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La clase de la que ningún niño se quiere marchar

Una academia de Madrid enseña a niños a diseñar aplicaciones para móviles y robótica

El objetivo, dicen sus responsables, es que los niños se hagan 'bilingües tecnológicos'



Un alumno muestra una de sus creaciones. Javier Barbancho


A media mañana de un sábado como hoy, en la academia ConMásFuturo no cabe un alfiler. Entre padres, alumnos y profesores, a la entrada de este centro de informática madrileño se apiña un centenar de personas. Una de las clases que está a punto de empezar, la más popular, muestra a niños de 8 años en adelante cómo programar en Minecraft, un videojuego nacido en 2009 cuyo fin es construir un mundo propio, infinito y natural, a base de cubos, al que hoy juegan cientos de millones de personas en el mundo.

En otra de las clases, un profesor explora con chavales de 11 a 13 años los secretos del Arduino, un artilugio con nombre de rey medieval que se conecta a la vez al ordenador donde se programa y a cualquier aparato, desde un móvil a una red de riego por goteo o un sistema eléctrico. El Arduino se creó hace apenas nueve años y es la herramienta preferida de los responsables de la academia, pues combina programación y mundo real, y permite poner en práctica al momento la creatividad de los alumnos.

No hizo falta echar muchas cuentas para que, hace cosa de un año, Antolín García pusiera en marcha el proyecto, pionero en España, que arrancó con cinco profesores y medio centenar de alumnos. "Había muchos padres interesados y fue como echarle agua a las flores", explica, basado en su propia experiencia anterior en campus tecnológicos y campamentos infantiles, que organizó cursos atrás en varios colegios del centro oeste de Madrid. Por ellos han pasado ya casi 1.000 alumnos.

"Fue él quien nos pidió acudir al enterarse mediante una octavilla que le dieron al salir del colegio", recuerda Paloma Romero, una abogada madrileña que paga 88 euros al mes para que su hijo de nueve años aprenda a diseñar videojuegos y grafismo gracias a una plataforma on line y gratuita llamada Scratch. "Nuestro hijo ya era muy estudioso y responsable, y gracias a las clases está adquiriendo más destrezas y habilidades en el uso de la tecnología", asegura. Porque "el futuro nos depara eso, aplicaciones, tabletas, consolas...".

Aplicaciones para móviles



Además de Arduino, Scratch y Minecraft, los alumnos aprenden a diseñar aplicaciones para móviles, nociones de robótica y a programar Java y Unity. Y aunque la publicidad de la academia resalta que el objetivo de las asignaturas que imparte es contribuir el éxito profesional de los niños, en el centro explican que la mayoría de los padres no acude únicamente con la idea de garantizar una profesión con futuro para sus hijos, sino porque lo que aprenden les ayuda a mejorar en matemáticas y otras materias, despierta su creatividad, refuerza su principio de autoestima y desarrolla en ellos una mentalidad lógica que les permite, por ejemplo, dividir un problema en dos para resolverlo mejor. Lo que haría un ingeniero, vaya.

Además de Arduino, Scratch y Minecraft, los alumnos aprenden a diseñar aplicaciones para móviles, nociones de robótica y a programar Java y Unity. Y aunque la publicidad de la academia resalta que el objetivo de las asignaturas que imparte es contribuir el éxito profesional de los niños, en el centro explican que la mayoría de los padres no acude únicamente con la idea de garantizar una profesión con futuro para sus hijos, sino porque lo que aprenden les ayuda a mejorar en matemáticas y otras materias, despierta su creatividad, refuerza su principio de autoestima y desarrolla en ellos una mentalidad lógica que les permite, por ejemplo, dividir un problema en dos para resolverlo mejor. Lo que haría un ingeniero, vaya.

Transmitir valores


Si la imaginación de un niño no tiene límite, la tecnología les da herramientas para construir parte de lo que imaginan, igual que la pintura o cualquier actividad plástica. Además, "a través de la programación -dice Rumbo- también es posible transmitir valores. Por ejemplo, aquellos que promueven la colaboración y evitan el individualismo y la competencia entre los alumnos".


Un alumno manipula un Arduino. | Javier Barbancho.

A Antolín García no le cabe duda de que varias de las materias que se estudian hoy en su academia se implantarán más pronto que tarde en los programas escolares. "La educación reglada tendrá entonces la facultad de estimular vocaciones tecnológicas en los alumnos", explica, al igual que los profesores de Educación Física pueden detectar qué alumnos podrían ser atletas o el de música, a un genio de la guitarra.
La lógica de la programación aplicada a la educación concede a los niños, según los padres consultados por EL MUNDO, una ventaja a la hora de adquirir otros conocimientos. "No sólo va mejor en las asignaturas de ciencias, también es capaz de redactar mejor y hacer resúmenes. Programar le ayuda a ordenar las ideas en todas las materias", afirma David López, diseñador gráfico, cuyo hijo estudia programación 3D con Scratch desde los seis años. "En el futuro, no me importaría montar una empresa con él", añade.

A Carmen Martín, su hijo le pidió apuntarse tras una demostración en el colegio. "La motivación con la que mi hijo acude a estas clases no se puede comparar con otras extraescolares a las que ha ido como inglés, judo o ajedrez, o a otras clases de informática-concluye-. Y con eso es más que suficiente".







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