InicioApuntes Y MonografiasEl Día del León Alado (cuento completo)
Bueno acá les dejo el cuento completo de El Día del León Alado, del libro homónimo del autor Silo.
Sin más preambulo, a leer



El Día del León Alado


Los equipos y programas de espacio virtual se vendían bien. Entre
los compradores, los estudiantes de historia y ciencias naturales
resultaron beneficiados. Pero aumentaba la demanda de un amplio
público que prefería su dosis de entretenimiento, a largos paseos
entre pirámides egipcias o flora y fauna amazónica. Se podía
realizar viajes solitarios, en compañía o guiados; sin embargo,
muchos preferían disponer de un selector de opciones que aparecía
con solo mover un dedo. El catálogo era nutrido.
Desde las adaptaciones de antiguas películas, en las que los protagonistas
eran los propios usuarios, se había pasado a la traslación de
videojuegos que permitían combatir en el espacio o mantener
amoríos con los símbolos encarnados de la época.
Era como participar en un comic o una historieta llena de estímulos tan
reales, que no menudearon infartos cuando algunos fanáticos del
terror usaron programas no recomendados por el Comité para la
Defensa del Sistema Nervioso Débil. Las computadoras admitían los
programas más absurdos y en esa atmósfera aparecieron piratas que
introduciendo virus virtuales provocaron disociaciones de
personalidad y accidentes sicosomáticos. Era tan simple colocarse
un casco y unos guanteletes, poner en marcha la computadora y
elegir un programa, que los niños lo hacían a diario en las horas
dedicadas a viajar.



Una sección del Comité para la Defensa del Sistema Nervioso
Débil.


En la sección todos usaban nombres de batalla. Era una práctica
aséptica. Alpa organizaba el plan de trabajo y supervisaba el
Proyecto, coordinando actividades entre los miembros de un equipo
que se había conformado a lo largo de años. Había sido reclutada
en los Alpes por su curiosa forma de entrenar a grandes
esquiadores. Mientras otros profesores insistían en el esfuerzo
físico sostenido, ella reunía a sus alumnos en una sala en la que
proyectaba una y otra vez las imágenes del slalom gigante o del
gran salto blanco. Presentado el escenario y el recorrido de cada
prueba, dejaba todo a oscuras y pedía que los partícipes
imaginaran repetidamente cada movimiento y cada desplazamiento
por la nieve. A veces acompañaba esa práctica con una suave
música que luego, en las horas de sueño, inundaba el refugio.
Así se había dado el caso en que algunos, no habiendo salido a
las pistas antes de la competición, se desplazaban ese día como
si siempre hubieran vivido en el lugar.

Ténetor III tuvo noticias de Alpa por un comentario efectuado en
un video especializada en deportes invernales. Intrigado por el
caso se dirigió a Sils María y allí estableció contacto con ella.

El último miembro incorporado fué Seguidor, encargado de personal
de tecnología avanzada. Este, con Hurón y Faro, formaban un
conjunto que solo podía ensamblar gracias al cuidado de la
inefable Jalina, especialmente dotada para la creación de
ambientes humanos blandos. Sin duda Ténetor III, como
especialista en comunicaciones, era el nervio de una actividad
que Alpa definía en cada caso, anteponiendo el cumplimiento de
metas y cronogramas. El equipo quedó configurado como una sección
del Comité de Defensa del Sistema Nerviosos Débil y gracias a que
Ténetor era precisamente el Director de dicha institución, el
grupo pudo actuar sin sobresaltos.



El Proyecto.


