Ping pong
Al doblar la esquina, vi a Tincho caminando adelante, le grité y me esperó, seguimos caminando juntos riendo y sin saber que esperar de esa noche. A mitad de cuadra, la casa del cumpleañero se presentó, no era grande, pero tenía un lindo patio frontal con una curiosa fuente. Tocamos timbre y tuvimos que esperar un largo rato para que nos abrieran. Detrás de la puerta grande de madera, apareció la cara de Franco, con una gran sonrisa, se la devolvimos saludándolo y deseándole un feliz cumpleaños, en ese momento, me dio pánico que los otros invitados le hayan regalado algo. Miré a Tincho y me tranquilicé cuando no vi ningún paquete, al menos no estaba sólo. Entramos por primera vez a la casa, y vimos una habitación grande con una mesa de ping pong, ya ocupada, y varios sillones. La desesperación de no conocer a nadie, y de ver el aspecto de los invitados, me duró poco ya que detecté a Federico haciéndome señas desde el fondo. Le hice una seña a Martín, y me siguió. Luego de los saludos, miré alrededor y vi a las chicas en la cocina. Atravesé la puerta de vidrio y las saludé. Faltaba una. Lucía. La busqué con la mirada, me había dicho que vendría. “Correte” me dijo una voz femenina de atrás, era ella, parecía enojada, tenía una escoba en la mano. Miré el suelo y me di cuenta de que estaba pisando unas papas fritas. Me hice a un lado mientras la jodía con su manera de saludar. No se rió. “Mejor vuelvo más tarde” pensé y volví con los chicos. Diez minutos más tarde, luego de intercambiar noticias de futbol, entraron las chicas y se sentaron. Seguí hablando con Federico, pero no pude evitar escuchar una conversación entre Santiago y Lucía, en la que él la acusaba de cancelar la ida al cine. Me alarmé, y presté más atención, ella se excusaba con que se le había hecho tarde, no pude evitar sentir tristeza pero logré disimularla para que Fede no la notara. De repente Lucía se paró y fue a la cocina, se encontró con Gastón, lo saludó y se quedó hablando. Aproveché para hablar con Santi, haciéndome el boludo, me acerqué al tema. “Che ¿Qué es eso que hablabas con Lu? ¿La invitaste al cine?” “Sí sí, pero tranqui, como amigos” Por segunda vez en la noche tuve que hacer un esfuerzo por disimular, esta vez, la felicidad. Me invitó a jugar al ping pong, acepté para distenderme. Después de varios partidos volvimos con los demás. Me senté en el sillón y la busqué. No estaba en el grupo, giré la cabeza y la vi, seguía hablando con Gastón. Temor. Le pregunté a las chicas si sabían algo “Sí aparentemente, se le tiró Gasty o algo”. Esta vez no pude disimular.
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