InicioArtecuento propio - Tinta Negra (relatos 5,6,7)

cuento propio - Tinta Negra (relatos 5,6,7)

Arte2/15/2010







"...La expresión de su rostro era de espantosa

malevolencia y exaltación y, al despertar, pudo

recordar una voz cascada que le persuadía

y le amenazaba..."


Lovecraft "Los sueños en la casa de la bruja"







La niña maldita


En un bar del puerto todavía cuentan el drama. Ya lo han contado mil veces ancianos y comadronas. Un Viernes Santo la niña del cuento perdió la normalidad. Era una noche de invierno. Su madre la había dejado sola. La casa iluminada por velas parecía una cueva titilante. Esa noche la sonriente muchacha vio algo que modificó su alma. Algunas voces dijeron que encontró a su padre muerto, de modo brutal, en el ropero. Otras la relacionan más directamente con los trabajos del mismo Satán. Una versión no contradice a la otra. Alguien la encontró a las semanas encerrada en el sótano, ya no podía ni hablar. Su madre abandonó la casa. El abandono no fue cruel, lo cruel fue la razón. Eran tiempos de guerra en Buenos Aires. Pero ese miedo no era por explosiones, sino por algo peor que cualquier muerte. Cuando el cadáver de su padre comenzó a pudrirse al pie de un cedro, la sangre del ropero ya estaba seca y parecía una mancha más. La niña escapó de todos los hospitales, sin parientes ni recuerdo alguno de su nombre.

Desde entonces comenzó a vagar con ansia encarnada. Y a infiltrarse a escondidas por las casas del país. Dicen que no roba ni mata, busca excusas y se hace amiga. O enemiga si no le creen. Después provoca el Miedo que no se va. Ella sólo quiere una cosa ¿Qué puede ser tan sagrado? Moscardón de ojos sin fondo. Busca algo imposible en los roperos. Nómade de toses profundas. Da lástima cuando la creen loca, hechicera ambulante. La niña eterna absorve las tinieblas sin que sepamos qué busca.
La historia termina con la advertencia sobre el peligro de encontrar las puertas de un ropero abiertas. Y lo desagradable que termina siendo el darle confianza.



V.K.F. Polar









Subir


Confirmé la palidez de mi cara y salí al patio a fumar hasta que viniera ella a buscarme. El llamado de media noche terminó con la espera. La agonia de mi madre, que tenía su contracara en mi propia agonía, me había cargado de soledad. Pero el teléfono sonó más cruel que de costumbre.
Pensaba en los que deberían haber estado allí, cada tarde de las doce que estuvo en coma. Sin resentimientos, aunque era conciente que esa noche dejaba de ser "hijo" y también "pariente de" otros tantos.
Dos llamados casuales que se sorprendieron cuando les dije que se moría desde hacía seis meses y les saqué el título de parientes míos.
El patio esa noche estaba más calmo que nunca. Ni los chicos de al lado, ni los motores del taller. Me quedé mirando un rato como el humo de mi cigarrillo subía y se hacía nada.
Caminé por el borde de la medianera esquivando cosas oxidadas que no hubiera podido nombrar en ese momento. Eran pasos en falso pero me ayudaban a pensar qué era lo que tenía que hacer desde el instante en el que sonara el timbre. Reduje la cuestión a: coche, certificado, recibo de pensión, dni, flores. Hasta ahí llegaba mi cabeza. Después empezó el delirio. Pensaba en la medalla de la Rosa Mística en su pecho, en la cara ridícula que pondría Sandra para decirme "lo siento", en una canción de The Cult, creo que Heart of Soul. Encendí otro cigarrillo y me quedé en cuclillas sobre una chapa, siempre me gustó el ruido que hace al pisarla. "Te vas a cortar y no estoy para salir corriendo", ella sí que supo meter miedo. Miraba el óxido. Estuve así mucho tiempo, podría decir que media hora pero es imposible saberlo. Miré los techos, me sentí un fantasma rondando la casa, mirando la ventana de su habitación, y elucubrando la mejor manera de asustar a los humanos. Me di cuenta que el patio era una ruina, era verdad que no me gustaba cortar el pasto, se fue mi padre y creo que quedó igual. ¿Seis años de pasto crecido? Bastante consideración me tiene en crecer tan despacio y no hacerme quedar mal. Igual son ruinas. Ruinas. Se habían convertido en un santuario. Si me preguntan, me hubiera gustado enterrarla ahí, y que el pasto creciera sin límite. Me di cuenta que mi posición era la que adopta la gente cuando mira por última vez el cajón, que baja hasta lo profundo, debía recordarla para después. Me incorporé por eso, sino todavía estaría mirando la casa desde ahí. Algo me gustaba del momento. Debería ser la luz de la luna o los arboles invadiendo terreno por sobre las paredes, o una sensación mía de esperanza y de que todo era posible.
Sonó el timbre. Le mandé un mensaje a Sandra para decirle que la puerta estaba abierta, una tontería que me había dado resultado una sola vez, no le gustó para nada cuando recibió el mensaje camino a la facultad, me pidió que fuera la última vez que lo hacía, pero esa noche tenía todo permitido. Tanto creía en eso que la hice pasar y transformé un beso en la mejilla en otra cosa.
"¿Vamos arriba?" Sabía de que hablaba, por eso me preguntó dos veces si estaba loco. "Algo rápido". Encendió la luz del living. La miré como encandilado y nos sentamos en el sillón. Me miró en silencio. Me dejé mirar. Se abrazó las piernas.
-¿Vamos? -preguntó en seco. Yo tenía los ojos cerrados y pensé que se refería a hacer el trámite. Encaró hacia la escalera.
-Llevame -le dije. Me sonó tonto e infantil, pero no me dio verguenza decirlo. Se acercó pensando que yo lloraba.
-Escuchame bien -me dijo-. Sabés que estoy con vos. Siempre voy a estar aunque... -se puso a llorar ella. Un poco fastidiado por sus lágrimas la acaricié con intención de pedirle que salieramos, o que me consiguera alguna pastilla para dormir. Pero no tuve mejor idea que decirle de nuevo "Vamos arriba". Tomé su mano y subimos. Yo pensaba en fantasmas, ella no sé.



V.K.F. Polar










El comienzo



Esa mujer me hizo soñar
con un dragón con cabeza de gallo
con un perro deshuezado ladrándome

Me dijo como se llamaba
desde entonces tuve ganas
muchas ganas
de matarla

Como es una bruja
el crimen es una bendición

Me quitó algunas cosas y me dio otras:
me dejó con menos energía vital
se llevó mi última fuente de inspiración

Gracias a ella descubrí que todavía soy dueño
de un miedo patético y “fulero”
También me hizo ver la realidad:
soy un viejo fantasma al que sólo le queda
desatar amarras y alejarse
en dirección de algún lugar
del que sólo puedo decir
que es una cueva en el Atlántico
en la parte sur de un país
en el trasero mismo del mundo
pero ¿quién puede decir dónde está el comienzo?



V.K.F. Polar













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