Jean-Luc Marion y Morpurgo-Tagliabue: El diálogo posible y necesario para comprender el escenario de la Modernidad.
Continuación de " Morpurgo-Tagliabue y la cuestión epistemológica moderna como un campo de batalla"
"La objeción de Urbano VIII es la última resistencia contra el incipiente racionalismo que, partiendo del Cusano, llegó con Galilei a su extremo resultado: extender la "incorruttibilis certitudo" de las matemáticas a la obra de Dios, y de anteponer el libro de la naturaleza "escrito" en lengua matemática a la Palabra de la Revelación". (1)
Aunque deba disculparme por no salir todavía del círculo de las mismas ideas, creo que es necesario a fin de extenderlo más, en la forma de una comprensión más amplia, abarcante y profunda, de eso que Morpurgo-Tagliabue llamaba el "campo de batalla" en el que entraron en relación el Papa Urbano VIII y Descartes y, con él, el pensamiento moderno. No salir tangencial ni violentamente de este movimiento circular nos puede permitir determinar con mayor precisión el contexto ideológico que sirvió de matriz al pensamiento científico moderno, pues se trata de comprender hermenéuticamente el espacio común en el que entraron en confrontación espíritus muy diversos de personajes que compartieron un mismo siglo.
Ahora, el alcance de mi propósito pasa por poner en diálogo a dos filósofos aparentemente sin relación mutua: Morpurgo-Tagliabue y Jean-Luc Marion. Con ambos vamos a poder alcanzar una visión más clara de ese terreno de choque en el que se tuvieron que encontrar, impensadamente para muchos todavía, pero con dramática necesidad, el padre del racionalismo moderno, Descartes, con la última expresión de resistencia y escepticismo contra cualquier sospecha de necesitarismo racionalista o metafísico, incluso en la forma del platonismo matematizante que pueda encontrarse en las posiciones ideológicas de personajes como Kepler y Galileo: " Que el mundo de la naturaleza - afirma Morpurgo-Tagliabue- esté escrito en lenguaje matemático, no podrá ser ya más un axioma platónico... como es todavía para Kepler y Galileo... Deberá ser justificado gnoseológicamente. No refrendado sólo por la confirmación empírica, sino por una fundamentación metafísica. ¿ Qué autoriza a la mente humana a extender su evidencia ( la indubitabilidad de las matemáticas) al mundo físico?" (1)
Morpurgo-Tagliabue explicó definitivamente la razón de ello. " La cuestión ( la duda planteada desde el presupuesto de la omnipotencia de Dios) siempre es la misma ( basada en el viejo argumento que los aristotélicos utilizaron contra las teorías astronómicas y que insistía en que el intelecto no agota las infinitas combinaciones posibles de la naturaleza ) , gnoseológica más que teológica". Es la misma cuestión, antes " fue expuesta de modo dogmático por Urbano VIII", aunque más tarde "lo fue de modo crítico por Descartes". En definitiva, ambos se preguntaron: " ¿ No podría ser la realidad diferente de cómo la razón la juzga?" ( 1)
Para cerciorarnos del gran acierto de Morpurgo-Tagliabue podemos someter su tesis a la piedra de toque que nos ofrece un filósofo tan prestigiado como incuestionablemente experto en la epistemología y la metafísica cartesianas, como lo es Jean-Luc Marion. Su libro " Sur la théologie blanche de Descartes ", nos va a permitir examinar críticamente la validez de las ideas de Morpurgo, tanto como obtener una visión más precisa de ese " terreno di scontro" ( " campo de batalla o terreno de choque"
en el que se confrontaron las ideas, aunque no las personalidades, de Descartes y el Papa Urbano VIII.
En numerosas ocasiones he señalado que la clave se encontraba en la vieja disputa entre dos posiciones beligerantes en torno a la validez de las concepciones astronómicas: la tradición aristotélica de salvar la apariencias y la posición realista asociada con una orientación más pitagórico-platónica o matematizante. Entre los ss. XVI-XVII este conflicto de interpretaciones se produjo como un choque entre la cosmología aristotélico-ptolemaica y la teología escolástica, por una parte, y las nuevas ideas cosmológicas defendidas por los copernicanos. Los defensores de la cosmovisión aristotélico-ptolemaica recurrían precisamente a la omnipotencia divina para extender la duda contra las pretensiones de la naciente racionalidad científica, sus orientaciones metodológicas y el progreso de las ideas. Frente a las dudas y limitaciones impuestas dogmáticamente desde la teología, Descartes pudo ver claramente la necesidad de una búsqueda radical de los fundamentos del saber científico.
Ahora bien, en este espacio de confrontación podría destacarse la figura de un personaje de transición, estrechamente vinculado en lo personal con Descartes, pero que no llegó a apartarse completamente de la vieja tradición aristotélico-escolástica, pese a impulsar indudablemente la renovación del espíritu científico moderno. Se trataba del P. Marin Mersenne. La investigación de Jean-Luc Marion encuentra en él a un instigador polémico de la doctrina cartesiana sobre la creación de las verdades eternas. Marion trata de develar la cuestión planteada por Mersenne a Descartes y a la que contestó éste con la teoría de la creación de las verdades eternas, en las tres famosas cartas de la primavera de 1630; teoría que comenzaba con la tesis siguiente: "que las verdades matemáticas, que usted denomina eternas, han sido establecidas por Dios y de Él dependen enteramente" (2), y que llevaba a esta otra tan sorprendente: " que las verdades matemáticas, plenamente comprensibles, no vuelven por ello a Dios comprensible, sino que le suponen al contrario "el ser infinito e incomprensible" y " la potencia incomprensible" (3).
" La problemática de la creación o de la independencia de las verdades eternas le viene a Descartes de Mersenne", afirma Marion. (4). El frontal rechazo cartesiano de la tesis suareciana de la independencia lógica de las verdades eternas y , por oposición, la afirmación de la creación y absoluta dependencia respecto de Dios , lleva a Marion a preguntarse " ¿ habría sido ( Descartes) el único de sus interlocutores en contestar a la opción teológica que sostenía la apologética concordista de Mersenne?" (5). Porque, en efecto, "si Mersenne fue el amigo de Descartes, nada prueba que lo haya sido de su pensamiento" ( 6)
Marion llega a resumir la posición representada por Mersenne en torno a las verdades matemáticas: " Así, los posibles, como verdades lógicamente necesarias, mantienen una doble relación con Dios: valen no sólo como eternos, sino también como independientes de Dios; sin embargo, y sin contradicción, precisamente porque constituyen su único objeto digno, son "necesariamente" el objeto de la atención, por tanto del entendimiento divino, hasta el punto de llegar a ser Dios mismo, ipse Deus" (7). Jean-Luc Marion también inserta a Mersenne dentro de una tendencia, muy viva y extendida en el tiempo de la revolución científica, que llevó " a pensar en Dios como un Dios matemático" (8); todo lo dicho juega un papel clave en la apologética desplegada por el mínimo contra el libertinismo y el racionalismo naturalista, pues " las matemáticas tienen aquí un estatuto de verdades absolutas, fundadas en Dios"(9). Pretendía Mersenne convencer de que de las verdades matemáticas se sigue necesariamente no sólo la certeza de la existencia de Dios, sino el conocimiento esencial de Dios.
