Eludamos las guerras
Hace treinta y seis años que ocurrió la Guerra de las Malvinas. En donde murieron cientos de jóvenes soldados en el campo de batalla. Sin saber siquiera, antes del inicio de la confrontación bélica, por qué razones sus superiores los entrenaban con tanto fervor. Tal como se muestra en el cuento “Clase 63” de Pablo de Santis en donde los mancebos soldados del Servicio Militar Obligatorio se percataron tardíamente de que ellos acababan de tomar las islas. Y que justamente debían defenderlas con su vida. Sin embargo, el narrador del relato mencionado anteriormente dice que “Mientras en las tapas de los diarios y en la televisión sólo había noticias de triunfos, en el cuartel había (…) rumores de desastres y de muertes”. Determinamos en esos términos que esa pugna solo sirvió para el desencadenamiento de destrozos materiales y muertes irremplazables. Sin olvidar que ese enfrentamiento bélico dejó secuelas intolerables en almas atormentadas que nunca lograrán superar aquel tormento. Como Yagu, personaje de “Clase 63” que al volver de esa fatal guerra su amiga notó que “estaba muy distinto. Rengueaba”.
¿Y para qué sirvió ese modo de recuperar las islas? Si los soldados ni siquiera estuvieron provistos de un buen armamento para afrontar la batalla. Y esto no es un invento mío. Basta citar el cuento “Las otras islas” de Inés Garland para demostrar que “nada de lo que le habíamos mandado a los soldados había llegado a las Malvinas”. Entonces, ¿por qué razones los dictadores argentinos de ese momento planearon esa guerra si sabían perfectamente que no teníamos ninguna chance de salir airosos?
Me parece, por otro lado, que podemos recuperar las islas Malvinas sin necesidad de declarar la guerra a Gran Bretaña. Porque sabemos por el artículo “Malvinas, 30 años después” de Redacción La Voz que “Las Malvinas están demasiado lejos de Gran Bretaña y demasiado cerca de la Argentina”. Por esa razón, nos conviene utilizar ese argumento hoy en día para recuperar de forma pacífica nuestras tierras robadas.
Eludamos las guerras porque éstas generan multiplicidad de destrozos y severas pérdidas humanas. Y reconozcamos, sin necesidad de ser ortodoxos, que ir a la guerra está mal porque es pecado, como dijo alguna vez el Papa. Busquemos otra alternativa más civilizada para que nuestras islas Malvinas sean devueltas a la República Argentina. Para demostrarle al mundo nuestra moral y nuestro pacífico modo de resolver disputas. Sin necesidad de enviar al Matadero a nuestros vecinos, parientes o amigos.
Hace treinta y seis años que ocurrió la Guerra de las Malvinas. En donde murieron cientos de jóvenes soldados en el campo de batalla. Sin saber siquiera, antes del inicio de la confrontación bélica, por qué razones sus superiores los entrenaban con tanto fervor. Tal como se muestra en el cuento “Clase 63” de Pablo de Santis en donde los mancebos soldados del Servicio Militar Obligatorio se percataron tardíamente de que ellos acababan de tomar las islas. Y que justamente debían defenderlas con su vida. Sin embargo, el narrador del relato mencionado anteriormente dice que “Mientras en las tapas de los diarios y en la televisión sólo había noticias de triunfos, en el cuartel había (…) rumores de desastres y de muertes”. Determinamos en esos términos que esa pugna solo sirvió para el desencadenamiento de destrozos materiales y muertes irremplazables. Sin olvidar que ese enfrentamiento bélico dejó secuelas intolerables en almas atormentadas que nunca lograrán superar aquel tormento. Como Yagu, personaje de “Clase 63” que al volver de esa fatal guerra su amiga notó que “estaba muy distinto. Rengueaba”.
¿Y para qué sirvió ese modo de recuperar las islas? Si los soldados ni siquiera estuvieron provistos de un buen armamento para afrontar la batalla. Y esto no es un invento mío. Basta citar el cuento “Las otras islas” de Inés Garland para demostrar que “nada de lo que le habíamos mandado a los soldados había llegado a las Malvinas”. Entonces, ¿por qué razones los dictadores argentinos de ese momento planearon esa guerra si sabían perfectamente que no teníamos ninguna chance de salir airosos?
Me parece, por otro lado, que podemos recuperar las islas Malvinas sin necesidad de declarar la guerra a Gran Bretaña. Porque sabemos por el artículo “Malvinas, 30 años después” de Redacción La Voz que “Las Malvinas están demasiado lejos de Gran Bretaña y demasiado cerca de la Argentina”. Por esa razón, nos conviene utilizar ese argumento hoy en día para recuperar de forma pacífica nuestras tierras robadas.
Eludamos las guerras porque éstas generan multiplicidad de destrozos y severas pérdidas humanas. Y reconozcamos, sin necesidad de ser ortodoxos, que ir a la guerra está mal porque es pecado, como dijo alguna vez el Papa. Busquemos otra alternativa más civilizada para que nuestras islas Malvinas sean devueltas a la República Argentina. Para demostrarle al mundo nuestra moral y nuestro pacífico modo de resolver disputas. Sin necesidad de enviar al Matadero a nuestros vecinos, parientes o amigos.