InicioApuntes Y MonografiasSeguidor como perro de sulky II.

Seguidor como perro de sulky II.

PARMÉNIDES.—En este concepto, lo uno tendrá principio, fin y
medio.
ARISTÓTELES.—Los tendrá.
PARMÉNIDES.—Pero el medio está a igual distancia de los
extremos; de otra manera no sería medio.
ARISTÓTELES.—Es cierto.
PARMÉNIDES.—Siendo así, lo uno participará de una cierta
figura, recta o redonda, o compuesta de las dos.
ARISTÓTELES.—Participará.
PARMÉNIDES.—Pero entonces, ¿lo uno no existirá en sí
mismo y en otra cosa?
ARISTÓTELES.—¿Cómo?
PARMÉNIDES.—Cada parte está en el todo, y ninguna está
fuera del todo.
ARISTÓTELES.—Conforme.
PARMÉNIDES.—¿Todas las partes están envueltas por el
todo?
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—Todas las partes de lo uno constituyen lo uno,
todas, ni una más, ni una menos.
ARISTÓTELES.—No.
PARMÉNIDES.—¿Entonces lo todo no es también uno?
ARISTÓTELES.—Es claro.
PARMÉNIDES.—Si, pues, todas las partes se encuentran en el
todo-, y si todas las partes constituyen, lo uno y el todo mismo, y si
todas ellas están encerradas por el todo; resulta de aquí, que lo uno
está envuelto por lo uno, y por consiguiente vemos ya que lo uno está
en sí mismo.
ARISTÓTELES.—Perfectamente.
PARMÉNIDES.—Por otra parte; el todo no está en las partes, ni
en todas, ni en alguna. En efecto, si estuviese en todas,
necesariamente estaría en una de las partes; porque si hubiese una
sola en la que no estuviese, no podría ya estar en todas. Y estando esta
parte comprendida entre las demás, si el todo no estuviese en ella, ¿cómo podría estar en todas?
ARISTÓTELES.—Es imposible.
PARMÉNIDES.—El todo no está tampoco en algunas de las
partes; porque si estuviera, lo más estaría en lo menos, lo cual es
imposible.
ARISTÓTELES.—En efecto.
PARMÉNIDES.—Si el todo no está, ni en muchas de sus
partes, ni en una sola, ni en todas, es preciso necesariamente que esté
en otra cosa, o que no esté en ninguna parte.
ARISTÓTELES.—Necesariamente.
PARMÉNIDES.—Si no estuviese en ninguna parte, no sería
nada; y puesto que es un todo, y que no está en sí mismo, es preciso
necesariamente que esté en otra cosa.
ARISTÓTELES.—Sin ninguna duda.
PARMÉNIDES.—Por consiguiente, en tanto que todo, lo uno
está en otra cosa; en tanto que está en todas las partes de que se
compone el todo, está en sí mismo; de suerte, que necesariamente está
en sí mismo y en otra cosa.
ARISTÓTELES.—Necesariamente.
PARMÉNIDES.—Siendo ésta la naturaleza de lo uno, ¿no es
indispensable que esté en movimiento y en reposo?
ARISTÓTELES.—¿Cómo?
PARMÉNIDES.—Está en reposo desde el momento en que él
mismo está en sí mismo. Porque estando en una cosa y no saliendo de
ella, como sucedería si estuviese siempre en sí mismo, estará siempre
en la misma cosa.
ARISTÓTELES.—En efecto.
PARMÉNIDES.—Pero lo que está siempre en la misma cosa,
necesariamente está siempre en reposo.
ARISTÓTELES.—Perfectamente.
PARMÉNIDES.—Pero, ¡qué!, lo que está siempre en otra cosa,
¿no es, por el contrario, una necesidad que no está nunca en lo mismo;
y que no estando nunca en lo mismo, no esté nunca en reposo; y que
no estando jamás en reposo, esté en movimiento?
ARISTÓTELES.—Sin duda.
PARMÉNIDES.—Luego es una necesidad que lo uno, que está
siempre en sí mismo y en otra cosa, esté siempre en movimiento y en
reposo.
ARISTÓTELES.—Al parecer.
PARMÉNIDES.—Además, lo uno es idéntico a sí mismo y
diferente de sí mismo; y en igual forma idéntico a las otras cosas, y
diferente de las otras cosas; si lo que hemos dicho hasta ahora es
cierto.
