juliodav
Usuario (Paraguay)
Cristo… por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 2 Corintios 5:15 Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 1 Juan 4:9 El antídoto contra el aburrimiento «Francia se aburre», escribía un célebre editorialista poco antes de la explosión social de mayo de 1968. Quizá tenía razón, pero, ¿realmente han cambiado las cosas desde esa época? La vida actual, a pesar de las posibilidades que ofrece, ¿no conduce al aburrimiento? Es cierto que los electrodomésticos nos evitan muchos trabajos que antaño eran pesados. Además, basta un sencillo clic para conectarnos con el mundo informativo, cultural y del ocio. Pero todo esto no cura el aburrimiento, incluso si lo atenúa momentáneamente, pues ese aburrimiento lo llevamos en nosotros. Somos conscientes de que esa insatisfacción es más profunda, y la razón de ello es que a nuestra vida le falta sentido. ¿Sabemos por qué vivimos? Dios quiere que vivamos una verdadera vida, plena de sentido, una vida que él mismo llenará y que tendrá como objetivo a Cristo en la gloria. El apóstol Pablo dio testimonio de ello cuando escribió en lo recóndito de una cárcel romana a los creyentes de la ciudad de Filipos (norte de Grecia): “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses. 1:21), y también: “Gozaos en el Señor” (cap. 3:1). En efecto, tenía un glorioso objetivo que le permitía ser feliz en todas las circunstancias (cap. 4:11). “Pero una cosa hago… prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (cap. 3:13-14). ¡Ésa es una vida que no deja ningún lugar al aburrimiento!
Exhortaos los unos a los otros cada día… para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Hebreos 3:13 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. Efesios 5:15, 17 El águila y la víbora Un amigo que vive en la montaña me contó que una clara mañana de verano estaba observando a una joven águila real posada sobre una roca cerca de él. De repente el ave desplegó sus alas y comenzó a subir cada vez más alto haciendo un majestuoso movimiento. Pronto sólo se veía un puntito negro. Pero de repente empezó a bajar haciendo movimientos desordenados, con las alas medio desplegadas, y cayó al suelo a unos metros de él. Después de haberla examinado, descubrió una pequeña víbora bien agarrada al pecho del águila. Mientras el águila descansaba sobre la roca, la víbora se había acurrucado bajo el calor de sus alas y luego la picó en pleno vuelo. A nosotros también, amigos creyentes, el pecado bajo sus diferentes formas puede mordernos: mentira, maledicencia, egoísmo, deshonestidad… El pecado no puede quitarnos la nueva vida que tenemos en Cristo, pero sí puede arruinar nuestro vuelo y dañar nuestra comunión con Dios. Vigilemos y pidamos al Señor que nos muestre en qué corremos el peligro de entristecerle. Si somos conscientes de haber cometido una falta, confesémosela inmediatamente; él nos ayudará a abandonarla. Así podremos vivir de una manera que le agrade. No nos conformemos con evitar el mal, sino que nuestra felicidad consista en buscar y hacer el bien por amor a Dios y a nuestro prójimo.
Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Romanos 12:3 La opinión de sí mismo En las escuelas y universidades se enseña a los estudiantes a analizar sus aptitudes y a conocer sus puntos fuertes para que puedan defenderlos en las entrevistas de trabajo. Sin duda es algo útil en el contexto actual, en donde es difícil encontrar empleo. En el ámbito espiritual, por el contrario, el creyente debe estar atento a la enseñanza que la Palabra de Dios da respecto a este tema. El apóstol Pablo, quien nos exhorta a no tener una alta estima de nosotros mismos, nos da el ejemplo: “Yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:9-10). No se subestimaba, sino que era consciente de que lo que era se lo debía únicamente a la gracia de Dios. Además, declaró: “De mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades… para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:5, 9). Sólo podemos ser útiles en el trabajo para el Señor en la medida en que nos olvidemos de nosotros mismos y demos el primer lugar a él. Entonces, no perdamos el tiempo mirándonos a nosotros mismos, y esforcémonos en servir al Señor con humildad.

Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte. Proverbios 14:12 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6 ¿A dónde conducen nuestros caminos? Gracias al buen tiempo, nuestra excursión por la montaña fue estupenda. Ahora sólo nos quedaba regresar al automóvil. Había un camino muy bien trazado que al parecer iba en la buena dirección, pero algunos pasos más adelante giraba hacia la izquierda. Persistimos en seguirlo, y al final se perdió entre los arbustos. Tuvimos que dar media vuelta y consultar el mapa para no volver a equivocarnos. En el ámbito espiritual, es muy necesario hacerme estas preguntas: ¿Hoy mi vida va por el buen camino? ¿Cuál será su salida? ¿Qué mapa consultar? La Biblia. Es muy clara, pues nos dice que sólo hay dos caminos: un camino ancho que conduce a la perdición y uno estrecho que conduce a la vida. Nos muestra que, desde su nacimiento, el hombre va por el mal camino, el camino que lleva a la muerte. ¿Quién podría negarlo? ¿Quién podrá rechazar las expresiones: “todos pecaron”, “la paga del pecado es muerte”? (Romanos 3:23; 6:23). Pero aún hoy la Biblia tiene un mensaje vital para nosotros. Dios nos invita y nos manda que demos media vuelta para conocer el camino que lleva a la vida eterna. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Un instante es suficiente para dar media vuelta, para pasar de las incertidumbres a la paz, de las tinieblas a la luz y de la muerte a la vida.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Apocalipsis 3:20 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. Juan 20:29 Dios no se impone, sino que invita Hay una frase que a veces oímos y que nos deja pensativos: «¿No sería más sencillo si Dios se revelase de una vez a todo el mundo?». La Biblia nos enseña que Dios lo puede todo. Podría imponer su presencia, pero no lo hace hoy, pues desea hablarnos de otra manera. Cuando los soldados detuvieron a Jesús, los ángeles hubieran podido liberarlo, pero él no quiso. Después de su resurrección Jesús habría podido aparecer triunfalmente y confundir a sus detractores, pero sólo se dio a conocer a los suyos, sin llamar la atención. Sus discípulos Pedro y Juan creyeron en su resurrección cuando vieron su tumba vacía. María Magdalena reconoció a Jesús por su voz. Otros dos discípulos comprendieron que Jesús estaba ante ellos cuando repartió el pan. Tenemos todo lo necesario para creer en Jesús, si leemos los evangelios con la mente y el corazón abiertos, dispuestos a aceptar la verdad. Un milagro de Jesús no cambiaría nada para el que no quiere creer, pues mientras Jesús estuvo en la tierra hizo muchos milagros, y a menudo la gente no creyó. Dios nos invita a tener una relación de confianza con él, pero no nos obliga. Ordena a todos los hombres, en todos los lugares, que se arrepientan. Creer en Dios no es sólo creer que existe. También es creer en su amor. El amor no se impone, sino que se recibe.
Dios… no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. Hechos 14:17 …En quien creyendo (Jesucristo), aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso. 1 Pedro 1:8 El gozo humano y el gozo divino En la Biblia, el gozo y la felicidad son evocados más de 800 veces. Eso significa que la Biblia contiene un mensaje esencial para tener una vida feliz. Las simples alegrías de la vida forman parte del plan de Dios para el hombre. ¡Es él quien nos las da! Por ejemplo, el gozo que trae una cosecha, una comida, el nacimiento de un bebé, el gozo que experimentamos ante la belleza de la naturaleza. A menudo Jesús anunció el reino de Dios usando esas sencillas alegrías. ¿Sabemos alegrarnos con simplicidad y frescura ante las múltiples bendiciones que Dios nos da cada día? Sin embargo, Dios nos invita a ir más allá, a no detenernos en el carácter humano del gozo que recibimos. Nuestras alegrías toman su verdadera dimensión cuando son vividas en relación con Dios, pues la alegría del cristiano es ante todo una alegría espiritual. Es el gozo de conocer a Dios como Padre. Al ser conscientes de su amor, nuestros temores y lágrimas se borran para dejar paso a la alegría de ser amados por Dios y de poder decirle: ¡“Padre”! Este gozo es más elevado que todas las alegrías humanas. Para gozar de él, vayamos a la fuente, al Dios bienaventurado. Hallarlo por la fe hace que en nuestra vida nazca el gozo perfecto de Cristo, es decir, el que nunca dejará de existir.
El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.1 Juan 4:14Ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.La liberación del alma y del cuerpoLa liberación que obtenemos por la fe en la obra del Señor Jesús es verdaderamente una “salvación tan grande” (Hebreos 2:3), y Aquel que la adquirió es el “gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13). ¿En qué consiste esa salvación?Para el creyente, sus pecados son perdonados porque Jesús los expió en la cruz. Ahí también su naturaleza culpable fue condenada y crucificada; así su alma está en paz con Dios por toda la eternidad. De esta manera es liberado del peso de sus faltas, de sí mismo y de Satanás, su acusador. Pero eso no es todo, pues Dios se encargará de su cuerpo como se encargó de su alma. Actualmente el cuerpo de los creyentes, al igual que el de todos los hombres, está sujeto al sufrimiento, la enfermedad y la corrupción después de la muerte, pero cuando el Señor vuelva será resucitado y glorificado. “Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:20-21). Y nos introducirá, cuerpo y alma a la vez, en la casa de su Padre.Es una salvación perfecta y completa que nunca podemos perder. Jesús dice que nadie podrá arrebatarnos de su mano ni de la mano de su Padre (Juan 10:28-29). Tengamos firmemente fundadas en Jesucristo nuestras certezas; en todas las circunstancias, conservemos el gozo de tener tal salvación y tal Salvador.