Y es, en parte, a esto a lo que constesta Descartes, oponiéndo su doctrina de la creación de las verdades eternas. En primer lugar, porque niega la tesis de la independencia, a modo de coeternidad, de las verdades matemáticas respecto de Dios y su potencia ( es decir, lo posible y, por ende, las verdades necesarias, " ne résulte donc pas de la puissance divine, mais la précède et détermine" ); Descartes contradirá a Mersenne afirmando que todas las verdades matemáticas, al igual que todas las criaturas, dependen enteramente de Dios. Pero, en segundo lugar, Descartes también negará que " la inteligencia de los posibles sea Dios mismo, en tanto que Él considera todos los inteligibles" ( 10), " puesto que Dios es una causa cuya potencia sobrepasa los límites del entendimiento humano..., (una) potencia incomprensible"(11) Es decir, el infinito incomprensible no encuentra limitación alguna, ni siquiera en lo intrínsecamente contradictorio o ininteligible para la mente finita. Por último, en tercer lugar, Descartes pretende extender la libertad divina más allá de lo que estaría dispuesto a aceptar Mersenne: mientras que Dios puede crear todas las cosas eligiendo muy libremente entre infinitas posibilidades, sin embargo " queda sometido a la definición independiente de los posibles, que se imponen por tanto a Dios" (12). Por el contrario, para Descartes, Dios no se limita a proyectar los posibles en la creación del mundo, sino que Él también crea libremente las verdades matemáticas y lógicas que escoge como fundamento de aquél.
Pero he señalado que lo precedente es sólo una parte de la contestación dada por Descartes a Mersenne. Porque, por otro lado, la refutación cartesiana sería de alcance más radical y profundo, de acuerdo con la opinión de Marion: " Sin embargo, queda una insuficiencia en esta conclusión - concluye Marion-. Mersenne depende finalmente tanto de los teólogos ( Suarez y Bérulle) como de los teóricos de las matemáticas...En consecuencia, sería necesario examinar si Mersenne no constituye sólo el indicio...de una tendencia más ampliamente extendida (y) entre los más grandes a pensar en Dios como un Dios matemático. En este caso, para Mersenne, Descartes recusaría una epistemología y una teología completas, las cuales no garantizarían un fundamento absoluto y divino a las verdades matemáticas sino sometiendo a Dios a una univocidad total" (13)
Por un lado, Mersenne sería una muestra de la tendencia señalada, pero también un intelectual que no logró ni quiso desprenderse totalmente de los prejuicios aristotélicos que le llevaban a un pragmatismo y relativismo instrumentalista y positivista en la física. Asumo el riesgo de interpretar a Marion, pues opino que esta actitud del mínimo ante las teorías físicas no sólo atañe a los modelos astronómicos sino que sería extensiva también a las nuevas orientaciones mecanicistas dentro de la física.
Aunque Marion no sea explícito sobre ello, también parece inscribir la figura de Mersenne dentro del contexto de las discusiones entre los partidarios de considerar a la astronomía como un terreno de hipótesis meramente ficticias justificables por su utilidad para "salvar las apariencias" y los defensores de una nueva orientación científica, proclives a considerar las nuevas hipótesis astronómicas como hipótesis evaluables y validables mediante el despliegue de investigaciones guiadas por una metodología científica. En efecto, pues, con la salvedad de Mersenne, los partidarios de esa "tendencia ampliamente extendida a pensar en Dios como un Dios matemático", sobre todo, los más señeros pensadores, mantuvieron una actitud no relativista, sino realista ante la validez de las nuevas ideas astronómicas. Pero Marion va más allá, y acierta en ello, permitiéndonos definir el contexto que Morpurgo veía como el "terreno di scontro" entre Urbano VIII y Descartes: la polémica y el desacuerdo entre relativistas y realistas se había extendido más allá de la clásica discusión sobre la validez u objetividad de las teorías astronómicas: en el siglo de Mersenne y de Descartes, se cuestionaba también a la nueva física. En este sentido, Mersenne es " l'indice d'une tendance plus largement répandue et chez de plus grands à penser Dieu comme un Dieu mathématicien", pero también lo es de "une épistémologie et une théologie" que Descartes recusó y trató de superar como obstáculos al despliegue de la ciencia moderna. Una epistemología y una teología de las que se derivaba, a causa de "contingence qu'implique l'empiricité de la physique" ( 14) , la conclusión de la invencible " relativité et la précarité de totues les théories physiques"(15). Opinión no exclusiva de Mersenne antes de 1630, sino también razón de peso por la que se opuso Urbano VIII a Galileo. Volviendo a la cita de Morpurgo-Tagliabue, con la que encabecé este capítulo, " Urbano VIII es la última resistencia contra el incipiente racionalismo...llegó con Galilei a su extremo resultado: extender la "incorruttibilis certitudo" de las matemáticas a la obra de Dios".
Por cierto, como traté de demostrar en un capítulo anterior, debería examinarse con más atención cómo modificó Mersenne el planteamiento de su relativismo físico a la luz de las "Questions théologiques", puesto que en esa obra, con el fin de complacer tanto a Roma como a los teólogos de París, Mersenne presentó sus objeciones al copernicanismo apoyándose no en otra razón sino en la misma objeción escéptica del Papa Urbano VIII, a partir de la afirmación de la omnipotencia divina.
Considero, pues, que el estudio de Jean-Luc Marion aporta elementos sumamente importantes para precisar el contexto dentro del cual la duda del Papa Urbano y la duda cartesiana se hallan clarísimamente relacionadas.
Jean-Luc Marion y Morpurgo-Tagliabue: El diálogo posible y necesario para comprender el escenario de la modernidad. II
"La creencia que inspiró a casi toda la ciencia hasta el final del siglo XVII era que ella descubría una estructura real inteligible en la naturaleza objetiva, un "ens reale" y no meramente un "ens rationis"" ( Historia de la ciencia: De S. Agustín a Galileo/2. A.C. Crombie. Alianza Universidad, 1983. P. 130)
" Mersenne n'aurait pu susciter une polémique avec Descartes...si, par ses thèses sur l'indépendance ( non-création) des vérités (mathématiques) éternelles, il ne s'était fait l'écho d'un ensemble théorique, dont la plupart des praticiens et des penseurs de la science moderne naissante devaient user pour fonder la possibilité même de leur travail. Telle sera du moins notre hypothèse" ( Sur la théologie blanche de Descartes. Jean-Luc Marion. PUF,1981. P. 178) (1)
No fue únicamente Galileo quien creyó que " las teorías matemáticas de las que deducía las observaciones ( físicas) representaban la realidad permanente, la sustancia subyacente a los fenómentos" ( 2). " El mismo Kepler creyó que estaba descubriendo un orden matemático que proporcionaba la estructura inteligible del mundo real" (3)
Era ,pues, una tesis común a muchos pensadores y pioneros de la ciencia de los siglos XVI y XVII la creencia de inspiración platónico-pitagórica en que la Naturaleza era matemática, que "el comportamiento de las cosas estaba enteramente producido por su estructura matemática" (4) y que era preciso reconocer - en palabras de J.-L. Marion- a las verdades matemáticas una " validez óntica y no solamente ideal " y, por ende, " la verdad del mundo físico debe... enunciarse en lenguaje matemático" (5). ¿ Pero ¿qué se quiere decir al hablar sobre tal validez óntica de las matemáticas ( es decir, por ejemplo, de las verdades de la Geometría y de la Aritmética)?
