Mucha gente suele preguntarse, ¿por qué hay tantas distribuciones de Linux?, y creo que la respuesta más simple termina siendo la única correcta: porque se puede.
Por años Linux ha servido como base para la creación de muchos sistemas operativos completos, creados por empresas o conglomerados con propósitos comerciales, o por entusiastas del software libre, reunidos en comunidades que crean diferentes sistemas personalizados, orientados a diferentes grupos de usuarios con necesidades muy variadas.
Arch Linux es una de las distros más alabadas dentro de la comunidad de GNU/Linux, y a la vez sufre de un proceso de instalación espantoso, por el que incluso los más frikis y pacientes no desean pasar nunca. Varios derivados de Arch han aparecido con el tiempo, y uno de ellos es Manjaro Linux, una distribución potente y con todos los beneficios de Arch, sin la tediosa e insufrible instalación de este.
El hecho de que existan tantas distribuciones puede resultar algo bueno y algo malo a la vez, por un lado tenemos todas estas opciones, y los beneficios del open source nos permiten colaborar entre usuarios y modificar las cosas a nuestro antojo; y por otro tenemos un ecosistema fragmentado que no termina de calar entre el usuario "de a pie". Pocas distros Linux gozan de popularidad entre el usuario promedio, como tu mama, o tus tíos, o los compañeros del colegio que apenas saben crearse cuenta una de Facebook.
Manjaro es una distribución que intenta ser amigable, aunque está basada en Arch Linux (un sistema que tiene fama de todo lo contrario), Manjaro propone un sistema orientado incluso a los recién llegados al mundo de Linux. Desarrollado en Austria, Francia y Alemania, y aprovechando todo el poder que ofrece Arch como ingrediente base, esta distro ofrece bastantes cosas buenas.
Instalación
Manjaro cuenta con dos sistemas de instalación: uno gráfico y otro a través de la consola. Por supuesto, si buscamos una distro amigable no la vamos a juzgar por lo interesante de su instalación a través de la terminal. La instalación gráfica de Manjaro es sencilla, pero no es (y no se de donde sacaron la descabellada idea de que si lo era) amigable del todo, y mucho menos algo que dejarías hacer solo a un novato. Al iniciar el Live CD de Manjaro, como en muchas otras distros, puedes usar el sistema operativo y probarlo. En el escritorio consigues dos iconos que te permiten ejecutar cualquiera de los dos instaladores, al elegir el gráfico comienza lo que parece ser un asistente de instalación similar a el que nos tienen acostumbrados distros como Ubuntu, pero una vez que llegamos al apartado de las particiones las cosas se complican.
Manjaro incluye el editor de particiones Gparted instalado por defecto, y lo utiliza para que el instalar realicemos el particionado manual de nuestro disco. Esto puede llegar a ser un inconveniente terrible para alguien que nunca ha instalado Linux y más aun si tiene otro sistema operativo como Windows instalado y no quiere perderlo al iniciar la migración. Para usuarios más avanzados puede resultar interesante y hasta ventajoso. Si sabes moverte bien entre particiones y has probado Gparted, entonces la instalación no debería ser nada complicada para ti.