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Cuento Corto: Trabajo Inconcluso

Arte3/30/2009
Bueno...básicamente este post es una suerte de cuento corto que escribí.
Medio que de alguna forma decidí "compartir" las cosas que escribo (algo así como que "me animé") y tá...la idea era postearlos.
Lo metí en la categoría de arte porque en sí es una forma de expresar algo...que creo que es lo realmente importante cuando se habla de arte
Espero que les guste...acá va el primero
(foto extraída de la pág www.jasonchanart.com)

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TRABAJO INCONCLUSO

Guardado en un recoveco meticulosamente escondido en lo más profundo de mi ser, dejé intactos (y con cierta nostalgia) a todos esos impulsos, sentimientos, deseos, anhelos, objetivos e innumerables sueños que compartí, imaginé y proyecté junto a él en algún momento de mi pasado. Ese era el plan. Olvidarme completamente de él. Borrarlo de los archivos de mi memoria. Nunca recordar siquiera que alguna vez lo recordé. Inexistente, distante, efímero y transparente….olvidarlo, pretender que nunca fue una persona…..al menos no una que yo haya tenido la oportunidad de conocer en algún momento de mi insignificante pasar por este curioso trayecto al que llamamos “vida”.
Me sometí a todos los tipos de medios que estaban a mi alcance para deshacerme de su recuerdo…estuve con cuanto hombre me pretendía (sin quererlo en realidad); ingerí una cantidad absurda e increíble de fármacos y otras sustancias; simulé problemas mentales para que, al realizarse sobre mi cierto tipo de intervenciones neuroquirúrgicas hicieran que su rostro, su cuerpo, su olor y su presencia se arrancaran de mi persona. Todo, absolutamente todo con el único propósito de lograr que desapareciese de mi cabeza, de mi alma y de mi corazón. Y todo, absolutamente todo lo que hice, no solo fue en vano, sino que resultó ser autodestructivo.

Ya al borde del delirio, decidí quitarme la vida.
No podía ser tan difícil…
Era lo más cómodo para mí.

Y eso fue lo que hice…bah, al menos, fue lo que intenté hacer.

Luego de llegar a esta conclusión, tomé las pastillas para dormir, y me dispuse a ingerirlas rápidamente, con la ayuda de una botella de brandy. Me recosté en el sofá azul, estampado con numerosas y pequeñas margaritas, que se encontraba en la esquina superior izquierda (si se lo mirara desde arriba) de la sala de estar de mi departamento, y me quedé allí, inmóvil, esperando que llegara la tan deseada pero segura visita de la misteriosa y letal parca.
Lo que nunca estuvo en mis planes fue despertar alrededor de dos horas mas tarde, sin otra visita que la de un dolor de cabeza insoportable, acompañado de copiosas idas al baño, una cantidad ingente de vómitos (de aspecto verdoso, algunos más líquidos, otros se asemejaban más a una pasta bordó grisácea) mareos agudos (equivalentes al efecto producido por siete litros de vodka, cuatro botellas de whisky y unos cuantos litros de cerveza, pero sin contar el frenesí y/o buen humor que este estado conlleva), pérdida parcial de la conciencia y un profundo sentimiento de angustia.

…¿Será posible?...

Parecía un chiste de mal gusto.

Todo lo que quería era morirme, ¿a caso pedía demasiado?

En un intento desesperado, tomé el hipoclorito que se encontraba en la cocina y lo mezclé con todo el veneno para ratas y todos los insecticidas que encontré en el baño de mi morada, el cual se encontraba a solo unos pasos del anteriormente nombrado aposento (debido a mi estado, poco podía moverme).
Exactamente tres horas y quince minutos después de mi segundo intento de autoeliminación lo único que logré fue aumentar más todavía los vómitos (que pasaron del verde y el bordó al anaranjado con una serie de componentes sólidos en el fluido que no logré identificar claramente) y las idas al baño (más frecuentes, más desastrosas y con diarrea incluida esta vez).

Y seguía viva.

¡Todo aquello era una pesadilla..!

