitaban la misma ruta varias veces por día yendo de los barrios a la Quema.
Dos hombres arriba del camión recibían la basura, mientras otros dos abajo, uno de
cada lado, corrían por la ciudad alcanzando los tachos, cajones de verdura o fruta a
los de arriba. Como recuerdan, “antes no había bolsita”; el camión constaba de dos
compuertas corredizas en el techo que se iban llenando de atrás (el más cercano a la
cabina) hacia adelante. “No eran camiones que compacten la basura” recuerda Pepe8,
como son los de ahora. Solamente se arrojaban los contenidos de los “sucios tachos”
dentro del camión. Mientras recorrían la ciudad los de arriba solían ir cirujeando,
separando en bolsones todo lo que pudiese luego ser vendido9. Después se repartía la
mercadería recolectada. Claro que debían dejar la carga diferenciada antes del control
municipal, “antes de llegar a la balanza”.
Camiones provenientes de todos los barrios de la ciudad confluían en una larga
cola para ser pesados. Sólo el chofer se quedaba en él, los peones se bajaban y aprovechaban
para dormir o tomar un poco de vino.
Uno de los choferes recuerda que una vez llegado al siempre movedizo límite de
la quema “había un tronco grande que obligaba al camión, que no permitía que vaya
más para atrás. Volcaba, volcaba y chau.” Una vez tirada la carga, funcionaban máquinas
que esparcían lo volcado y a la vez hacían una fosa para ser completada por la descarga
de otros camiones. El camión luego salía, buscaba a los peones y comenzaba
nuevamente el proceso.
El cierre de la Quema,desaparición de los residuos
Durante la última dictadura militar, la Ciudad de Buenos Aires fue objeto de una
fuerte intervención en cuanto a su concepción espacial y social. Esta importante preocupación
por modificar el espacio no es menor en tanto se intentó crear un nuevo
orden más duradero. Como plantea Balandier “la topografía simbólica de una gran
ciudad es una topografía social y política” (1994: 26) que establece marcas duraderas
a partir de concepciones de “usos del espacio urbano” (Oszlak, 1991; Topalov,
1979; Kowaric, 1996), centrales a la hora del control social (Foucault, 2003). La
intervención del espacio debe ser siempre pensada dentro de un contexto políticoeconómico
que estructura formas de simbolizarlo, de imaginarlo, de recordarlo, y, porende, de vivirlo. (Gupta y Ferguson, 1992)
Para el gobierno militar la ciudad se debía “merecer” vivirla, transitarla y usarla.
(Oszlak, 1991; Torres, 1993). Así lo manifestaba un ex funcionario municipal:
“No puede vivir cualquiera en ella. Hay que hacer un esfuerzo efectivo
para mejorar el hábitat, las condiciones de salubridad e higiene.
Concretamente, vivir en Buenos Aires no es para cualquiera sino para
el que lo merezca, para el que acepte la pauta de una vida comunitaria
agradable y eficiente. Debemos tener una ciudad mejor para la mejor
gente” (Dr. Del Cipo, Competencia, 1980. En Oszlak, 1991: 78)
A su vez se produjeron nuevas alianzas de tipo corporativas entre el Estado y sectores
privados. Producto de ambos procesos se interviene sobre el sistema de recolección
de residuos, y por lo tanto, sobre los cirujas.
Como vive hoy un ciruja
Las declaraciones del ex titular de la comisión municipal de la vivienda y luego
intendente de la ciudad resumen parte de la concepción subyacente a las acciones que
se llevaron adelante durante los siete años de gobierno de facto. Para ello se estableció
un nuevo Código de Planeamiento urbano como marco normativo-jurídico
donde todas las políticas municipales encontraron su anclaje legal e ideológico.
Además, se sancionó una nueva ley de viviendas que hizo subir el precio de los
alquileres. Como resultado se produjo una serie de desalojos y mudanzas. Muchos
optaron por instalarse en casas de parientes (donde aumentaban las condiciones de
hacinamiento), trasladarse a villas de emergencia (de la provincia de Buenos Aires),
regresar a sus provincias o países de origen o ubicarse en hoteles y pensiones.
También se produjo una explícita política de erradicación de villas. Se desarrolló una
doble estrategia: por un lado, hacia los villeros y, por el otro, hacia el resto de la población
de la ciudad de Buenos Aires, buscando crear una visión negativa de la población villera.
Otro elemento, que puede parecer menor, pero que no lo es, fue el plan de
Autopistas. No sólo porque se desalojó a cientos de personas que luego no pudieron
comprar casas (gracias al régimen de desalojos y los precios pagados por el municipio)
sino porque privilegiar una forma de transporte como las autopistas por sobre otras
(como los subtes o trenes que fueron descartados por la municipalidad) marca una postura
sobre el “tipo” de gente que tiene la capacidad de circular e ingresar a la ciudad.
Por último es preciso mencionar la creación del Cinturón Ecológico del Área
Metropolitana Sociedad del Estado, luego rebautizado como Coordinación Ecológica
Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE).
Bibliografía
Balandier, Georges
1994. El poder en escenas. De la representación del poder al poder de la representación.
Barcelona: Paidós Studio.
Bernández, M.
1899. “La quema de las basuras” En: Revista Caras y Caretas. Buenos Aires.
Basualdo, Eduardo
2001. Sistema político y modelo de Acumulación en la Argentina. Notas sobre el transformismo
argentino durante la valorización financiera (1976- 2001). Bernal: UNQ.
1992. “Beyond “culture”: Space, Identity, and the Politics of Difference”.
En: Cultural Anthropology, Vol 7, Nº.1: 6-23.
Kowarick, Lucio
Oszlak, Oscar
1991. Merecer la ciudad. Los pobres y el derecho al Espacio Urbano.
Buenos Aires: CEDES-HUMANITAS.
Saludos y si comenta hagalo dignamente