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Texto original y completo del artículo publicado en la revista Atypica númeo 40 del mes de Mayo 2011. Reproducción autorizada, citar el autor. Jorge Liporace


El aura en la era de Flickr



Tiene lo suyo escribir acerca de una revolución mientras ésta se produce, más aún si la revuelta nos involucra, se mete en nuestras vidas cotidianas y no busca liberar a las masas del yugo opresor sino más bien sembrar en ellas, en nosotros, un deseo irrefrenable de consumo. La irrupción en nuestras vidas de la tecnología y sobre todo la aceleración vertiginosa de su influencia a partir de los años 90 puede considerarse como un proceso revolucionario. Eso sí, sin proletarios o pobres alzándose contra el tirano, pero con poderes económicos fácticos reales que intentan dirigir y manipular, a través de la venta de sus productos o ilusiones, un proceso que debería en el mejor de los casos mejorar la calidad de vida de millones de Homo Sapiens.

La fotografía con su presente digital es, junto con la informática, el terreno en donde los cambios han sido más vertiginosos y formidables. Un tema tan vasto y mutante como éste sugiere un approach necesariamente fragmentario que nos permita asomarnos al universo de postales que construyen esa extraña semiótica de la fotografía actual. Comprendamos de una vez al gran Dios DJ que marca el pulso de estos días.

Un hombre llamado Steve Sasson sube por las escaleras del Koelnemesse, el enorme recinto ferial de la ciudad de Colonia, en Alemania. Está entrando en la feria de la industria de la fotografía y la imagen más importante del mundo, la Photokina, versión 2010. Nuestro señor tiene cabellos entrecanos, camina erguido, ronda los 60 años y es seguro más alto que Obama. Su rostro tiene huellas de juventud, en su mano derecha lleva una maleta y dentro de ella un artefacto único e increíble.

Ya entre los cientos de stands, banderolas y promotoras tremendas encontramos a las grandes marcas presentes: Nikon, Canon, Fuji, Panasonic, Sigma, Leica y tantas otras compañías concentradas en su frenética carrera de pixeles. En este lugar se puede ver lo último de lo último, lo que hay que tener para ser el más listo. Se presentan este año nuevas cámaras y filmadoras en 3 D, otras con GPS incorporados y con una cantidad de prestaciones apabullantes, mas las ampliaciones de gamas de objetivos, flashes y una lista casi interminable de nuevos artefactos . Productos que son puntas de lanza de un negocio multimillonario, superficie visible de la revolución digital.


Steve Sasson atraviesa rápidamente el enorme salón de exposiciones sin que nadie lo reconozca; pregunta algo a unas asistentes de generoso escote y finalmente golpea una puerta. Entra a una sala en donde lo aguarda un grupo de periodistas y empresarios, aplausos, ellos sí saben quien es él. Charlan un momento y le piden que abra la maleta de inmediato. El hombre accede y saca de la valija un extraño y pesado artefacto venido de otra época. Les muestra la primera cámara digital de la historia que él creó en 1975 a pedido de sus jefes de la Kodak. El aparato es enorme,azul claro, tiene una resolución de 00.1 megapíxeles, parece más un proyector de diapositivas que una cámara fotográfica pero es de verdad la primera cámara digital, la primera de su especie, una especie destinada a arrasar sin piedad en menos de tres décadas con un siglo y medio de fotografía analógica.

Dejemos, por ahora, al bueno de Steve y salgamos de la feria a través de un gran angular que nos permite ver el mundo al completo, desde lejos y con los bordes deformados. Raras cosas se ven, las injusticias y las masacres siguen azotando al hombre como siempre. Tan solo para focalizar en el tema de este artículo digamos que allí están los millones de usuarios de cámaras digitales que producen y comparten otros tantos millones de fotografías por día. Vemos un mundo que ha cambiado, al menos en sus formas, de manera contundente, lo que incluye a la fotografía tanto en su uso doméstico como comercial. Por no hablar de la música, el acceso a la información o las relaciones humanas.

Lejos parece haber quedado la trascendencia de los grandes creadores de la fotografía del siglo XX, un aluvión de millones de fotos por minuto ha adormecido a aquellas fotos inolvidables de Brassaï, Lartigue o Doisneau. Esta es la era de la sustitución de la trascendencia por la multiplicación Ad infinitum, foto tomada foto mostrada, sin digestión, sin reflexión, fotos de fast food, right now. ¿Qué se ha ganado y qué se ha perdido en esta irremediable revolución de pixeles? ¿Es posible “pensar” la convulsión fascinante de la fotografía digital cuando se está produciendo ahora mismo?

