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La Guerra de los Cien Años (1337-1453)

Ciencia Educacion•1/30/2017
Antecedentes

En 1066 Guillermo, un Duque de Normandía (Francia) de nombre Guillermo conquistó Inglaterra. Los duques de Normandía eran tradicionalmente vasallos del Rey de Francia. Cuando Guillermo se convirtió en el Rey Inglés, quedó en la extraña situación de ser monarca de un reino y su vez vasallo de otro.

Un bisnieto de Guillermo, Enrique III, firmó en 1259 el llamado Tratado de París por el cuál renunciaba formalmente a todas las posesiones de sus antepasados normandos y a todos los derechos que pudieran corresponderle, resolviendo esa situación en beneficio de la corona francesa. Esto incluía la pérdida de Normandía, Anjou y todas sus demás posesiones -salvo Gascuña y Aquitania, que Enrique había heredado por vía materna-. Estas dos regiones quedaban sometidas al homenaje, una especie de pago, renta o tributo que Enrique otorgaría al rey francés para conservarlas.

Su hijo, Eduardo I “Piernas Largas” -conocido por ser quién enfrentó la rebelión escocesa de William Wallace- inició algunas escaramuzas en el continente en rechazo a éste acuerdo. Pero no pasó de allí. Un hijo suyo, Eduardo II -quién estrenó en 1301 el título de Príncipe de Gales que es utilizado hasta el día de hoy por los herederos al trono- se casó con Isabel de Francia, hija del Rey francés conocido Felipe el Hermoso. (Isabel, en la película Braveheart, es interpretada por Sophie Marceau y vive un affaire con el personaje de Mel Gibson). Eduardo e Isabel tuvieron un hijo, que ascendería al trono inglés con el nombre de Eduardo III.

La Guerra de los Cien Años (1337-1453)

Guerra de los Cien Anos

Mientras tanto, en Francia…

Felipe IV el Hermoso tuvo cuatro hijos: Luis, Felipe, Isabel y Carlos. Murió en 1314 y fue sucedido por el mayor, Luis. Tras un reinado de 2 años, también murió. El trono debería pasar a su primogénito, pero éste no vivió más de 5 días y en su lugar, fue coronado Felipe, el segundo de los hijos. Luego de reinar 5 años, también murió sin herederos varones. Por tal motivo, el trono pasó al menor de los hermanos, Carlos. Coronado como Carlos IV muere en 1328, siendo último de los hijos de Felipe el Hermoso. Sólo quedaba una hija mujer de Felipe IV, Isabel, y para problemas, era la madre de un rey inglés…


Juana de Arco

Inglaterra consideraba que esto daba derechos al trono francés a Eduardo III de Inglaterra, ya que era hijo de Isabel y por tanto, nieto de Felipe el Hermoso. Francia se opuso a esto invocando la Ley Sálica -que prohíbe la transmisión de la corona por rama femenina- y, ante la ausencia de herederos directos de Felipe, se inclinó por la opción de coronar a su sobrino, Felipe de Valois…


Felipe VI, una vez coronado, exige en virtud de aquel Tratado de París que Eduardo III -algo así como su sobrino segundo- le pague el homenaje de los territorios que el británico tiene en Francia, -Gascuña y Aquitania-. Eduardo considera que no debe pagar por tierras que fueron de sus antepasados y que además, el que le reclama el pago, a sus ojos, es un usurpador de su trono. Así las cosas, Felipe VI ocupa militarmente los territorios de Eduardo en Francia precipitando la guerra.

Medieval


Felipe VI, rey de la rama Valois


La Guerra

1337 marcó el inició de las hostilidades. Al principio la ventaja estuvo del lado inglés. Hubo varias victorias en las cuales destacó el genio militar del hijo del Rey Eduardo III conocido como “El Príncipe Negro” (a quién vemos en Corazón de Caballero liberando a Sir Ulrich). Así, en 1360 los franceses terminan reconociendo las posesiones inglesas excepto Normandía. Pero esto dura poco y entre 1360 y 1375 Francia arma la contraofensiva y logra expulsar a los ingleses.

Feudalismo

Tras un cambio dinástico, los ingleses retoman la iniciativa. Los principios años del nuevo siglo vieron una serie de exitosas invasiones a Francia. En 1415, el Rey Enrique V de Inglaterra -un experto militar y estratega- cruzó el Canal de la Mancha con miles de hombres. Asestó a los franceses una tremenda derrota en Agincourt, y pese a ello, no pudo continuar hacia París y debió retroceder a Inglaterra.

Así y todo, en 1420 Enrique V logró imponerle al monarca francés el Tratado de Troyes, que deshacía los términos del Tratado de París: dictaminaba el matrimonio de Enrique V con la hija de Carlos VI de Francia y reconocía al monarca inglés como heredero al trono francés tras la muerte del rey. Irónicamente, Enrique V murió dos meses antes que Carlos VI. En un golpe de mano, los nobles franceses decidieron que el heredero sería el hijo de su rey Carlos VI en lugar de al hijo de Enrique V.