ARISTÓTELES.—¿Cómo?
PARMÉNIDES.—Puede decirse esto de toda cosa respecto de
otra cosa: ella es la misma u otra; o bien, si no es la misma ni otra, es la
parte de un todo o el todo de una parte.
ARISTÓTELES.—Es exacto.
PARMÉNIDES.—Pero ¿lo uno es una parte de sí mismo? ARISTÓTELES.—De ninguna manera.
PARMÉNIDES.—Lo uno no puede tampoco ser un todo con
relación a sí mismo, considerado como parte, puesto que en tal caso
sería parte con relación a sí mismo.
ARISTÓTELES.—Imposible.
PARMÉNIDES.—Pero ¿lo uno podrá ser distinto que lo uno?
ARISTÓTELES.—No, ciertamente.
PARMÉNIDES.—No puede ser distinto que él mismo.
ARISTÓTELES.—No, seguramente.
PARMÉNIDES.—Pero si no es otro, ni parte, ni todo,
considerado con relación a sí mismo, ¿no es necesario que sea lo
mismo que él mismo?
ARISTÓTELES.—Es una necesidad.
PARMÉNIDES.—Pero lo que está en otra parte que ello mismo,
aunque estuviese en lo mismo que ello mismo, ¿no es distinto que ello
mismo, puesto que está en otra parte?
ARISTÓTELES.—Lo creo.
PARMÉNIDES.—Pero nos ha parecido que lo uno está a la vez
en sí mismo y en otra cosa.
ARISTÓTELES.—Así nos pareció.
PARMÉNIDES.—Por esta razón lo uno, al parecer, será otro
que él mismo.
ARISTÓTELES.—Así parece.
PARMÉNIDES.—Pero, ¡qué!, si una cosa es distinta de otra,
¿no. será ésta distinta de la primera? ARISTÓTELES.—Necesariamente.
PARMÉNIDES.—Ahora bien, lo que no es uno, ¿no es otro que
lo uno; y lo uno, otro que lo que no es uno?
ARISTÓTELES.—Es incontestable.
PARMÉNIDES.—Luego lo uno es otro que las demás cosas.
ARISTÓTELES.—Lo es.
PARMÉNIDES.—Atiende ahora. Lo mismo y lo otro, ¿no son
contrarios?
ARISTÓTELES.—Sin duda.
PARMÉNIDES.—¿Y es posible que lo mismo se encuentre
nunca en lo otro, o lo otro en lo mismo?
ARISTÓTELES.—No es posible.
PARMÉNIDES.—Si lo otro no está nunca en lo mismo, no hay
un ser, en el que lo otro esté durante un cierto tiempo; porque si
estuviese allí un cierto tiempo, lo otro, durante este tiempo, estaría en lo
mismo. ¿No es cierto?
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—Puesto que lo otro no está nunca en lo mismo,
jamás estará en ningún ser.
ARISTÓTELES.—Conforme.
PARMÉNIDES.—Por consiguiente, lo otro no estará ni en lo que
no es uno, ni en lo que es uno.
ARISTÓTELES.—No. PARMÉNIDES.—Lo uno no será, pues, a causa de lo otro, otro
que lo que no es uno; y lo que no es uno, otro que lo uno.
ARISTÓTELES.—No.
PARMÉNIDES.—No son, sin embargo, por sí mismos
recíprocamente otros, si no participan de lo otro.
ARISTÓTELES.—Sin duda.
PARMÉNIDES.—-Pero si no son otros por sí mismos, ni por lo
otro, ¿no desaparecerá toda diferencia entre ellos?
ARISTÓTELES.—Desaparecerá.
PARMÉNIDES.—Por otra parte, lo que no es uno no participa
de lo uno; porque no sería no-uno, sino que sería más bien uno.
ARISTÓTELES.—Es cierto.
PARMÉNIDES.—Lo que es no-uno no es tampoco un número,
porque no sería verdaderamente no-uno, si contuviese algún número.
ARISTÓTELES.—Muy bien.
PARMÉNIDES.—¡Y qué! ¿Lo que no es uno puede ser parte de
lo uno? ¿O bien en este caso, lo que no es uno, no participaría de lo
uno?
ARISTÓTELES.—Participaría.
