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Nunca es tarde para empezar ¡Anímate!

Info•4/17/2012
Hoy escribiré acerca de algo que nunca vi aquí, se trata de esa gente que siente que ya es tarde para empezar algo, o terminar algo, como los estudios, en la universidad, en la secundaria, y desmostaré que se equivocan.



Primero estudios científicos (para aquellos que no creen sin pruebas):

Destacan que nunca es tarde para comenzar a realizar actividad física




Esas fueron las conclusiones de expertos estadounidenses. Coincidieron en que lo más importante es cumplir con la consulta médica para poder llevar adelante los estudios necesarios y determinar la capacidad física y funcional, así como también delinear el plan de ejercicios.

"Empezar a ejercitarse cuando uno tiene 40 ó 50 años, aunque para muchos pueda parecer una pérdida de tiempo, es como ahorrar dinero para el momento de la jubilación. Es una inversión a futuro que permite cosechar muchos beneficios". Ésta es la principal conclusión de un informe emitido por el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte y encabezado por la doctora Angela Smith.

"La idea que pretendemos fomentar es que siempre se puede hacer algo por sentirse bien desde el punto de vista aeróbico, pero además para mantener la salud ósea y la agilidad. Es muy llamativo ver cómo inclusive las personas octogenarias duplican su fuerza si trabajan el cuerpo", sostuvo la doctora.


Contando con la autorización adecuada, inclusive es posible trabajar con peso

Todo esto, no obstante, debe realizarse en un contexto. Es decir que antes de comenzar a moverse es necesario contar con la autorización de un médico que emita el certificado de aptitud y que además brinde tips y consejos sobre cómo, cuánto y de qué manera moverse.

"Independientemente de la edad y el sexo, cuando una persona quiere empezar a hacer ejercicio o retomar una rutina, lo primero que hay que hacer es concurrir al cardiólogo, quien será el encargado de poner en marcha los estudios necesarios: revisión clínica con entrevista, electrocardiograma, placa de tórax y análisis de sangre. Una vez obtenidos los resultados de esas pruebas y suponiendo que el paciente esté en condiciones, habrá que determinar si la idea es mejorar la performance física -en cuyo caso es necesaria también la realización de una ergometría que mida la capacidad funcional, o sea de realizar esfuerzo-, o si simplemente la intención es mantenerse en estado, situación en la cual suele ser suficiente con el electro y los datos de la revisación clínica", explicó en diálogo con PRO-SALUD News el doctor Hernán Delmonte, médico cardiólogo deportólogo, miembro del Consejo de Epidemiología y Prevención Cardiovascular de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y profesor nacional de Educación Física.

Otro punto muy importante a tener en cuenta es la memoria. Porque si bien muchas veces se dice que los músculos tienen memoria, lo cierto es que según el informe encabezado por la doctora Smith, "las personas que fueron atletas o deportistas en su juventud, no pueden esperar que los antecedentes actúen por ellos, sobre todo si en el medio el sedentarismo ganó la partida".

"Indudablemente, una persona que hizo deporte tendrá otra aptitud física, en comparación con una que nunca se movió. Pero lo que es igual para todos es la imposibilidad de mantener a lo largo de los años la fuerza ósea alcanzada a los 20 si durante 40 años no se hizo absolutamente nada", agregó la especialista.

"Hay buena evidencia de que entre las personas que tienen artritis, las más fuertes padecen menos dolor y que ponerse en forma disminuye las posibilidades de tener cáncer", dijo la experta, y agregó que "inclusive en las personas que tienen enfermedades reumáticas crónicas o degenerativas, el ejercicio suele ser una excelente vía para disminuir los dolores".

Entre las actividades más recomendadas para después de los 40, se cuentan la natación, la bicicleta, el golf, el tenis, el yoga y el entrenamiento aeróbico en general (ejercicios con peso más cinta, flexiones, sentadillas, abdominales, etc.). Sin embargo, para aquellos que de más jóvenes practicaron algún otro deporte existe la posibilidad de seguir realizándolo, siempre adaptado a las posibilidades de cada uno.

"Hay que tener en cuenta que después de los 40 -en la medida de que no existan antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular- hay que ir al menos una vez al año al cardiólogo, inclusive cuando el plan sea seguir siendo una persona sedentaria. Eso nos ayudará para, entre otras cosas, conocer nuestra capacidad funcional, que hoy está considerada como un signo vital más, y poder predecir la posibilidad de desarrollar alguna patología cardíaca", añadió el doctor Delmonte, también docente de la Universidad Favaloro.

