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El Paraguay en las invasiones inglesas

Info5/28/2012

Tropas inglesas avanzando sobre Bs.As - José Cardano - 1807

Durante el largo periodo del coloniaje la Provincia del Paraguay no escatimó jamás su contribución de sangre al Virreinato del cual formaba parte. Ya sea para contener a las tribus indígenas que con sus malones ponían, de tanto en tanto, su nota de tragedia en las apacibles campiñas del Plata; ya para participar en las audaces incursiones por "tierras de infieles" a objeto de descubrir o explorar zonas envueltas en la maraña del misterio y de la leyenda o bien para fundar pueblos en el corazón del continente, su concurso, siempre requerido, nunca fue evadido ni jamás negado por los descendientes hispano-guaraníes.

Cuando las Invasiones Inglesas, tropas paraguayas formaron también entre las fuerzas regulares de la defensa y reconquista de Buenos Aires y Montevideo. El contingente se componía de un total de 848 plazas. Con el Gobernador Velasco a la cabeza, entre los Jefes y Oficiales que partieron de Asunción, iban jóvenes de la puntillosa aristocracia criolla, tales como el Capitán Juan Manuel Gamarra, el Teniente Fulgencio Yegros, el Alférez Fernando de la Mora y el Cadete Antonio Tomás Yegros.

Estos, que tuvieron más tarde brillante actuación en los combates de Paraguari y Tacuary contra Belgrano y en la gestación de la independencia patria, pusieron ya en aquel entonces el sello de guapeza criolla, rubricando con heroísmo el ardor de la raza autóctona.El manucristo inédito que obra en el archivo privado de Fulgencio R. Moreno que arroja luces de meridiana claridad sobre algunos aspectos de esa campaña. Es una carta dirigida a Don Juan Tomás Yegros, fechada en Capilla de las Piedras, uno de los campamentos de concentración de los defensores porteños. No tiene firma; más la letra y la sintaxis parecen corresponder al Cadete Antonio Tomás Yegros, ahijado de don Juan Tomás, en cuyo homenaje llevó su segundo nombre. Comparada esta pieza en sus detalles, con otras de la correspondencia del prócer obrante en el mismo archivo, la similitud de la escritura autentifica esta carta, que es copia, seguramente, de otra enviada a su destinatario.

Dice el documento textualmente:

Sr. Don JUAN TOMAS YEGROS — Capilla de Piedras 22 de Enero de 1807 — Mi estimado padrino: Con grande alegría tomo la Pluma para participarle de que estamos todavía con vida, cuando no pensaba ya, siquiera escribirle, cuanto mas volver a su compañía, porque no pensé saldría con vida de tanta multitud de balas Inglesas que llovían sobré nosotros pues el 16 del corriente se desembarcaron a dos leguas de la ciudad en el paraje o puerto que llaman de Buceo (?) más de 6.000 Ingleses donde ocurrimos prontamente los de "Caballería que alcanzamos a dos mil con el tren volante cañones de 8, donde, todo el día nos estuvimos batiendo nosotros por tierra y ellos del mar con las Cañoneras, pero nunca pudimos impedirles, y la misma tarde mandó él Sr. Govor al Virrey que estaba acampado con nosotros casi todos los Regimientos de Infantería que componen 4.000 hombres, todos con grande valor y animo, dando voces, y gritería; pero de noche toditos los volvió S. Exa. al Pueblo, y a los tres días al rayar el día nos alcanzó ha nosotros los de Caballería, sin poderlo rechazar, y vinimos a parar una legua de la Ciudad en los Migueletes, donde al siguiente día por instancias del Cabildo pidió el Sr. Govor a S. Exa. que nos viniéramos todos por la mañana abatirle que se verificó con quinientos, y tanto por haber los de Caballería muerto en el primer combate, donde murieron muchos de una y otra parte, los Paraguayos murieron ciento y tantos entre ellos un Alférez Don Romualdo Agüero y el hijo mor. de Don Agustín Recalde que sacaron la cuenta de muertos y heridos, 500 de los nuestros. Fulgencio está con una herida de muerte muy enfermo en el Pueblo, de un Tiro que le asesto vaxo la Espalda y quasi lo vandeó y para sacar la bala fue preciso abrirle bajo la tetilla por un Cirujano pa. sacarle con tijeras. Ha habido mucho destrozo por una y otra parte y muchísimas traiciones que para contarlas "todas falta tiempo".

