Se cumplen 50 años del estreno de Desayuno con diamantes, la adaptación de Blake Edwards de la emblemática novela de Truman Capote. La joyería Tiffany & Co. se ha convertido en uno de los lugares obligatorios de peregrinación en la Quinta Avenida. Un lugar que calmaba al instante a la protagonista. "Donde nada malo puede pasarte; no junto a esos hombres tan bien vestidos y ese encantador olor a plata y carteras de cocodrilo", de acuerdo a las palabras escritas por Capote.
El autor vio cómo su novela, a su publicación en 1958, fue recibida con tibieza por buena parte de la crítica. Norman Mailer, en cambio, aseguró que nos encontrábamos ante "un pequeño clásico". El tiempo le ha dado la razón. Según Random House, se siguen vendiendo unas 30.000 copias del libro al año.
La película, que acaba de ser reeditada en Blu-Ray, conserva su encanto intacto. A pesar de las discrepancias iniciales entre Capote y la productora, Paramount. El autor quiso a Marilyn Monroe para el papel de Holly Golightly, una "paleta" adolescente llegada de Texas a Manhattan y entregada a la vida disoluta. Audrey Hepburn tenía 31 años y estaba en el polo opuesto con esa elegancia natural que la había situado como musa de los diseñadores de moda. "Sé que no tengo nada que ver con Holly", confesó en una entrevista de la época, "pero sentí que podía afrontar el reto de comportarme como ella".
Pero la máxima queja fue la concepción de un desenlace made in Hollywood para no espantar a la platea. En la película, la heroína se queda en Nueva York, enamorada de George Peppard. En la novela, se esfuma de la ciudad. Un final mucho más apropiado para el rastro travieso de ese vestido de noche negro.
El autor vio cómo su novela, a su publicación en 1958, fue recibida con tibieza por buena parte de la crítica. Norman Mailer, en cambio, aseguró que nos encontrábamos ante "un pequeño clásico". El tiempo le ha dado la razón. Según Random House, se siguen vendiendo unas 30.000 copias del libro al año.
La película, que acaba de ser reeditada en Blu-Ray, conserva su encanto intacto. A pesar de las discrepancias iniciales entre Capote y la productora, Paramount. El autor quiso a Marilyn Monroe para el papel de Holly Golightly, una "paleta" adolescente llegada de Texas a Manhattan y entregada a la vida disoluta. Audrey Hepburn tenía 31 años y estaba en el polo opuesto con esa elegancia natural que la había situado como musa de los diseñadores de moda. "Sé que no tengo nada que ver con Holly", confesó en una entrevista de la época, "pero sentí que podía afrontar el reto de comportarme como ella".
Pero la máxima queja fue la concepción de un desenlace made in Hollywood para no espantar a la platea. En la película, la heroína se queda en Nueva York, enamorada de George Peppard. En la novela, se esfuma de la ciudad. Un final mucho más apropiado para el rastro travieso de ese vestido de noche negro.