Por su parte, los estadounidenses responsables del estudio afirmaron: "Definitivamente nunca es tarde para empezar. De hecho, igual que ocurre con una persona joven, luego de las dos primeras semanas pueden empezar a verse los resultados, mientras que a las seis semanas ya será posible vislumbrar los cambios corporales".

"El ejercicio es la fuente de la juventud. Por eso si quiere vivir hasta los 100 años hay que hacer actividad física. ¿Cuál?, la que se cumpla. El resto es 'puro cuento' ", concluyeron.




Historias reales:


Terminar el secundario con más de 70 años, un logro especial

María Elena y "Toto" volvieron a estudiar de grandes y se recibieron, alentados por sus hijos

Si hay algo que María Elena tiene en claro es que ella siempre quiso estudiar. Cuando era adolescente, rindió dos veces los exámenes para entrar al secundario. Y no lo logró. Entonces, estudió piano, inglés, yoga, mecanografía; se casó, educó tres hijos y dio clases de yoga. Pero el diploma del nivel medio seguía pendiente. Ahora, a los 76 años, lo obtuvo y está feliz.

"Se aprende muchísimo. Estudié lo mismo que ven los chicos del secundario, pero yo lo vi desde otro escalón y tuvo para mí otro sabor", dice María Elena García, uno de los 3000 mayores de 18 años que hicieron el secundario en los doce años que lleva el programa del gobierno porteño Adultos 2000.

Cuando se creó ese programa, en 1998, un empleado municipal, Antonio Arpea, instaló los teléfonos en las oficinas donde funcionaría, y escuchó a los jóvenes del call center explicar la modalidad de estudio (sin obligación de asistir a clases y con consultorías presenciales y telefónicas); se entusiasmó y se anotó, pero no hizo nada más.

"Cuatro años después, volví a anotarme y, entre bochazo y bochazo, lo terminé. Me faltó continuidad; si no, hubiese terminado antes", cuenta Arpea, conocido por todos en su trabajo (la Jefatura de Gobierno porteño) y en su barrio, Pompeya, como "Toto", de 73 años.

LA NACION dialogó con García y Arpea pocas horas después del acto de entrega de los diplomas del nivel medio, que tanto significan para cada uno de ellos y sus familias.

"Yo podía saber todo lo que pasaba en el mundo, leer todos los libros que llegaran a mis manos, pero me faltaba el diploma y me faltaba también probarme a mí mismo si era o no capaz de obtenerlo", explicó Arpea. Y agregó: "Pensé que podía hablar mucho de cualquier tema, pero a la hora de enfrentar una responsabilidad, ¿cómo lo haría?". Cuando por fin se decidió ("Voy a ponerme las pilas y seguir, aunque me bochen treinta veces", se dijo), "Toto" ya había manejado durante seis años una empresa de productos de polietileno con su hermano y con su cuñado, en la que habían tenido a su mando una decena de obreros.

Durante sus estudios, los aplazos no fueron tantos, pero tuvo dificultades, sobre todo con matemáticas. "La dejé para el final y fue la que más me costó. La di mal tres veces, así que fui a las clases de apoyo y, finalmente, la aprobé", admitió, y contó que al resto de las materias las estudió en su casa, solo. Su esposa, con quien lleva cuatro décadas de matrimonio, fue la que más protestaba. Por estudiar, "Toto" dejó de hacer algunas changuitas en horario extralaboral y llenaba la cama de libros y apuntes. "Los que me daban con un caño para que siguiera fueron mis tres hijos", recordó.

También para María Elena, sus tres hijos fueron el principal sostén de sus estudios. "Mi hija veterinaria me ayudó mucho con biología; la otra, que es contadora y vive en España, me mandaba balances y me explicaba por Internet, y mi hijo me explicaba matemáticas, pero era yo la que salía adelante", relató.

Esfuerzos

Para ella, tampoco todos fueron éxitos. Estuvo a punto de abandonar todo cuando tenía cerca de veinte materias aprobadas, estudiando en su casa y yendo a las sedes del programa Adultos 2000 sólo para buscar las guías de estudio y para rendir. Fue cuando en un examen de física se sacó un cuatro.

"Uno cree que puede todo, pero yo no pude. No aprobé física y me puse muy mal. Un empleado de Adultos 2000 me hizo ver en su computadora la lista de materias que ya había dado y el promedio que tenía y me convenció para seguir." Después, los orientadores del programa la invitaron a concurrir a las consultorías y aprobó también física.

El programa Adultos 2000 está destinado a mayores de 18 años que no hayan podido cumplir el nivel medio de enseñanza en los tiempos teóricos de cursado.