A fines del siglo XX algunos científicos encabezados por un
oscuro funcionario de la UNESCO, habían llegado a la conclusión
de que en pocas décadas el 85% de la población mundial sería
analfabeto funcional. Calcularon que el analfabetismo primario
sería erradicado en poco tiempo, al par que grandes masas
humanas desplazarían progresivamente los libros, revistas y
periódicos a favor de la T.V., los videos, las computadoras y las
proyecciones holográficas. En sí, aquello no representaba un
gran inconveniente ya que la información seguiría fluyendo en
mayor cantidad que en cualquier época y a una velocidad
creciente. Pero el aumento de datos desestructurados no solo
impactaría en los individuos aislados sino que habría de terminar
influyendo en los esquemas de todo el sistema social. Desde el
punto de vista de la especialización, las perspectivas eran
interesantes ya que se condicionaba un trabajo analítico y paso a
paso siguiendo el esquema computacional. Sin embargo, la
ineptitud para establecer relaciones globales coherentes se haría
sentir.

En esas épocas la desconfianza hacia las síntesis del
pensamiento había avanzado tanto que cualquier conversación
sobre generalidades, mantenida más allá de los tres minutos, era
calificada peyorativamente de "ideológica". En realidad,
cualquier intento que se hiciera por alcanzar globalidades,
terminaba penosamente.
Unicamente podía sostenerse la atención
sobre temas específicos y tanto en los institutos de enseñanza
como en el trabajo diario se reforzaba ese hábito. Los
historiadores estudiaban las aleaciones metálicas de las sortijas
de Etruria para explicar el funcionamiento de aquella sociedad y
los antropólogos, sicólogos y filósofos servían a las
computadoras de análisis gramatical. Tal era la externalidad y el
formalismo puntual del pensar y del sentir que cada ciudadano
vivía urdiendo cómo ser individual y original en algún detalle
de su vestimenta. Mientras la medicina y el esparcimiento
avanzaran todo lo demás era secundario, tan secundario como el
destino de aquellos pueblos y comunidades que degeneraban por no
adaptarse al nuevo orden mundial, tan secundario como las vidas
de las nuevas generaciones que se desangraban en una competencia
vil tratando de lograr su espejuelo de corta duración.
Por lo demás, hacía décadas que se había esterilizado la capacidad para
formular teorías científicas generales y todo se reducía a la
aplicación de tecnologías que, en apretado tropel, corrían en
cualquier dirección.



Así, el funcionario de UNESCO presentó un informe y solicitó
ayuda para estudiar esa patología social y sus tendencias a
mediano plazo. Inmediatamente se le destinó un importante
presupuesto para la investigación, tal vez porque aquellos que
decidían entendieron que ese esfuerzo habría de servir al
perfeccionamiento de técnicas de eficiencia. Gracias a ese
malentendido se pudo trabajar durante años. Finalmente, quedó
constituído el Comité como organismo paracultural habilitado para
hacer difusión y dar recomendaciones a los países que, a través
de las Naciones Unidas, sostenían a UNESCO.

Décadas después, desaparecida UNESCO, el Comité siguió
funcionando sin saberse bien por quienes era apoyado. De todas
maneras, se caracterizó como una institución de bien público
soportada mundialmente por particulares de buena voluntad. El
Comité produjo informes anuales que nadie consideró seriamente,
pero más allá de esas actividades enfiló sus investigaciones
hacia el desarrollo de un modelo de comportamiento humano exento
de las dificultades que se veía crecer a diario. Por entonces el
Comité estaba de acuerdo en que un tipo de educación y de
información desestructurada ya estaba bloqueando ciertas áreas
cerebrales provocando los primeros síntomas de una epidemia
síquica que sería incontrolable. El "Proyecto", según lo llamaron
sus gestores, debía considerar la posibilidad de producir un
"antídoto" capaz de desbloquear la actividad mental. Pero en ese
tiempo no se sabía aún si había que desarrollar procedimientos
de entrenamiento fisiológico, si se trataba de sintetizar
benéficas sustancias químicas, o si había que abocarse al diseño
de aparatos electrónicos que permitieran alcanzar el objetivo.