El manuscrito proyecta, sin duda, visión fugaz de aquellos acontecimientos. Pero esta carta arroja datos de interés: la muerte de los bizarros oficiales aludidos y la herida de Fulgencio Yegros, puesto que a él se refiere, indudablemente, la cita.

La colaboración paraguaya en la defensa de Buenos Aires y Montevideo fue magnifica. Los paraguayos murieron ciento y tanto entre ellos un Alférez Don Romualdo Agüero y el hijo mayor de Don Agustín Recalde, dice la carta. Don Juan F. Pérez Acosta, que se ha ocupado, con acopio de datos, del mismo punto, consigna otras referencias interesantes, arrancadas a los secretos de los archivos de Asunción y Buenos Aires. Según el nombrado historiógrafo, el Paraguay no solo envió fuertes contingentes, sino que, además, donativos colectados entre el vecindario de la Asunción. Así se juntaron 6.739 pesos fuertes, a los que hay que agregar los Quinientos que remesó el Obispo Videla. Ambas sumas fueron enviadas a Buenos Aires para la Caja destinada a sufragar los gastos de la defensa.

A medida que transcurre el tiempo y se avanza en el campo de las investigaciones históricas, se comprueba y se confirma la influencia que tuvo, para cohesionar las fuerzas criollas, el audaz intento de las Invasiones Inglesas. Librados a su suerte por la defección de los Jefes españoles, los americanos se dieron cuenta de su propio valer y esa circunstancia determinó, quizá preponderantemente, las aspiraciones libertarias concretadas, años más tarde, al finalizar la primera década del siglo XIX.

El episodio de Sobremonte huyendo a Córdoba cuando arreciaba la lucha contra los rubicundos guerreros de la poderosa Albión, se repitió poco después, con iguales resultados, en el Paraguay. Velasco escapaba también abandonando a sus hombres que defendían el terruño de la invasión de Belgrano.

Varios de los paraguayos que actuaron en Buenos Aires y Montevideo habrían participado, sin duda, de las mismas inquietudes psicológicas de los porteños. Y así se explicaría el fervor y la confianza con que afrontaron la gesta de la Independencia, superando los obstáculos opuestos a la audaz empresa.

Pero esas Invasiones Inglesas tienen para nosotros un significado especial, porque fue allí donde, por primera vez, se enarboló el lábaro tricolor que luego habría de constituirse en Bandera Nacional del Paraguay. Don Juan Manuel Sosa Escalada refiere, recogiendo una tradición oral que confirmó más tarde con base documentada, que para distinguir a las tropas paraguayas que venían a sumarse a las huestes defensoras de Buenos Aires y Montevideo, se les dio la insignia con los colores rojo, blanco y azul, la cual, orgullosa y honrada en manos de los bizarros combatientes que supieron llevarla a la victoria, flameó airosa en medio de las balas inglesas que llovían. Es probable que esa orden fuera impartida por don Santiago Liniers mientras organizaba la defensa de la plaza, en cuyo caso el ilustre francés designado más tarde Virrey en mérito a su actuación en aquellas jornadas, vendría a ser el creador de nuestra Enseña.

Fue esa bandera tricolor la que adoptó el Congreso del 12 de Octubre de 1.813 como insignia suprema de la patria. Izada en la Casa de Gobierno, en los colegios y en los cuarteles, conoció los altibajos de nuestra historia en el decorrer de la dictadura francista y en la magnífica época de Don Carlos Antonio López. Y años más tarde fue el guión luminoso tras el cual iban nuestros soldados en las leyendosas acciones de la guerra del 70, y la que insuflando patriotismo, hizo el milagro de la superación magnífica de nuestro Ejército ciudadano en la contienda del Chaco. Bandera bautizada en las Invasiones Inglesas, santificada por los Próceres de Mayo y glorificada en tres guerras igualmente grandes en la dimensión de su dispar fortuna y en la identidad de su heroísmo.

ASUNCIÓN, 1939

Observación: Carta transcripta literalmente con algunos ajustes ortográficos a la usanza actual de manera que sea más entendible.




Juan F. Pérez Acosta — Las invasiones inglesas. Su repercusión en el Paraguay.
Archivos de Fulgencio R. Moreno
Revista Guarán - 11 de Agosto de 1.939
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