Se dicta en 45 instituciones y dos sedes del Ministerio de Educación porteño. Tienen 23.368 alumnos que se inscriben en las materias según la disponibilidad que tienen para el estudio.

Los dos recién egresados, con los que habló LA NACION, coinciden en que la disponibilidad de los docentes y el aliento y el acompañamiento de los empleados del programa fueron fundamentales para su continuidad. "Ojalá los chicos del secundario tengan ayudas de este tipo; muchas veces, les falta acompañamiento porque el padre no les puede dar una mano para nada y los jóvenes necesitan, como nosotros, un profesor que esté constantemente a su lado y los conduzca", aconsejó "Toto".




A los 80 años, se recibió en la UNVM como profe de Lengua


Olga E. Carra aprobó con 9 la última materia de la carrera docente que se dicta en la casa de altos estudios local. “Veo a muchos jóvenes que ante cualquier escollo abandonan. Yo, en cambio, no dejo nada sin terminar ni tampoco me dejo vencer”, resaltó


Olga Carra, con 80 años de edad, es un ejemplo de tesón y responsabilidad

Perseverancia, voluntad, tesón y unas insaciables ganas de aprender y conocer, son las virtudes que Olga E. Carra dice haber puesto en juego en cada instante de sus 80 años de existencia.
Esas nobles características de "no dejar nada sin hacer", son las que sin dudas, la han llevado a un presente que puede sorprender a muchos pero no a ella.
Ayer y con un 9 como calificación final, Olga aprobó la última materia que le restaba para obtener el título de profesora de Lengua y Literatura otorgado por la Universidad Nacional de Villa María.
Acompañada por familiares y compañeros de curso, la notable mujer, tras superar el examen final, hasta vivenció el tradicional rito que se les practica a los egresados con huevos y harina.
"Todas las cosas que hice me trajeron a este lugar", reflexiona la mujer que comparte sus días con las familias de sus dos hijos, cinco nietos y un bisnieto.
"La carrera me la tomé muy en serio y gracias a Dios he contado con todo el apoyo de profesores y compañeros. Han sido muy amables conmigo, brindándome aliento y contención", manifestó la novel profesional docente en diálogo con EL DIARIO.
Más allá del reciente logro obtenido, Olga conoce del esfuerzo y las metas cumplidas.
A lo largo de su vida, esta cabralense casada durante 52 años con el reconocido tallerista Juan Martino (falleció en 2004), participó durante 20 años del Teatro Estable y obtuvo su certificado oficial como profesora de Italiano, antes de completar el Nivel Secundario en el año 2000.
De yapa, Olga ya lleva escritos siete libros. Lo notable es que recorrió en sus producciones bibliográficas casi todos los géneros (policial, drama, ficción, infantil, biográfico e histórico), incursionando también en la redacción de obras teatrales y poesía.
La prolífica e incansable dama que conoce de desafíos, recordó como su obra más lograda la investigación que realizó en torno a la vida del padre Hugo Salvato.
Admiradora del inolvidable sacerdote y ferviente católico, dedicó dos años a un paciente trabajo para ilustrar la obra de Salvato.
"En estos once años de carrera, he sufrido varias enfermedades y problemas, pero nunca dejé de ir a la Universidad. Veo a muchos jóvenes que ante el primer escollo abandonan. Yo, en cambio, no dejo nada sin terminar", insistió.
"A todos les digo que no hay que dejarse vencer, mientras tengas vida tenés que dar lucha", remarca.
Al hablar sobre cuáles fueron sus estrategias para desempeñarse exitosamente en las aulas del Profesorado.
“Vea, no hay más secretos que leer, meditar y resumir (muchas veces) el contenido de los libros” que ella prefiere en papel y no en formato digital.
“Los chicos me dicen que haga cosas en la computadora, que es más rápido todo. Yo me niego terminantemente, leer tocando un libro estimula la imaginación y las ideas, eso es clave para aprender”, esboza.
El final de la entrevista va llegando y la protagonista de esta historia anticipa que “no piensa quedarse de brazos cruzados”.
“Si me llaman de la Universidad para trabajar voy con todo gusto. También podría hacer la Licenciatura”, expresa entre sonrisas.
“Sinceramente, después de lo vivido durante todos estos años, sólo me queda morir en paz. Me gustaría que mi fin sea sin advertencias y menos que un susurro”, recalca en tono poético, antes de concluir lanzando un sabio consejo: “Por más piedras que tenga el camino, lo importante es saber levantarse después de haber caído. Nunca darse por vencido, es mi mensaje y lo sépor haber vivido siempre de esta manera”.





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