Lo cierto era que poco a poco se iban volcando millones de seres
bloqueados a la actividad colectiva. Esos seres, cada vez más
especializados y cada vez menos aptos para razonar sobre sus
propias vidas, terminarían por dislocar a toda la sociedad que
ya, sin meta alguna, se debatiría en el suicidio, la neurosis y
el pesimismo creciente.

Aquel oscuro funcionario, antes de morir, tomó el nombre de
Ténetor I dejando el Proyecto en manos de sus colaboradores
inmediatos.

La arcilla del cosmos.


Cuando la superficie de este mundo comenzó a enfriarse, llegó un
precursor y eligió el modelo de proceso que habría de
autosostenerse. Nada le resultó de mayor interés que planear una
matriz de n posibilidades progresivas divergentes. Entonces, creó
las condiciones de la vida. Con el tiempo, los trazos
amarillentos de la atmósfera primitiva fueron virando hacia el
azul y los escudos protectores comenzaron a funcionar dentro de
rangos aceptables.



Más adelante, el visitante observó los comportamientos de las
diversas especies. Algunas avanzaron hacia las tierras firmes y
timidamente se fueron acomodando a ellas, otras retrocedieron
nuevamente a los mares. Numerosos engendros de distintos medios
sucumbiero o siguieron su transformación abierta. Todo azar
fué respetado hasta que al fin se irguió una criatura de medianas
dimensiones animales capaz de ser absolutamente discente, apta
para trasladar información y almacenar memoria fuera de su
circuito inmediato.

Este nuevo monstruo había seguido uno de los esquemas
evolutivos adecuados al planeta azul: un par de brazos, un par de
ojos, un cerebro dividido en dos hemisferios. En él casi todo era
elementalmente simétrico como los pensamientos, sentimientos y
actos que habían quedado codificados en la base de su sistema
químico y nervioso. Aún llevaría algún tiempo la amplificación de
su horizonte temporal y la formación de las capas de registro de
su espacio interno. En la situación en que se encontraba,
escasamente podía diferir respuestas o reconocer diferencias
entre la percepción, el sueño y la alucinación. Su atención
era errática y, por supuesto, no reflexionaba sobre sus propios
actos porque no podía captar la naturaleza íntima de los objetos
con los que se relacionaba.
Su propia acción era vista con
referencia a los objetos tactilmente distanciados, y mientras se
siguiera considerando simple reflejo del mundo externo no podría
abrir paso a su intención profunda capaz de mutar su propia
mente. Atrapando y huyendo había moldeado sus primeros
afectos que se expresaban por atracción y rechazo, modificándose
muy lentamente esa bipolaridad torpe y simétrica esbozada ya en
las protoespecies. Por ahora su conducta era demasiado
previsible, pero llegaría el momento en que autotransformándose
daría un salto hacia la indeterminación y el azar.

Así, el visitante esperaba un nuevo nacimiento en esa especie en
la que había reconocido el temor ante la muerte y el vértigo de
la furia destructiva. Había presenciado cómo esos seres vibraban
por la alucinación del amor, cómo se angustiaban por la soledad
del Universo vacío, cómo imaginaban su futuro, cómo luchaban por
descifrar la huella del comienzo en la que fueran arrojados. En
algún tiempo, ésta especie hecha con la arcilla del cosmos
emprendería el camino para descubrir su origen y lo haría andando
por caminos imprevisibles.



El espacio virtual puro.


Ese día, Ténetor III probaría el nuevo material suministrado por
Seguidor. Se dirigió al recinto anecoico y al penetrar en él
observó en medio de un ambiente vacío la reluciente camilla de
pruebas. Con su ropa ajustada, casco, guantes y botas cortas,
se sintió como un antiguo motociclista aluminizado. En un momento
se acostó resueltamente pero luego optó por otra postura en la
que el artefacto se le amoldó como un asiento muelle, ligeramente
reclinado hacia atrás.

