En la naturaleza humana, el órgano más noble y valioso es el cerebro, es el que se encarga de pensar, mover nuestro cuerpo, imaginar y proyectar nuestra vida; el de ordenar las prioridades, el que nos hace ver cuáles podrían ser las posibles deciciones a tomar.
El conocimiento humano es muy amplio e incierto, hacer una interpretación de la realidad es condicionarla a una forma de verla. Las discusiones dialécticas y políticas están guiadas por una ideología o una corriente de pensamiento, todo discurso está lleno de frases o fundamentos de una determinada forma de pensar, mientras más miembros de ese sector social coincidan en sus fundamentos pasan a conformar un pensamiento colectivo, y el grupo social mayoritario es el que marca el rumbo social. El que logre ver con claridad cuáles son esos sectores sociales y además logre unirlos será un gran comunicador, el político que sabe organizar y conducir la sociedad. Imaginemos un rombo con sus cuatro lados y las diagonales que se cortan perpendicularmente, o en el lugar que estemos parados siempre para ubicarnos buscamos los puntos cardinales, ¿para dónde está el norte?, haciendo una analogía a la pregunta será ¿Cuál es la ideología que domina la sociedad?, en la modernidad líquida que vivimos actualmente, se hace difícil identificar el patrón ideológico que domina socialmente en la actualidad. Pero podemos hacer el intento de bucear o trazar un patrón, volviendo a la figura del rombo, el tratar de ver las diagonales del pensamiento, un punto cardinal sería el progresismo que las personas tienen en su interior, el buscar ir hacia adelante, el optimismo que permite levantarte todas las mañanas para hacer la rutina diaria que nos permite ir poniendo un ladrillo más en la construcción de nuestro futuro. Por lo tanto, el progresismo propone que el Estado debe generar las condiciones para que sea el esfuerzo humano la única variable que determine la desigualdad social. Hacia otro extremo de la diagonal del pensamiento están los tradicionalistas o conservadurismo, ya que esto nos dio resultado anteriormente podemos volver a usarlo, la cuestión principal de la tradición así entendida se traduce en cómo construir una casa, cuándo sembrar y cuándo cosechar, cómo vestirse para ir a la iglesia los domingos, etc. La verdad no es asunto de la razón, sino de la autoridad, transmitida por la tradición y el legado histórico. Se propone un Estado que puede limitarse a una actitud moderada ante los cambios, ya sean de pequeña o gran magnitud; pero lo más habitual históricamente ha sido la actitud contrarrevolucionaria de quienes sean sentido denominados tradicionalmente.
Nos queda por analizar la otra diagonal que tranquilamente se puede ver como la izquierda y la derecha, o el comunismo y el capitalismo, que ideológicamente se presentan como contrapuesta en la forma de organizar la sociedad. El comunismo, en el sentido político, es un movimiento cuya doctrina se basa en el marxismo y que, de acuerdo con esta doctrina, tiene por principal objetivo la toma transitoria del poder del Estado para la instauración de una revolución social que, a través de tres fases, implanta una organización económica y social socialista/comunista basada en el control colectivo de la producción y la forma del trabajo, mientras que el consumo se disfruta en privado. Los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilización, pero el capitalismo como sistema económico, en teoría, no apareció hasta el siglo XVII en Inglaterra sustituyendo al feudalismo. Según Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a “realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras”. De esta forma al capitalismo, al igual que al dinero y la economía de mercado, se le atribuye un origen espontáneo o natural dentro de la edad moderna.
Esta forma de interpretar la realidad ideológica es muy acertada en cuanto a la historia reciente del siglo pasado, un representante de este perfil debe tener una cultura general, para entender la pluralidad de pensar y formar la organización social del mundo o de un país.
El conocimiento humano es muy amplio e incierto, hacer una interpretación de la realidad es condicionarla a una forma de verla. Las discusiones dialécticas y políticas están guiadas por una ideología o una corriente de pensamiento, todo discurso está lleno de frases o fundamentos de una determinada forma de pensar, mientras más miembros de ese sector social coincidan en sus fundamentos pasan a conformar un pensamiento colectivo, y el grupo social mayoritario es el que marca el rumbo social. El que logre ver con claridad cuáles son esos sectores sociales y además logre unirlos será un gran comunicador, el político que sabe organizar y conducir la sociedad. Imaginemos un rombo con sus cuatro lados y las diagonales que se cortan perpendicularmente, o en el lugar que estemos parados siempre para ubicarnos buscamos los puntos cardinales, ¿para dónde está el norte?, haciendo una analogía a la pregunta será ¿Cuál es la ideología que domina la sociedad?, en la modernidad líquida que vivimos actualmente, se hace difícil identificar el patrón ideológico que domina socialmente en la actualidad. Pero podemos hacer el intento de bucear o trazar un patrón, volviendo a la figura del rombo, el tratar de ver las diagonales del pensamiento, un punto cardinal sería el progresismo que las personas tienen en su interior, el buscar ir hacia adelante, el optimismo que permite levantarte todas las mañanas para hacer la rutina diaria que nos permite ir poniendo un ladrillo más en la construcción de nuestro futuro. Por lo tanto, el progresismo propone que el Estado debe generar las condiciones para que sea el esfuerzo humano la única variable que determine la desigualdad social. Hacia otro extremo de la diagonal del pensamiento están los tradicionalistas o conservadurismo, ya que esto nos dio resultado anteriormente podemos volver a usarlo, la cuestión principal de la tradición así entendida se traduce en cómo construir una casa, cuándo sembrar y cuándo cosechar, cómo vestirse para ir a la iglesia los domingos, etc. La verdad no es asunto de la razón, sino de la autoridad, transmitida por la tradición y el legado histórico. Se propone un Estado que puede limitarse a una actitud moderada ante los cambios, ya sean de pequeña o gran magnitud; pero lo más habitual históricamente ha sido la actitud contrarrevolucionaria de quienes sean sentido denominados tradicionalmente.
Nos queda por analizar la otra diagonal que tranquilamente se puede ver como la izquierda y la derecha, o el comunismo y el capitalismo, que ideológicamente se presentan como contrapuesta en la forma de organizar la sociedad. El comunismo, en el sentido político, es un movimiento cuya doctrina se basa en el marxismo y que, de acuerdo con esta doctrina, tiene por principal objetivo la toma transitoria del poder del Estado para la instauración de una revolución social que, a través de tres fases, implanta una organización económica y social socialista/comunista basada en el control colectivo de la producción y la forma del trabajo, mientras que el consumo se disfruta en privado. Los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilización, pero el capitalismo como sistema económico, en teoría, no apareció hasta el siglo XVII en Inglaterra sustituyendo al feudalismo. Según Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a “realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras”. De esta forma al capitalismo, al igual que al dinero y la economía de mercado, se le atribuye un origen espontáneo o natural dentro de la edad moderna.
Esta forma de interpretar la realidad ideológica es muy acertada en cuanto a la historia reciente del siglo pasado, un representante de este perfil debe tener una cultura general, para entender la pluralidad de pensar y formar la organización social del mundo o de un país.