Primer post! Andanzas de un argentino como vos, indignado por trámites burócratas y pérdida de tiempo...

¡Qué lindo es hacer trámites en Argentina! Resulta que andar con el Documento Nacional de Identidad (DNI) es bastante peligroso en nuestras tierras, porque si se rompe, moja, extravía, es hurtado o cualquier otra cosa que signifique tener que renovarlo, puede implicar una demora de 6 meses hasta varios años de andar indocumentado por ahí. Entonces uno, como ser racional que es, prefiere obtener la Cédula de Identidad, que es un plástico cual tarjeta de crédito difícil de arruinar.
Llegó el fin de año, con las tan ansiadas vacaciones por cualquier trabajador, y me invitan a pasar unos días en Brasil. Ante semejante tentación, decido ir en búsqueda de mi Cédula (robada años atrás y nunca renovada) ya que mi DNI pasó alguna vez por un lavarropas y no está en perfectas condiciones, lo cual puede causar un rechazo no deseado en algún aeropuerto camino a Pipa. Acudí a la Policía Federal Argentina, organismo oficial a cargo de la emisión de la misma, en su Casa Central ubicada en la calle Azopardo. Sorpresa número uno: 6 de la mañana, cuando el sol aún no se deja ver, encuentro más de tres cuadras de cola para tramitar documentación varia. Y sí, regreso a mi casa, con la certeza que en la delegación policial de la Federal en San Isidro habría menos cantidad de gente.
Una vez depositado en el Partido de la Zona Norte, me acerco hasta la calle Moreno para comenzar a tramitar mi tan preciado plástico. Sin embargo, la sorpresa número dos se hizo presente: a las 7 de la mañana, los únicos 70 formularios que entrega esta sucursal ya tenían dueño, y era imposible que me atendieran durante esta misma jornada. Indignado y resignado, desistí de mi propósito hasta la salida del sol siguiente.
El despertador hizo su gracia a las 4.30 del martes. Una ducha y a la calle. Una hora había pasado desde el momento en que abrí los ojos hasta que llegué a la puerta de la delegación en San Isidro. No había nadie. Un oficial de civil salió del establecimiento (que durante las noches permanece cerrado por completo) y me dijo en forma irónica: "¿Para documentación? Llegaste temprano, hasta las ocho menos cuarto no atienden". ¡Qué raro, si el día anterior a esa hora ya no quedaban números en la fila! Para las seis de la mañana había detrás mío alrededor de treinta personas, y media hora más tarde ya estaban los 70 beneficiados de la fecha.
A las siete comenzaron a arribar oficiales que lentamente se acomodaron en su oficina. Amablemente abrieron la puerta y nos ofrecieron asientos para apaciguar la espera. Repartieron los formularios del día y a partir de las ocho tomaron los datos de cada uno de los que allí nos encontrábamos, para que luego esperáramos a ser llamados para registrar nuestras huellas digitales y una fotografía.
Entre conversaciones con gente que conocí en la misma fila, las peleas de los que llegaban tarde y no podían obtener su formulario con los oficiales que atienden como en cualquier organismo público, y el bendito calor que suele proporcionar nuestro clima, el ambiente se puso agobiante y el tiempo pasó de manera inesperada. Eran las nueve y yo, el primero de la fila, aún no había pasado al "cuarto de atrás".
Ahora sí. 9.15 escucho mi apellido en el vozarrón de un oficial que cumplía el rol de Jefe. Y ahí llegó mi sorpresa mayor, al observar dentro de las oficinas que tenía delante a seis personas que estaban finalizando de realizar su Cédula de Identidad, registrando sus huellas digitales e imprimiendo su cara en una fotografía. ¿De dónde salieron? Si a las cinco y media ni siquiera los pajaritos estaban en las inmediaciones de la Delegación San Isidro...
Argentina Siglo XXI, ya no sé de qué me asombro. Por la puerta lateral a la Comisaría entraban privilegiados que no necesitaban madrugar para obtener su credencial. Al presentar mi inquietud ante un oficial que tomó mis huellas digitales, sólo atinó a comentar entre sonrisas que no sabe de dónde salieron ni cómo llegaron antes que yo, pero sus palabras murieron ahí. ¡Qué indignación! De sólo pensar que mi plástico seguramente tarde más meses en estar listo que el de aquellos que ingresaron por la puerta del costado.
Ya está. Terminé el trámite pero no creo que esa cédula, mi cédula, esté lista antes del viaje a Brasil. Ma' sí, presentaré mi DNI, después de todo alguna vez pasó por una lavadora de ropa para estar más limpio de lo que estaba. Y lo predijo José Hernández, a través de Martín Fierro cien años atrás... "Hacéte amigo del Juez, no le dés de qué quejarse; y cuando quiera enojarse, vos te debés encojer, pues siempre es güeno tener palenque ande ir a rascarse".
Sebas L. (Enero 2009)