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Dino Buzzati - El delito del cavaliere Imbriani

Arte5/24/2010
Dino Buzzati - El delito del cavalieri Imbriani


dijo:

_____
Una tarde, al volver a su casa, el viejo cavaliere Tulio Imbriani, personaje misántropo, encontró un gato hermosísimo que dormitaba acurrucado sobre el umbral. Era un gato atigrado en plena vitalidad, robusto, hinchado, de pelo maravillosamente suave.
_____- ¿Dónde he visto ya este gato? – se preguntó el anciano, con una misteriosa reminiscencia; pero escudriñó inútilmente sus recuerdos.
_____Se inclinó para acariciarlo, y el gato, confiado, lo dejó hacer.
_____Cuando terminó, el animal se irguió, exponiendo así la soberbia de su cuerpo. Imbriani abrió la puerta de su casa. Pero antes de entrar se volvió: sentado todavía sobre el umbral, el gato se lamía ahora las patas.
_____La calle estaba desierta, el cielo gris, absoluta calma en torno.
_____- Mini, mini, dijo el viejo con su voz gutural - ¿Quieres entrar? ¿Te gustan las lauchitas?
_____El gato lo miró perplejo.
_____- Mini, mini – repitió Imbriani, y luego hizo con los labios el ruidito que se suele dedicar a los gatos, semejante a un beso.
_____A pasos lentos, con suprema indiferencia, el animal siguió al cavaliere dentro de la casa. No había nadie. La mujer que venía a hacer la limpieza ya se había ido. Cerrada la puerta, Imbriani se sentó en un sillón de la sala y abrigo el diario para leerlo. Pero con el rabo del ojo estudiaba al gato, que se paseaba inspeccionado las alfombras.
_____- Pss, pss – le hizo dos o tres veces.
_____El gato se acercó. El cavaliere lo tomó sobre su regazo y lo acarició hasta oírlo ronronear. “Después de todo”, pensó, “no me vendría mal tener en casa un gato como éste”. ¡Él, que siempre había odiado los animales!
_____Oyó fuera unos pasos sobre el pedregullo del jardincito. Con curiosidad, dejó al gato sobre los almohadones del sofá y se acercó a la ventana. Una mujer gorda, de unos cincuenta años, sin sombrero, mal vestida, daba vueltas por el jardincito, como buscando algo. Imbriani abrió con fuerza la ventana.
_____ - ¿Perdone, señora, qué hace usted aquí?
_____La mujer se volvió sobresaltada. Tenía la cara larga, los ojos pequeños y malignos.
_____ - Encontré el portón abierto – dijo
_____- Muy bien – dijo el cavaliere, con dureza -, ¿y qué desea?
_____La mujer levantó la cabeza con un gesto de desafío:
_____- Busco un gato
_____- ¿Un gato?
_____- Uno atigrado. El último que lo vio me dijo que andaba por aquí. ¿Usted no sabe nada, señor? – agregó con acento ambiguo.
_____- Aquí no hay gatos – respondió él secamente-. Y éste es un jardín privado, ¿sabe?
_____ La mujer lo miró unos instantes. Luego se retiró. El cavaliere cerró la ventana ruidosamente. Mientras tanto el gato se había dormido sobre el sofá.

