Es mediodía, acabo de despertarme (Dormir no es un placer, sino una necesidad). Desde la cama veo el sol que se filtra por las cortinas, la habitación parece a rayas, flotando en un espacio diferente (El Sol y su estructura). En la cama que está frente a la mía veo dormir a un ángel casi adolescente -mejor dicho, una “ángela” . Parece exagerado que el dormir y la luz puedan hacerla aún más hermosa, doncella atrapada en el misterio de sus sueños. Ella es Antonia, mi nieta, y en un mes cumple 14 años.
Intento levantarme; es duro. Para celebrar la llegada del 2013 he tomado demasiado champán, esa bebida inventada por un monje francés seguramente santo y sellada por las manos de Dios: Él suele alcanzarnos la copa.
Estoy en el lugar que mi buena amiga Elsa y yo hemos conseguido para envejecer juntas; su nombre no puede ser más apropiado: Agua de Oro. Es un pueblito en las sierras de Córdoba, Argentina. Al lado del jardín de nuestra casa pasa un arroyito.
Antonia es la invitada de estas vacaciones, con festejos de fin de año incluidos -y, claro, el 6 de enero llegarán los Reyes Magos, seguro que en el jardín, bajo los rayos de la luna que dan sobre un limonero e iluminan sus frutos. Antonia canta con voz de seda villancicos.
Volver al presente
Así será el tranquilo 1º de enero del 2013, anticipándome a la catástrofe del fin del mundo, que NO ocurrirá en el 2012.
Porque desde ahora hasta ese plácido mediodía, hay un zumbido de insectos venenosos en los oídos, de voces estridentes, risas de demonios en un parque de diversiones del infierno; sombras sólidas, incesante humareda.
La parte oscura de los seres humanos -parte oscura que, además, está aburrida y necesita fuertes emociones- siempre, desde los tiempos más antiguos, anunció la llegada del fin del mundo. Al terminar el primer milenio -esto lo leí con detalles en El nombre de la rosa, de Umberto Ecco- la gente se arrojaba a calderos hirvientes o se quemaba viva antes de comprobar qué le esperaba en 1001.
Profecías “científicas”
A elegir:
Un agujero negro se tragará la Tierra. O el cambio climático provocará repentinamente un colapso universal. O epidemias de enfermedades desconocidas e incontrolables nos asolarán hasta la muerte del último humano. O el terrorismo y la guerra nuclear nos harán desaparecer, si antes un meteorito no ha impactado contra nosotros y nos ha barrido, o bien, o bien… los robots tomarán el mando en nuestro mundo y se rebelarán contra la especie humana, tan ingenua.

Profecías “matemáticamente” religiosas
Nostradamus pronostica el apocalipsis en alguna época, algún día, pero sumando, restando, multiplicando y dividiendo, mentes estrictamente matemáticas han logrado ubicar una fecha para sus predicciones, fecha que por supuesto está en el año 2012.
Otros pueblos antiguos aportan sus pronósticos. El más importante viene de los mayas, de su calendario, que inteligencias actuales, y brillantes, han descifrado -también sumando y restando y actualizando el almanaque. Acá hay aún más precisiones: ocurrirá el 21 de diciembre del 2012, en coincidencia con Nostradamus y los “científicos”.
Consejos de Abu
La música, el dibujo y las manualidades, además del reino de los colores y los olores, el reino alquímico de la cocina, puede librarnos de nuestras obsesiones. Pero un consejo que debo darme sobre todo a mí misma es perder mi alma en el amor al prójimo, fórmula eterna de paz y bienestar, que corre a todos los apocalipsis, y ahí es cuando Dios nos escande el champán en la copa que le tendemos.
Empiezo por ustedes: les envío, de verdad, todo mi amor.
AUTORA
Mora Torres
Mora Torres

Datos personales
Sexo: Femenino
Lugar de origen: Buenos Aires
País: Argentina