En busca de la superabeja
Una joven abeja sale de una celda de cría. A lo largo de sus seis semanas de vida, esta obrera volará en busca de néctar, producirá miel y criará a la siguiente generación.
Imagen compuesta por 23 fotografías combinadas digitalmente
Billy Synk, Centro de Investigación de la Abeja Melífera Harry H. Laidlaw, Jr., UC Davis
Un investigador deposita una gota diminuta de fenotrina sobre una abeja –sedada dentro de un vaso de papel– para estudiar los efectos de este potente insecticida, en un experimento de la Universidad del Estado de Louisiana y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Como las abejas regresan a las colmenas al anochecer, casi nunca entran en contacto con esos productos, que suelen aplicarse de noche. Pero los investigadores han observado que incluso dosis mínimas pueden tener efectos negativos para estos insectos.
Frank Rinkevich, Universidad del Estado de Lousiana, Baton Rouge
En 2007 saltó a los titulares el «síndrome de despoblamiento de las colmenas», un fenómeno que hacía estragos en los colmenares de todo el mundo. Hoy la mayoría de los investigadores lo atribuye a una combinación de plagas, patógenos, pesticidas y pérdida de hábitat. El peor de todos esos elementos es el ácaro asiático Varroa destructor (en la imagen, sobre una larva de abeja).
Imagen compuesta por 200 fotografías combinadas digitalmente
Centro de Investigación de la Abeja Melífera Harry H. Laidlaw, Jr.
En un laboratorio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la técnica Sharon O’Brien sujeta con unas pinzas el aguijón de una abeja reina sedada mientras se dispone a inyectarle semen en el oviducto (el conducto de acceso a los ovarios). Los investigadores intentan criar abejas que sean resistentes a Nosema ceranae, un hongo parásito de Asia que está haciendo estragos en las colmenas de Europa y Estados Unidos.
Laboratorio de Investigación de Cría, Genética y Fisiología de las Abejas Melíferas, Servicio de Investigación Agrícola, Departamento de Agricultura de Estados Unidos, Baton Rouge
Rodeada de abejas nodrizas, una reina en una colmena experimental resistente a los ácaros extiende la lengua para recibir alimento. La reina, criada por investigadores del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, es «limpiadora», es decir, produce obreras que instintivamente detectan y matan las pupas infestadas de ácaros. Ahora los científicos están desarrollando abejas limpiadoras que además reúnan los rasgos más apreciados por los apicultores: docilidad, resistencia y abundante producción de miel.
Laboratorio del Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos
Una abeja extiende la probóscide para beber agua azucarada de un algodón en un laboratorio de la Universidad del Estado de Pennsylvania. Para medir los efectos de los productos agroquímicos, los investigadores comparan cuánto tardan dos grupos de abejas –uno de ellos expuesto a agroquímicos y el otro no– en aprender que una bocanada de aire perfumado (la flor) vendrá seguida de una recompensa (el néctar). Cada vez más, los científicos creen que muchos compuestos antes considerados inocuos causan daños sutiles a las abejas.
Laboratorio Mullin, Departamento de Entomología, Universidad del Estado de Pennsylvania
Una joven abeja sale de una celda de cría. A lo largo de sus seis semanas de vida, esta obrera volará en busca de néctar, producirá miel y criará a la siguiente generación.
Imagen compuesta por 23 fotografías combinadas digitalmente
Billy Synk, Centro de Investigación de la Abeja Melífera Harry H. Laidlaw, Jr., UC Davis
Un investigador deposita una gota diminuta de fenotrina sobre una abeja –sedada dentro de un vaso de papel– para estudiar los efectos de este potente insecticida, en un experimento de la Universidad del Estado de Louisiana y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Como las abejas regresan a las colmenas al anochecer, casi nunca entran en contacto con esos productos, que suelen aplicarse de noche. Pero los investigadores han observado que incluso dosis mínimas pueden tener efectos negativos para estos insectos.
Frank Rinkevich, Universidad del Estado de Lousiana, Baton Rouge
En 2007 saltó a los titulares el «síndrome de despoblamiento de las colmenas», un fenómeno que hacía estragos en los colmenares de todo el mundo. Hoy la mayoría de los investigadores lo atribuye a una combinación de plagas, patógenos, pesticidas y pérdida de hábitat. El peor de todos esos elementos es el ácaro asiático Varroa destructor (en la imagen, sobre una larva de abeja).
Imagen compuesta por 200 fotografías combinadas digitalmente
Centro de Investigación de la Abeja Melífera Harry H. Laidlaw, Jr.
En un laboratorio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la técnica Sharon O’Brien sujeta con unas pinzas el aguijón de una abeja reina sedada mientras se dispone a inyectarle semen en el oviducto (el conducto de acceso a los ovarios). Los investigadores intentan criar abejas que sean resistentes a Nosema ceranae, un hongo parásito de Asia que está haciendo estragos en las colmenas de Europa y Estados Unidos.
Laboratorio de Investigación de Cría, Genética y Fisiología de las Abejas Melíferas, Servicio de Investigación Agrícola, Departamento de Agricultura de Estados Unidos, Baton Rouge
Rodeada de abejas nodrizas, una reina en una colmena experimental resistente a los ácaros extiende la lengua para recibir alimento. La reina, criada por investigadores del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, es «limpiadora», es decir, produce obreras que instintivamente detectan y matan las pupas infestadas de ácaros. Ahora los científicos están desarrollando abejas limpiadoras que además reúnan los rasgos más apreciados por los apicultores: docilidad, resistencia y abundante producción de miel.
Laboratorio del Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos
Una abeja extiende la probóscide para beber agua azucarada de un algodón en un laboratorio de la Universidad del Estado de Pennsylvania. Para medir los efectos de los productos agroquímicos, los investigadores comparan cuánto tardan dos grupos de abejas –uno de ellos expuesto a agroquímicos y el otro no– en aprender que una bocanada de aire perfumado (la flor) vendrá seguida de una recompensa (el néctar). Cada vez más, los científicos creen que muchos compuestos antes considerados inocuos causan daños sutiles a las abejas.
Laboratorio Mullin, Departamento de Entomología, Universidad del Estado de Pennsylvania