David y sus seguidores
David es bastante ecléctico y toma de cada estilo lo
que le parece más adecuado; pero se puede decir que se trata de un pintor
histórico, aunque midiendo en lo que valen las escuelas que le han precedido. Su
arte se desarrolla en la revolución y en la posterior etapa napoleónica. Como
características generales de su obra, podemos decir, basándonos en el estilo de
alguno de sus cuadros:
La composición de sus cuadros suele ser sencilla y equilibrada, y a menudo
divide las pinturas en dos o más escenas completamente diferenciadas, y
generalmente opuestas en su significado.
Busca hacer una pintura didáctica que exalte los valores en los que cree,
primero los de la revolución y más tarde los del propio Napoléon.
Hace gala de un dibujo muy perfeccionista, mientras que da menos
importancia al color, y a menudo son cuadros dan la sensación de una fría
perfección.
Aún cuando lo que retrate sea dramático, como sucede en La muerte de
Marat, no se detiene en los detalles escabrosos
Gusta de los contrastes de claroscuros a la manera caravaggesca
Es un buen retratista, como demuestra en los variados retratos del
emperador, en distintas poses, épocas y situaciones
En sus retratos encuentra siempre la manera de engrandecer al personaje,
echando mano de múltiples efectos.
Como principales obras de David podemos hablar de: El juramento de los Horacios,
con un trasfondo histórico que enlaza con la gloria romana, y en donde hace una
comparativa de los valores patrióticos y familiares de la Roma antigua con los de la
Francia de su tiempo. En El juego de la pelota, obra inacabada, nos muestra una
precisa galería de retratos individuales, y se convierte ya en el pintor oficial de la
revolución; al igual que en el cuadro La muerte de Marat, busca ensalzar la figura
del político asesinado ensalzando sus virtudes de sacrificio patriótico, pero sin
detenerse en los detalles morbosos del asesinato en sí. De la época napoleónica,
podemos hablar tanto de estupendos retratos, como el del emperador vestido con
el manto, Napoléon en su gabinete o cruzando los Alpes, en donde lo presenta
como un victorioso general guiando a sus tropas, hasta la narración de momentos
del reinado, como Napoleón repartiendo las águilas o La coronación del emperador
Pero no podemos dejar de citar otras obras como Los líctores llevan a Bruto los
cuerpos de sus hijos, La muerte de Sócrates, El rapto de las Sabinas o el retrato de
Madame Recarmier.
Gerard es discípulo del taller de David y llegará a ser pintor de cámara de Luís
XVIII y de Luís Felipe. La pintura que hace es un tanto diferente de la de su
maestro, porque se centra en temas clásicos, pero más bien de tonos amables y
bastante más sentimentales. Hace también un retrato de Madame Recarmier, pero
es bastante más sensiblero y galante que el de David. Le gustan los colores pastel y
el tratamiento agradable de las escenas que representa. No hay en sus cuadros el
movimiento y la vibración de los de David, y se recrea más en temas mitológicos
que históricos. Como obras suyas destaremos el mencionado Retrato de Madame
Recarmier, Eros y Psique, retratos de la emperatriz Josefina, de Desireé
Bernardotte y de Madame Stäel.
Girodet, además de pintor, es también teórico y gusta de los temas intelectuales.
En muchos de sus cuadros se acerca ya al Romanticismo. Toca temas mitológicos,
pero también históricos, y naturalmente, pinta cuadros narrando las epopeyas
napoleónicas, como es Apoteosis de los héroes caídos. Otros de sus cuadros son El
entierro de Atala, El sueño de Endimion. Su dibujo es correcto, y de gran precisión;
su colorido es rico, transparente y armonioso. Trabaja con igual cuidado y genio.
Ama crear efecto mediante luces intensas, pero están en consonancia con el
espíritu de las piezas.
Pero quizá el mejor discípulo de
David sea Antoine Gros, que se
dedica sobre todo a pintar a
Napoléon. Más que retratista del
emperador, Gros es un cronista de
sus hazañas, y canta loas y
alabanzas al emperador,
disfrazando a veces la realidad si
es necesario. Eso es lo que hace
cuando pinta Napoléon en Arcole,
en donde la figura juvenil del
retrato poco tiene que ver con el aspecto achaparrado y algo tosco del emperador.
En Los apestados de Jaffa le hace aparecer como el padre amante que acude a
socorrer y consolar a sus súbditos enfermos.
Y por último hablaremos de Ingres, que aunque es un
excelente alumno de David, se encuentra bastante alejado de la concepción de la
pintura que tenía el maestro. Ya usa algunos elementos románticos, y llega a
modificar la imagen para conseguir un ideal, algo que David nunca haría. Tampoco
está preocupado por expresar lección moral alguna en sus cuadros, porque para él
la pintura no es algo didáctico, sino un arte. Destaca sobre todo como retratista, y
más que nada en los cuadros que pinta del emperador; tanto en su gabinete como
en el trono. Hace también retratos de particulares, sobre todo de la familia Riviere;
y en el Retrato de Mademoiselle Riviere se ven claras influencias rafaelianas. Lo
más característico es la distorsión que a veces hace de las imágenes, como en el
caso de Madame de Sennones, en que las manos aparecen como invertebradas y la
cabeza en una extraña e imposible postura. Pero quizá donde se señale más esta
distorsión de la anatomía es en la Odalisca y en La bañista de Valpiçon, en que
aparece de espaldas, con una desproporcionada delgadez en algunas partes de su
anatomía, ausencia de caderas y una rara forma en uno de los pies. La espalda de
la odalisca es de una longitud imposible y una de las piernas aparece como de la
nada, sin que se vea la unión con el cuerpo.