

Jenn Violetta es una artista con un trabajo fotográfico oscuro y tormentoso.
Ella se mueve en el más estricto anonimato, ya que a pesar de poder ver su obra tanto en su Tumblr, en su Facebook o en su página más completa en Flickr, poco y nada, se sabe de ella. Y aunque el arte siempre es la consecuencia final del interior del artista, este también cede a veces su parte de protagonismo para que fluya el libre albedrio del espectador, y construya sus propias historias,
Al ver las creaciones de Jenn Violetta recibimos un impacto visual enérgico y violento. Jóvenes y hermosos rostros envueltos en una profunda desazón, con una inocencia maltratada que se convierte en un grito desesperado y mudo.
No hay duda que la obra de esta artista es una gran denuncia a la violencia diaria que se ejerce sobre las niñas y mujeres desde diferentes sectores de la sociedad.
La violencia física y el terror emocional, de explotación y manipulación dicen presente en estas imagenes, pero no con sumision sino con actitud, todas las miradas son directas, y hasta provocadoras, pero consciente del daño inflingido.
Belleza y horror fundidos en un emplazamiento misterioso que nos hace pensar en una angustia desatada, que nos hace sentir emociones contradictorias, que nos sumerge en un estado catatónico donde el dolor forma parte de nuestro subconsciente más directo.
Tal vez la alusion más clara en su obra es a la guerra, la cual evoca con las numerosas armas, balas y sombreros militares que lucen sus modelos. También la religión se haya presente en sus fotografías, y, al igual que con la guerra, no son simples referentes visuales, sino una mordaz crítica que acentúa con los rostros demacrados y las muestras de violencia y sangre que envuelven sus imágenes.
Sin duda belleza y dolor van de la mano en los trabajos de Jenn Violetta . El mensaje está ahí para que el espectador lo asimile a su manera. Nada es nunca lo que parece, siempre hay una parte oculta que nos guía un poco más allá de lo previsible, y Jenn consigue trasladarnos hacia la parte más oscura de esa comprensión predeterminada. Sus retratos, incluso despojados de de todo tratamiento fotográfico, se cuelan en los recovecos más perdidos del alma. Nada es blanco o negro, sino que todo se compone de una explosiva mezcla de sensaciones y sentimientos. O como ella misma dice: “Hago fotos de cosas bonitas y no tan bonitas”