Ahora vería cara a cara la naturaleza de un nuevo fenómeno sin
las proyecciones de los programas artificiales. En todo caso su
cuerpo daría los pulsos y señales que poblarían un ambiente sin
interferencias. Y, si todo funcionaba bien, vería traducido su
espacio mental gracias a la tecnología del espacio virtual. Ese
era el punto desde el cual el Proyecto encontraría su vía de
realización.

Bajó el visor y quedó a oscuras. Al tocar una tecla del casco
conectó el sistema y gradualmente fueron apareciendo unos
contornos iluminados que enmarcaron la cara interna del visor.
Era una pantalla ubicada a veinte centímetros de sus ojos. De
pronto, su cuerpo apareció suspendido en el interior de un
recinto esférico espejado. Desplazó la mirada en distintas
direcciones y pudo monitorear con precisión.
El efecto producido no le pareció de especial mérito teniendo
en cuenta que sus nervios oculares trasmitían señales al
interface que conectaba con el procesador central.
Moviendo los ojos a derecha, las
imágenes corrían en sentido inverso hasta ocupar el centro de
visión; haciéndolo hacia arriba la proyección bajaba, y así en
toda combinación que ensayara. Mirando hacia la punta de su bota
derecha ajustó su visión con un suave esfuerzo por penetrar
detalles, entonces el zoom acercó el objeto más y más hasta
ocupar toda la pantalla.



Luego, desacomodando el cristalino,
retrocedió hasta verse como un pequeño punto brillando en el
centro del ambiente espejado. El programa óptico tenía el aumento
y la definición de los mejores microscopios electrónicos y, hasta
ahora, la inútil penetración de los telescopios más afinados ya
que nada se podía ver del mundo astronómico adentro del recinto
de proyección proporcionado por el casco.

Hoy todo podría mejorar si funcionaban los detectores que
Seguidor había distribuído en la superficie interna de la ropa
sensible. La información debía aparecer en pantalla conforme
los impulsos nerviosos activaran distintos puntos del cuerpo.
Tocó la segunda tecla ubicada en el casco y de inmediato una
columna alfanumérica comenzó a desplazarse por la zona izquierda
del visor al tiempo que en el ángulo derecho aparecía un diminuto
rectángulo en el que resaltaba su mano apoyada en el casco.
Bajó el brazo lentamente y la columna fué entregando información
mientras en el recuadro, el esquema de su brazo se desplazó
descendiendo. Tragó saliva y nuevamente los datos se sucedieron
encolumnadamente. En el recuadro apareció el interior de su boca
y luego el esófago moviéndose suavemente.
En una nueva prueba recordó a Jalina y el rectángulo hizo aparecer su corazón
batiendo a una velocidad mayor que la normal; luego los pulmones
se expandieron un poco y apareció el sexo virando hacia un color
rojizo ténue. La columna, a su vez, informó sobre diversos
fenómenos intracorporales: presión, temperatura, acidez,
alcalinidad, composición de electrolitos en sangre y recorrido de
impulsos.

Se dispuso enfocando su mirada rectamente y volvió a aparecer él
mismo en pantalla, suspendido en el recinto esférico. Era obvio
que se veía desde un punto de observación externo, un tanto
deformado, como ocurre al mirarse en un espejo cóncavo. Entonces
comenzó a respirar lenta y profundamente. Al poco tiempo, los
detectores entraron en régimen. Un instante después enlenteció el
ritmo respiratorio haciéndolo similar al del sueño profundo y
así, paulatinamente, observó cómo la imagen se fué aproximando
hasta aparecer fuera de pantalla, acercándose cada vez más a sus
ojos hasta que tocándolos desapareció en una fusión transparente.
Pero todo quedó a oscuras como si el sistema se hubiera
desconectado.
Estiró un brazo y el negro ambiente pareció
rasgarse dejando ver una luz lejana. Imaginariamente se fué
acercando a la luz mientras en los bordes del visor la columna y
el recuadro señalaron las modificaciones físicas que
correspondían a su proceso mental. De esta suerte se esforzó por
sentir que avanzaba en los recodos materiales del espacio
virtual.