Pero ya me había costado lo suficiente juntar todo el valor necesario para matarme, y no pensaba arrepentirme a esa altura.
Acto seguido, me dispuse a volver hacia la cocina (con mucha dificultad, agarrándome de todo lo que tenía cerca para poder mantener el equilibrio) y, luego de pasar por el costado derecho del angosto espacio que se encontraba entre la mesa de roble oscuro en la que comía todos los días y el blanco mueble de la cocina con la mesada de mármol gris, me acerqué hacia el lavavajillas y tomé un cuchillo.
Con más dificultad aún me encaminé hacia la sala de estar y, una vez allí, la gran cantidad de sangre que avanzaba lentamente sobre la alfombra blanca fue la clara prueba de que mis cortes en los brazos fueron lo suficientemente profundos y precisos como para poder desangrarme tranquila.
Eso tenía que bastar.
Fue bastante más doloroso en comparación con los intentos anteriores, pero en ese momento el dolor no me importaba en exceso. Yo solo pretendía la efectividad del método empleado para poder asegurar mi muerte. Y estaba un noventa por ciento segura de que iba a morir esta vez. Si, era obvio, iba a morir. TENIA QUE MORIR.
Tal fue mi convicción al respecto que, una vez inconsciente, creí que ya había abandonado el calor de mi menudo cuerpo…

Y la realidad era que seguía con vida.
Mareada, débil, pálida y sin fuerzas…
Pero aún CON VIDA.

¡Increíble…!

La impotencia se apoderó de mí.

Y para mejorar mi situación, la escena que se desarrollaba a mi alrededor (una vez que recobré la poca conciencia que desgraciadamente aún poseía) era petrificante y surreal: por doquier veía pequeños insectos azules que se devoraban las paredes de mi casa y, con horror, contemplé netamente inmóvil como una babosa de metro treinta de largo por cincuenta centímetros de ancho se deslizaba sobre mí con su desagradablemente púrpura anatomía.

¿QUE DEMONIOS ERA TODO ESO?
¿DE DONDE SALIERON ESOS SERES EXTRAÑOS Y POR QUE ME ESTABAN ATORMENTANDO ASI?

Realmente estaba desquiciada.

Sin entender bien cómo ni por qué, me levanté del suelo con una fuerza inimaginable y me dispuse a huir de la sala de estar (con la babosa aún adherida a mi solera de seda color marfil que me costó exactamente ochenta dólares) de manera torpe y patética. Con la vista nublada por el llanto, me decidí a hacer aquello que juré no hacer salvo que el caso fuese extremo. Recorrí el corto pasillo de mi morada con el piso de parqué encerado totalmente arruinado por mi sangre (y por lo que parecía ser un fluido de aspecto inusualmente asqueroso que emanaba incontrolablemente del ser repugnante pegado a mi cara vestimenta y a mi delicada y frágil piel). Al llegar al fondo de este, me encontré con la puerta de mi cuarto. La abrí atropelladamente y entré. Las rojas paredes de la habitación parecían palpitar al mismo ritmo del pum-tac de mi corazón, y con tanto movimiento y apuro no me percaté bien de que mi cómoda cama se hallaba tan sólo a unos centímetros de mis rodillas, razón por la cual estas se toparon violentamente con mi lecho, aumentando aún mas si es posible la hemorragia que en ese momento se hacía bien presente en mi organismo. Gritando, intenté sacar a la babosa de mi cuerpo, pero no pude. La muy cínica se movía cada vez más lento, desplazándose a lo largo de mi rostro, ¡¡¡¡llegando ahora a la altura de mi boca…!!!!
¡¡¡¡….!!!!!

Suficiente.

¡SUFICIENTE!

Iba a hacerlo, el asco y el malestar que sufría en ese momento no me dejaban otra salida.
Con muy poco cuidado, abrí estrepitosamente el tercer cajón (comenzando a contar desde el que se encontraba más arriba) de los cinco que poseía mi negra mesita de luz, y me dispuse a tomar el revólver plateado que allí reposaba, como esperando pacientemente mi llegada.
Inmediatamente, corrí con la punta de mi arma a la babosa para poder introducirla dentro de mi boca, y así volarme los sesos y MORIR DE UNA BUENA VEZ.
Pero en vez de perforarme el cerebro, la bala rebotó en mi cráneo y se quedo allí suspendida, sin afectar ni una sola porción de los hemisferios del comandante de mi retorcido sistema nervioso. Es más, en el trayecto, la bala me pegó en el ojo, haciendo que el globo ocular saliera de su lugar normal y cayera sobre las blancas sábanas bordadas en rojo y negro que se encontraban prolijamente ordenadas en la cama.
En consecuencia, lo que ocurrió luego no resulta muy extraño: el hecho de presenciar todo lo ocurrido hasta el momento bastó para provocar mi desmayo ulterior (además la babosa no me ayudaba mucho: se limitó a jugar con lo que alguna vez fue mi ojo izquierdo…eso de alguna manera funcionó como un agente potenciador de este repentino desvanecimiento).