He encabezado este capítulo con una cita de Crombie muy reveladora: "La creencia que inspiró a casi toda la ciencia hasta el final del siglo XVII era que ella descubría una estructura real inteligible en la naturaleza objetiva, un "ens reale" y no meramente un "ens rationis"". Los escolásticos solían distinguir entre los seres reales y los "entes de razón", siendo estos últimos constructos ideales, conceptuales o ficticios, cuya consistencia radicaba en el hecho de ser concebidos por la mente humana. De tal género formaban parte tanto las teorías y los conceptos abstractos ( con algún fundamento en la realidad) como las fabulaciones... Jean-Luc Marion lo expresa magníficamente: " Reconocer a las matemáticas una validez óntica conduce a una hermenéutica matemática de la creación, lo que implica su atribución al Creador, pues le impone la univocidad constitutiva de las matemáticas" (5)
Y es que, aunque comenzara con las observaciones y " la descripción de ...los fenómenos",prescindiendo de las consideraciones esencialistas propias de la física aristotélica, para centrarse en la búsqueda de las regularidades o constancias entre los fenómenos físicos observables ( 6), la intención del método galileano era " expresar las regularidades observadas en términos de una abstracción matemática... ( de la que) podía deducirse la observación. La abstracción hipotética podía entonces ser puesta a prueba cuantitativamente a partir de sus consecuencias... El uso ...del método de la abstracción matemática le permitió establecer firmemente la técnica de investigar un fenómeno ( por ejemplo, el estudio de los cuerpos en caída libre) por medio de experimentos específicamente diseñados, en los que se excluían las condiciones irrelevantes de forma que el fenómeno pudiera ser estudiado en sus relaciones cuantitativas más sencillas con otros fenómenos ( por ejemplo, analizando las relaciones matemáticas entre dos factores únicos, espacio y tiempo, prescindiendo de todos los demás). Sólo después de que estas relaciones habían sido establecidas y expresadas en una fórmula matemática reintroducía los factores excluídos ..." (7)
Implicación epistémica de la doctrina galileana
Esta es, pues, la hermenéutica matemática característica de todos los pensadores y científicos del S. XVII que consideraban - de acuerdo con la famosa metáfora galileana- a la naturaleza como un libro escrito en lenguaje matemático. Y este "ars inveniendi", este método de análisis que permitía develar la estructura inteligible de la creación, sólo podría alcanzar con éxito sus objetivos científicos si, como afirma Marion, " la lectura matemática, aquí también, escapa a toda equivalencia de las hipótesis, no entra en controversia con otras, sino que se impone epistemológicamente porque preside, como planificación constitutiva, la creación óntica del mundo" (8). La condición de posibilidad de una lectura matemática de la naturaleza consiste en atribuir a una instancia trascendental de fundamentación absoluta (Dios) el orden matemático a descubrir por la ciencia humana en el mundo físico real: " De donde la interpretación de la naturaleza como obra de Dios" (9)
La epistemología subyacente en el pensamiento de Galileo presupone una reducción del único conocimiento científicamente válido sobre la naturaleza de las cosas al formalizable y validable matemáticamente. Y en ello estriba la motivación para atribuir a Dios la validez óntica de las matemáticas: " (tanto) la universalidad de la aplicación como el status óntico exigen que todo entendimiento se adecue a su racionalidad y que todo ente se conozca según ella ( " la racionalidad matemática"
. Es necesario, pues, que Dios mismo las ejerza " (10)
Pero ello implica una consecuencia no sólo divergente sino también contradictoria con la perspectiva teológica del Papa Urbano VIII. Y no sólo con ésta última, sino también con la cartesiana. Puesto que, aun cuando Galileo es consciente de la incomensurabilidad entre la extensión infinita del entendimiento divino y la limitación de la ciencia humana, sin embargo afirma que (intensivamente, es decir, en relación con la certeza apodíctica alcanzada matemáticamente sobre una verdad) "el conocimiento humano iguala al divino, en la certeza objetiva" (11). Tal igualdad de entendimientos ( el infinito y el finito) se explica porque aquel entender absoluto al que se atribuye la construcción del mundo real se gobierna mediante las mismas matemáticas en que debe fundarse la ciencia física humana. Como veremos en el próximo capítulo, esto pudo provocar la cólera del Papa Urbano.
Podríamos decir que Galileo prepara un terreno común de encuentro entre Urbano VIII y Descartes... , pero lo abrirá como un "terreno di scontro" (un campo de batalla), de acuerdo con la opinión de Morpurgo-Tagliabue. En efecto, en primer lugar, " para Descartes por el contrario, la elección misma, como paradigma de ciencia cierta, de las matemáticas ( Regula II) implica que la Mathesis Universalis sigue siendo una Sapientia humana y únicamente humana( Regulae I y VIII) "; pero, en segundo lugar, " la univocidad limita a Dios respecto de los contradictorios...La omnipotencia se encuentra, de hecho, muy limitada, no por cierto como poder eficiente, sino más bien en tanto que se reduce a la eficiencia; no permanece ilimitada más que restringiéndose a la puesta en ejecución, obrera eficaz de una racionalidad que persiste independiente ( Suárez, Mersenne, Kepler, etc.) " (12)
El platonismo de Galileo
El platonismo de Galileo le llevaba a contradecir la posición aristotélica, para la cual " la matemática... no podía expresar la "naturaleza esencial" de las cosas y procesos físicos, porque era una abstracción que excluía la consideración de las diferencias cualitativas irreductibles ( de los cuerpos físicos). (Por tanto) según Aristóteles, el estudio de los cuerpos y fenómenos físicos era el objeto propio no de la matemática, sino de la física" (13). Pero, aunque Galileo estuviese dispuesto a admitir con Aristóteles los factores materiales que perturban la exactitud matemática, se negaba a extraer la consecuencia de que " las matemáticas no pueden tratar de la física" (14). Y es que Galileo creía que las teorías matemáticas de las que deducía los fenómenos observables representaban la realidad permanente, la sustancia subyacente a los fenómenos. En palabras de Marion: "...ahora ya no es la idealidad matemática la que deriva ( por abstracción desmaterializante) de la realidad física ( y material), sino la realidad física la que se establece sobre la base de un modelo matemático. El modelo matemático llega a ser primero, o mejor, las idealidades matemáticas valen en lo sucesivo como modelos...De donde la equivalencia entre la matemática y lo real, que supone que la "res"( sustancia, cosa ) se basa en la inteligibilidad" ( 15).
Ahora, bien, la creencia en el carácter matemático constitutivo del mundo real, aunque de raigambre platónico-pitagórica, ya no puede seguir siendo estrictamente platónica. Como bien lo explica Crombie: " (Platón) había afirmado que el mundo físico era una copia o apariencia de un mundo ideal trascendente de formas matemáticas...Galileo, al contrario, afirmó que el mundo físico real consistía efectivamente en entidades matemáticas y sus leyes, y que estas leyes podían ser descubiertas en detalle con absoluta certeza" (16). Pero estas leyes encuentran su último fundamento absoluto en Dios, y por ello muy acertadamente añade Marion: " El mundo no se abre como un libro inteligible a la mirada matemática más que en cuanto que ha sido efectivamente creado bajo una mirada matemática ( un Dios matemático)" (17). Pero este recurso a Dios como fundamento absoluto de una " hermenéutica matemática" en la física viene impuesto por una exigencia epistemológica: " Un imperativo epistemológico impone una consecuencia teológica. La univocidad de las verdades matemáticas en Dios como en el hombre resulta obligatoriamente de su universal validez en el mundo creado. Si los sabios comienzan a construirse un tal Dios, es que la ambición de su epistemología les fuerza, independientemente de toda sensibilidad religiosa...También, incluso Galileo debió postular la univocidad de las matemáticas..." (5) " Dios mismo utiliza números y figuras, y, bajo este aspecto al menos, el espíritu humano puede igualarlo; el "platonismo" permite...rematar la universalización del conocimiento matemático, así como la univocidad; o más exactamente, lograr la universalización y asegurar el alcance óntico al precio de la univocidad" (18)
Morpurgo-Tagliabue (19) ya señaló que esta concepción matematicista de la realidad física no podía mantenerse en el S.XVII como un "axioma platónico", sino que requería ser justificado epistemológicamente. Marion nos hace ver con claridad que la idea de Dios como una mente geométrica era una consecuencia de la exigencia de fundamentación absoluta de la certeza y exactitud matemáticas perseguida por la física naciente en el S. XVII. Nos será posible, pues, dar un paso más en el intento de definición de ese campo de batalla ("terreno di scontro" , de acuerdo con G. Morpurgo-Tagliabue) en el que inevitablemente tuvieron que encontrarse la posición relativista y escéptica representada por el Papa Urbano VIII y el racionalismo cartesiano; es decir, dos formas de entender la actitud de la duda, la dogmática y la crítica. En el próximo capítulo veremos cómo la confrontación entre los partidarios y los escépticos ante la nueva fisicamatemática es equiparable a dos representaciones completamente diversas de Dios: el Dios sometido a las inteligibilidades matemáticas,por un lado, y el Dios como Misterio infinito de Poder y Libertad . Y en medio de este conflicto de interpretaciones podrá iluminarse nuestra comprensión de la búsqueda de fundamento absoluto para la certeza científica en la que se afanó René Descartes
CONTINUARÁ
(1) Mersenne no habría podido suscitar una polémica con Descartes...si, por sus tesis sobre la independencia ( no creación) de las verdades ( matemáticas) eternas, no se hubiese hecho eco de un conjunto teórico, del que la mayoría de los profesionales y pensadores de la ciencia moderna naciente debían usar para fundar la posibilidad misma de su trabajo. Tal será al menos nuestra hipótesis.