En el socavón en penumbra la extrañeza comenzó a disiparse
porque reconoció la vívida dimensión de las grutas horadadas en
los montes, los olores húmedos que despiertan recuerdos de
emociones placenteras, las resistencias de la piedra, las
rugosidades y distancias objetales. En los indicadores vió un
lento caminar y la sucesión de distintas zonas de su cuerpo a
medida que éstas se pusieron en marcha.
Frente a él, apareció una silueta ancapuchada pero pronto advirtió en el recuadro que
tal imagen era la traducción de pequeños movimientos de los
músculos de la lengua en la caverna de su boca. Al entornar sus
ojos vió luces en derredor pero comprendió que se trataba de
simples descargas nerviosas amplificadas estimulando a los
músculos palpebrales. La ropa sensible detectaba bien los
infinitesimales movimientos corporales que correspondían a las
imágenes mentales. La situación, de todas maneras, era
alucinante.
El encapuchado ofreció un recipiente y él tomándolo
en sus manos apuró el contenido que sintió pasar por su garganta
con la misma realidad que tiene el agua fresca en la sequía del
desierto. Entonces estuvo en condiciones de atravesar la caverna
y salir al espacio exterior...



El Comité se organiza.


Luego de la muerte de Ténetor I, sobrevino una importante crisis
en el Comité. Todos los miembros estaban de acuerdo en que el
comportamiento huamano desmejoraba progresivamente en muchos
aspectos. También reconocían que la explosión tecnológica
brindaba cada día nuevas posibilidades.

Dos posturas chocaron en la interpretación de los hechos. Por una
parte los "cientificistas" explicaban que la reiteración de
conductas sociales modificaba las áreas de trabajo cerebral de
los conjuntos humanos. Esto generaba un tipo de sensibilidad y de
percepción de los fenómenos. Por consiguiente, tanto los
directores de las Compañías como sus formadores de opinión, iban
orientando el proceso social de acuerdo a códigos en los que
ellos se habían formado.
De esta forma los pedagogos
perfeccionaban la educación y la enseñanza en un círculo vicioso
que realimentaba sus particulares creencias. Los "cientificistas"
sostenían que un cambio de dirección era imposible dentro de un
proceso mecánico que llamaban el "Sistema", y se mantenían dentro
de una antigua tesis einsteniana que sostenía: "En el interior de
un sistema ningun fenómeno puede evidenciar su movimiento".
Siempre exponían el ejemplo de aquel viejo maestro, segun el cual
un viajero que se desplazaba en una sección de un tren en
movimiento a 120 kilómetros por hora, si saltaba en su lugar no
por ello caía en otro vagón del tren.
En un sistema inercial, se tratara del prehistórico tren o de un vehículo espacial,
no importaba el salto dentro de ese sistema. En todo caso, había que
apoderarse de la dirección del tren o de la nave para cambiar la
dirección del móvil.



A esto respondían los "historicistas" diciendo que los que
tomaran la dirección del aparato, lo desviarían de acuerdo a
pautas en las que ellos se habían formado, y preguntaban: "Cuál
es la diferencia entre los conductores anteriores y los nuevos si
todos actúan desde los paisajes en que se formaron, desde sus
áreas cerebrales más activas? La diferencia sería solo de
intereses particulares entre gente preocupada por manejar el
móvil.
De acuerdo a eso, los "historicistas" apostaban a procesos
más amplios inspirándose en distintos momentos históricos en que,
por razones de supervivencia, los seres vivos habían modificado
sus hábitos y se habían transormado. Pero también reconocían que
muchas especies habían desaparecido por dificultades en su
adaptación.

Era una discusión de nunca acabar. En esa situación se hizo cargo
del Comité, Ténetor II, elegido por su equidistancia entre las
posturas en choque.

