Cansado. Lapiceras Bic que vuelan por los aires, mochilas destruidas arrojadas en el piso como trapos de cocina, insultos desagradables de fondo que ahuyentarían hasta al mismo demonio, enfermos corazoncitos en los pizarrones, machetes en los caños de las mesas y tatuados en el tobillo del menos inteligente del aula pero el más inteligente a la hora de las vivezas.
Cansado estoy, y ya me siento demasiado viejo para todo esto. Los gritos de las niñas molestas que necesitan explicación de cada detalle que uno dice no ayudan en este momento. Apenas puedo pensar. De muy poco sirven los consejos de mi psicólogo acerca de mantener la calma en momentos extremos, dígase este, o las pastillas para dormir que me recetó el médico. Sigo teniendo sueño. Sigo estando cansado. Sigo sin tener calma.
¡Cuanto ansío que desaparezcan todos los seres vivos de esta aula y mi escritorio se convierta en una cama de agua reconfortable integrada por almohada cómoda sin dibujos de por medio y sabana friolenta que pueda bajarme el calor que siento en este momento!
Para empeorar la situación, aparece el siempre incomodo ataque de sed, imposible de satisfacer en estas horas, no por el hecho de que deba abandonar de la clase por unos minutos, sino porque el buffet nunca está abierto cuando uno lo necesita. Apenas abre para el recreo, momento menos indicado para ir a comprar algo, y de ir, el buffet se convierte en un lugar del cuál prácticamente te cuesta una eternidad salir, y cuando logras poner un pie fuera, te das cuenta que estás de nueve meses.
Odio mi vida. Pude haber sido arquitecto. Mis padres decían que tenía mucho talento en eso. ¿Por qué no me metí en la arquitectura? Podría haber sido un buen arquitecto, y ahora estaría en Roma diseñando algún edificio con futuro a ser nombrado uno de los mejores de Italia. Aunque todos saben que siempre he querido ser astronauta y ponerme el traje, el casco, subirme a la nave y partir rumbo a Marte a descubrir si hay agua en el planeta rojo.
Pero debo dejar de fantasear. Ya parezco uno de mis alumnos, que se ilusionan diciendo “yo voy a ser músico” cuando a lo máximo que llegaran será a limpiar baños en un parador por tres pesos la hora.
Me estoy volviendo muy critico. ¿Será el momento? Espero que sí.
Debo seguir con la clase. Fue sólo un minuto de pensamientos. ¿Se habrán dado cuenta ellos de esto? No, fue sólo un minuto, como siempre, como todos los días, como en todas las horas que tengo que enseñar.
Ahora es mi turno de seguir con la clase como si nada hubiese pasado.
fak23