Los chinos lo celebran entre febrero y marzo. Los musulmanes, en un mes variable. Los judíos entre septiembre y octubre. En la India entre octubre y noviembre. Celebrar el año nuevo el 1 de enero es un fenómeno limitado sólo una porción del planeta -y no de manera homogénea-. Y tampoco fue siempre así.
¿No siempre existió enero?
Para empezar, el mismo mes de enero es una “novedad” para los tiempos históricos. El mes de enero fue añadido al calendario por Numa Pompilio, sucesor de Rómulo, en el siglo VIII antes de Cristo. Los romanos usaban un calendario de 10 meses lunares, que comenzaba en la primavera boreal (los llamados “idus de Marzo”). Este calendario no se correspondía con las estaciones y el ciclo solar -algo vital en las sociedades pre capitalistas que dependían de la agricultura más que ningunas otras- razón por la cual el entonces rey Numa Pompilio decidió añadir dos meses: el undécimo mes, Ianarius, y el duodécimo, februarius. El mes de enero fue así llamado en honor al dios Jano. El mes de febrero recibió su nombre de las fiestas de limpieza y purificación llamadas Februa. Así se llegó al calendario de doce meses. Pero eso no significó un cambio en el comienzo del mismo, sino que, el año romano siguió comenzando en primavera boreal hasta el 153 a.C.
¿Cómo se produjo el cambio entonces?
Desde los comienzos de la República, los cónsules romanos -algo así como un poder ejecutivo de la época- eran nombrados anualmente por el Senado en marzo que era el comienzo del año. Debido a necesidades militares un general solicitó adelantar dichos nombramientos para organizar con el fin de poder preparar la campaña para la primavera. El Senado respondió al pedido de los cónsules y así se trasladó oficialmente el comienzo del año a la primera luna nueva del mes de enero. Así quedaba establecido el inicio del año el 1º de enero. Pero el pueblo llano siguió celebrando los idus de marzo debido a que en ese mes se concentraban la mayoría de las festividades religiosas.
La reforma quedaría refrendada cuando este calendario se vuelve a reformar en el 46 a.C. El nuevo calendario, - llamado Juliano en honor de Julio Cesar- sería usado en algunos países de Europa hasta principios del siglo XX. En Rusia no se sustituyó después de la Revolución Bolchevique –qué, según este calendario aconteció en octubre, aunque para el calendario actual es en noviembre-. Grecia fue el último país en abandonarlo (1923) y adoptar el calendario civil el Gregoriano -que tiene sus orígenes en la Reforma Gregoriana, pero eso ya es otra historia-.
¿Usted no aprende, verdad?
Pese a la importancia de Roma, en la mayor parte de Europa persistía la costumbre de celebrar el inicio del año en cualquier fecha menos el 1º de enero. Básicamente por factores climáticos vinculados a las estaciones y sus diferencias entre el norte y el sur del continente (y porque no, la fuerza de la costumbre). Incluso en la misma Roma -ya cristiana- continuaron los festejos en marzo. No es un hecho menor que Enero debía su nombre a Jano razón por la cual no hacía muy convincente la idea de celebrar el comienzo de año el primer día de un mes dedicado a un dios pagano…
Durante muchos siglos, según el reino, el imperio, o la unidad política que se elija el año nuevo podía empezar el 25 de Diciembre, el 25 de Marzo o el Domingo de Pascua. La Ciudad de Venecia, siempre referenciándose en la Roma Antigua lo celebraba el 1 de Marzo. En el Imperio Bizantino se celebraba el 1 de Septiembre. Sólo los francos usaban el 1 de Enero mientras duró la dinastía merovingia.
La cristiandad terminó adoptándolo y así también lo hicieron entonces los reinos cristianos de la Península Ibérica. Una vez comenzada la Reconquista de España y la posterior expansión castellana por Europa se extendió este uso. Finalmente, en el siglo XVI el reino de España adoptó esta fecha del inicio del año. Esta nueva costumbre viajó en los barcos españoles a América y el resto, es historia conocida.
Desmitificar
El ejemplo de cómo se termina de instalar algo no menor como el comienzo del año calendario sirve como muestra también de cualquier suceso histórico. No hay eventos mágicos, automáticos o establecidos por una deidad. Son los hombres y las mujeres, en condiciones no elegidas por ellos, los que hacen la Historia. Desnaturalizar el presente, entender que la realidad es fruto de las acciones de los seres humanos, y las relaciones sociales, es uno de los grandes aportes que tiene para hacer la ciencia histórica.