Todos los cambios se suceden tan de prisa que hay poco tiempo para pensar. Poco duró, a mediados de los años 90 el debate sobre las ventajas de lo analógico sobre lo digital. Películas, diapositivas y demás alquimias ya casi han desaparecido del mercado bajo una lluvia de pixeles y sólo siguen en manos de nostálgicos o puristas. Para los fotógrafos venidos de un mundo analógico no hubo otra opción que aceptar, aún a regañadientes, la evidencia digital.

La percepción de la fotografía es totalmente diferente en los jóvenes iniciados y criados en este presente ultra-tecnológico. Ellos jamás vieron un rollo de película, no pueden ni deben comparar, lo que vale es la inmediatez y para eso están las redes sociales, Facebook, Twitter, sus teléfonos sacafotos y la urgente necesidad de hacerse visibles ya mismo y a toda costa. Los hijos de Flickr son el presente, compulsivos y creativos por acumulación, ellos no tienen complejos para fotografiar sin pretensiones artísticas lo que la vida les ponga delante. Aire fresco, quizás.

Muchos de los paradigmas sobre los que se asentaba la fotografía parecen haberse desdibujado. El acceso mayoritario a la tecnología ha configurado un proceso cercano a la democratización en el que una cosa es clara, la fotografía ya no pertenece sólo a los fotógrafos o las empresas para las que trabajan. Con Susan Sontag morando en el cementerio de Montparnasse y Slavoj Zizek fascinado más por el cine y el psicoanálisis: ¿quién podrá ayudarnos a pensar estos raros tiempos post postmodernos de la fotografía?


Ante la ausencia de una distancia histórica mínima se hace difícil hallar reflexiones de cierto calado sobre estos tiempos digitales. Por eso no resulta extraño que sigan siendo tan pertinentes los textos que escribió el pensador alemán Walter Benjamin acerca de “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” en 1935. Este ensayo del alemán, complejo, muy mentado y poco leído, de honda proyección política, y claro deudor del anticipatorio texto de 1926 “ La conquista de la ubicuidad” de Paul Valery, es una herramienta definitivamente válida para entender el presente digital. Aunque suene extraño.

El concepto de aura que Benjamin utilizó para analizar la perdida de aquello esencial en las obras arte frente al poder de reproductibilidad de las nuevas tecnologías de entonces, el cine y la fotografía, es aplicado nuevamente, por extrapolación, para hablar del pasaje de la fotografía analógica a la digital. El aura trascendente es re-significado en lo analógico y se pierde por la multiplicación propuesta desde lo digital. Se reemplaza reproductibilidad del siglo XX por la hiper reproductibilidad digital del XXI y ya tenemos una herramienta de análisis. Acaso Hegel podía decir algo respecto de estas cosas. ¿Es la fotografía digital la síntesis de un proceso dialéctico que comenzó con el arte pictórico y siguió con la fotografía analógica? Vaya uno a saber.

Ahora estamos en la ciudad de Bradford, en West Yorkshire, Inglaterra.Una antigua urbe de pasado próspero y con un presente marcado por la inmigración paquistaní. Mezquitas no faltan. Con esta ciudad soñaba Jane Eyre, el personaje de Charlotte Brontë, durante sus oscuros días en la escuela Lowood. También aquí se filmaron secuencias de la célebre película “ El Sentido de la vida” de los Monthy Pyton.

En pleno centro urbano se alza el “ National Media Museum”, que es un impresionante y moderno espacio público dedicado al cine, la historia de fotografía y los medios de comunicación. La primera sala de cine Imax del Reino Unido se inauguró aquí en 1983. En el hall de entrada unos cubos acrílicos exhiben una colección de los primeros videojuegos de la historia. Allí están el Atari VCS 2600, de 1977; el Tele-mach 4 modelo 6600 de 1976 o la primera Play Station de 1995.

En el subsuelo del museo espera la Kodak Gallery, un sitio más que estimulante en el que se repasa ,a través de antiguas cámaras y acertadas escenografías, la historia de la fotografía desde 1840 hasta nuestros días. Una delicia para amantes de la imagen que es más que una mera acumulación de objetos. Entre cientos de cámaras, las Polaroids, que con su mágica inmediatez química de 60 segundos son un antecedente directo del concepto digital.


