A medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.
Hechos 16:25
No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras.
2 Timoteo 1:8
Salvado gracias a una Biblia robada (2)
Darren estuvo en una celda de aislamiento de la cárcel porque había robado una Biblia para buscar un texto que hablaba de la libertad, pero no sabía dónde encontrarlo.
–Golpeé la pared, contó a su amigo Tony, para llamar al preso de al lado. Le dije: Eh, tío, ¿conoces la Biblia? Y él me respondió: Sí, soy creyente, ¿qué deseas saber? Le hablé de lo que tú me habías dicho respecto a Jesús, que te había liberado, y me dijo que intentase buscar en el evangelio de Juan. Encontré la página y empecé a leer. Al principio no entendía nada, pero luego leí todo lo que Jesús hizo. ¡Era muy interesante! Quise leer todo el libro y llegué al texto del que me habías hablado: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Seguí leyendo más y más y luego volví a esta frase. Creo que la comprendí. ¡Sí, realmente comprendí! Leí la vida de Jesús y creo en él. Incluso esa noche intenté hablarle. ¿Eso quiere decir que soy creyente?
Tony permaneció sentado, boquiabierto y maravillado. No había sabido hablar de Jesús a Darren, pero ahora Dios le estaba mostrando que quería emplearlo pese a su actitud.
Entonces los dos presos empezaron a hablar de una manera diferente, como dos hermanos en la fe. (Testimonio de Tony Anthony)

Hechos 16:25
No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras.
2 Timoteo 1:8
Salvado gracias a una Biblia robada (2)
Darren estuvo en una celda de aislamiento de la cárcel porque había robado una Biblia para buscar un texto que hablaba de la libertad, pero no sabía dónde encontrarlo.
–Golpeé la pared, contó a su amigo Tony, para llamar al preso de al lado. Le dije: Eh, tío, ¿conoces la Biblia? Y él me respondió: Sí, soy creyente, ¿qué deseas saber? Le hablé de lo que tú me habías dicho respecto a Jesús, que te había liberado, y me dijo que intentase buscar en el evangelio de Juan. Encontré la página y empecé a leer. Al principio no entendía nada, pero luego leí todo lo que Jesús hizo. ¡Era muy interesante! Quise leer todo el libro y llegué al texto del que me habías hablado: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Seguí leyendo más y más y luego volví a esta frase. Creo que la comprendí. ¡Sí, realmente comprendí! Leí la vida de Jesús y creo en él. Incluso esa noche intenté hablarle. ¿Eso quiere decir que soy creyente?
Tony permaneció sentado, boquiabierto y maravillado. No había sabido hablar de Jesús a Darren, pero ahora Dios le estaba mostrando que quería emplearlo pese a su actitud.
Entonces los dos presos empezaron a hablar de una manera diferente, como dos hermanos en la fe. (Testimonio de Tony Anthony)
