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Clases con la Prof. Juilliard, Pt.3: Adam Smith, socialista

Parte 3: Cómo algunos pelotudos leen a Smith como si él hubiera escrito en 1976 y no 1776




¿Cuántas veces no escuchamos a milanesa a Cavallo, al Terminator del peronismo Arnold Sturzenegger y al primo rolinga del Duende Verde, Javier Milei, citar al gran padre del liberalismo Adam Smith "El estado no debe intervenir, la mano invisible del mercado lo arreglará todo"? ¿No es eso mismo lo que nos enseñaron en el colegio? ¿No hay que abrir los mercados y tener libre comercio irrestricto para surgir como una nación rica?

¡NO!


Lo que ocurre con Smith es lo mismo que ocurre con Marx, una lectura que se despega totalmente de su sentido original a causa de no aplicar una aproximación "hermenéutica". En resumen, hay que ser muy pelotuda o pelotudo para leer a Marx o a Smith y tratar de usarlos directamente en nuestra realidad diaria, siendo que ellos dos vivieron hace dos siglos atrás. Por ejemplo, cuando Marx escribió el intricado sistema financiero de especulación ni los bancos centrales jugaban un papel importante; hoy en día gran parte del valor de cambio no depende del mercado económico sino del mercado financiero Y ESA ES UNA GRAN DIFERENCIA.

En cuanto a Smith, como veremos a continuación, a falta de los medios de transporte modernos, las tecnologías que permiten la conservación de la mercancía (no es lo mismo para un inglés comprar carne argentina hoy que hace 300 años, antes le llegaba una cosa dura como ladrillo y salada, hoy básicamente lo mismo que levantamos nosotros de la góndola del supermercado), las formas de libre cambio monetario, etc. la economía liberal tendía a un enfoque nacional e interno, mientras que la internacionalización de los capitales solía ser algo muy poco frecuente, e inconveniente, a excepción de que fuera completamente necesaria. Citando La Riqueza de las Naciones:

En primer lugar, cada individuo procura emplear su capital lo más cerca de casa que
sea posible, y por ello en la medida de lo posible apoya a la actividad nacional, siempre
que así pueda obtener el beneficio corriente del capital, o al menos uno que no esté muy
por debajo del corriente.
Así, si los beneficios son aproximadamente iguales, todo comerciante mayorista
prefiere naturalmente el comercio local al comercio exterior, y el comercio exterior al
comercio de tránsito. En el comercio local nunca pierde de vista a su capital, algo que
ocurre a menudo en el comercio exterior. Conoce mejor la personalidad y condiciones de
las personas en las que debe confiar, y si alguien le engaña está más familiarizado con las
leyes del país para resarcirse del daño sufrido. En el comercio de tránsito el capital del
mercader está por así decirlo dividido entre dos países extranjeros, y ni una fracción del
mismo es remitida necesariamente a su residencia ni colocada ante su vista y control. …
De ahí que el propio país sea, si se me permite decirlo, el centro en torno al cual giran
continuamente los capitales de los habitantes, y hacia el que siempre tienden, aunque sean
por causas particulares algunas veces desviados y repelidos hacia inversiones más
apartadas. Ahora bien, un capital invertido en el comercio interior, como ya ha sido
explicado, necesariamente pone en movimiento una actividad mayor, y proporciona
ingreso y empleo a un número de habitantes mayor que un mismo capital invertido en el
comercio exterior
; y uno invertido en el comercio exterior posee una ventaja análoga sobre
uno invertido en el comercio de tránsito. En consecuencia, dada una rentabilidad igual o
casi igual, todas las personas se inclinan naturalmente a invertir su capital en la forma que
probablemente da el máximo apoyo a la actividad nacional y asegura ingreso y empleo al
máximo número de personas de su propio país.

En segundo lugar, cada individuo que invierte su capital en la actividad nacional,
necesariamente procura dirigir la actividad para que la producción alcance el máximo
valor posible. …
El ingreso anual de cualquier sociedad es siempre exactamente igual al valor de
cambio del producto anual total de su actividad, o más bien es precisamente lo mismo que
ese valor de cambio. En la medida en que todo individuo procura en lo posible invertir su
capital en la actividad nacional y orientar esa actividad para que su producción alcance el
máximo valor, todo individuo necesariamente trabaja para hacer que el ingreso anual de la
sociedad sea el máximo posible.
Es verdad que por regla general él ni intenta promover el
interés general ni sabe en qué medida lo está promoviendo. Al preferir dedicarse a la
actividad nacional más que a la extranjera él sólo persigue su propia seguridad; y al
orientar esa actividad de manera de producir un valor máximo él busca sólo su propio
beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un
objetivo que no entraba en sus propósitos
.


