
Puede que en nuestro país no sean el dulce más popular, pero las judías de gominola, las famosas ‘Jelly Beans‘, cuentan con millones de fans en todo el mundo. Su compañía madre preparó hace poco una maniobra publicitaría realmente interesante: encargar a la artista Kristen Cumings una serie de recreaciones de arte clásico, confeccionadas únicamente con las famosas judías. Los resultados son espectaculares.
Cumings tarda entre 50 y 60 horas en crear estas réplicas de obras como ‘La Gran Ola’ o ‘La Gioconda’, a modo de grandes (y sabrosos) murales. Utiliza entre 9.000 y 12.000 de las simpáticas golosinas, cuya variedad cromática permitía una representación bastante fiel. No sabemos cuantas se llegaría a comer la dedicada creadora, pero asegura que alguna cayó. Y ojo que, no es la única artista que podemos encontrar haciendo “arte dulce”, por llamarlo de alguna manera.

El proceso de Cumings comienza consiguiendo una réplica de la obra en cuestión, que utiliza como base. Una a una, las judías son pegadas encima del original, para luego ser barnizadas con acrílico para protegerlas.
En estos últimos casos que presentamos, el proceso pudo ser contemplado en directo por cualquier espectador, ya que varios de los cuadros fueron realizados en público, en un centro comercial.

Como decíamos, no es el único caso reciente de grandes murales de dulce sabor. El método de Shelley Millers es bien distinto, aunque igualmente sabroso. Millers ha decorado las calles de diferentes lugares del mundo con su obra, en la que únicamente ha utilizado azúcar, paciencia e inspiración.

La artista crea previamente toda la obra en casa, dividiéndola en cuadraditos para su fácil instalación en cualquier punto de la ciudad. Por supuesto, su naturaleza es pasajera: los elementos la van desgastando… y algunas personas no resisten la tentación.

Miller instaló varios de sus murales en calles de ciudades de Brasil. Algunos de los niños de la zona no pudieron evitar arrancar partes de la obra de la pared para poder comer algo dulce. Ella se ha mostrado a favor de la práctica.
De hecho, ha declarado que esta serie de piezas buscaban denunciar la situación en el país, uno de los mayores productores de azúcar del mundo en el que, sin embargo, muchos no tienen acceso a esta producción

En otras ocasiones, su obra es algo diferente. Por ejemplo, aquí vemos como optó por usar sus creaciones azucaradas para rematar muestras de arte callejero, especialmente en su Montreal natal.

El acabado de los murales de Miller le ha llevado a ser requerida por ciudades de todo el continente americano. Son, desde luego, una buena muestra de lo dulce que puede ser el mundo del arte.

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