(2) ibidem. A.C.Crombie, p. 130. Podemos añadir esta cita tomada de la misma página del libro de Crombie: " Ni puedo admirar lo bastante la eminencia de esos hombres de talento - dice Salviati en el Tercer Día de los "Dos sistemas principales"- , que han aceptado y defendido ( el sistema copernicano) como verdadero, y con la vivacidad de sus juicios han hecho tal violencia a sus propios sentidos que han sido capaces de preferir lo que su razón les dictaba a lo que las experiencias sensibles les presentaba de la forma más evidente como contrario... No puedo encontrar límites para mi admiración respecto de cómo la razón era capaz, en Aristarco y Copérnico, de cometer tal violación de sus sentimientos y, a pesar de ellos, hacerse la dueña de su credulidad"
(3) ibidem, p. 131
(4) ibidem, p. 130
(5) Sur la théologie blanche de Descartes. J-L. Marion, p. 206. " ...les mathématiques offrent la plus haute figure de la vérité que l'esprit humain puisse atteindre pour lui-même et envisager dans l'absolu, parce que leur exactitude en assure l'évidence et la certitude. Il y a plus: cette connaissance privilégiée ne doit pas se limiter aux seules idéalités mathématiques, telles que l'abstraction de la matière ( mais aussi de la forme) les permet selon Aristote; en effet, il paraît possible, sous certaines conditions à preciser, de les appliquer à l'univers physique, et de leur reconnaître une validité ontique, et non seulement idéelle. Dès lors, la vérité du monde physique doit, puisqu'elle le peut, s'énoncer en langage mathématique. Donc, il faut en conclure que Dieu fut mathématicien, c'est-à-dire a suivi une planification mathématique pour créer le monde physique; sinon, ou bien les mathématiques, qui fondent la physique nouvelle, ne seraient elles-mêmes pas absolument fondées, puisque Dieu s'en serait dispensé; ou bien, si elles le sont, Dieu n'aurait pas connu le monde de la manière la plus excellente. Mais, sitôt attribuées à Dieu, les mathématiques imposent une conséquence: que Dieu et l'homme les comprennent et les exercent univoquement, parce qu'elles ne supportent, du fait de leur exactitude, aucune indétermination...Reconnaître aux mathématiques une validité ontique conduit à une herméneutique mathématique de la création, ce qui implique leur attribution au Créateur, donc lui impose l'univocité constitutive des mathématiques. Les vérités mathématiques ne deviennent physiques dans le monde qu'en restant univoques jusqu'en Dieu. L'univocité ne résulte pas ici d'une décision théoloquique, mais d'une position épistémologique. Dieu ne se trouve gratifié d'une intelligence mathématique... que pour garantir à l'herméneutique mathématique du monde physique, entendu comme une création divine, son fondament absolu. Un impératif épistémologique impose une conséquence théologique. L'univocité des vérités mathématiques en Dieu comme en l'homme résulte obligatoirement de leur universelle validité dans le monde crée. Si les savants commencent à se construire un tel Dieu, c'est que l'ambition de leur épistémologie les y contraint, indépendamment de toute sensibilité religieuse ...Aussi, même Galilée dut postuler l'univocité des mathématiques, puisqu'il en avait établi l'universelle validité. "
(6) Historia de la ciencia: De S.Agustín a Galileo/2. A.C.Crombie. p. 126
(7) ibidem. Crombie. p.129
(8) Sur la théologie blanche de Descartes. J.-L.Marion. p. 211
(9) ibidem, p. 211" ... parce que la lecture mathématique du monde suppose non pas une interprétation, mais bien une fondation ontique, il faut attribuer au Créateur l'usage et l'initiative du langage qui rend raison du crée. Seule cette attribution permet de satisfaire aus dernières exigences rationnelles du projet épistémologique- en le fondant absolument, lui reconnaissant un status ontique, et l'établissant au-delà des procédures humaines de validation, en une origine radicale. D'où l'interprétation de la nature comme oeuvre de Dieu"
(10) ibidem, p. 214." Le motif pour attribuer à Dieu la vérité des mathématiques et leur usage apparait maintenant clairement: l'universalité de l'application comme le status ontique exigent que tout entendement se conforme à leur rationalité et que tout l'étant se connaisse suivant elle. Il faut donc que Dieu même les exerce".
(11) ibidem, p. 222.
(12) ibidem, pp. 223-224: " Pour Descartes au contraire, le choix même , comme paradigme de la science certaine, des mathématiques ( Regulae II) implique que la Mathesis Universalis demeure une Sapientia humana et uniquement humaine ( Regulae I et VIII)". " l'univocité borne Dieu au respect des contradictoires...La toute-puissance se trouve, en fait, bien limitée, non certes comme puissance efficiente, mais bien en tant qu'elle se réduit à l'efficience; elle ne reste illimitée qu'en se restreignant à la mise en oeuvre des possibles, ouvrière efficace d'une rationalité qui reste indépendante ( Suarez, Mersenne, Kepler, etc.)"
(13) Historia de la ciencia. A.C. Crombie. , p. 121
(14) Sur la théologie blanche de Descartes. Marion, p.208
(15) ibidem. p. 209. " sans doute, mais maintenant, ce n'est plus l'idealité mathématique qui dérive de la réalité physique ( et matérielle), mais bien la réalité physique qui s'établit sur le fond d'un modèle mathématique. Le modèle mathmatique devient primier, ou plutôt les idéalités mathématiques valent désormais comme des modèles...D'où l'équivalence entre la mathématique et le réel, qui suppose que la res se fonde sur l'intelligibilité".
(16) ibidem, Crombie. p. 131
(17) Sur la théologie blanche de Descartes, p. 211.
(18)ibidem, p. 215
(19) " Que el mundo de la naturaleza esté escrito en lenguaje matemático, no podrá ser ya más un axioma platónico... como es todavía para Kepler y Galileo... Deberá ser justificado gnoseológicamente. No refrendado sólo por la confirmación empírica, sino por una fundamentación metafísica. ¿ Qué autoriza a la mente humana a extender su evidencia ( la indubitabilidad de las matemáticas) al mundo físico?"