Veamos otro ejemplo donde Adam Smith utiliza metáfora de "la mano invisible", esta vez de su libro "Teoría de los Sentimientos Morales".

El producto del campo sustenta siempre casi el número (máximo) de habitantes que puede sustentar. Los ricos sólo eligen del montón lo que es más valioso y agradable. Ellos consumen un poco más que los pobres, y a pesar de su egoísmo natural y rapacidad, aunque sólo buscan su propia conveniencia, pese a que el único fin que ellos pretenden del trabajo de los miles que emplean sea la gratificación de sus propias vanidades y deseos insaciables, ellos dividen con los pobres el producto de todo su progreso. Ellos están guiados por una mano invisible para lograr casi la misma distribución de los víveres para la vida.


Como podemos ver, en estas dos ocasiones que Adam Smith habla de riqueza por medio de la mano invisible lo hace, en primer lugar, cuando la inversión para la producción de mercancía es nacional, ya que la producción sólo genera riqueza cuando da trabajo. En el otro caso, hablando de la producción de materia prima, (recordemos que este hombre escribió antes de la Revolución Francesa), cuando habla de terratenientes rurales que son dueños de miles y miles de hectáreas de campo habla de cómo sí o sí, tienen que emplear a miles de personas.

Adam Smith no vivió lo suficiente para ver el desarrollo de la globalización, de lo fácil que se volvió para los capitalistas importar mercancías y así evitar la producción e industrialización de la nación en la que están establecidos. Adam Smith no vivió el tiempo suficiente como para ver las máquinas a combustión interna (tractores, avioneta fumigadoras, sistemas complejos de riegos) ni las nuevas tecnologías agrícolas (nuevos pesticidas, cultivos genéticamente modificados, la modificación selectiva de rasgos por medio del cruzamiento entre variedades de cultivos), etc. para ver que el trabajo que antes ocupaba la vida entera de decenas de personas ahora podía ser realizado por un sólo hombre.

En cualquier caso Adam Smith, y los invito a ustedes a que lean sus libros enteros y no resúmenes o comentarios, siempre asocia la prosperidad económica a dos cosas:

1) A la producción industrial local, en detrimento de la importación

2) A la participación masiva de trabajadores en los campos productivos

También podría citar otras cosas, como cuando él abiertamente declara que en algunas cosas debe haber regulación del gobierno, o cómo los víveres debieran estar libres de impuestos (leche, azúcar, telas) etc. y poner altos impuestos a los lujos (luxuries) como el tabaco, las joyas, etc.

Si conocemos el nombre de Smith más de doscientos años después de su muerte fue porque era un tipo inteligente, pero no era vidente. Si leen sus obras van a ver que siempre toma al trabajador como en posición desfavorable y al capitalista como un ser amoral y codicioso, pero que obligado por las condiciones tecnológicas de su época, su empresa trae riqueza a la sociedad.

Hoy en día por las nuevas tecnologías eso ha cambiado. Ya no se puede ser capitalista o marxista, las condiciones materiales son otras, no podemos refugiarnos en estas antigüedades buscando un modelo al cual copiar, pero sí buscando la sabiduría y puntos de reflexión común que nos ayuden a guiarnos en este nuevo panorama. Y si algo no enseña Smith es que las riquezas de las naciones está en la producción nacional y el comercio local, en el trabajo de las masas y la apuesta por el trabajador común, no en los privilegios de un selecto grupo de empresarios.

En resumen, Smith estaba comprometido con la prosperidad y la libertad del trabajador, que cuando él escribió eran las cadenas tecnológicas y logísticas de los capitalistas. Ahora es la hora de luchar por los derechos, con el progreso de la ciencia y los mercados los capitalistas están libres de ese yugo que en los años de Smith era natural e inescapable. Es ahora cuando debemos luchar por recobrar el bienestar que brinda la producción capitalista, y no dejar que se convierta otra vez en ese monstruo que nos devoró en los noventa y a principios de este siglo.
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