Hoy les quiero dejar esta obra que me encanta, me parece particularmente angustiante.
Edgard (Edvard) Munch, pintor noruego, quien murió en 1944, es considerado junto a Vincent van Gogh como uno de los padres del expresionismo y es reconocido mundialmente por su pintura “The Scream” (El grito).
El artista, allá por 1895, describía el sentimiento recogido en el cuadro. Munch expresa así el momento que dio origen a “El Grito”:
En “El Grito” podemos ver como una figura humana, situada en el centro, se tapa los oídos en un gesto desesperado de angustia. Su rostro, que recuerda a una calavera, y su cuerpo, están completamente deformados, como también lo está el espacio que lo rodea. Un poco más atrás hay dos personas de negro, impasibles.
Todo parece temblar ante ese grito, todo se desfigura y distorsiona porque forma parte de una realidad interior. El artista ha reproducido su vivencia de una forma completamente subjetiva, haciendo que nosotros sintamos también las emociones que lleva al sujeto del cuadro a gritar. Así expresa hasta qué punto las emociones determinan por completo nuestra percepción del mundo. Los colores imprimen aún más pasión al cuadro y matizan el sentimiento de horror en círculos de colores mareantes. ¿Cómo se sentía esa persona en ese momento? podemos sentirlo.
Un cuadro que refleja angustia, miedo, tormento y quizás si nos concentramos un poco, hasta podamos oír el grito.
La reproducción de la obra en toda clase de productos, desde camisetas hasta tazas de cerámica, pósters, llaveros, etcétera da testimonio de su estatus como icono, así como de la completa desacralización para el público actual. En esa misma línea, se puede comparar con otras obras de arte, convertidas también en iconos, como la Gioconda de da Vinci. El grito es una obra con gran fuerza emocional, y la banalización de la imagen en la cultura popular se puede interpretar como el intento de desactivar el sentimiento de incomodidad que inevitablemente provoca en el espectador.
Munch no quedó satisfecho con el resultado, así que pintó otro cuadro más al que tituló del mismo modo. En este nuevo cuadro se puede apreciar más el gesto desesperado/melancólico del personaje que aparece en él (en el primero no se ve ningún rasgo de la cara). Incluso los tonos de los colores son más sombríos:
De nuevo, el cuadro no reflejaba lo que que de verdad quería expresar: desesperación y frustración no era lo que venía a la mente de quien mirara el cuadro, más bien algún tipo de tristeza, melancolía, soledad. Fue entonces cuando pintó la que fue la primera de las versiones del que hoy conocemos como El grito, y que es su obra más famosa:
La versión en témpera de El grito es la que puede verse en el Museo Munch de Oslo:
Existen dos versiones más del cuadro: la tercera se encuentra en el Museo Munch de Oslo (igual que la segunda) y la cuarta versión está en manos de un particular.
Espero que les haya gustado el post, y especialmente la obra.
Besotes
Edgard (Edvard) Munch, pintor noruego, quien murió en 1944, es considerado junto a Vincent van Gogh como uno de los padres del expresionismo y es reconocido mundialmente por su pintura “The Scream” (El grito).
El artista, allá por 1895, describía el sentimiento recogido en el cuadro. Munch expresa así el momento que dio origen a “El Grito”:
“Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se puso el sol; de repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. Me detuve, me apoyé en la valla, indeciblemente cansado. Lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito, de la naturaleza”.
En “El Grito” podemos ver como una figura humana, situada en el centro, se tapa los oídos en un gesto desesperado de angustia. Su rostro, que recuerda a una calavera, y su cuerpo, están completamente deformados, como también lo está el espacio que lo rodea. Un poco más atrás hay dos personas de negro, impasibles.
Todo parece temblar ante ese grito, todo se desfigura y distorsiona porque forma parte de una realidad interior. El artista ha reproducido su vivencia de una forma completamente subjetiva, haciendo que nosotros sintamos también las emociones que lleva al sujeto del cuadro a gritar. Así expresa hasta qué punto las emociones determinan por completo nuestra percepción del mundo. Los colores imprimen aún más pasión al cuadro y matizan el sentimiento de horror en círculos de colores mareantes. ¿Cómo se sentía esa persona en ese momento? podemos sentirlo.
Un cuadro que refleja angustia, miedo, tormento y quizás si nos concentramos un poco, hasta podamos oír el grito.
La reproducción de la obra en toda clase de productos, desde camisetas hasta tazas de cerámica, pósters, llaveros, etcétera da testimonio de su estatus como icono, así como de la completa desacralización para el público actual. En esa misma línea, se puede comparar con otras obras de arte, convertidas también en iconos, como la Gioconda de da Vinci. El grito es una obra con gran fuerza emocional, y la banalización de la imagen en la cultura popular se puede interpretar como el intento de desactivar el sentimiento de incomodidad que inevitablemente provoca en el espectador.
Versiones anteriores de "El Grito"
Munch no quedó satisfecho con el resultado, así que pintó otro cuadro más al que tituló del mismo modo. En este nuevo cuadro se puede apreciar más el gesto desesperado/melancólico del personaje que aparece en él (en el primero no se ve ningún rasgo de la cara). Incluso los tonos de los colores son más sombríos:
De nuevo, el cuadro no reflejaba lo que que de verdad quería expresar: desesperación y frustración no era lo que venía a la mente de quien mirara el cuadro, más bien algún tipo de tristeza, melancolía, soledad. Fue entonces cuando pintó la que fue la primera de las versiones del que hoy conocemos como El grito, y que es su obra más famosa:
Actualmente este cuadro (óleo) está en la Galería Nacional de Oslo
La versión en témpera de El grito es la que puede verse en el Museo Munch de Oslo:
Existen dos versiones más del cuadro: la tercera se encuentra en el Museo Munch de Oslo (igual que la segunda) y la cuarta versión está en manos de un particular.
Espero que les haya gustado el post, y especialmente la obra.
Besotes