Continuación de " Morpurgo-Tagliabue y la cuestión epistemológica moderna como un campo de batalla"
"La objeción de Urbano VIII es la última resistencia contra el incipiente racionalismo que, partiendo del Cusano, llegó con Galilei a su extremo resultado: extender la "incorruttibilis certitudo" de las matemáticas a la obra de Dios, y de anteponer el libro de la naturaleza "escrito" en lengua matemática a la Palabra de la Revelación". (1)
Aunque deba disculparme por no salir todavía del círculo de las mismas ideas, creo que es necesario a fin de extenderlo más, en la forma de una comprensión más amplia, abarcante y profunda, de eso que Morpurgo-Tagliabue llamaba el "campo de batalla" en el que entraron en relación el Papa Urbano VIII y Descartes y, con él, el pensamiento moderno. No salir tangencial ni violentamente de este movimiento circular nos puede permitir determinar con mayor precisión el contexto ideológico que sirvió de matriz al pensamiento científico moderno, pues se trata de comprender hermenéuticamente el espacio común en el que entraron en confrontación espíritus muy diversos de personajes que compartieron un mismo siglo.
Ahora, el alcance de mi propósito pasa por poner en diálogo a dos filósofos aparentemente sin relación mutua: Morpurgo-Tagliabue y Jean-Luc Marion. Con ambos vamos a poder alcanzar una visión más clara de ese terreno de choque en el que se tuvieron que encontrar, impensadamente para muchos todavía, pero con dramática necesidad, el padre del racionalismo moderno, Descartes, con la última expresión de resistencia y escepticismo contra cualquier sospecha de necesitarismo racionalista o metafísico, incluso en la forma del platonismo matematizante que pueda encontrarse en las posiciones ideológicas de personajes como Kepler y Galileo: " Que el mundo de la naturaleza - afirma Morpurgo-Tagliabue- esté escrito en lenguaje matemático, no podrá ser ya más un axioma platónico... como es todavía para Kepler y Galileo... Deberá ser justificado gnoseológicamente. No refrendado sólo por la confirmación empírica, sino por una fundamentación metafísica. ¿ Qué autoriza a la mente humana a extender su evidencia ( la indubitabilidad de las matemáticas) al mundo físico?" (1)
Morpurgo-Tagliabue explicó definitivamente la razón de ello. " La cuestión ( la duda planteada desde el presupuesto de la omnipotencia de Dios) siempre es la misma ( basada en el viejo argumento que los aristotélicos utilizaron contra las teorías astronómicas y que insistía en que el intelecto no agota las infinitas combinaciones posibles de la naturaleza ) , gnoseológica más que teológica". Es la misma cuestión, antes " fue expuesta de modo dogmático por Urbano VIII", aunque más tarde "lo fue de modo crítico por Descartes". En definitiva, ambos se preguntaron: " ¿ No podría ser la realidad diferente de cómo la razón la juzga?" ( 1)
Para cerciorarnos del gran acierto de Morpurgo-Tagliabue podemos someter su tesis a la piedra de toque que nos ofrece un filósofo tan prestigiado como incuestionablemente experto en la epistemología y la metafísica cartesianas, como lo es Jean-Luc Marion. Su libro " Sur la théologie blanche de Descartes ", nos va a permitir examinar críticamente la validez de las ideas de Morpurgo, tanto como obtener una visión más precisa de ese " terreno di scontro" ( " campo de batalla o terreno de choque"

en el que se confrontaron las ideas, aunque no las personalidades, de Descartes y el Papa Urbano VIII.
En numerosas ocasiones he señalado que la clave se encontraba en la vieja disputa entre dos posiciones beligerantes en torno a la validez de las concepciones astronómicas: la tradición aristotélica de salvar la apariencias y la posición realista asociada con una orientación más pitagórico-platónica o matematizante. Entre los ss. XVI-XVII este conflicto de interpretaciones se produjo como un choque entre la cosmología aristotélico-ptolemaica y la teología escolástica, por una parte, y las nuevas ideas cosmológicas defendidas por los copernicanos. Los defensores de la cosmovisión aristotélico-ptolemaica recurrían precisamente a la omnipotencia divina para extender la duda contra las pretensiones de la naciente racionalidad científica, sus orientaciones metodológicas y el progreso de las ideas. Frente a las dudas y limitaciones impuestas dogmáticamente desde la teología, Descartes pudo ver claramente la necesidad de una búsqueda radical de los fundamentos del saber científico.
Ahora bien, en este espacio de confrontación podría destacarse la figura de un personaje de transición, estrechamente vinculado en lo personal con Descartes, pero que no llegó a apartarse completamente de la vieja tradición aristotélico-escolástica, pese a impulsar indudablemente la renovación del espíritu científico moderno. Se trataba del P. Marin Mersenne. La investigación de Jean-Luc Marion encuentra en él a un instigador polémico de la doctrina cartesiana sobre la creación de las verdades eternas. Marion trata de develar la cuestión planteada por Mersenne a Descartes y a la que contestó éste con la teoría de la creación de las verdades eternas, en las tres famosas cartas de la primavera de 1630; teoría que comenzaba con la tesis siguiente: "que las verdades matemáticas, que usted denomina eternas, han sido establecidas por Dios y de Él dependen enteramente" (2), y que llevaba a esta otra tan sorprendente: " que las verdades matemáticas, plenamente comprensibles, no vuelven por ello a Dios comprensible, sino que le suponen al contrario "el ser infinito e incomprensible" y " la potencia incomprensible" (3).
" La problemática de la creación o de la independencia de las verdades eternas le viene a Descartes de Mersenne", afirma Marion. (4). El frontal rechazo cartesiano de la tesis suareciana de la independencia lógica de las verdades eternas y , por oposición, la afirmación de la creación y absoluta dependencia respecto de Dios , lleva a Marion a preguntarse " ¿ habría sido ( Descartes) el único de sus interlocutores en contestar a la opción teológica que sostenía la apologética concordista de Mersenne?" (5). Porque, en efecto, "si Mersenne fue el amigo de Descartes, nada prueba que lo haya sido de su pensamiento" ( 6)
Marion llega a resumir la posición representada por Mersenne en torno a las verdades matemáticas: " Así, los posibles, como verdades lógicamente necesarias, mantienen una doble relación con Dios: valen no sólo como eternos, sino también como independientes de Dios; sin embargo, y sin contradicción, precisamente porque constituyen su único objeto digno, son "necesariamente" el objeto de la atención, por tanto del entendimiento divino, hasta el punto de llegar a ser Dios mismo, ipse Deus" (7). Jean-Luc Marion también inserta a Mersenne dentro de una tendencia, muy viva y extendida en el tiempo de la revolución científica, que llevó " a pensar en Dios como un Dios matemático" (8); todo lo dicho juega un papel clave en la apologética desplegada por el mínimo contra el libertinismo y el racionalismo naturalista, pues " las matemáticas tienen aquí un estatuto de verdades absolutas, fundadas en Dios"(9). Pretendía Mersenne convencer de que de las verdades matemáticas se sigue necesariamente no sólo la certeza de la existencia de Dios, sino el conocimiento esencial de Dios.
