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ESE TENUE FRÍO

Esa mujer que me visita todas las noches, llega con su túnica blanca inmaculada que ciñe sus senos perfectos; me mira largamente y después se sienta a mi lado; luego, no recuerdo nada pero creo que hacemos el amor porque siempre tengo en la mañana una liviana sensación feliz. Cada noche la espero; no es puntual pero siempre llega. A veces siento que me contempla con tristeza, y hay madrugadas que al irse noto algo de indecisión en el brillo de sus ojos, y entonces me parece que no quiere volver; pero a la noche siguiente está aquí, se pasea con dulzura por la estancia, observa mis cosas y luego se queda como pensando. Estoy seguro que alguna vez lloró; talvez fue esa noche que llovía torrencialmente; esa noche cuando apagó la luz y se puso a leer mis versos... Sí... Estoy seguro que lloró. Ahora esta aquí; pero está ocasión es especial, es más suave conmigo, se pasea vagamente, viene me abraza y me besa infinitamente, y yo empiezo a sentir ese tenue frío tan suyo, tan tiernamente suyo, y que ya, desde esta noche, también es mío.










PAISAJE CON MUCHACHA BAJO EL SAUCE



El viento silbaba su canción de invierno con esa melodía mezcla de tristeza y alegría, en una de esas noches largas y frías en que el insomnio te atrapa bajo cero. Envolvía mis pensamientos en densas espirales de humo; me dirigí a la ventana y a través de la espesa niebla vi a la muchacha correr y guarecerse bajo el sauce, estaba empapada y su traje se le ceñía al cuerpo, tiritaba y había en los movimientos de su cuerpo un algo desolado, un algo de desesperación y desconsuelo, miraba para todos lados como queriendo escoger una dirección pero su decisión era imprecisa, no supe porqué se me ocurrió pensar que su mirada era triste y que talvez había llorado, algo en ella me impulso a salir, a ir en pos de su nostalgia; cuando lo hice ya había emprendido su marcha, sólo alcancé a ver entre la bruma su silueta que se perdía, que se diluía como si yo corriera tras una alucinación, no sé tampoco por qué al regresar y volver a contemplar el sauce solitario, se me ocurrió soñar que se llamaba soledad.







SU MIRADA: ESE HÁLITO DE ETERNIDAD

Al volver su rostro hacia mí, y quedarse mirándome fijamente con esos ojos de color indefinible, enmarcados en esas grandes alas de ángel seductor que eran sus pestañas, y ese aire alrededor suyo, revolviéndole los cabellos, me cautivó, me atrajo de una manera imposible de narrar, y entonces yo también me quede mirándola fijamente, pero su imagen se me diluía, no podía retenerla enteramente en mi retina. Ella seguía con su mirada puesta en mí, y creo que sus ojos iban adquiriendo un brillo fulgurante, cegador que hería los míos, luego se fue desvaneciendo hasta desaparecer y quedarme sólo ese hálito de eternidad y ese estar seguro que otra vez, muy pronto, vendrá, y yo también me desvaneceré en su brillo.








TRAS SUS PASOS EN EL VACÍO


La muchacha de la ventana se llamaba Violeta, la veía casi todos los días; siempre estaba triste, siempre con esa mirada puesta en la lejanía, como si en realidad no mirara nada, siempre con ese aire ausente, absorto. A veces alisaba sus cabellos, esa hermosa cascada taciturna, con movimientos despreocupados de una pasmosa lentitud que me permitía ver la palidez de sus manos, que no sé por qué se me ha metido que querían decirme algo. La muchacha se fue, abandonó un día la ventana, un día gris nublado, lluvioso, de un intenso frío. Debió haber pasado toda la noche dándole vueltas al asunto, si de pronto se estaba quedando dormida, se debe haber despertado por el sobresalto de alguna marga pesadilla perdiéndose en cualquier altura. Quién sabe que sentiría cuando saltó. Ese día también la vi, tenía el semblante pálido, cansado, con un marcado rictus de tristeza, aunque tenía también un algo de serenidad en su rostro. Al verla allí tendida sobre el húmedo pavimento y viendo brotar ese hilillo púrpura que salía de su cabeza y que se iba deshaciendo con la lluvia, me quedó la sensación de haberla conocido, de haber pasado muchos ratos juntos, de haber conversado sobre tantas cosas. También supe que algún día, quizás gris lluvioso, yo iré tras sus pasos en el vacío.


Camaleonblindado
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