PARMÉNIDES.—Luego si lo uno es absolutamente uno y lo nouno absolutamente no-uno, lo uno no es una parte de lo no-uno, ni un
todo del que lo no-uno forme parte; y lo mismo lo no-uno no es una
parte de lo uno, ni un todo del que lo uno forme parte.
ARISTÓTELES.—No, ciertamente.
PARMÉNIDES,—Pero hemos dicho que las cosas, que no son,
las unías respecto de las otras, ni partes, ni todo, ni otras, son las
mismas.
ARISTÓTELES.—Lo hemos dicho.
PARMÉNIDES.—¿Diremos entonces que lo uno frente a frente
de lo no-uno en estas condiciones, es lo mismo que lo no-uno?
ARISTÓTELES.—Así lo hemos dicho.
PARMÉNIDES.—Luego, a lo que parece, lo uno es otro que las
demás cosas y que él mismo y lo mismo que las otras cosas y que él
mismo.
ARISTÓTELES.—Así parece resultar de nuestro razonamiento.
PARMÉNIDES.—¿No es también lo uno semejante y
desemejante a sí mismo y a las otras cosas?
ARISTÓTELES.—Quizá.
PARMÉNIDES.—Pues o que nos ha parecido otro que las
demás cosas, las demás cosas son igualmente otras que él mismo.
ARISTÓTELES.—Sin duda.
PARMÉNIDES.—Es, pues, otro que todo lo demás, como todo
lo demás es otro que él; ni más, ni menos.
ARISTÓTELES.—Evidentemente.
PARMÉNIDES.—Si no es más ni menos, será, por
consiguiente, del mismo modo.
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—Así, pues, la razón, que hace que lo uno sea otro que todo lo demás, y todo lo demás otro que lo uno, hace
igualmente que lo uno sea lo mismo que todo lo demás, y todo lo demás
lo mismo que lo uno.
ARISTÓTELES.—¿Qué quieres decir con eso?
PARMÉNIDES.—¿No te sirve cada nombre para llamar a
alguno?
ARISTÓTELES.—Sin duda.
PARMÉNIDES.—Y bien, ¿puedes pronunciar el mismo nombre
muchas veces, o sólo puedes pronunciarle una?
ARISTÓTELES.—Muchas veces.
PARMÉNIDES.—¿Y pronunciando un nombre una vez,
designas la cosa así nombrada, mientras que pronunciándola muchas
veces no la designas; o bien, ya pronuncies una vez o muchas veces el
mismo nombre, designas necesariamente el mismo objeto?
ARISTÓTELES.—Sí, ciertamente.
PARMÉNIDES.—Pero lo otro, ¿es igualmente el nombre de
alguna cosa?
ARISTÓTELES.—Seguramente.
PARMÉNIDES.—Cuando le pronuncias, ya una vez, ya
muchas, no nombras por esto más que la cosa que representa el
nombre.
ARISTÓTELES.—Necesariamente.
PARMÉNIDES.—Cuando decimos, que todo lo demás es otro
que lo uno, y lo uno otro que todo lo demás, al pronunciar así dos veces
la palabra otro, sólo designamos una sola y misma esencia, la misma
que tiene por nombre lo otro.
ARISTÓTELES.—Es cierto.
PARMÉNIDES.—Luego en tanto que lo uno es otro que todo lo
demás, y todo lo demás otro que lo uno; lo uno, participando del mismo
otro, participa de la misma cosa que todo lo demás, y no de una cosa
diferente. Ahora bien, lo que participa hasta cierto punto de la misma
cosa, es semejante. ¿No es así?
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—Por tanto, lo que es causa de que lo uno sea
otro que todo lo demás, será también causa de que todo sea semejante
a todo; porque toda cosa es otra que toda cosa.
ARISTÓTELES.—Así parece.
PARMÉNIDES.—Sin embargo, lo semejante es lo contrario de
lo desemejante.
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—Y lo otro, lo contrario de lo mismo.
ARISTÓTELES.—Así es.
PARMÉNIDES.—Pero nos ha parecido igualmente que lo uno
es lo mismo que todo lo demás.
ARISTÓTELES.—Así nos ha parecido.
PARMÉNIDES.—Y ser lo mismo que todo lo demás es una
manera de ser contraría a la de ser otro que todo lo demás.
ARISTÓTELES.—Ciertamente.
PARMÉNIDES.—En tanto que otro, lo uno nos ha parecido semejante.