Y es, en parte, a esto a lo que constesta Descartes, oponiéndo su doctrina de la creación de las verdades eternas. En primer lugar, porque niega la tesis de la independencia, a modo de coeternidad, de las verdades matemáticas respecto de Dios y su potencia ( es decir, lo posible y, por ende, las verdades necesarias, " ne résulte donc pas de la puissance divine, mais la précède et détermine" ); Descartes contradirá a Mersenne afirmando que todas las verdades matemáticas, al igual que todas las criaturas, dependen enteramente de Dios. Pero, en segundo lugar, Descartes también negará que " la inteligencia de los posibles sea Dios mismo, en tanto que Él considera todos los inteligibles" ( 10), " puesto que Dios es una causa cuya potencia sobrepasa los límites del entendimiento humano..., (una) potencia incomprensible"(11) Es decir, el infinito incomprensible no encuentra limitación alguna, ni siquiera en lo intrínsecamente contradictorio o ininteligible para la mente finita. Por último, en tercer lugar, Descartes pretende extender la libertad divina más allá de lo que estaría dispuesto a aceptar Mersenne: mientras que Dios puede crear todas las cosas eligiendo muy libremente entre infinitas posibilidades, sin embargo " queda sometido a la definición independiente de los posibles, que se imponen por tanto a Dios" (12). Por el contrario, para Descartes, Dios no se limita a proyectar los posibles en la creación del mundo, sino que Él también crea libremente las verdades matemáticas y lógicas que escoge como fundamento de aquél.
Pero he señalado que lo precedente es sólo una parte de la contestación dada por Descartes a Mersenne. Porque, por otro lado, la refutación cartesiana sería de alcance más radical y profundo, de acuerdo con la opinión de Marion: " Sin embargo, queda una insuficiencia en esta conclusión - concluye Marion-. Mersenne depende finalmente tanto de los teólogos ( Suarez y Bérulle) como de los teóricos de las matemáticas...En consecuencia, sería necesario examinar si Mersenne no constituye sólo el indicio...de una tendencia más ampliamente extendida (y) entre los más grandes a pensar en Dios como un Dios matemático. En este caso, para Mersenne, Descartes recusaría una epistemología y una teología completas, las cuales no garantizarían un fundamento absoluto y divino a las verdades matemáticas sino sometiendo a Dios a una univocidad total" (13)
Por un lado, Mersenne sería una muestra de la tendencia señalada, pero también un intelectual que no logró ni quiso desprenderse totalmente de los prejuicios aristotélicos que le llevaban a un pragmatismo y relativismo instrumentalista y positivista en la física. Asumo el riesgo de interpretar a Marion, pues opino que esta actitud del mínimo ante las teorías físicas no sólo atañe a los modelos astronómicos sino que sería extensiva también a las nuevas orientaciones mecanicistas dentro de la física.
Aunque Marion no sea explícito sobre ello, también parece inscribir la figura de Mersenne dentro del contexto de las discusiones entre los partidarios de considerar a la astronomía como un terreno de hipótesis meramente ficticias justificables por su utilidad para "salvar las apariencias" y los defensores de una nueva orientación científica, proclives a considerar las nuevas hipótesis astronómicas como hipótesis evaluables y validables mediante el despliegue de investigaciones guiadas por una metodología científica. En efecto, pues, con la salvedad de Mersenne, los partidarios de esa "tendencia ampliamente extendida a pensar en Dios como un Dios matemático", sobre todo, los más señeros pensadores, mantuvieron una actitud no relativista, sino realista ante la validez de las nuevas ideas astronómicas. Pero Marion va más allá, y acierta en ello, permitiéndonos definir el contexto que Morpurgo veía como el "terreno di scontro" entre Urbano VIII y Descartes: la polémica y el desacuerdo entre relativistas y realistas se había extendido más allá de la clásica discusión sobre la validez u objetividad de las teorías astronómicas: en el siglo de Mersenne y de Descartes, se cuestionaba también a la nueva física. En este sentido, Mersenne es " l'indice d'une tendance plus largement répandue et chez de plus grands à penser Dieu comme un Dieu mathématicien", pero también lo es de "une épistémologie et une théologie" que Descartes recusó y trató de superar como obstáculos al despliegue de la ciencia moderna. Una epistemología y una teología de las que se derivaba, a causa de "contingence qu'implique l'empiricité de la physique" ( 14) , la conclusión de la invencible " relativité et la précarité de totues les théories physiques"(15). Opinión no exclusiva de Mersenne antes de 1630, sino también razón de peso por la que se opuso Urbano VIII a Galileo. Volviendo a la cita de Morpurgo-Tagliabue, con la que encabecé este capítulo, " Urbano VIII es la última resistencia contra el incipiente racionalismo...llegó con Galilei a su extremo resultado: extender la "incorruttibilis certitudo" de las matemáticas a la obra de Dios".
Por cierto, como traté de demostrar en un capítulo anterior, debería examinarse con más atención cómo modificó Mersenne el planteamiento de su relativismo físico a la luz de las "Questions théologiques", puesto que en esa obra, con el fin de complacer tanto a Roma como a los teólogos de París, Mersenne presentó sus objeciones al copernicanismo apoyándose no en otra razón sino en la misma objeción escéptica del Papa Urbano VIII, a partir de la afirmación de la omnipotencia divina.
Considero, pues, que el estudio de Jean-Luc Marion aporta elementos sumamente importantes para precisar el contexto dentro del cual la duda del Papa Urbano y la duda cartesiana se hallan clarísimamente relacionadas.
Jean-Luc Marion y Morpurgo-Tagliabue: El diálogo posible y necesario para comprender el escenario de la modernidad. II
"La creencia que inspiró a casi toda la ciencia hasta el final del siglo XVII era que ella descubría una estructura real inteligible en la naturaleza objetiva, un "ens reale" y no meramente un "ens rationis"" ( Historia de la ciencia: De S. Agustín a Galileo/2. A.C. Crombie. Alianza Universidad, 1983. P. 130)
" Mersenne n'aurait pu susciter une polémique avec Descartes...si, par ses thèses sur l'indépendance ( non-création) des vérités (mathématiques) éternelles, il ne s'était fait l'écho d'un ensemble théorique, dont la plupart des praticiens et des penseurs de la science moderne naissante devaient user pour fonder la possibilité même de leur travail. Telle sera du moins notre hypothèse" ( Sur la théologie blanche de Descartes. Jean-Luc Marion. PUF,1981. P. 178) (1)
No fue únicamente Galileo quien creyó que " las teorías matemáticas de las que deducía las observaciones ( físicas) representaban la realidad permanente, la sustancia subyacente a los fenómentos" ( 2). " El mismo Kepler creyó que estaba descubriendo un orden matemático que proporcionaba la estructura inteligible del mundo real" (3)
Era ,pues, una tesis común a muchos pensadores y pioneros de la ciencia de los siglos XVI y XVII la creencia de inspiración platónico-pitagórica en que la Naturaleza era matemática, que "el comportamiento de las cosas estaba enteramente producido por su estructura matemática" (4) y que era preciso reconocer - en palabras de J.-L. Marion- a las verdades matemáticas una " validez óntica y no solamente ideal " y, por ende, " la verdad del mundo físico debe... enunciarse en lenguaje matemático" (5). ¿ Pero ¿qué se quiere decir al hablar sobre tal validez óntica de las matemáticas ( es decir, por ejemplo, de las verdades de la Geometría y de la Aritmética)?
