InicioArteEl vuelo Nupcial (Relato propio)

El vuelo Nupcial (Relato propio)

Arte9/14/2009
Agotado por las intensas horas de trabajo, Elías dejó el proyecto de producción de miel a un lado se tendió sobre el teclado, introduciénose lentamente en el mundo de los sueños. De pronto, sobresaltado por un ruido inusual, abrió sus ojos y miró a su alrededor, tratando de identificar el origen del continuo aleteo. Advirtió, sin comprender el motivo, que todo tenía una tonalidad anaranjada, como si el sol se hubiera colado por la ventana. Se refregó los ojos, intentando despejar esa visión, pero fue en vano, el color anaranjado se imponía en el espacio. Algo más le resultaba extraño y no alcanzaba a descifrar qué sensación lo embargaba. Percibió entonces un intenso y penetrante olor a miel y tocó la cama húmeda y pegajosa donde se encontraba. Miró a su alrededor queriendo entender qué pasaba. No necesitó anteojos, la intensidad y claridad de su mirada era increible, su campo de visión había aumentado desde que se quedara dormido, aunque algo en su interior le indicaba que no era él el que despertaba. Giró despacio la cabeza. Descubrió que se encontraba en una celda de apenas 8 milímetros de diámetro, recubierta de una sustancia dulce y brillante e imprevistamente, sintió un fuerte instinto que lo convocaba. Salió de su celda plegando las alas sin siquiera darse cuenta cómo lo hacía o en qué momento le habían crecido en su espalda. Caminó impaciente golpeándose con las paredes de la colmena. Centenares de abejas iban y venían de un lugar a otro, cada una absorta en su tarea. Le llamó la atención ver a varias obreras nodrizas llenar entusiasmadas la celda real con jalea. Preparaban la habitación para una nueva Reina. Una oleada de éxtasis y pasión le atravesó el cuerpo y el deseo de copular lo invadió por completo. Sin embargo, debía esperar, no sólo que la larva creciera, si no que la Reina se fijara en él, entre los muchos zánganos que la cotejarían, ansiosos por fecundarla. Regresó pensativo y ensimismado en su propio deseo. Reconoció su temor por no sentirse capaz de conquistar a la Reina. Durante los días siguientes, se preguntó infinidad de veces cómo podía atraer la atención de aquella Abeja y, a medida que analizaba lo que podía ofrecerle, se sentía aún más incompetente para seducir a la hermosa Reina. No tenía pertenencias, sólo su amor y su esencia. Era tan profundo y real su sentimiento que estaba dispuesto a poseerla y copular con ella, aún sabiendo que perdería su vida al alcanzar el gozo del encuentro. Mientras aguardaba la hora en que la Abeja saliera de su celda, comenzó a planear una estrategia. Le costaba confiar en su capacidad para seducirla. Miró a su alrededor, cientos de zánganos se preparaban como él para competir por el vuelo nupcial. Elías se sentía en desventaja; se miró las alas, ya estaban un tanto ajadas, el tiempo había dejado sus huellas y temía perder la batalla. ¿Qué podría ver en él, la Reina?, se preguntaba. Aquella tarde, mientras descansaba en su celda, escuchó un sonido especial y comprendió que se acercaba la hora del reto. La vio atravesar la entrada de la celda real, delgada, larga y extremadamente bella. El movimiento ondulante de sus alas lo invitaba a la entrega, pero él no estaba solo; otros zánganos ansiaban también copular a la virgen hembra. Cinco días había esperado hasta que la vio salir hacia el exterior de la colmena, iniciando su vuelo nupcial, jugando con todos los zánganos la seducción, la sexualidad, la entrega, sintiéndose verdaderamente la Reina. Él la miraba desde lejos, inseguro y temeroso de perder la posibilidad de aparearse con ella. Un zángano se aproximó demasiado rápido a la Reina sin darle tiempo a disponerse para la entrega. Molesta intentó alcanzarlo con su aguijón y, para su sorpresa, la Reina Madre se interpuso y lo protegió. ¿Quién sería este macho tan especial?, se preguntó Elías sin obtener ninguna respuesta. Luego del incidente, la Abeja Reina sin darle mayor importancia, se entregó al primer zángano que se acercó a fecundarla. Volaron juntos, copularon y disfrutaron del encuentro, hasta que la Reina lo atravesó con el aguijón, dando fin rápidamente a su vida. La Abeja continuó su vuelo nupcial, dispuesta a volar y copular indiferentemente con uno u otro zángano. Sólo quería ser fecundada para la continuación de su especie; sabía que esto le daría fortaleza y poder en la colmena frente a las obreras. Mientras tanto, Elías temeroso por no alcanzar a la Reina, diseñó la estrategia de su vuelo. Analizó pacientemente cada uno de sus movimientos, pero no sentía el valor suficiente para iniciar el planeo. Observó timidamente a la Abeja Reina deseoso de poseerla y fue entonces que ella lo vio. Sin reparos se miraron y el anhelo se acrecentó en sus cuerpos. Repentinamente sintió confianza en sí mismo y valor suficiente para creerse el elegido. Voló en vertical hasta la Reina, sin dudar siquiera un instante de su arriesgada entrega. Sabía que el zángano más fuerte fecundaría a esta Abeja y él no estaba dispuesto a perderla. Al ver las aletas anaranjadas de la hembra supo que ésta lo recibía dispuesta y olvidó en segundos su duda, su miedo y su inseguridad terrena. Elías y la Reina iniciaron su vuelo nupcial, copularon en pleno vuelo, cayendo una y otra vez al suelo, revolcándose entre la hierba. El tiempo se hizo eterno cuando zángano y Reina se envolvieron en una danza de amor y sexo. Comprendió entonces por qué había sido el elegido, podía ofrecerle a la Reina algo que todos los demás zánganos no habían podido y ella se entregaba por completo a este juego amoroso y perpetuo. Elías sabía que debía morir luego de este encuentro, pero no le importó, era capaz de dar su vida por este vuelo. Ahora confiaba más que nunca en su capacidad de seducir a la Reina. Cerró los ojos esperando feliz el aguijón que lo llevaría hasta el sueño eterno, no olvidaría jamás aquel momento de vibración, de energía, de luz que lo había hecho perder el miedo. No sintió nada, creyó que el amor lo había anestesiado al dolor, pero un aleteo y un susurro en su oído lo desconcertaron. No estaba muerto. Abrió los ojos, vio alejarse a la Reina feliz a depositar los huevos en los panales de cera, que le habían construido especialmente las obreras.
Datos archivados del Taringa! original
70puntos
167visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

h
hoponopono🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts21
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.