Ténetor II orientó el Proyecto hacia la investigación de las
mejores producciones humanas en la que tanto "cientificistas"
como "historicistas" estaban de acuerdo. Puesto en la tarea logró
una inmensa recopilación de aquellos conocimientos científicos
y artísticos que habían logrado una mejora en el proceso humano
capacitándolo para superar el dolor y el sufrimiento.
Desde la dirección del Comité dió un fuerte impulso a la selección del
personal que debía capacitar a las nuevas promociones en las
ideas del Proyecto. Fué una tarea ardua que acometió
personalmente, detectando gente capaz de salir de las creencias y
moldes establecidos en el Sistema, y que manejaban su vida en
base a valores y conductas atípicas según el punto de vista
aceptado por el eficientismo en boga. Cuando ese singular
contingente estuvo listo llamó a la organización, "Comité para la
Defensa del Sistema Nervioso Débil" desarrollando sus actividades
como institución dedicada a rescatar y proteger individuos
intelectualmente ineptos en cuanto a su adaptación al Sistema.

Por otra parte, dividió al Comité en secciones especializadas y
desde una de elllas, produjo material educativo para los
inadaptados de todas las latitudes.
Al mismo tiempo, desarrolló
protectores de programas y antivirus, para las compañías de
programación que luchaban contra los piratas informáticos.

Ténetor II se instaló en la Mesopotamia para llevar adelante un
estudio de campo y desde allí se mantuvo en contacto permanente
con la sede del Comité. Pero un buen día, cuando se desplazaba
entre los ríos Tigris y Eufrates, cesaron sus señales. A las
pocas horas Faro y Hurón llegaron al lugar, como equipo de
rescate, pero solo encontraron su vehículo, sus aparatos de
medición y un cristal informativo. A partir de ese momento, no se
tuvo más noticias del expedicionario.



Los caracteres vivientes.


Ténetor III se detuvo en la caverna. Estaba en condiciones de
salir al espacio exterior. "Cuál espacio exterior?", se preguntó.
Hubiera bastado con sacarse el casco para encontrarse sentado en
el recinto anecoico. En esa duda recordó la desaparición de
Ténetor II, y la incoherente información que entregó el cristal
al ser activado: una holografía monótona en la que el
expedicionario aparecía cantando en largo lamento.
Eso era todo.
Pero también rememoró la voz de su maestro. Sintió los poemas que
tanto tiempo atrás aquél hiciera ondear como brisa marina;
escuchó la música de cuerdas y el sonido de los sintetizadores;
vió los lienzos fosforecentes y las pinturas que crecían en las
paredes de manganeso flexible; rozó nuevamente con su piel las
esculturas sensibles... De él había recibido la dimensión de ese
arte que tocaba los espacios profundos, profundos como los
negros ojos de Jalina, profundos como ese túnel misterioso.
Aspiró con fuerza y avanzó hacia la salida de la gruta.



Era una hermosa tarde en la que estallaban los colores. El sol
arrebolaba las líneas montañosas mientras los dos ríos lejanos
serpenteaban en oro y plata. Entonces Ténetor III asistió a la
escena que la holografía había mostrado fragmentariamente.

Allí estaba su predecesor cantando hacia la Mesopotamia:

Oh Padre, trae de lo recóndito las letras sagradas.
Acerca aquella fuente en la que siempre pude ver
las ramas abiertas del futuro!


Y mientras el canto se multiplicaba en ecos lejanos, aparecía en
el cielo un punto que se acercaba velozmente. Ténetor ajustó
el zoom a esa distancia y entonces vió claramente unas alas y una
cabeza de águila; un cuerpo y una cola de león; un vuelo de nave
majestuoso; un metal vivo; un mito y una poesía en movimiento que
reflejaba los haces del sol poniente.
El canto seguía mientras se
perfilaba la figura alada que extendía sus fuertes patas de león.
Entonces se hizo el silencio y el grifo celeste abrió su enorme
pico de marfil para responder con un chillido que, rodando en los
valles, despertó a las fuerzas de la serpiente subterránea.
Algunas piedras altas se trizaron elevando en su caída nubes de
arena y polvo. Pero todo quedó en calma cuando el animal
descendió suavemente. Pronto un jinete saltó ante el hombre que
agradeció la esperada presencia de su padre.