_____Imbriani se sentó al lado del michino, y despacio, despacio, lo acarició. Pero apenas diez minutos después, volvió a oír pasos en el jardín. Y luego una voz temblorosa que llamaba:
_____- ¡Iris! ¡Iris! ¡Iris!
_____Ante esta invocación, el gato levantó la cabeza y respondió con un largo maullido.
_____- Maldito animal, ¿no se te ocurre otra cosa? – imprecó el cavaliere - ¿Quieres arruinarme?
_____Y con rapidez cubrió al gato con un gran almohadón blando, para ahogar su voz.
_____El gato se rebeló, soltándose, pero más se debatía, más lo aplastaba Imbriani (había que impedir que el animal consiguiera liberarse, quién sabe qué habría hecho). Y mientras luchaba maldecía:
_____- ¿Quieres quedarte quieto, gato asqueroso? ¿Quieres callarte o no? ¿Qué te crees, que te voy a soltar? ¡Te voy a enseñar, te voy a enseñar!
_____- ¿Iris, Iris, adónde estás, Iris? ¿Te han hecho prisionero, pobre tesoro? – llama la mujer desde el jardín, con patetismo, acentuado, como si hubiera oído los maullidos.
_____Esto aumentó la ansiedad de Imbriani, que empleó todas sus fuerzas en impedir que el gato se moviera.
_____ - ¡Quédate quieto un momento! ¡Duerme un poquito! ¡Y no hagas tantas historias! ¡Ah, finalmente entendiste!
_____ En efecto, cubierto por el almohadón, el gato se calmaba. ¿Lo habrían impresionado las amenazas de Imbriani? ¿O se habría cansado de luchar? Algunos sobresaltos más, y luego, a través del almohadón, Imbriani sitió que el gato se quedaba inmóvil.
_____Una cosita dura golpeó contra la ventana. Ibriani fue a ver. Era la mujer de antes, que tiraba piedras contra los vidrios para llamar la atención.
_____-¿ Y qué quiere, ahora? – gritó el cavaliere con la irritación del que es sorprendido-.¿Comprenderá i no que este jardín no es una plaza pública?
_____- Busco el gato – dijo la mujer con dureza-, y hace poco lo oí maullar… justamente por aquí… ¿No oyó también usted un maullido?
_____“Con tal de que no se le ocurra ahora a ese maldito animal librarse del almohadón, con tal de que no empiece otra vez a gritar”, pensó el viejo. Y respondió:
_____- Sí, sí, también a mí me pareció… sí, sí, un gato que maullaba…me pareció que venía de la calle… Pero ¿es suyo ese gato?
_____-¿Mío? – preguntó la mujer muy asombrada-. ¡Ah, ojalá fuera mío!
_____ - Y entonces, ¿por qué se preocupa tanto?
_____- Me lo han confiado a mí, yo soy la que lo cuida. Después, si le ocurre algo, se la toman conmigo.
_____Y no dio mayores explicaciones.
_____ - Muy bien, me parece que por ahora es suficiente – dijo Imbriani, y sin dar siquiera las buena noches, le cerró la ventana en la cara.
_____- Oiga, oiga – gritó la mujer para que la oyera a través de los vidrios, señalándolo con el índice, tendiendo el brazo como para acusarlo-, entonces, ¿usted no lo vio?
_____- ¡No, no, no!
_____También Imbriani gritaba. La mujer se alejó meneando la cabeza, evidentemente poco convencida.
_____ Al volver al sofá, el cavaliere se preguntó asombrado qué le pasaría al gato que no daba señales de vida bajo el cojín. Cuando lo destapó, tampoco se movió.
_____- ¡Eh, dormilón! – exclamó Imbriani, pasándola la mano sobre la cabeza-. ¿Qué te pasa? ¿Po qué te quedas allí duro?
_____Lo sacudió. La alzó una para, notó que ésta pesaba extrañamente.
_____- ¿Vamos, vamos, qué haces? – balbuceó con creciente agitación-. ¡Vamos, despiértate, ya basta!
_____Inútil sacudirlo, darlo vueltas, acariciarlo. El gato se había muerto sofocado.
_____“Suerte que nadie sabe absolutamente nada”, pensó el viejo. “¿Y ahora? ¿Dónde lo meto? Por supuesto no puedo guardármelo en la casa. Ni tampoco esconderlo en la bodega. ¡Quién sabe qué olor despediría después de unos días! Entonces, ¿enterrarlo en el jardín? ¿Y si alguien me viera? ¿Tirarlo sencillamente a la calle? ¿O llevarlo metido en un portafolio hasta el canal?
_____“Nada de canal. No había mejor que el pozo que comunicaba con la cloaca. Éste se encontraba en una especia de pasadizo entre la casa y el muro medianero de atrás. Un escondite donde no llegarían miradas indiscretas. La maniobra sería sencillísima: levantar la losa de la tapa y arrojar el cadáver al pozo.”
_____Mientras reflexionaba así, sonó la campanilla de la puerta. En anciano tembló. Arregló la almohada sobre el gato y se dirigió jadeando a la puerta.
_____Se encontró frente a un jovencito con chaqueta rayada y botones de oro; un criado de gente rica, quizás noble, porque se veía un escudo en los botones. Amablemente el joven explicó:
_____ - Discúlpeme, señor, si molesto. Pero estoy buscando un gato. Alguien me dijo…
_____- ¿Otra vez? ¿Otra vez el gato? – dijo Imbriani con bastante desenvoltura
_____- ¿Por qué? ¿Ya vino alguien?
_____- Una mujer… vino dos veces.
_____- Ah, Erminia… justamente ella me dijo… me dijo que lo había oído maullar… según dice, justamente en esta cas… usted sabe cómo son los gatos, se escapan, se meten en los lugares más increíbles, a veces en casa ajena.
_____- Aquí no hay gatos – dijo perentoriamente Imbriani, que en ocasiones sabía intimidar a los demás-. Pero si usted no se convence, pase y búsquelo.
_____- Oh, perdone, señor, no quise decir eso, basta con su palabra… Buenas noches.