En un rincón de la galería hay una vitrina lleva en título de “The Digital Revolution”, allí se muestran las primeras cámaras digitales de uso comercial.. A la izquierda de la vitrina, un monitor anuncia un corto que lleva el título “ Inventor of the world´s first digital camera”, que no es otro que nuestro conocido Steve Sasson. La presencia virtual de este hombre, que también suele visitar Colonia, y la exhibición de objetos tan “cercanos” en el tiempo demuestran la rapidez con la que la tecnología quema su propia historia. Ver ya a las cámaras digitales en un museo hace presagiar cambios extraordinarios en un futuro cercano.

La era digital marca el fin del monopolio de los fotógrafos profesionales. En estos días
las barreras entre ellos y los amateurs son bien difusas, aquellos que argumentan que la fotografía amateur no puede competir con la profesional poco saben de las realidad del mercado de fotos. Las fotografías, demás de ser un “pathos generalizado de la añoranza " como dice bellamente Susan Sontag, son un producto. Como tal pueden ser vendidas, manipuladas, robadas, plagiadas y ofrecidas con las leyes del mercado. Y es en ese punto en donde los dos universos se tocan.

¿ Por qué razón una agencia de fotos como Getty seguiría contratando a un fotógrafo profesional para que haga tomas de una flor cuando gracias a un convenio con Flickr puede elegir entre 30 mil fotos de flores hechas hoy por miles de amateurs alrededor del mundo? Hay que ser ingenuo para pensar que la agencia Getty se abre a Flickr por amor al arte. La rentabilidad es lo que cuenta y las fotos amateurs son mucho más baratas que las profesionales. Gracias a las magnificas prestaciones de las máquinas digitales, las calidades de unas fotos y otras se acercan cada vez más. La esencia del fotógrafo actual es la posesión de la tecnología y la capacidad de comunicación instantánea, no su forma de mirar el mundo

Muchas fotografías profesionales tiene serias dificultades de competir hoy con un aluvión de decenas de miles de fotos de entre las que se pueden elegir trabajos de verdadero valor estético. El peso específico de una foto, como cualquier producto se diluye o acrecienta por la ley de la oferta y la demanda. Cada vez cuesta más sorprender, como las papas, a más fotos menos valor, menos trabajos para profesionales, mayor ganancia para las empresas. Se comienza a hablar de la muerte del fotoperiodismo, es una exageración a medias. Cuando miles ciudadanos fotografían un tsunami o las revueltas de Yemen en el mismo momento de los hechos y distribuyen las imágenes en las redes sociales o las ofrecen a una agencia, ¿para qué sirve enviar a un reportero? Claro que la capacidad de síntesis de un profesional sigue marcando diferencia pero los anuncios de ofertas de trabajo “no pago” para fotógrafos se multiplican. Las nuevas reglas de juego están aquí y como siempre las empresas tienen la última palabra.

Más allá de interferencias o intromisiones la buena nueva digital es formidable. Se abre un abanico estupendo de posibilidades técnicas, asociativas y creativas innegables. La posibilidad de intercambiar recuerdos del presente, enviar imágenes al otro lado del planeta en cuestión de segundos o compartir la mirada de un mundo convulso y todavía lleno de maravillas conforman un interesantísimo presente. Todo esto debería enriquecer, en un mundo ideal, la comunicación global y mejorar esa “red de mirada que sostiene al mundo” de la que hablaba el gran poeta Roberto Juarroz.



¿Podrá la nueva era digital gestar creadores geniales como Dorotea Lange, Eugene Smith o Jan Saudek? La sensibilidad humana sigue siendo la misma, una foto bien compuesta no sabe de pixeles y el ojo emocional seguirá acercándose a los misterios de la existencia, eso está claro. El desafío común tanto para amateurs o profesionales es el de destacarse entre millones y millones de fotos que se publican por día, ser visto en medio de la muchedumbre visual. Descubrir a un André Kertész en medio de un mar de imitadores baratos es el desafío para el que mira. La atomización de la imagen parece haber distribuido el talento de unos pocos entre millones fotógrafos insustanciales.


En los años 70 el gran fotógrafo francés Henry Cartier Bresson dejó definitivamente la fotografía para dedicarse enteramente al dibujo. Acaso intuyó el final de una época o quizás ya no tenía nada más que decir con su cámara. ¿Regreso a las fuentes? A los pocos años de esto al americano Steve Sasson se le ocurrió inventar una máquina que cambiaría la historia, la primera cámara digital. Ahora Bresson está enterrado en el camposanto del pequeño pueblo de Montjustin en los Alpes de Alta Provenza, en Francia y el inventor, por su parte, se pasea por el mundo con su monstruo en una maleta y espera que lo felicitemos por su descubrimiento. El idéntico final de los apellidos de estos dos hombres es pura coincidencia.

Jorge Daniel Liporace

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