Y el jinete extrajo de una alforja sostenida en el grifo, un
libro grande, antiguo como el mundo. Luego, sentados en el rocoso
suelo multicolor padre e hijo respiraron el atardecer; se
contemplaron largamente y así dispuestos abrieron el viejo
volumen. En cada página se asomaron al cosmos; en una sola letra
vieron moverse a las galaxias barradas, a los cúmulos globulares
abiertos. Los caracteres danzaban en los antiguos pergaminos y en
ellos se leía el movimiento del cosmos.



Al tiempo los dos hombres ( si es que eran hombres), estaban en
pie. El más anciano, con sus largas ropas desajustadas y sueltas
al arbitrio del viento, sonrió como nadie pudo haber sonreído
jamás en este mundo. En el corazón de Ténetor III se escucharon
sus palabras: "Una nueva especie se abrirá al Universo. Nuestra
visita ha terminado!"
Y nada más.
Nada más.

Ante los ojos de Ténetor estaban los ríos que serpenteando en oro
y plata se convertían a momentos en las ramas arteriales y
venosas que irrigaban su cuerpo. En el rectángulo del visor
aparecían sus pulmones delatando el jadeo respiratorio y esto le
hizo comprender de donde habían salido las batientes alas del
grifo. Y en una zona de su memoria supo encontrar las imágenes
miticas que había visto plasmadas con tanta realidad.



Decidió volver a la gruta al tiempo que observaba la cadena
alfanumérica que se desplazaba en el el borde de la pantalla. De
inmediato el rectángulo mostró el movimiento que sus imágenes
inducían infinitesimalmente en sus piernas y así penetró en la
caverna. -Se lo que hago -pensó, -se lo que hago! Pero esas
palabras dichas para sí mismo retumbaron afuera, llegaron a sus
oídos desde afuera. Al mirar la pared rocosa escuchó frases
referidas a ella... Estaba rompiendo la barrera de las menciones
en que se mezclan los distintos sentidos; tal vez por eso recordó
aquel poema que recitaba su maestro:

"A noir, E blanc, I rouge, U vert, O bleu: voyelles
Je dirai quelque jour vos naissances latentes".2


Luego vió una piedra que abría sus aristas como flores coloreadas
y en ese caleidoscopio advirtió que estaba rompiendo la barrera
de la visión. Y traspasó cada sentido como hace el arte profundo
cuando toca los límites del espacio de la existencia.

Tiró hacia arriba su casco y se encontró en el cuarto anecoico,
pero no estaba solo. Por algún motivo, la sección en pleno estaba
rodeándolo. Jalina lo besó suavemente al tiempo que la
impaciencia del conjunto se hizo sentir con fuerza.

-No diré nada!,-fueron las escandalosas palabras de Ténetor. Pero
luego explicó que se pondría de inmediato a elaborar un informe
que no debía ser conocido por los demás hasta que cada uno
hubiera hecho su parte. Así se dispuso que, uno tras otro, los
miembros de la sección viajaran al espacio virtual puro. Al final
se procesarían datos exentos de mutuas influencias y entonces
sería el momento de iniciar las discusiones. Porque si ocurría
que todos reconocieran el mismo paisaje en el espacio virtual
puro, el Proyecto podría realizarse.
Cómo llegaría a todo el mundo?
Como ha llegado cualquier tecnología. Además, los canales
de distribución estaban abiertos por esa red de gente excepcional
que estaba más allá de la cáscara externa a que había sido
reducido el ser humano. Ahora sabía que existía, que todos los
otros existían y que eso era lo primero en una larga escala de
prioridades.