_____Al día siguiente, sentado en el café de siempre (el gato ya estaba en el fondo del pozo), el cavaliere Imbriani advirtió un extraño ir y venir por la calle, especialmente de guaridas de la policía. Con curiosidad preguntó el motivo a Giulio, el encargado del bar, que siempre sabía todo.
_____- Buscan un gato – dijo Giulio
_____- ¿La policía movilizada por un gato?
_____Casi no le salía la voz de la garganta
_____- Desapareció, no consiguen encontrarlo, sospechan que lo hayan matado.
_____- ¡Y bueno, después de todo es un gato! - dijo Imbriani, haciendo un esfuerzo desesperado por sonreír-. ¡Tal vez sea uno de esos gatos negros que no valen nada! No comprendo como…
_____ - Yo tampoco comprendo, para decir verdad –dijo el hombre-. Es claro que si realmente lo mataron…
_____ - Pero es un gato, no es un ser humano como nosotros
_____La frase se le había escapado, aguda, áspera, violenta, contra su voluntad. Y en ese instante vio sentado en una mesita contigua a un jovencito que lo miraba sonriendo. La cara no le parecía desconocida. Cuando consiguió identificarlo, una caverna de terror se le abrió en la boca del estómago. ¡Era el criado que había ido a su casa el día anterior! Y ahora había oído lo que decía, una frase que parecía adrede para despertar sospechas.
_____Mientras tanto el joven se levantó, acercándose con aspecto respetuoso:
_____- Discúlpeme una vez más por lo de ayer, cavaliere –dijo, demostrando que en el ínterin había hecho sus averiguaciones-. Le diré que esa mujer había perdido casi la cabeza… y yo no sabía que en esa casa vivía usted, si no no me habría atrevido nunca…
_____Y sonreía, sonreía, en cierto modo exageradamente. (A esas horas el gato era arrastrado por la inmunda corriente de la cloaca, quien sabe adónde, al medio del campo. O tal vez… ¿Quién le aseguraba que no se había quedado enganchado en la entrada del pozo? ¿Y si efectuaban una inspección?)
_____Con esa duda, el cavaliere Imbriani abandonó el café y se dirigió a su casa. Las piernas le temblaban. De pronto vio en la plaza que los guardias del rey construían afanosamente con vigas y travesaño una especie de palco, Detuvo a un transeúnte y le solicitó información. El hombre le dijo:
_____- Han matado un gato. Y ahora levantan la horca para colgar al asesino.
_____- Pero ¿lo han arrestado?
_____- Todavía no, pero ya saben quién es, probablemente lo arrestarán esta noche.
_____- Pero ¿era un gato tan importante?- Balbuceó el viejo con el corazón en la boca.
_____- Todos los gatos son importantes –fue la respuesta del desconocido.
_____Aunque sentía que iba a desmayarse, Imbriani trató todavía de bromear:
_____- ¿Realmente? ¿No pertenecería al Rey, por casualidad?
_____- Seguro –dijo el otro muy serio-. Todos los gatos son del Rey.
_____El viejo siguió su camino. Y de pronto vio en otra plaza a unos monjes negros y encapuchados que transportaban leñas sobre sus espaldas. Solicito información a un transeúnte.
_____- Han matado a un gato –dijo el transeúnte-. Y ahora preparan la hoguera donde quemarán al asesino.
_____- ¡Caramba! –exclamó Imbriani con el escaso aliento que le quedaba-. ¡Debía de ser un gato bien precioso! ¿Y quién era el dueño? ¿Usted sabe?
_____- Sí, lo sé. Su dueño era Dios, Nuestro Señor.
_____- ¿Un gato de Dios? ¿Cómo es posible?
_____- Todos los gatos son de Dios –dijo el transeúnte, alzando un dedo admonitorio.
_____ Imbriani miró hacia su casa, al fondo de la calle. Frente a la puerta del jardín, formado en fila, los gendarmes lo esperaban.


FIN


me tomé el trabajo de tipearlo porque no lo encontré en la web
por supuesto recomiendo enfáticamente a Dino Buzzati, un groso!
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