ENTRADA 11: La Ventana.
Tras explicar a todos lo de la pistola, (naturalmente omitiendo la idea implícita de usarla contra nosotros que insinuó el militar), el arma se ha convertido en el centro de atención durante un rato, todos querían verla y tocarla. Incluso en general diría que se han animado, deben de sentirse más seguros. Esta sensación de tranquilidad ha sido causada, sin duda, por el hecho de que desde el paso de los soldados por el edificio no hemos vuelto a oír los gritos ni los aullidos de esas cosas. Al menos no de cerca, porque desde la ventana si que los vemos pasar de vez en cuando corriendo, persiguiendo personas y vehículos, o caminando de forma errática si nada llama su atención.
Es curioso ver como se ignoran entre ellos, pero con que fiereza atacan a las personas normales, son implacables joder, y apenas sabemos nada de esos seres, aparte de que aparentemente no razonan y que si te atacan tarde o temprano te vuelves como ellos. Francis ha sido el que nos ha devuelto a la realidad al preguntar que íbamos a hacer después. Las opciones eran quedarse y cumplir las órdenes que daban los militares por la tele o intentar salir de allí desobedeciendo la cuarentena y arriesgándonos a lo que fuera que el exterior nose deparase. Después de discutir un rato y de que cada uno expusiera los pros y los contras de cada opción no hemos llegado a ningún acuerdo. Incluso ha habido varias intervenciones subidas de tono cuando Tony y Rafa se han enfrentado abiertamente. Todos queremos salir de aquí, pero hay que pensar la forma y el momento adecuados, ya que los soldados no nos dejarán pasar por los controles de las carreteras principales y si elegimos mal el camino nos habremos arriesgado para quedarnos tirados en la calle.
Un grito desgarrador ha interrumpido la conversación cuando se estaba convirtiendo en una batalla dialéctica digna de un mercado y nos ha atraído a todos a la ventana. La escena que hemos visto en el patio de enfrente nos ha helado la sangre y nos ha recordado que la pesadilla no estaba tan lejos como deseábamos.
Una pareja joven tocaba desesperadamente los timbres pidiendo ayuda, intentando que alguien les abriera la puerta. A pocas decenas de metros se aproximaban corriendo salvajemente esas cosas. El primero un hombre con uniforme policial, desde la lejanía y pese a que empezaba a oscurecer, se veían claramente manchas oscuras repartidas por toda la ropa. El joven se puso delante de la chica en actitud protectora, empuñando una llave inglesa de considerables dimensiones. La que parecía ser su novia gritaba y pedía ayuda inútilmente, nadie respondía y nadie abrió el portal para ayudarlos. El policía corría como un poseso, seguido por un grupo de otros 8 o 9 individuos aullantes, algunos cubiertos de sangre, otros sin señales aparentes de lucha o sangre, pero sin duda todos infectados. Llovet les gritó que corrieran hacia nuestro edificio, pero ya era tarde.
El infectado se abalanzó como un animal sobre el chico, que lo esquivó mientras le gritaba a su novia que corriera. El joven se defendió como un jabato y golpeó repetidas veces con la llave inglesa sin conseguir derribarlo. En pleno enfrentamiento llegaron 2 infectados más y cargaron contra él tirándolo al suelo. Los gritos de desesperación fueron sustituidos por gritos de dolor y tormento al ser despedazado ante la mirada de su propia novia.
El cuerpo del joven dejó de verse, oculto tras una decena de personas que se amontonaban encima suyo, mientras la chica corría hacia el patio de al lado intentando no compartir el destino de su chico. Al verla varios de los infectados salieron detrás de ella, segundos después la alcanzaron y en el forcejeo acabó encima del capó de un Peugeot blanco que estaba aparcado en la acera y que se convirtió en testigo privilegiado de la carnicería. Ni los gritos ni los objetos que lanzamos desde nuestra ventana los distrajeron lo más mínimo, solo un coche al pasar a toda velocidad los hizo atrajo hacia el centro de la calle, dejando a la pobre chica tendida sobre el capó entre un charco de su propia sangre.
Momentos después vimos horrorizados como la joven se levantaba con algo colgándole del cuello y salía corriendo detrás del coche al igual que habían hecho los demás seres.
Teníamos que salir de allí, ése era el mensaje que se leía en las miradas de todos y cada uno de nosotros. Con el estómago revuelto, y consternados retomamos la conversación, ahora la gente estaba más dispuesta que nunca a intentar lo que fuera necesario con tal de alejarnos de aquel infierno. Espero que ahora lleguemos todos a un acuerdo y salgamos de aquí de una pieza.