Nada de apoyo a las colonias planetarias!


-Buenos días señora Walker.

-Buenos días señor Ho.

-Me imagino que habrá visto el informe de la mañana. Si, desde
luego. También supongo que en la compulsa diaria habrá decidido
influír en el tema de las colonias planetarias.

-Así es, señor Ho. Así es. Nadie en esta Tierra va a apoyar
ningún esfuerzo, hasta tanto se acabe con la monstruosidad de
que un solo ser humano esté bajo los rangos de vida que todos
disfrutamos.

-Cuánto me alegra escucharla, señora Walker. Cuánto me alegro!
Pero dígame, en qué momento empezó a cambiar todo?... Cuando nos
dimos cuenta que existíamos y que, por tanto, otros existían?
Ahora mismo yo sé que existo, que estupidez! No es cierto señora
Walker?

-No es ninguna estupidez. Yo existo, porque usted existe y a la
inversa. Esta es la realidad, todo lo demás es una estupidez.
Creo que los muchachos de... cómo es que se llamaba?... Algo así
como "La Inteligencia Torpe"?

-El Comité para la Defensa del Sistema Nervioso Débil. Nadie los
recuerda, por eso les he dedicado un poema.

-Eso, eso. Bueno, los muchachos se las arreglaron para poner las
cosas en claro. En verdad no sé cómo lo hicieron, pero lo
hicieron. De otro modo estaríamos convertidos en hormigas, o en
abejas, o en trifinus melancólicus! No advertiríamos nada. Por
lo menos durante un tiempo más; tal vez nosotros no hubiéramos
vivido esto que estamos viviendo. Solo lamento lo de Clotilde y
Damián y tantos otros que no alcanzaron a ver el cambio. Estaban
realmente desesperados y lo más grave es que no sabían por qué.
Pero miremos hacia el futuro.



-Así es, así es. Toda la organización social, si es que se le
puede llamar así, se está desplomando. En tan poco tiempo se
está desarticulando completamente. Es increíble! Pero esta
crisis vale la pena. Algunos se asustan porque creen que van a
perder algo, pero qué van a perder? Ahora mismo estamos
modelando una sociedad nueva. Y cuando arreglemos bien nuestra
casa, daremos un nuevo salto. Entonces sí vendrán las colonias
planetarias y las galaxias y la inmortalidad. No me preocupa que
en el futuro entremos en una nueva estupidez porque ya habremos
crecido y, al parecer, nuestra especie se las arregla justo en
los momentos más difíciles.



-Ellos comenzaron con los programas del espacio virtual. Los
armaron de tal forma que todo el mundo quiso ponerse a jugar y,
de pronto, las personas advirtieron que no eran figuras planas
recortadas. Se dieron cuenta que existían. Los chicos fueron el
fermento de algo que seguramente iba a ocurrir, sino no se
explica la velocidad del asunto. La gente tomó todo en sus
manos, ya lo creo! El final de la historia fué espectacular ya
que el ochenta y cinco por ciento de la población mundial, o
soñó o vió al león alado, y también escuchó las palabras
del visitante cuando regresaba a su mundo. Yo lo ví y usted?

-Yo lo soñé.

-Es igual... Por ser ésta la primera vez que hablamos, le
parecerá excesivo si le pido un gran favor?

-Vamos, vamos, señora Walker. Estamos viviendo un nuevo mundo y
todavía nos cuesta un poco encontrar formas libres de
comunicación personal.

-Me leerá usted sus poemas? Imagino que son ineficientes,
arbitrarios y, sobre todo, reconfortantes.

-Así es señora Walker. Son ineficientes y reconfortantes. En
cualquier momento se los leeré. Pase usted un maravilloso día.






Acá está una parte del cuento que posteé anteriormente: La Arcilla del Cosmos



Saludos!
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