Y eso es lo último que logro recordar.

Todo lo que sé ahora es que la Señora Caterina del 502 (es decir, mi vecina de piso), oyó mis gritos y un disparo, hecho por el cual decidió llamar a la policía para que estos irrumpieran en mi departamento. Minutos más tarde, una ambulancia llevó mi tétrico cuerpo al hospital más cercano de la zona.

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Ya pasaron dos horas desde que la coordinadora del CTI de adultos me interrogó sobre lo sucedido, y yo le relaté lo ocurrido con lujo de detalles, a manera de desahogo. Hace dos horas exactamente que las risas provenientes del cuarto médico que se halla a tan sólo unos metros de mi cama no cesan de escucharse. No los culpo…realmente los eventos que viví fueron estúpidos y bastante desafortunados.
También me visitó la psiquiatra.
(Creo que le di material suficiente como para producir un genuino best-seller médico).
Y nadie de mi familia vino a visitarme….aunque esto no me sorprende.
Me gustaría poder verlos…pero con un solo ojo tal vez me resulta incómodo…por ende, supongo que así es mejor.

Creo que me voy a dormir...no tengo nada que hacer despierta (además de que las risas, para ser franca, están empezando a molestarme un poco)

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((Sala 14 del CTI de adultos del hospital Mediterráneo. Silencio. La paciente duerme, hasta que unos golpes en la puerta interrumpen su descanso))



TOC-TOC
¡¡¡¡TOC-TOC!!!!


-(QUIERO DORMIR, ¡VAYANSE!)


TOC-TOC!


-(¡¡¡¡¡¡¡¡AVE MARIA PURISIMA!!!!!!!!)Adelante…



¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡…!!!!!!!!!!!!!!!!!

No puedo creer lo que veo. Es Gabriel. Mi padre. Ese que dicen que solo veo por esquizofrenia (que sabrán ellos….). Ese por el cual me sometí a los tratamientos, a los libidinosos homo-sapiens, a las intervenciones quirúrgicas…al suicidio inclusive.
Es el por que de los mejores y peores recuerdos de mi vida.
Es…el justificante de mi supuesta enfermedad psiquiátrica.

(¡ES EL!)

Ahora bien…no entiendo por que está en este lugar…
¿Qué está haciendo?....
-Papá, ¿qué me estás haciendo…? ¿Papá…? ¿PAPA, ESTAS AHI?

(Silencio)

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH, ODIO CUANDO DESAPARECE ASI!!!!!!!!!!

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡TE ODIO PAPA!!!!!!!!!!!!

Ahora entiendo….pero si apretó el botón para llamar a la enfermera…
Maldito desgraciado. Te odio Gabriel. TE ODIO PAPA!

-¡¡¡¡¡¡¡¡TE ODIO TE ODIOOOOOO, TE ODIOOOOO!!!!!!!! PAPA SOS UNA ESCORIA, GABRIEL SOS UN INFELIZ…DEJAME TRANQUILA, ¡ANDATE DE MI VIDA!...Y UD HAGA EL FAVOR DE SOLTARME, SUELTEME SEÑORA…NO ESTOY LOCA, NO-ESTOY-LOCA, DEJEME TRANQUILA, QUIERO MORIRME, QUIERO PAZ, ¡¡¡¡S-U-E-L-T-E-M-E!!!!

No entiendo por qué me agarran, no entiendo por que me mira así esta idiota….ni que fuera una lunática. No puede tratarme así…¿que está haciendo?...¿que me está inyectando en el suero?...quuueeee mee eeessttaaaa poniendo een eeeel cuerpo….deeeejeeenme traanquila poor fav…or.

(Silencio)

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Ya pasaron 5 meses desde mi fallido intento de suicidio. La gente aún lo comenta. A veces me cuesta entenderlos porque los fármacos no me permiten concentrarme bien. No me siento muy lúcida últimamente.
Mi familia vino solo una vez…pero mi aspecto los horrorizó lo suficiente como para que dejaran de visitarme.
Gabriel no volvió. Gracias al cielo.
Pero por desgracia, no consigo olvidarlo…
…aún está en mis pesadillas…
La única que me visita a veces es mi púrpura y viscosa amiga. Pobrecita. Y eso que la traté horrible…
Me siento débil, inútil, y todavía no me dan el alta…

¿Pero saben que es lo peor?



Ahora más que nunca me quiero morir…

Y, desafortunadamente…sigo con vida.

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