(Poderes de mierda) Diáspora en Tres Actos
Acto I: Menage et tois
Nunca pude compartir
lo que mis ojos esconden,
pero mi corazón siempre
estuvo abierto, aunque
nadie supo amarme
realmente bien.
En la esquina más oscura
de un sueño realmente oscuro
perdí el hilo de mis reflexiones,
ahora mi razón renguea malherida
por senderos desconocidos,
llenos de niebla.
Y sólo se me ocurre
una manera digna
de afrontar mi vejez,
pero para eso necesitaría el valor
que murió con mi juventud.
Acto II: Dios
Mis grandes logros han
quedado sepultados, ya,
en el mundo abundan
los actos de grandeza,
pero haría falta alguien que sepa
leer en los ojos ajenos
el brillo de sus anhelos.
Todos pueden ver
lo horrible que hay en mi,
el cinismo de ser Dios,
el hastío de mi ser,
incompleto, eterno.
La voluntad divina se transformó
en la tiranía de las mayorías,
entonces la peste se hizo hambre
y mi templo pan del cielo.
Pero ni siquiera esta eternidad
puede durar para siempre,
he quitado todos los espejos,
pero en mis manos me acecha
la inevitable verdad.
Acto III: Guerra Santa contra Israel
La comodidad es el más siniestro
de los sitios donde he pernoctado,
ahí el reloj se detuvo, pero el tiempo no,
ahí fue que envejecí,
presa del inefable que primero me engañó,
luego me atrapó.
Y finalmente me tendió
su mano piadosa,
la humillación peor.
La desdicha es muy variada,
en el horizonte se aproxima
una nueva guerra,
siento profundo temor,
creo que ahora sí,
creo que este será el fin.
Acto I: Menage et tois
Nunca pude compartir
lo que mis ojos esconden,
pero mi corazón siempre
estuvo abierto, aunque
nadie supo amarme
realmente bien.
En la esquina más oscura
de un sueño realmente oscuro
perdí el hilo de mis reflexiones,
ahora mi razón renguea malherida
por senderos desconocidos,
llenos de niebla.
Y sólo se me ocurre
una manera digna
de afrontar mi vejez,
pero para eso necesitaría el valor
que murió con mi juventud.
Acto II: Dios
Mis grandes logros han
quedado sepultados, ya,
en el mundo abundan
los actos de grandeza,
pero haría falta alguien que sepa
leer en los ojos ajenos
el brillo de sus anhelos.
Todos pueden ver
lo horrible que hay en mi,
el cinismo de ser Dios,
el hastío de mi ser,
incompleto, eterno.
La voluntad divina se transformó
en la tiranía de las mayorías,
entonces la peste se hizo hambre
y mi templo pan del cielo.
Pero ni siquiera esta eternidad
puede durar para siempre,
he quitado todos los espejos,
pero en mis manos me acecha
la inevitable verdad.
Acto III: Guerra Santa contra Israel
La comodidad es el más siniestro
de los sitios donde he pernoctado,
ahí el reloj se detuvo, pero el tiempo no,
ahí fue que envejecí,
presa del inefable que primero me engañó,
luego me atrapó.
Y finalmente me tendió
su mano piadosa,
la humillación peor.
La desdicha es muy variada,
en el horizonte se aproxima
una nueva guerra,
siento profundo temor,
creo que ahora sí,
creo que este será el fin.