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—Por consiguiente, en tanto que lo mismo, será
desemejante; puesto que se encuentra en un estado contrario a aquel
que le hace semejante. Porque era lo otro lo que le hacía semejante.
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—Lo mismo tiene que hacerle desemejante; o
dejaría de ser lo contrario de lo otro.
ARISTÓTELES.—Así parece.
PARMÉNIDES.—Lo uno será por tanto semejante y
desemejante a las otras cosas; en tanto que otro, semejante; en tanto
que lo mismo, desemejante.
ARISTÓTELES.—Eso es, al parecer, lo que prueba nuestro
razonamiento.
PARMÉNIDES.—También prueba esto.
ARISTÓTELES.—¿Qué?
PARMÉNIDES.—En tanto que lo uno participa de lo mismo, no
participa de lo diferente; no participando de lo diferente, no es
desemejante; no siendo desemejante, es semejante. En tanto que
participa de lo diferente, él es diferente; siendo diferente, es
desemejante.
ARISTÓTELES.—Es cierto.
PARMÉNIDES.—Lo uno, siendo, pues, lo mismo que todo lo
demás y siendo lo otro, es por estas dos razones y por cada una de
ellas, semejante y desemejante a todo lo demás.
ARISTÓTELES.—Perfectamente.
PARMÉNIDES.—De donde se sigue igualmente, que siendo lootro y lo mismo que él mismo, es por estas dos razones y por cada una
de ellas, semejante y desemejante a sí mismo.
ARISTÓTELES.—Necesariamente.
PARMÉNIDES.—Lo uno está en contacto consigo mismo y con
las demás cosas o no lo está. ¿Qué debe creerse? Reflexiona.
ARISTÓTELES.—Ya reflexiono.
PARMÉNIDES.—Lo uno nos ha parecido estar contenido en sí
mismo como en un todo.
ARISTÓTELES.—Bien.
PARMÉNIDES.—¿Está también contenido en las demás
cosas?
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—En tanto que está contenido en las otras
cosas, ¿no está en contacto con ellas? En tanto que contenido en sí
mismo, no puede estar en contacto con las demás cosas, pero está en
contacto consigo mismo, puesto que está contenido en sí mismo.
ARISTÓTELES.—Así parece.
PARMÉNIDES.—Está por tanto en contacto consigo mismo y
con lo demás.
ARISTÓTELES.—Está.
PARMÉNIDES.—Pero lo que está en contacto con una cosa,
¿no es indispensable que esté inmediato a la cosa con que toca, ocupando un lugar contiguo a aquel en que se encuentra la cosa
tocada?
ARISTÓTELES.—Necesariamente.
PARMÉNIDES.—Por tanto, si lo uno debe estar en contacto
consigo mismo, es preciso que esté colocado en seguida de sí mismo,
ocupando el lugar contiguo a aquel en que se encuentra él mismo.
ARISTÓTELES.—Así es preciso.
PARMÉNIDES.—Para que sucediera esto con lo uno, sería
preciso que él fuese el dios, y que ocupase en el mismo instante dos
sitios diferentes. Pero en tanto lo uno sea uno, esto repugna.
ARISTÓTELES.—En efecto, repugna.
PARMÉNIDES.—Es igualmente imposible a lo uno ser dos, y
estar en contacto consigo mismo.
ARISTÓTELES.—Lo es.
PARMÉNIDES.—Pero entonces tampoco estará en contacto
con las otras cosas.
ARISTÓTELES.—¿Por qué?
PARMÉNIDES.—Porque, según hemos dicho, lo que debe
estar en contacto debe estar fuera y a continuación de aquello con lo
que está en contacto, sin que un tercero venga a colocarse en medio.
ARISTÓTELES.—Es cierto.
PARMÉNIDES.—Por lo menos se necesitan dos cosas para
que haya contacto.
ARISTÓTELES.—Sí, dos cosas.
PARMÉNIDES.—Si entre dos cosas se encuentra una tercera,
que esté en contacto con ellas, entonces serán tres cosas; pero los
contactos serán sólo dos.
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—Y cada vez que se añade uno, se añade un
contacto; de suerte que el número de contactos es siempre inferior en
una unidad al de las cosas. Porque superando las cosas desde el
principio a los contactos, continúan excediéndoles en la misma
proporción; lo que es muy sencillo, puesto que no se añade nunca a las
cosas más que una cosa, y un contacto a los contactos.
