Me dejo llevar por mis pasos
que hacen el camino,
voy sumergiéndome en el cielo
recolectando las melodías insuperables
de sus almas,
de sus pechos, como luces blancas incesantes,
asisto al concierto de una obra soñada,
sus miradas de sueño, perdidas,
sus bocas pintadas,
sus miradas furtivas, de miedo y soledad…
Cuando la veo venir,
a lo lejos, insolente y desprevenida,
¡estás aquí!, me digo acompañando el tempo musical,
te miro y no me miras,
me miras y simulas no mirar,
sabes que tu boca me incita,
me dejo llevar por el falso rojo húmedo,
percibo tu deseo contenido en la histeria de tu miedo,
ya estás a unos pasos,
cruzamos los caminos, las estelas de nuestros cielos,
mi mirada te toca y huele tu frescura,
sientes la intimidación que buscabas
y al ver tu piel presumo el verdadero color de tus labios,
que en tu afán de seducción e inseguridad,
convertida en una exótica artista,
con una pincelada pusiste el color de tu deseo
y te miré desprejuiciado de toda contención
y me sumergiste en el abismo de tu mirada,
dejándome en un silencio de algodones perfumados
pasaste y fue una brisa lenta,
aunque tu recuerdo se frenó tres o cuatro pasos más
entonces supe tu secreto,
tu boca se movía develando el tono ignoto,
las bellas bocas no saben besar.