InicioArteLa invisibilidad del método - Parte I

La invisibilidad del método - Parte I

Arte•12/31/2011












Si supieras lo mucho
que me ha costado
ganarme esta reputación,
pero ahora estoy tan cansado.

Un ser hizo un hueco en mí,
pensé que anidaría ahí,
pero partió volando al cielo,
ahora sólo puedo ver
miles de chacales a mi alrededor.

Pero cuando se alejó
no creí que fuera para siempre,
por eso me quedé esperando
hasta que se agotó mi eternidad.

Mi mundo se volvió desierto
y la invasión árabe no tardó en llegar,
¿tantas armas para qué?...
si yo ya estoy muerto.





Siembro calma a mis pasos
y tras mi sombra un viento
que no sabe de finales y
que no recuerda donde comenzó.

En ríos de turbio lodo
enjuago las culpas
de mi puerco corazón,
mientras mi alma llora.

La sequía me devolverá
certezas y soledad infinita,
y otra vez encajará
en mi cuerpo mi alma.

Mientras seguiré sembrando
semillas de honda piedad
para que cuando coseche los frutos del porvenir
las flores sean todas para mí.





La duda que soy
me consume por dentro,
flores, minerales los ojos
soles, todo está a salvo.

El temblor invade
mientras me consume,
la calma aparente
no llega a mis pies.

Y una sola bala
para acabar con mis 7 vidas,
para atravesarlas a todas,
a todas sin piedad.

Preservo mis ojos de la maldición
de distinguir los colores
de este mundo horrible
gris como la sangre.







La dureza de los huesos,
el perfume del aliento,
la calma del amor,
la verdadera felicidad,
la hora injusta,
el parpadeo inadecuado,
el llanto deforme,
las artes masturbatorias,
el fuego del indefenso,
el coro sin perdón,
la mala inteligencia,
la inundación y la furia,
la desesperación y las flores,
el sueño incandescente
y el agujero negro
que insiste en de a poco
devorarlo todo.







La claridad ha dañado
todo lo que estaba
mejor en la oscuridad.

La gloria (perdida),
retengo el aliento,
a esto llaman vida...

La fiebre (amarilla),
sofisticación de
los sentidos y el alma.

Tantos delatores,
hombres y mujeres,
el Gran Costo de Vida.

Todo se fue
con las sombras,
ahora no hay más.





La duda estruendosa suena
en mi cabeza tan golpeada,
y la pena es un colchón
donde me recuesto sin protestar.

Y mi dolor que a esta altura
es sólo mío y de nadie más,
y que lo soporto elegantemente,
sólo para no desentonar.

Canción de mil voces
que tantas veces he soñado,
convendría olvidarla,
seguir sin rumbo.

Practico rituales paganos
de una religión que no lo es,
sólo para justificar
el amable sufrimiento.

Y mis huesos rotos
son lo de menos hoy,
y quizás sea ese el lugar
por donde debería escapar.

Canción de mil voces,
que tantas veces han soñado,
convendría olvidarla,
seguir sin rumbo.



Flores Negras N°24
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