InicioInfoFeuerbach: el hombre que mató a Dios

Feuerbach: el hombre que mató a Dios

Info7/7/2012
Feuerbach: el hombre que mató a Dios

Feuerbach: el hombre que mató a Dios

Podría decirse que casi todo el mundo conoce a Nietzsche, Freud y Marx. No todos han leído sus obras, pero la mayoría conoce aunque sea el bigote de Nietzsche, el puro de Freud y la barba de Marx. Pero, ¿quién conoce a Feuerbach? Feuerbach fue el padre de los maîtres du soupçon (en De l’interprétation. Essai sur Sigmund Freud (1965), Paul Ricœur llama a Marx, Nietzsche y Freud “les maîtres du soupçon” -los maestros de la sospecha-) y el genio que mató a Dios y le devolvió la dignidad al hombre. Nació en 1804 (14 años antes que Marx, 40 años antes que Nietzsche y 52 años antes que Freud) en Alemania y murió en 1872. Sus profesores fueron Hegel y Schleiermacher. Feuerbach fue uno de los representantes de los llamados hegelianos de izquierda. Fue materialista y ateo. Abandonó los estudios de teología para estudiar filosofía. Escribió: “¡No teología, sino filosofía … no creer sino pensar! (…) El alimento de la niñez se hace indigerible al hombre maduro (…) Dios fue mi primer pensamiento; la razón, el segundo, y el hombre, mi tercero y último pensamiento”. Según Feuerbach, la religión es “la esencia infantil de la humanidad”.

Feuerbach escribió varias obras profundas y demoledoras: entre mis preferidas se encuentran: Pensamientos sobre muerte e inmortalidad (Gedanken über Tod und Unsterblichkeit, 1830), La esencia del cristianismo (Das Wesen des Christenthums, 1841), La esencia de la religión (Das Wesen der Religion, 1846) y las Lecciones sobre la esencia de la religión (Vorlesungen über das Wesen der Religion, 1851). En ellas Feuerbach afirma que tanto la inmortalidad del hombre como Dios son creaciones humanas. Dios es, pues, un producto del hombre; un producto que se vuelve ajeno al hombre y lo domina. El hombre, pues, se enajena en Dios.

En Pensamientos sobre muerte e inmortalidad, Feuerbach describe a la muerte como una negación que se niega a sí misma, y a la inmortalidad, como una afirmación irreal e indeterminada: “Sobre las ruinas del mundo destruido, planta el individuo la bandera del profeta, la sagrada estafa de la creencia en su inmortalidad y en el loado más allá. Sobre las ruinas de la vida presente, al no ver nada, se le despierta el sentimiento de su propia nada interior, y en el sentimiento de esa doble nada le fluyen … las compasivas perlas de lágrimas y las pompas de jabón del mundo futuro (…) Sólo antes de la muerte, pero no en la muerte, es la muerte muerte y dolorosa … la muerte es un ser espectral … sólo es cuando no es, y … sólo no es cuando es (…) El fin del individuo, puesto que no es para él mismo, tampoco tiene ninguna realidad para él, pues para el individuo sólo tiene realidad lo que es objeto de su sensación (…) la muerte es sólo muerte para los que viven, no para los que mueren; para éstos sólo existe la muerte, y sólo es ésta terrible, precisamente cuando todavía no es muerte (…) La muerte es un límite de la vida que no tiene realidad ni existencia alguna (…) Al igual que la muerte es sólo una negación que es pura apariencia … la inmortalidad es también una afirmación que es pura apariencia”.

En La esencia del cristianismo, Feuerbach escribe: “Para enriquecer a Dios, debe el hombre empobrecerse; para que Dios lo sea todo, ha de ser el hombre nada (…) El secreto de la teología es la antropología, el de la esencia divina, la esencia humana (…) Nuestra relación con la religión no es solamente negativa, sino crítica (…) Cuanto más vacía es la vida tanto más pleno y concreto es Dios (…) Sólo el hombre pobre tiene un Dios rico”. La religión debe dar paso al amor. Para Feuerbach el amor y la ética son los valores más sublimes: “El amor es Dios mismo y fuera de él no hay Dios ninguno. El amor hace al hombre Dios y a Dios lo hace hombre (…) si no sacrificamos Dios al amor, sacrificamos el amor a Dios, y entonces tenemos … a la esencia malvada del fanatismo religioso”.

En La esencia de la religión se encuentran algunos de los pasajes más sublimes jamás escritos en defensa de la dignidad del hombre: “Lo que se atribuye a Dios se le niega al hombre, y … lo que se le da al hombre se le quita a Dios (…) Si quieres … tener a Dios, renuncia al hombre, y si quieres tener al hombre, renuncia a Dios; de lo contrario, no tienes ni al uno ni al otro. La nada del hombre es el presupuesto de la esencialidad de Dios; afirmar a Dios significa negar al hombre; adorar a Dios significa despreciar al hombre; alabar a Dios significa injuriar al hombre. La gloria de Dios se apoya únicamente en la bajeza humana; la felicidad divina, en la miseria humana; la sabiduría divina, en la locura humana; el poder divino, en la debilidad humana”.

En Lecciones sobre la esencia de la religión, Feuerbach sitúa a la antropología y al hombre por encima de todo: “El propósito de mis escritos y … de mis lecciones es convertir a los hombres de teólogos en antropólogos, de teófilos en filántropos, de candidatos del más allá en estudiosos del más acá (…) Mi propósito no es en modo alguno meramente negativo, sino positivo; yo niego únicamente para afirmar; yo niego únicamente la esencia aparente y fantástica de la teología y de la religión, para afirmar la esencia real del hombre (…) La supresión de una vida mejor en el cielo incluye en sí la exigencia de mejorar la vida en la tierra”.

Según Feuerbach “los períodos de la humanidad se diferencian únicamente por las transformaciones religiosas”. Marx y Engels responderán a esto: “la afirmación de Feuerbach es … falsa. Los grandes virajes históricos sólo han sido acompañados de cambios religiosos”.

Feuerbach fue activo y comprometido, no un filósofo que se dedicó “sólo” a pensar, como insinuó Marx en sus 11 Tesis sobre Feuerbach (apuntes escritos en 1845 y publicados póstumamente en 1888 por Engels). Feuerbach dictó lecciones, fue miembro del partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) y periodista. En sus 11 Tesis sobre Feuerbach, Marx escribe: “Feuerbach no ve, por tanto, que el «sentimiento religioso» es también un producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece, en realidad, a una determinada forma de sociedad” (tesis núm. 7). La tesis núm. 11, donde Marx critica la falta de acción de Feuerbach y de todos los filófosos en general, ha devenido, sin duda, la más famosa de todas: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”

En mi opinión, y siguiendo a Feuerbach, la religión supone la miseria del hombre y ha sido y sigue siendo dañina para la Humanidad. La religión ha provocado y sigue provocando sangre, humillación, separatismos, castración de pensamiento y guerras. Cuando la religión pueda reducirse a tradición, a legado cultural, y devenga un problema tan sólo privado, la Humanidad habrá hecho un paso gigantesco. Lo importante es la ética, la paz, la empatía, la dignidad y la libertad de pensamiento. Lo importante, como dijo Feuerbach, es que el hombre sea libre y sano de pensamiento: “Demos al hombre lo que es del hombre; no se trata de si somos cristianos o paganos, teístas o ateos, sino de que seamos o nos hagamos hombres sanos de cuerpo y alma, libres, activos y vigorosos”.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 7 de julio de 2012.
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

i
imperial22🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts19
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.