Isaías 51:7 al 8 Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes, 8)Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglosNo temáis al hombre Por El Pastor Francisco Garza~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ En estos tiempos en que el terror y el peligro azota nuestras calles, la violencia está presente y el riesgo de ser atacado, despojado, amenazado, lastimado e incluso privado de la libertad es latente, no cabe duda que el temor trata de apoderarse de nosotros, oímos que a alguien cercano le ha sucedido una situación y nuestra mente se turba y se llena de temor al grado de inquietarnos, ponernos en ansiedad e incluso paralizarnos por el temor, no cabe duda que estamos viviendo tiempos difíciles, sin embargo el día de hoy el Señor nos dice en su palabra que no temamos afrenta de hombre, ni desmayemos por sus ultrajes, que reconfortante es saber que Dios nos da una palabra de seguridad y protección contra todos los peligros latentes a cada hora del día, así es mi hermano, no temamos ni desmayemos porque el Señor está con nosotros y el nos declara que su justicia permanece para siempre, y su salvación por los siglos de los siglos, no tenga temor, no desmaye, siga adelante, no deje de alcanzar lo que el Señor tiene para su vida por temor, es cierto que hay gente que hace maldad pero nuestro Dios es escudo a los que en el confían, si es importante añadir lo siguiente y es que esta promesa está condicionada a los que conocen justicia y al pueblo en cuyo corazón está la ley del Señor, que El Espíritu Santo nos revele si estamos reuniendo las condiciones para que el Señor sea nuestra defensa es decir conocer justicia y tener la ley del Señor en nuestro corazón, eso si nos debe preocupar y ocupar porque la palabra de hoy es una garantía a quienes reúnen ese requisito. Ahora que si usted reúne los requisitos duerma tranquilo, trabaje en paz, salga a la calle confiado, porque el a prometido que su salvación es por los siglos de los siglos.Declaro la protección de Dios sobre su vida y una semana de bendición y logros en todo lo que emprenda, bendigo su familia, ministerio, la fuente de su sustento y declaro que ninguna plaga toca su morada.Bendiciones

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.Lucas 9:23El que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.Lucas 14:27Llevar su cruzAlgunas personas que pasan por una prueba se refieren a ella como su calvario o la cruz que deben llevar. Muchos consideran que, en justa compensación, los que aceptan su sufrimiento con resignación se hacen merecedores de un lugar en el cielo y tendrán derecho a la felicidad en el otro mundo.¡Error fatal! No son nuestros sufrimientos los que nos dan derecho a tener la vida eterna, sino los de Jesús. Sólo él subió al Calvario, plenamente consciente de lo que le esperaba como víctima para expiar nuestros pecados.Entonces, ¿Qué significa la expresión «tomar» o «llevar» su cruz? El Señor sólo pide esto a los que quieren seguirle: el joven rico, sus discípulos. Es aceptar perderlo todo, incluso su vida, para seguir y servir a Jesús. La cruz también es un símbolo de muerte. El condenado que llevaba su cruz hasta el lugar de la ejecución, proclamaba públicamente que, para el mundo, dejaba de existir. Moralmente esta es la situación del que ha creído en el Señor Jesús. El cristiano está muerto al pecado, muerto al mundo, pues está identificado con Cristo en su muerte y en su vida, ya que tiene una vida nueva (Romanos 6:11; Gálatas 6:14). El mundo, el mal y la voluntad propia ya no tienen ningún derecho sobre él. No es, en absoluto, una carga dolorosa de la que nos encantaría liberarnos; esta cruz liberadora es el instrumento de la victoria, el arma distintiva y la bandera gloriosa del soldado de Jesucristo.

Fiel es Dios , que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.1 Cor. 10:13Mas ( Dios ) conoce mi camino; me probará, y saldré como oro.Job 23:10Cuando se sufre…Después de un duelo especialmente doloroso, una pregunta punzante dominaba mis pensamientos: ¿Por qué me ocurre esto a mí? ¿Quiere Dios castigarme? Un amigo creyente me dio la clave que me liberó de mi angustia y de mis preguntas, diciéndome:–Hace cerca de dos mil años, Jesucristo crucificado exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Marcos 15:34). Así Jesucristo cargó con el castigo que merecían mis pecados. Fue desamparado para que yo no lo fuera nunca. Dios castigó a su Hijo en mi lugar. Por eso Él me perdona y me da la vida eterna. ¿Cómo podría dudar de su amor ?Mi amigo también me enseñó a no decir: «¿Por qué?», sino «¿Para qué?», para preguntar a Dios cuál es su meta al permitir este sufrimiento. “He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción” (Isaías 48:10), Dios es como un orfebre, quien funde el oro en el crisol, ajustando la temperatura hasta que toda impureza sea quitada. Él espera pacientemente hasta que el metal tenga una superficie tan lisa que pueda reflejar su rostro en ella. Sólo entonces el artesano puede labrar el oro puro para hacer una joya.Este es el «para qué» de esa prueba dolorosa que Dios permitió, después de haberme dado la vida eterna; ese trabajo era necesario para darme una forma que fuera para la honra de mi Salvador y Señor.