ARISTÓTELES.—Bien.
PARMÉNIDES.—Cualquiera que sea el número de cosas,
siempre resultará un contacto menos.
ARISTÓTELES.—Es cierto.
PARMÉNIDES.—Si no hay más de una sola cosa, si no hay
dualidad, no puede haber contacto.
ARISTÓTELES.—Imposible.
PARMÉNIDES.—Pero hemos dicho, que las cosas otras que lo
uno, no son lo uno, ni participan de él, en el hecho mismo de ser otras.
ARISTÓTELES.—No.
PARMÉNIDES.—Luego no hay número en las otras cosas,
puesto que no hay en ellas unidad.
ARISTÓTELES.—Imposible.
PARMÉNIDES.—Las otras cosas no son una ni dos, y no
pueden ser designadas por ningún otro número. ARISTÓTELES.—No.
PARMÉNIDES.—Lo uno, por tanto, existe solo; y no hay
dualidad.
ARISTÓTELES.― Conforme.
PARMÉNIDES.—Y si no hay dualidad, no hay contacto.
ARISTÓTELES.—No lo hay.
PARMÉNIDES.—Si no hay contacto, ni lo uno está en contacto
con las otras cosas, ni las otras cosas con lo uno.
ARISTÓTELES.—No.
PARMÉNIDES.—Por todas estas razones, lo uno está en
contacto y no está en contacto con las otras cosas y consigo mismo.
ARISTÓTELES.—Así parece.
PARMÉNIDES.—En igual forma, lo uno es a la vez igual y
desigual a sí mismo y a las otras cosas.
ARISTÓTELES.—¿Cómo?
PARMÉNIDES.—Si lo uno fuese más grande o más pequeño
que las otras cosas, o las otras cosas más grandes o más pequeñas
que lo uno, no nacería esto de que lo uno es lo uno, ni de que las otras
cosas son otras que lo uno; en una palabra, no serían en virtud de sus
propias esencias recíprocamente más grandes o más pequeñas; pero si
fuesen iguales, esto procedería de tener además la igualdad; y si las
otras cosas tuviesen la magnitud y lo uno la pequeñez, o lo uno la
magnitud y las otras cosas la pequeñez, la idea que tuviese la
magnitud, sería la más grande; y la que tuviese la pequeñez, sería la
más pequeña.
ARISTÓTELES.—Necesariamente.
PARMÉNIDES.—Pero ¿no existen estas dos ideas, la magnitud
y la pequeñez? Porque si no existiesen, no serían opuestas entre sí; y
no se encontrarían en los seres.
ARISTÓTELES.—Es evidente.
PARMÉNIDES.—Si la pequeñez se encuentra en lo uno, tiene
que estar en su totalidad o en alguna de sus partes.
ARISTÓTELES.—Necesariamente.
PARMÉNIDES.—¿Está en lo uno todo entero? Entonces, o está
igualmente derramado en la universalidad de lo uno todo entero, o está
extendido en su rededor.
ARISTÓTELES.—Sin duda.
PARMÉNIDES.—Pero si la pequeñez está derramada
igualmente en la universalidad de lo uno todo entero, ella es igual a él; y
si le rodea es más grande.
ARISTÓTELES.—Eso es claro.
PARMÉNIDES.—¿Es posible que la pequeñez sea igual a otra
cosa, o más grande, y que desempeñe así el papel de la igualdad y de
la magnitud, y no el suyo propio, que es el de la pequeñez?
ARISTÓTELES.—Eso no es posible.
PARMÉNIDES.—La pequeñez no se encuentra en lo uno todo
entero, sino a lo más en una de sus partes.
ARISTÓTELES.—Sí.
PARMÉNIDES.—Por consiguiente, ni en una parte toda entera, porque en tal caso se hallaría, respecto de la parte, en el mismo caso
que hemos dicho respecto del todo, es decir, que sería igual a la parte
en que se encontrase, o más grande que esta parte.
ARISTÓTELES.—Necesariamente.
PARMÉNIDES.—La pequeñez no se encontrará, por tanto, en
ninguna cosa, no pudiendo estar ni en el todo ni en la parte; de suerte
que no habrá nada que sea pequeño, sino la pequeñez misma.
ARISTÓTELES.—Parece que no.
Datos archivados del Taringa! original
10puntos
472visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

r
ramaob🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts18
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.