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A las puertas de algo grande

Jeremías 29:11 afirma: Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

Dios tiene planes de paz y de bien para nosotros. Cuando piensa en cada uno de Sus hijos sonríe porque somos agradables para Él. Como cuando pensamos en alguien que nos cae bien y decimos: “Esta persona me agrada”. Cada persona inspira pensamientos y sentimientos, a veces buenos y otras veces no tanto, pero nosotros provocamos buenos pensamientos en nuestro Padre Celestial.

Jeremías 29:5-7 dice: Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.
El Señor desea que prosperemos y edifiquemos un buen futuro. Quiere que tengas tu propia casa, que trabajes, te esfuerces y produzcas mucho fruto. Él anhela que crezcas en tu trabajo y en tu empresa. Además, desea que tengas una familia y que trabajes por la paz de la nación donde vives.

El plan de Dios incluye un bienestar total. Prosperidad no solo se refiere a lo económico, sino también al área emocional, espiritual, física, laboral y financiera. Su bendición es integral. Estamos a las puertas de algo grande y debemos prepararnos para alcanzar eso que nos tiene preparado. Se ha dicho que el 2012 es un año de destrucción, incluso se habla de las profecías mayas que definen este año como el fin del mundo, pero ellos no eran profetas, porque no hablan en nombre de Dios. Este no es un año de destrucción, sino de edificación y bendición, es una época de grandes comienzos, no finales desastrosos. ¡Espera siempre lo mejor que está por venir!

A las puertas de la bendición
Josué 1:1 relata: Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.

Esta Palabra nos habla del pueblo de Israel que estaba a las puertas de la Tierra Prometida. Ese lugar donde fluía la leche y la miel, y donde las uvas eran tan grandes que se necesitaban dos personas para cargar cada racimo. Ellos habían recibido la promesa de esa tierra 400 años antes, desde tiempos de Abraham, pero el momento no había llegado y cuando estuvieron a las puertas, tuvieron que regresar durante 40 años al desierto porque tuvieron miedo de conquistarla. Hay diferentes tipos de promesas del Señor. Algunas se alcanzan pronto y otras toman más tiempo, a veces semanas, meses, años o generaciones enteras, pero Él necesita que le creamos porque abrimos brecha. Incluso nosotros recibimos las promesas que le dio a nuestros ancestros y de la misma forma, debemos creer para que nuestros descendientes también reciban bendición.

En ese momento decisivo, cuando el pueblo estaba a las puertas de la promesa, Dios inicia diciendo que Moisés, el gran líder de los israelitas, quien los sacó de Egipto, quien recibió las tablas de la ley, había muerto. En ese momento no había otro hombre como él quien había visto a Dios cara a cara. Pero el Señor no les dice que le edifiquen una estatua a su insigne siervo o que hagan servicios en su memoria, guarden luto o se lamenten. Dios dice que Moisés ha muerto y que Josué, su asistente, tomará el lugar que dejó para guiar al pueblo a la Tierra Prometida. No habló del pasado sino del futuro. No esperes que el Señor te hable de la época pasada, sobre lo bien o mal que te fue durante el último año, ahora Él te hablará de avanzar y conquistar porque Sus planes son de bien y estará contigo donde quiera que vayas.

Josué fue el designado para guiar la conquista y el pueblo obedece, sin protestar. Justo como debemos hacer ahora en la iglesia, contrario a lo que algunos hacen cuando reniegan diciendo: “Hoy no predicará el pastor que me agrada, así no voy al servicio”. Cambia tu actitud y sé obediente como el pueblo de Israel en ese momento, porque Dios dijo que cuando alguien se hace a un lado, será momento de levantar a otro, pero Su Palabra siempre estará a disposición de quien tenga el ánimo de escucharla.

El tiempo de la conquista de la Tierra Prometida había llegado, ya que 40 años antes tuvieron miedo de los gigantes que habitaban el lugar, por eso no pelearon y tuvieron que volver al desierto. Es similar a la situación que vives cuando le has creído a Dios por un buen trabajo o cliente y al tenerlo frente a ti, dudas y fallas. ¡No dudes más porque la indecisión provoca que la bendición se aleje! Como esas jovencitas que se enamoran del príncipe azul, pero cuando finalmente él les pide que sean novios ellas responden: “Lo pensaré”.