Los ingleses, por su lado, coronaron al bebé como rey de Inglaterra y de Francia, como estaba previsto. Para hacerlo valer, invadieron nuevamente Francia y sitiaron Orleans, la última ciudad del reino que era fiel al hijo de Carlos. Los franceses estaban atrapados…
(Oh! ¿Y ahora quién podrá defendernos?)

Pucelle

1429 marcó un giro de 180º en el curso de la guerra. Una doncella de nombre Juana de Arco, tuvo una visión en la que, según ella, Dios la había elegido para liberar Francia. Con tan solo 17 años logró que la siga un puñado de soldados, y gracias a su fe y carisma, levantó los alicaídos ánimos franceses y triunfaron en Orleáns, liberando la ciudad del yugo inglés. Allí se ganó el apodo de “La Doncella (Pucelle) de Orleans”. El triunfo obtenido por Juana y sus soldados, aparentemente inspiró a los demás combatientes y a ésta victoria le siguieron Troyes, Ch"lons y Reims, en cuya catedral Carlos VII fue oficialmente proclamado rey.

La Guerra de los Cien Años (1337-1453)
Imágen de la película The Messenger, de 1999

Pero los triunfos no sólo traen amigos. Los nobles de la Corte y los importantes militares conspiraron en su contra. Temerosos de su popularidad y de la llegada de Juana entre los plebeyos, -ante la pasividad del Rey- hicieron los arreglos para entregarla al enemigo. Fue acusada de acusación de hechicería, condenada a muerte y quemada en la hoguera por la Inquisición en 1431. Es, al día de hoy, una heroína nacional de Francia y santa de la Iglesia Católica. La misma que la condenó. ¿Irónico, no?

Guerra de los Cien Anos

Los nobles conspiran contra Juana


Los ingleses, que aún controlaban parte del territorio francés, coronaron en París a “su” propio rey, Enrique VI, con el apoyo del Duque de Borgoña. Sin embargo, Carlos logró que el Duque cambie de bando -Tratado de Arras- sumando fuerzas contra el invasor. Al año siguiente, reconquistaron París. Corría 1436 y ya habían transcurrido 99 años del inicio de las hostilidades.

Carlos VII emprendió una serie de reformas, reestructurando profundamente al ejército francés como una fuerza permanente y profesional. Éstas reformas estaban en sintonía con cambios estructurales que comenzaban a gestarse producto del aumento de centralización política -proceso que comienza en los siglos XIV y XV y que transformó profundamente a las monarquías feudales-. Pero las consecuencias de casi un siglo de guerra, hambrunas y la peste, hacían de Francia un reino inestable, además del peligro siempre latente de un nuevo ataque inglés.

Las reformas de Carlos valieron el esfuerzo. Pudieron hacer retroceder al enemigo y reconquistar todas las posesiones inglesas en tierra francesa: Normandía en 1450 y la preciada Aquitania en 1453. De este modo, culmina la contienda en victoria para Francia. No hubo tratado de paz, pero todos supieron que se trataba del final.

Inglaterra, derrotada como estaba, se vio inmersa al poco tiempo en una sangrienta guerra civil nobiliaria, la Guerra de las Dos Rosas. Pero esa, es otra historia.


Comentarios finales:

La Guerra de los Cien Años reúne todas las características de una contienda feudal: la pelea por territorios mezclada con problemas dinásticos a raíz de los matrimonios cruzados, ausencia de herederos, y muertes prematuras. Nótese que en aquellos tiempos medievales, los ejércitos se reunían entre los súbditos de los nobles y de la riqueza y la capacidad de éstos, dependía el número de combatientes que se reclutaba. Es decir que, el noble más rico y poderoso podía obtener el mayor número de soldados a su causa, a quienes reclutaba entre sus vasallos –otros nobles que le debían obediencia- y súbditos. A su vez los reyes, que no eran monarcas absolutos sino el más importante dentro del estamento nobiliario –primus inter pares-, debían obtener de sus vasallos el apoyo para su causa a cambio de todo tipo de prebendas: tierras, títulos y matrimonios importantes. Por éste motivo, se ven constantemente todo tipo de traiciones y cambios de bando en este período.

No existía algo así como “Ejércitos Nacionales” porque la propia idea de “Nación” que nosotros utilizamos es producto de la Edad Moderna –pese a ello, me tomé la licencia de usar indistintamente los términos “Francia” o “Inglaterra”. Sin embargo, sí podía llegar a manifestarse algún tipo de “nacionalismo” en términos regionales o locales, y el sentido de pertenencia a la tierra, la “patria chica”, era algo corriente. Quizá, Juana de Arco haya logrado llegar a los “franceses” en esos términos para aumentar su moral en combate.

Lo cierto es que gran parte del triunfo de los reyes de Francia en esta contienda puede entenderse en términos de que para el siglo XV era el feudalismo más avanzado y qué el proceso de centralización política en torno al rey que comienza a gestarse le otorgaba ventajas sobre su rival.
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