Hace tiempo me sentía picado, observado, usado, distraído, cansado, estúpidizado por la falta de actividad que estaba presentando. Solía ser más activo, y hasta creativo a la hora de manifestar mis deseos a la orden del día.
Mi hambre fue desvaneciendo con el paso del tiempo, viejo me iba poniendo viendo los brillosos amaneceres que me permitían enfocarme mejor, y hasta optimizar sobre mi pésimo estado físico y mi indebido coraje, demostrado en cada amarga corrida pegada para lograr alcanzar aquel palo que simula ser un alimento de dios.
Descansé a un lado de la plaza. El tiempo de sobra siempre está presente en mi angustiante y aburrida vida, ya que no hago mas que desaprovechar mis chances de huir, escapar hacía mundos desconocidos, lugares remotos, donde las personas se comporten con cortesía con uno, donde puedas permitirte volar el tiempo que quieras y nunca aterrizar mal, siempre viendo hacía el horizonte o aquel largo y tenaz campo cubierto de desechos personales.
Pero mi espíritu no parecía descansar en paz. Siempre está en búsqueda de una religión, de una nueva costumbre, de una calida caricia en el cuello, y nunca conforme con lo realizado, o mejor dicho, lo poco realizado por mí.
Empecé a sentir que me desgastaba, a volverme viejo, a caer en las tentaciones. Todo me impedía todo, y lejos estaba de los remedios de la eternidad. Sin embargo estaba cansado del mundo estereotipo que me planteaba una estúpida rutina, y destrozado tras el castigo de no volver a visualizar aquella hermosa luz de sol, mientras el agua subía y alguien decía ausente para buscar algún pañuelo sucio extraviado debajo del sillón de la sala de invitados, decidí dormirme en la bañadera hasta no despertar jamás. Después de todo, la marea me iba a llevar igual.
Aún así, ¿a quién le importa el suicidio de un perro?
Fak23
Todo lo que publico está esscrito por mi. saludos