En ese momento, cuando Moisés ha muerto y Josué asume el liderazgo, el pueblo cree en la promesa y está dispuesto a luchar contra esos gigantes que vieron antes y que continúan allí. La situación era la misma, pero ellos habían cambiado, estaban decididos, no tenían miedo, sentían seguridad en que Dios les daría la victoria. Debes estar seguro, ¡estamos a las puertas de algo grande! Puedes creerlo y sentir miedo o sentirte seguro de la presencia del Señor quien te hará dar pasos fuertes y te ayudará a derrotar a tu enemigo. Recuerda las promesas que el Señor te ha dado, y di con toda confianza: “Este año las obtendré”.


Esfuérzate y sé valiente
Dios le dice a Josué que no lo abandonará, además, le pide que se esfuerce y sea valiente. Una de las razones por las que muchos no conquistan el éxito es porque piensan que la fe sustituye al esfuerzo y se vuelven creyentes perezosos. Por el contrario, quienes realmente tienen fe dicen: “Me esfuerzo y trabajo porque creo que Dios quiere levantarme”. Hay quienes trabajan en horarios cortos de 9 a.m. a 4 p.m. pero quieren recibir bendición como si trabajaran 12 horas diarias. Eso es imposible e incongruente con lo que Dios nos ha mandado. Él desea darte la Tierra Prometida pero pide que te esfuerces. Ante tal promesa no puedes quedarte sentado y ser el mismo de siempre, ¡levántate y ponte en acción! Este no es año para coquetear con el mundo, no es un tiempo para andar en parrandas y en pecado, no es momento para murmurar y caer en tentación, este es un tiempo para mejorar tu conducta y demostrar que mereces la bendición que te ha prometido. Estamos a las puertas del algo grande, por lo tanto, se requiere gente que se comporte a la altura, como personas convencidas y dispuestas a alcanzar lo que Dios les ha prometido. Esta no es una época para ir un domingo a la iglesia y faltar otros cuatro, es el momento para decirle: “Te daré lo mejor porque estoy creyendo por algo grande”. Entonces, ocurrirá el cambio en tu vida, dejarás de ver tanta televisión, harás a un lado las horas de chat por internet, buscarás más al Señor, anhelarás tiempo en Su presencia, reducirás tiempo en el Facebook y dedicarás más horas a leer “The Book,” es decir, Su Palabra. Este es un año para entregarte más a Dios, dominar tu carácter, conquistarte y conquistar lo que Él tiene delante de tus ojos.

Esto me recuerda la historia de Edmund Hillary, el primer hombre que conquistó la cima del monte Everest en 1953. Siendo la montaña más alta del mundo, con sus 8,848 metros de altura (más de 29 mil pies), el Everest no había sido conquistado antes, a pesar de que muchos lo intentaron, incluso el mismo Hillary, quien lo logró en la segunda oportunidad. Lo interesante de la historia es precisamente la insistencia ante el reto del primer fracaso. La historia relata que al bajar la primera vez, quienes lo esperaban en el primer pueblo cercano habían puesto un manta con la imagen del Monte y cuando los periodista le preguntaban que había sucedido, él no les respondía ya que se volteó a ver la foto y dijo: “Escúchame, no me vencerás, yo te venceré y te conquistaré porque tú no puedes crecer más, pero yo sí puedo”. Justo así son las promesas que debemos conquistar. Tal vez has fracasado, pero no puedes darte por vencido. Tal vez fallaste y tuviste miedo, pero el Señor te dice que desea formarte y prepararte para que triunfes. Los gigantes continúan igual, las promesas están esperándote, eres tú quien debe crecer y prepararse para vencer los obstáculos y alcanzar la meta. Puedes aprender, orar, adquirir sabiduría, escuchar consejo, puedes seguir creciendo, abandonar los malos hábitos y pecados. ¡La conquista empieza dentro de ti, esfuérzate y sé valiente! El Señor nos dice que cumplamos Sus mandamientos y todo lo que hagamos prosperará. Tienes una tarea delante, algo grande viene, tu espíritu siente el entusiasmo y debes prepararte.

Las promesas están allí, diles que las conquistarás, háblale al monte que tienes delante, no te dejes vencer por las dificultades. Dale gracias al Señor por las bendiciones que ha preparado para ti. Pídele que te ayude porque deseas esforzarte para no tener miedo y atreverte a avanzar. Prométele que cambiarás y serás mejor persona para merecer Sus pensamientos y deseos de bien. No lo dudes, ¡Este es el momento para alcanzar tus metas y bendiciones!
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