He encabezado este capítulo con una cita de Crombie muy reveladora: "La creencia que inspiró a casi toda la ciencia hasta el final del siglo XVII era que ella descubría una estructura real inteligible en la naturaleza objetiva, un "ens reale" y no meramente un "ens rationis"". Los escolásticos solían distinguir entre los seres reales y los "entes de razón", siendo estos últimos constructos ideales, conceptuales o ficticios, cuya consistencia radicaba en el hecho de ser concebidos por la mente humana. De tal género formaban parte tanto las teorías y los conceptos abstractos ( con algún fundamento en la realidad) como las fabulaciones... Jean-Luc Marion lo expresa magníficamente: " Reconocer a las matemáticas una validez óntica conduce a una hermenéutica matemática de la creación, lo que implica su atribución al Creador, pues le impone la univocidad constitutiva de las matemáticas" (5)
Y es que, aunque comenzara con las observaciones y " la descripción de ...los fenómenos",prescindiendo de las consideraciones esencialistas propias de la física aristotélica, para centrarse en la búsqueda de las regularidades o constancias entre los fenómenos físicos observables ( 6), la intención del método galileano era " expresar las regularidades observadas en términos de una abstracción matemática... ( de la que) podía deducirse la observación. La abstracción hipotética podía entonces ser puesta a prueba cuantitativamente a partir de sus consecuencias... El uso ...del método de la abstracción matemática le permitió establecer firmemente la técnica de investigar un fenómeno ( por ejemplo, el estudio de los cuerpos en caída libre) por medio de experimentos específicamente diseñados, en los que se excluían las condiciones irrelevantes de forma que el fenómeno pudiera ser estudiado en sus relaciones cuantitativas más sencillas con otros fenómenos ( por ejemplo, analizando las relaciones matemáticas entre dos factores únicos, espacio y tiempo, prescindiendo de todos los demás). Sólo después de que estas relaciones habían sido establecidas y expresadas en una fórmula matemática reintroducía los factores excluídos ..." (7)
Implicación epistémica de la doctrina galileana
Esta es, pues, la hermenéutica matemática característica de todos los pensadores y científicos del S. XVII que consideraban - de acuerdo con la famosa metáfora galileana- a la naturaleza como un libro escrito en lenguaje matemático. Y este "ars inveniendi", este método de análisis que permitía develar la estructura inteligible de la creación, sólo podría alcanzar con éxito sus objetivos científicos si, como afirma Marion, " la lectura matemática, aquí también, escapa a toda equivalencia de las hipótesis, no entra en controversia con otras, sino que se impone epistemológicamente porque preside, como planificación constitutiva, la creación óntica del mundo" (8). La condición de posibilidad de una lectura matemática de la naturaleza consiste en atribuir a una instancia trascendental de fundamentación absoluta (Dios) el orden matemático a descubrir por la ciencia humana en el mundo físico real: " De donde la interpretación de la naturaleza como obra de Dios" (9)
La epistemología subyacente en el pensamiento de Galileo presupone una reducción del único conocimiento científicamente válido sobre la naturaleza de las cosas al formalizable y validable matemáticamente. Y en ello estriba la motivación para atribuir a Dios la validez óntica de las matemáticas: " (tanto) la universalidad de la aplicación como el status óntico exigen que todo entendimiento se adecue a su racionalidad y que todo ente se conozca según ella ( " la racionalidad matemática"

. Es necesario, pues, que Dios mismo las ejerza " (10)
Pero ello implica una consecuencia no sólo divergente sino también contradictoria con la perspectiva teológica del Papa Urbano VIII. Y no sólo con ésta última, sino también con la cartesiana. Puesto que, aun cuando Galileo es consciente de la incomensurabilidad entre la extensión infinita del entendimiento divino y la limitación de la ciencia humana, sin embargo afirma que (intensivamente, es decir, en relación con la certeza apodíctica alcanzada matemáticamente sobre una verdad) "el conocimiento humano iguala al divino, en la certeza objetiva" (11). Tal igualdad de entendimientos ( el infinito y el finito) se explica porque aquel entender absoluto al que se atribuye la construcción del mundo real se gobierna mediante las mismas matemáticas en que debe fundarse la ciencia física humana. Como veremos en el próximo capítulo, esto pudo provocar la cólera del Papa Urbano.
Podríamos decir que Galileo prepara un terreno común de encuentro entre Urbano VIII y Descartes... , pero lo abrirá como un "terreno di scontro" (un campo de batalla), de acuerdo con la opinión de Morpurgo-Tagliabue. En efecto, en primer lugar, " para Descartes por el contrario, la elección misma, como paradigma de ciencia cierta, de las matemáticas ( Regula II) implica que la Mathesis Universalis sigue siendo una Sapientia humana y únicamente humana( Regulae I y VIII) "; pero, en segundo lugar, " la univocidad limita a Dios respecto de los contradictorios...La omnipotencia se encuentra, de hecho, muy limitada, no por cierto como poder eficiente, sino más bien en tanto que se reduce a la eficiencia; no permanece ilimitada más que restringiéndose a la puesta en ejecución, obrera eficaz de una racionalidad que persiste independiente ( Suárez, Mersenne, Kepler, etc.) " (12)
El platonismo de Galileo
El platonismo de Galileo le llevaba a contradecir la posición aristotélica, para la cual " la matemática... no podía expresar la "naturaleza esencial" de las cosas y procesos físicos, porque era una abstracción que excluía la consideración de las diferencias cualitativas irreductibles ( de los cuerpos físicos). (Por tanto) según Aristóteles, el estudio de los cuerpos y fenómenos físicos era el objeto propio no de la matemática, sino de la física" (13). Pero, aunque Galileo estuviese dispuesto a admitir con Aristóteles los factores materiales que perturban la exactitud matemática, se negaba a extraer la consecuencia de que " las matemáticas no pueden tratar de la física" (14). Y es que Galileo creía que las teorías matemáticas de las que deducía los fenómenos observables representaban la realidad permanente, la sustancia subyacente a los fenómenos. En palabras de Marion: "...ahora ya no es la idealidad matemática la que deriva ( por abstracción desmaterializante) de la realidad física ( y material), sino la realidad física la que se establece sobre la base de un modelo matemático. El modelo matemático llega a ser primero, o mejor, las idealidades matemáticas valen en lo sucesivo como modelos...De donde la equivalencia entre la matemática y lo real, que supone que la "res"( sustancia, cosa ) se basa en la inteligibilidad" ( 15).
Ahora, bien, la creencia en el carácter matemático constitutivo del mundo real, aunque de raigambre platónico-pitagórica, ya no puede seguir siendo estrictamente platónica. Como bien lo explica Crombie: " (Platón) había afirmado que el mundo físico era una copia o apariencia de un mundo ideal trascendente de formas matemáticas...Galileo, al contrario, afirmó que el mundo físico real consistía efectivamente en entidades matemáticas y sus leyes, y que estas leyes podían ser descubiertas en detalle con absoluta certeza" (16). Pero estas leyes encuentran su último fundamento absoluto en Dios, y por ello muy acertadamente añade Marion: " El mundo no se abre como un libro inteligible a la mirada matemática más que en cuanto que ha sido efectivamente creado bajo una mirada matemática ( un Dios matemático)" (17). Pero este recurso a Dios como fundamento absoluto de una " hermenéutica matemática" en la física viene impuesto por una exigencia epistemológica: " Un imperativo epistemológico impone una consecuencia teológica. La univocidad de las verdades matemáticas en Dios como en el hombre resulta obligatoriamente de su universal validez en el mundo creado. Si los sabios comienzan a construirse un tal Dios, es que la ambición de su epistemología les fuerza, independientemente de toda sensibilidad religiosa...También, incluso Galileo debió postular la univocidad de las matemáticas..." (5) " Dios mismo utiliza números y figuras, y, bajo este aspecto al menos, el espíritu humano puede igualarlo; el "platonismo" permite...rematar la universalización del conocimiento matemático, así como la univocidad; o más exactamente, lograr la universalización y asegurar el alcance óntico al precio de la univocidad" (18)
Morpurgo-Tagliabue (19) ya señaló que esta concepción matematicista de la realidad física no podía mantenerse en el S.XVII como un "axioma platónico", sino que requería ser justificado epistemológicamente. Marion nos hace ver con claridad que la idea de Dios como una mente geométrica era una consecuencia de la exigencia de fundamentación absoluta de la certeza y exactitud matemáticas perseguida por la física naciente en el S. XVII. Nos será posible, pues, dar un paso más en el intento de definición de ese campo de batalla ("terreno di scontro" , de acuerdo con G. Morpurgo-Tagliabue) en el que inevitablemente tuvieron que encontrarse la posición relativista y escéptica representada por el Papa Urbano VIII y el racionalismo cartesiano; es decir, dos formas de entender la actitud de la duda, la dogmática y la crítica. En el próximo capítulo veremos cómo la confrontación entre los partidarios y los escépticos ante la nueva fisicamatemática es equiparable a dos representaciones completamente diversas de Dios: el Dios sometido a las inteligibilidades matemáticas,por un lado, y el Dios como Misterio infinito de Poder y Libertad . Y en medio de este conflicto de interpretaciones podrá iluminarse nuestra comprensión de la búsqueda de fundamento absoluto para la certeza científica en la que se afanó René Descartes
CONTINUARÁ
(1) Mersenne no habría podido suscitar una polémica con Descartes...si, por sus tesis sobre la independencia ( no creación) de las verdades ( matemáticas) eternas, no se hubiese hecho eco de un conjunto teórico, del que la mayoría de los profesionales y pensadores de la ciencia moderna naciente debían usar para fundar la posibilidad misma de su trabajo. Tal será al menos nuestra hipótesis.
(2) ibidem. A.C.Crombie, p. 130. Podemos añadir esta cita tomada de la misma página del libro de Crombie: " Ni puedo admirar lo bastante la eminencia de esos hombres de talento - dice Salviati en el Tercer Día de los "Dos sistemas principales"- , que han aceptado y defendido ( el sistema copernicano) como verdadero, y con la vivacidad de sus juicios han hecho tal violencia a sus propios sentidos que han sido capaces de preferir lo que su razón les dictaba a lo que las experiencias sensibles les presentaba de la forma más evidente como contrario... No puedo encontrar límites para mi admiración respecto de cómo la razón era capaz, en Aristarco y Copérnico, de cometer tal violación de sus sentimientos y, a pesar de ellos, hacerse la dueña de su credulidad"
(3) ibidem, p. 131
(4) ibidem, p. 130
(5) Sur la théologie blanche de Descartes. J-L. Marion, p. 206. " ...les mathématiques offrent la plus haute figure de la vérité que l'esprit humain puisse atteindre pour lui-même et envisager dans l'absolu, parce que leur exactitude en assure l'évidence et la certitude. Il y a plus: cette connaissance privilégiée ne doit pas se limiter aux seules idéalités mathématiques, telles que l'abstraction de la matière ( mais aussi de la forme) les permet selon Aristote; en effet, il paraît possible, sous certaines conditions à preciser, de les appliquer à l'univers physique, et de leur reconnaître une validité ontique, et non seulement idéelle. Dès lors, la vérité du monde physique doit, puisqu'elle le peut, s'énoncer en langage mathématique. Donc, il faut en conclure que Dieu fut mathématicien, c'est-à-dire a suivi une planification mathématique pour créer le monde physique; sinon, ou bien les mathématiques, qui fondent la physique nouvelle, ne seraient elles-mêmes pas absolument fondées, puisque Dieu s'en serait dispensé; ou bien, si elles le sont, Dieu n'aurait pas connu le monde de la manière la plus excellente. Mais, sitôt attribuées à Dieu, les mathématiques imposent une conséquence: que Dieu et l'homme les comprennent et les exercent univoquement, parce qu'elles ne supportent, du fait de leur exactitude, aucune indétermination...Reconnaître aux mathématiques une validité ontique conduit à une herméneutique mathématique de la création, ce qui implique leur attribution au Créateur, donc lui impose l'univocité constitutive des mathématiques. Les vérités mathématiques ne deviennent physiques dans le monde qu'en restant univoques jusqu'en Dieu. L'univocité ne résulte pas ici d'une décision théoloquique, mais d'une position épistémologique. Dieu ne se trouve gratifié d'une intelligence mathématique... que pour garantir à l'herméneutique mathématique du monde physique, entendu comme une création divine, son fondament absolu. Un impératif épistémologique impose une conséquence théologique. L'univocité des vérités mathématiques en Dieu comme en l'homme résulte obligatoirement de leur universelle validité dans le monde crée. Si les savants commencent à se construire un tel Dieu, c'est que l'ambition de leur épistémologie les y contraint, indépendamment de toute sensibilité religieuse ...Aussi, même Galilée dut postuler l'univocité des mathématiques, puisqu'il en avait établi l'universelle validité. "
(6) Historia de la ciencia: De S.Agustín a Galileo/2. A.C.Crombie. p. 126
(7) ibidem. Crombie. p.129
(8) Sur la théologie blanche de Descartes. J.-L.Marion. p. 211
(9) ibidem, p. 211" ... parce que la lecture mathématique du monde suppose non pas une interprétation, mais bien une fondation ontique, il faut attribuer au Créateur l'usage et l'initiative du langage qui rend raison du crée. Seule cette attribution permet de satisfaire aus dernières exigences rationnelles du projet épistémologique- en le fondant absolument, lui reconnaissant un status ontique, et l'établissant au-delà des procédures humaines de validation, en une origine radicale. D'où l'interprétation de la nature comme oeuvre de Dieu"
(10) ibidem, p. 214." Le motif pour attribuer à Dieu la vérité des mathématiques et leur usage apparait maintenant clairement: l'universalité de l'application comme le status ontique exigent que tout entendement se conforme à leur rationalité et que tout l'étant se connaisse suivant elle. Il faut donc que Dieu même les exerce".
(11) ibidem, p. 222.
(12) ibidem, pp. 223-224: " Pour Descartes au contraire, le choix même , comme paradigme de la science certaine, des mathématiques ( Regulae II) implique que la Mathesis Universalis demeure une Sapientia humana et uniquement humaine ( Regulae I et VIII)". " l'univocité borne Dieu au respect des contradictoires...La toute-puissance se trouve, en fait, bien limitée, non certes comme puissance efficiente, mais bien en tant qu'elle se réduit à l'efficience; elle ne reste illimitée qu'en se restreignant à la mise en oeuvre des possibles, ouvrière efficace d'une rationalité qui reste indépendante ( Suarez, Mersenne, Kepler, etc.)"
(13) Historia de la ciencia. A.C. Crombie. , p. 121
(14) Sur la théologie blanche de Descartes. Marion, p.208
(15) ibidem. p. 209. " sans doute, mais maintenant, ce n'est plus l'idealité mathématique qui dérive de la réalité physique ( et matérielle), mais bien la réalité physique qui s'établit sur le fond d'un modèle mathématique. Le modèle mathmatique devient primier, ou plutôt les idéalités mathématiques valent désormais comme des modèles...D'où l'équivalence entre la mathématique et le réel, qui suppose que la res se fonde sur l'intelligibilité".
(16) ibidem, Crombie. p. 131
(17) Sur la théologie blanche de Descartes, p. 211.
(18)ibidem, p. 215
(19) " Que el mundo de la naturaleza esté escrito en lenguaje matemático, no podrá ser ya más un axioma platónico... como es todavía para Kepler y Galileo... Deberá ser justificado gnoseológicamente. No refrendado sólo por la confirmación empírica, sino por una fundamentación metafísica. ¿ Qué autoriza a la mente humana a extender su evidencia ( la indubitabilidad de las matemáticas) al mundo físico?"